Remedios Caseros Efectivos para Ayudar a tus Hijos a Dejar de Morderse las Uñas

La onicofagia, o el hábito de morderse las uñas, es un comportamiento común en niños y adolescentes. Se estima que el 40% de los niños y jóvenes entre 3 y 18 años sufren de onicofagia, y un 5% de los adultos continúan con este hábito. A pesar de ser un acto reflejo asociado al estrés, la onicofagia puede tener importantes repercusiones en la salud dental y general de los más pequeños. Por eso, es fundamental detectarla a tiempo y actuar con estrategias definitivas.

Cuando escuchamos a un padre decir “mi hijo se come las uñas”, no se trata simplemente de una costumbre molesta o pasajera. Este comportamiento, conocido como onicofagia, es un hábito compulsivo que puede comenzar desde los 3 años y mantenerse durante la infancia y adolescencia si no se trata adecuadamente.

Causas Comunes de la Onicofagia Infantil

Existen varias razones por las que un niño o adolescente desarrolla este mal hábito. Aunque cada caso es único, las causas más habituales son:

  • Ansiedad y estrés: Muchos niños encuentran en morderse las uñas una forma de autorregulación emocional cuando se enfrentan a situaciones que les generan tensión.
  • Aburrimiento: En momentos de inactividad o ante falta de estímulos, morderse las uñas puede convertirse en una forma de entretenimiento inconsciente.
  • Imitación: Los niños adquieren hábitos al imitar modelos de conducta. Si ven a un familiar cercano con este hábito, es probable que lo repliquen sin cuestionarlo.

Consecuencias de la Onicofagia en la Salud Infantil

El hábito de morderse las uñas no solo afecta la estética de las manos, sino que también puede tener un impacto significativo en la salud dental y general de los niños:

  • Infecciones: La constante exposición de la boca a las bacterias presentes en las uñas y los dedos puede provocar heridas e infecciones. Es uno de los principales canales de contagios de enfermedades infecciosas en colectivos.
  • Deformación de uñas y dedos: A largo plazo, este hábito puede alterar la forma natural del crecimiento de las uñas. Al morder las uñas podemos dañárnoslas de forma irreparable así como también perjudicar la posición de los dientes y encías.
  • Desgaste dental: El roce constante de los dientes con las uñas puede generar erosión del esmalte, fisuras y sensibilidad.
  • Maloclusiones dentales: La presión repetida una y otra vez al morderse las uñas puede alterar la posición de los dientes y afectar la mordida. A pesar de haber hecho un buen tratamiento de ortodoncia e incluso de llevar retención fija para impedir el movimiento de los dientes, si hay un hábito de onicofagia, se moverán los dientes.

Morderse las Uñas: Consejos para Dejar de Hacerlo

Remedios Caseros y Consejos para Ayudar a tu Hijo a Dejar de Morderse las Uñas

Superar la onicofagia requiere paciencia, constancia y comprensión. Aquí te ofrecemos algunos consejos y remedios caseros que pueden ayudarte:

1. Identificar los Momentos Críticos

El primer paso para ayudarle será buscar con él cuáles son los momentos en que tiende a morderse las uñas. Para identificar estas situaciones podemos preguntarle directamente al niño, así como observar su comportamiento e ir anotando qué suele hacer y dónde está cada vez que lo hace. Por otro lado, también hay comportamientos que activan el impulso de morderse las uñas. Estos comportamientos pueden ser: mirar o acariciarse las manos, tocar los bordes de las uñas, tener las manos cerca de la boca, etc. Le ayudaremos a que identifique estos comportamientos para que se dé cuenta de que son momentos críticos para que lo haga.

2. Concienciar sobre los Riesgos

Podemos hablar con el niño de las ventajas de tener las uñas bien cuidadas. La manía de morderse las uñas, además del riesgo de tener más padrastros y de que se deformen los dedos, tiene riesgos para la salud. Esto es así porque las manos están expuestas todo el día a la suciedad de todo lo que tocamos y, al morderla o chuparla, se pueden producir infecciones. Debemos concienciarle pero desde la tranquilidad y la calma. No debemos darle charlas ni sermones excesivos.

3. Métodos para Impedir Morderse las Uñas

No es obligatorio, pero podemos usar métodos para impedir que se muerda las uñas. Por ejemplo: guantes o tiritas. Pero, si se usa algún método, no debemos hacerlo en contra de su voluntad porque podrá tomarselo como un castigo. Tampoco debemos castigarle o regañarle si no lo ha usado. En caso de usar tiritas, empezaremos por los dedos que menos le cueste dejar de morderse y las iremos retirando cuando haya pasado cierto tiempo. Podemos pedirle que la lleve puesta en aquellos momentos que son disparadores del impulso y, cuando haya pasado cierto tiempo, retirarla y felicitarle por continuar con ella puesta (ya que significará que no se la ha mordido). Mantendremos el uso de tiritas hasta que logre reducir el impulso de morderse esa uña (una semana aproximadamente).

4. Fomentar la Motivación

Para conseguir que un niño deje de morderse las uñas, debemos conseguir que él quiera hacerlo y que sea constante y, para ello, hay que lograr mantener su motivación. Si el niño no quiere hacerlo, será difícil que consigamos que deje este hábito. Empezaremos tomando una fotografía de las manos. De esta forma, tendremos una imagen que nos ayudará a identificar los avances. Acordaremos premios que podrá ir consiguiendo según vaya avanzando en dejar el hábito. No nos debemos olvidar de felicitarle por su esfuerzo. Tampoco tiraremos la toalla si algún día no lo consigue.

5. Productos para Aplicar en las Uñas

Algunas personas recomiendan untar los dedos con cristales de sábila por sus efectos cicatrizantes. Esto trae como “ventaja” adicional que el sabor amargo de la sábila le resultará desagradable y evitará morderse las uñas. También existen productos de venta en farmacias que se usan como esmalte y que por su mal sabor impiden que los niños se muerdan. En estos dos casos hazlo con respeto, explícale que es una medicina que lo ayudará a sanar sus dedos mordidos. No caigas en la tentación de untarle picante ni sustancias que le maltraten más sus dedos y su autoestima. Una de las alternativas caseras a esta opción es colocar un diente de ajo en un esmalte o brillo para uñas. Además de ofrecer un sabor amargo, el ajo contiene propiedades capaces de fortalecer el lecho ungueal.

6. Alternativas para Calmar los Nervios y Controlar el Estrés

Ayúdale a tener a mano algunos sustitutos “para masticar”. Pueden ser cosas como chicles sin azúcar, palitos de zanahoria o apio, cuadritos de manzana o cualquier otro alimento saludable y fácil de llevar. Enséñale técnicas de relajación que pueda usar en las situaciones en que comienza a ponerse tenso. Dale estrategias para disculparse y apartarse unos dos minutos y respirar. Una idea bastante útil es el uso de una pelota de estrés, la cual el pequeño pueda apretar cuando se sienta alterado.

7. Cuidar las Manos

Otro de los remedios caseros para ayudar a tu hijo a no comerse las uñas es hacerle la manicura de forma constante. El cuidado de las manos permitirá que la uña crezca de forma sana y, a su vez, las mantendrá en una longitud adecuada para evitar que las muerda. Esto también puede ayudarle a dar importancia al cuidado de las manos y a evitar morderse las uñas y hacerse daño. Además también podéis pasar un rato divertido pintándole las uñas con esmaltes de colores.

8. Plantas para los Nervios

Beber infusiones relajantes también puede ayudar a tu hijo con este problema. Si bien no evitará de forma directa que muerda sus uñas, lo ayudará a manejar la ansiedad y el estrés en un momento determinado. El té de manzanilla y el té de lavanda son las opciones preferidas. Sin embargo asegúrate de darle plantas que puedan tomar los más pequeños y de hacerlo en las cantidades adecuadas.

9. Proteger las Manos

El uso de guantes en los más pequeños también es de utilidad, ya que creará una barrera física entre él y sus uñas. También es una buena idea resguardarlas con tiritas de colores, que le pueden servir de recordatorio de aquello que debería evitar.

10. Fomentar una Vida Ordenada

Para que tu hijo pueda afrontar los nervios y la ansiedad de una forma más llevadera es importante que tenga una vida sana y con algunas rutinas que le permitan sentirse seguro. Para ello es imprescindible que te cerciores que descansa las horas suficientes, que su alimentación es saludable, que hace ejercicio y que disfruta de momentos de ocio y juego.

11. Involucrar al Niño en el Proceso

En lugar de reprenderlo o avergonzarlo, habla con tu hijo sobre su problema de forma natural. Hazle saber las consecuencias negativas que puede tener para su salud el hecho de morderse las uñas. Es importante que lo animes y le des apoyo para que pueda ir dejando este hábito atrás cuanto antes.

Cuándo Buscar Ayuda Profesional

Puede ocurrir que, a pesar de aplicar todo lo anterior algo esté fallando y el niño continúe mordiéndose las uñas. O que empecéis con mucha motivación pero os agotéis según avance el tiempo. Hay veces que ocurre que este hábito está mantenido por otro tipo de problemas. En estos casos, es recomendable buscar la ayuda de un profesional de la salud mental, como un psicólogo infantil, que pueda evaluar la situación y ofrecer un tratamiento adecuado.

Tabla Resumen de Remedios Caseros y Consejos

Remedio/Consejo Descripción Beneficios
Productos de sabor amargo Esmaltes o soluciones con sabor desagradable. Disuade al niño de morderse las uñas.
Sustitutos para masticar Chicles sin azúcar, zanahorias, apio. Ofrece una alternativa para calmar la ansiedad.
Manicura regular Cuidado constante de las uñas. Fomenta el cuidado de las manos y evita morderse.
Infusiones relajantes Té de manzanilla o lavanda. Ayuda a manejar la ansiedad y el estrés.
Guantes o tiritas Barrera física contra las uñas. Recordatorio constante para evitar el hábito.
Vida ordenada Rutinas de sueño, alimentación saludable, ejercicio. Reduce el nerviosismo y la ansiedad.
Hablar con el niño Comunicación abierta sobre el problema. Fomenta la comprensión y el apoyo.

Recuerda que la onicofagia es la expresión de una situación emocional difícil de manejar, puede tratarse de cambios en la rutina familiar como el nacimiento de un hermanito, una mudanza, la muerte de algún familiar cercano o de alguna mascota. Debes estar atenta a todo y evitar exponer a tu pequeño a tales situaciones hasta que haya logrado fortaleza emocional. No dudes en buscar el apoyo de un psicólogo infantil para ayudarte a descubrir las causas y para respaldar a tu hijo en el desarrollo de destrezas que le permitan afrontar los diversos retos que la vida le proporcionará.

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