Radioterapia y Lactancia Materna: Información Esencial para Madres

El cáncer de mama es una de las principales causas de muerte por cáncer entre las mujeres. A pesar de que existen factores de riesgo que no podemos controlar, como la edad o los antecedentes familiares, hay otros que sí podemos modificar. Realizar pequeños cambios en el estilo de vida, como controlar el peso, seguir una dieta adecuada y practicar ejercicio regularmente, puede reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama.

La lactancia materna es una opción que no solo beneficia al bebé, sino que también reduce el riesgo de cáncer de mama en la madre, según el Código Europeo Contra el Cáncer. Además, la leche materna proporciona anticuerpos que protegen al bebé contra infecciones virales y bacterianas.

Sin embargo, cuando una mujer ha superado un cáncer de mama, surgen muchas preguntas sobre la seguridad y viabilidad de la lactancia materna. Este artículo aborda estas inquietudes, proporcionando información detallada y actualizada sobre la radioterapia y la lactancia materna.

Lactancia Materna Después del Tratamiento del Cáncer de Mama

La posibilidad de amamantar después del tratamiento del cáncer de mama depende en gran medida del tipo de cirugía y radioterapia recibida. La lactancia materna es posible siempre que se haya conservado el tejido mamario.

Tipos de Cirugía y Lactancia

  • Doble Mastectomía: Lamentablemente, es imposible amamantar después de una doble mastectomía.
  • Tumorectomía o Cuadrantectomía: Después de una tumorectomía o cuadrantectomía (cirugía de conservación de mama) y de la radiación, la mama tratada suele producir poca cantidad o nada de leche. Sin embargo, la otra mama puede producir leche normalmente. En estos casos, la leche de una mama puede ser suficiente o puede ser necesario complementarla con leche maternizada. Algunas mujeres pueden optar por utilizar una donante de leche materna.
  • Lumpectomía: En la lumpectomía se extrae el tumor con un margen de tejido sano alrededor, pero el resto de la glándula puede seguir funcionando y producir suficiente leche para alimentar al bebé.

Es importante tener en cuenta que la mama está formada por múltiples glándulas independientes, cada una con su propio conducto de salida que confluye en el pezón. Una lesión en alguno de estos conductos puede ocasionar que la glándula se quede aislada y la leche se quede retenida. En estos casos pueden aparecer bultos y dolor, pero poco a poco esa zona de la glándula dejará de funcionar y esa leche retenida se reabsorberá sin complicaciones.

Estas retenciones también suceden en mamas normales no intervenidas y pueden dificultar la lactancia durante los primeros días, pero se pueden solventar con el apoyo adecuado.

En estos casos es fundamental prepararse durante el embarazo, asistiendo a clases de preparación al parto donde se explica todo sobre la lactancia, las dificultades que se pueden presentar los primeros días y cómo solucionarlas. Eso te dará la confianza de saber que los problemas que estás teniendo también los tienen otras mamás que no han pasado por un cáncer y que son problemas que normalmente se pueden solucionar.

Después del parto es importante el apoyo de los profesionales durante los primeros días en la maternidad, los grupos de apoyo cuando ya estés en casa y el inestimable apoyo de la pareja y la familia cercana.

Madre lactando

Radioterapia y Producción de Leche

La radioterapia puede dañar la glándula mamaria, impidiendo la producción de leche o reduciendo su cantidad. La leche de una mama irradiada puede tener un aspecto extraño, ser más espesa y oscura de lo habitual. Esta leche puede tener un menor contenido en grasa y mayor cantidad de sodio, lo que altera su aspecto y sabor.

Si bien la lactancia materna es siempre lo mejor para el bebé, también puede serlo para la madre que ha pasado por un cáncer de mama, ya que amamantar a su bebé puede mejorar su autoestima y ayudarla psicológicamente. Está demostrado que aquellas mujeres que han amamantado durante seis meses o más antes del diagnóstico del cáncer tienen menos riesgo de recurrencia.

Si no puedes amamantar o decides no hacerlo, también esto será lo mejor para ti y para tu bebé.

Estudios Recientes sobre Lactancia Materna y Cáncer de Mama

Estudios recientes presentados en el Congreso 2024 de la Sociedad Europea de Medicina Oncológica (ESMO) han demostrado que las mujeres, incluidas aquellas con mutaciones en el gen BRCA, que amamantan después de recibir tratamiento del cáncer de mama no presentan un riesgo mayor de recurrencia (que el cáncer vuelva a aparecer) o de aparición de un nuevo cáncer de mama.

Un estudio se centró en forma específica en las mujeres con una mutación en los genes BRCA1 o BRCA2, que aumentan el riesgo de desarrollar cáncer de mama. El otro estudio analizó nueva información del ensayo POSITIVE sobre la lactancia materna en mujeres diagnosticadas con cáncer de mama positivo para receptores de hormonas, que interrumpieron la terapia hormonal para buscar un embarazo.

En el primer estudio se analizó a mujeres con una mutación en el gen BRCA, que dieron a luz después del tratamiento del cáncer de mama. No se encontraron diferencias en el número de recurrencias de cáncer de mama ni de apariciones de nuevos cánceres de mama entre las mujeres que amamantaron y las que no. Tampoco hubo diferencias en la supervivencia.

En el ensayo POSITIVE, alrededor del 60 % de las mujeres que dieron a luz amamantaron. Las tasas de aparición de un nuevo cáncer de mama o de recurrencia de este fueron las mismas en las mujeres que amamantaron y en las que no lo hicieron: alrededor del 3 %.

Estos resultados son clave para las mujeres que desean quedar embarazadas y amamantar a su bebé tras un cáncer de mama. Con esta nueva información podemos desbancar el mito de que la lactancia materna no es posible ni segura para las personas sobrevivientes de cáncer de mama. Pueden tener un embarazo y una relación con su bebé normales, incluida la lactancia materna.

El estudio sobre lactancia materna en mujeres con una mutación en el BRCA incluyó a casi 5.000 participantes de 40 años o menos que habían recibido tratamiento para el cáncer de mama en estadios I a III entre 2000 y 2020.

El ensayo POSITIVE incluyó a 518 mujeres que interrumpieron de manera temporal el tratamiento con terapia hormonal para el cáncer de mama positivo para receptores de hormonas en estadio temprano para intentar quedar embarazadas.

En el primer estudio, de 4.732 mujeres con una mutación en el gen BRCA, 474 dieron a luz. Alrededor del 23 % de las mujeres que dieron a luz amamantaron a sus bebés. El equipo de investigación realizó un seguimiento de las mujeres durante siete años, aproximadamente, después de dar a luz.

No hubo diferencias en las tasas de recurrencia ni en la aparición de nuevos cánceres de mama entre las mujeres que amamantaron y las que no. Tampoco hubo diferencias en la supervivencia sin enfermedad (cuánto tiempo vivieron las mujeres sin que el cáncer reapareciera) ni en la supervivencia general (cuánto tiempo vivieron las mujeres, más allá de que el cáncer regresara o no).

En el ensayo POSITIVE, 317 mujeres tuvieron al menos 1 bebé, y el 62 % de ellas amamantaron. Dos años después de que la primera mujer del estudio diera a luz, el 3,6 % de las mujeres que amamantaron experimentaron recurrencia o se les diagnosticó un nuevo cáncer de mama, frente al 3,1 % de las mujeres que no amamantaron.

El estudio POSITIVE, coordinado por el Grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama y por el grupo SOLTI, incluye a 518 pacientes de 20 países: el 23 % de América del Norte, el 16 % de Asia Pacífico y Oriente Medio y el 61% de Europa. De España han participado 72 mujeres de 18 hospitales reclutadas a través de los citados grupos de investigación académica.

Resultados Clave del Estudio POSITIVE
Variable Mujeres que Amamantaron Mujeres que No Amamantaron
Número de Mujeres 196 121
Recurrencia o Nuevo Cáncer de Mama (2 años) 3.6% 3.1%

Los resultados del estudio han supuesto un gran avance porque hasta que no se han publicado, la recomendación era empezar a buscar el embarazo pasados un mínimo de 5 años tras haber superado el cáncer de mama siempre que no hubiera ninguna recaída. “Una ventana temporal que puede dificultar la planificación familiar en muchas ocasiones por la edad de la paciente.

Factores de Riesgo y Prevención

Aunque existen factores de riesgo de cáncer de mama que no podemos controlar (como la edad o el que existan antecedentes de este tipo de cáncer en la familia), hay otros que sí y que por tanto deben ser tenidos en cuenta.

Se ha demostrado científicamente que cada mujer podría reducir su riesgo de forma individual realizando pequeños cambios en su estilo de vida como por ejemplo, controlando su peso (para evitar la obesidad), llevando a cabo una dieta adecuada o practicando ejercicio de forma regular.

La lactancia materna reduce el riesgo de sufrir cáncer de mama, según el Código Europeo Contra el Cáncer. Si la lactancia es una opción para ti, es aconsejable que la consideres.

Según datos de los últimos estudios realizados, el drástico incremento de los tumores de mama en los últimos años está estrechamente relacionado con la correspondiente disminución en la tasa de natalidad, así como de períodos más cortos de lactancia.

Los resultados obtenidos llegaron a evidenciar que el riesgo relativo de padecer cáncer de mama disminuyó en un 7,0% por cada nacimiento, al que se añade otra disminución del 4,3% por cada 12 meses de lactancia materna.

Además de que posiblemente disminuya tu riesgo de padecer cáncer de mama, la lactancia le proporciona anticuerpos a tu bebé a través la leche materna, los cuales pueden protegerlo de infecciones virales y bacterianas.

La lactancia materna reduciría un 4% el riesgo de padecer la enfermedad por cada 12 meses acumulados. Durante la lactancia hay más ciclos anovuladores, es decir en los que el ovario no produce óvulos. Cuando no se ovula se disminuyen los niveles hormonales de estrógenos. La lactancia es una motivación extra para evitar otros tóxicos como alcohol y tabaco.

Los expertos en salud recomiendan que los bebés tomen solo leche materna durante los primeros seis meses de vida y que continúen tomando leche materna mientras comen otros alimentos durante dos años. La mayoría de estas razones tienen que ver con la salud del bebé, pero la lactancia también beneficia a la madre.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la lactancia materna debe ser exclusiva durante los primeros seis meses de vida del bebé. Tras este período, se recomienda continuar con la lactancia materna complementada con otros alimentos hasta los dos años o más.

En particular, reduce el riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer de mama. También hay indicios de que, en el caso de las mujeres que amamantan y desarrollan tumores, estos pueden ser más pequeños y menos agresivos que los de las mujeres que no amamantan.

La lactancia materna es otro aspecto a investigar, en tanto que pruebas crecientes muestran que las mujeres que amamantan reducen el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Si bien es cierto que, a largo plazo, la protección ofrecida por la lactancia materna es mayor en las mujeres pre-menopáusicas.

Algunos de los aspectos que podrían explicar tales efectos protectores son la reducción de los estrógenos y la eliminación de líquidos a través de la mama, esto es, la excreción de agentes cancerígenos a través del tejido mamario durante el proceso de la lactancia materna.

La lactancia mantiene bajos los niveles de estrógeno y progesterona. Además, los componentes de la propia leche materna pueden tener efectos anticancerígenos, como células inmunitarias y anticuerpos que ayudan al sistema inmunitario y pueden ser capaces de eliminar células potencialmente cancerosas de la mama.

Las investigaciones dejan claro que la lactancia materna reduce el riesgo general de desarrollar cáncer de mama. Pero la lactancia materna puede proteger contra algunos tipos de cáncer de mama más que otros.

  • La lactancia materna y el cáncer de mama negativo para receptores de hormonas: La lactancia materna es más protectora contra los tipos de cáncer de mama negativos para receptores de hormonas, que suelen ser más agresivos y tienen menos opciones de tratamiento.
  • La lactancia y el cáncer de mama positivo para HER2: Las investigaciones también han descubierto que la lactancia materna reduce el riesgo de desarrollar cáncer de mama positivo para HER2.
  • La lactancia materna y el cáncer de mama triple negativo: Se necesitan más investigaciones para comprender los efectos de la lactancia materna en el riesgo de desarrollar cáncer de mama triple negativo, pero los estudios que se han realizado sugieren que la lactancia materna también reduce el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer de mama.
  • La lactancia materna y el cáncer de mama positivo para receptores de hormonas: No está tan claro si la lactancia materna reduce el riesgo de desarrollar cáncer de mama positivo para receptores de hormonas. Algunas investigaciones muestran que puede reducir un poco el riesgo, y otras que no lo reduce en absoluto.

Las mutaciones en el gen BRCA1 aumentan sobre todo el riesgo de desarrollar cáncer de mama triple negativo. Un estudio reveló que las mujeres que presentan una mutación en el gen BRCA1 que dan de mamar durante más de un año presentan entre un 22 % y un 50 % menos de probabilidades de desarrollar cáncer de mama que las que nunca lo hacen. El estudio también descubrió que la lactancia materna no reduce el riesgo de desarrollar cáncer de mama en mujeres que tienen una mutación en el gen BRCA2, que aumenta especialmente el riesgo de desarrollar cáncer de mama positivo para receptores de estrógeno.

Muchos estudios demuestran que los beneficios se aprecian sobre todo si se ha amamantado durante al menos 12 meses. Pero puede que no tengas que hacerlo durante tanto tiempo para reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Por ejemplo, un pequeño estudio de mujeres con diagnóstico de cáncer de mama reveló que un mínimo de tres meses de lactancia materna estaba relacionado con una edad más tardía al momento del diagnóstico. Esto sugiere que la lactancia materna durante al menos tres meses tiene un efecto protector contra el cáncer de mama.

En general, cuanto más tiempo se da de mamar, más se reduce el riesgo de desarrollar cáncer de mama. La lactancia materna como única alimentación durante los primeros seis meses o más puede reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama en mayor medida que la alimentación con papillas.

Muchas mujeres se encuentran que durante el embarazo o la lactancia, los profesionales de la salud les retrasan las pruebas de detección, diagnóstico y tratamiento debido a que algunos signos de cáncer de mama pueden parecerse al desarrollo normal de la glándula mamaria o a problemas relacionados con la lactancia. Además, hay una falsa creencia de que las pruebas pueden no ser adecuadas o suficientemente sensibles para diagnosticar correctamente un tumor.

Durante la lactancia, uno de los signos de cáncer de mama puede ser un nódulo parecido al que aparece en una obstrucción de conducto galactóforo. El conducto obstruido debe responder en un plazo de 72 horas, aproximadamente, a un tratamiento conservador (frío local, masajes, cambios en la posición del bebé, uso de antiinflamatorios). Debe sospecharse de la existencia de un cáncer de mama en las mujeres con mastitis recurrentes en el mismo lugar o con mastitis afebril que no se resuelve con antibióticos.

La lactancia después de un cáncer de mama

La interrupción de la lactancia durante la investigación no es necesaria, ni se recomienda a menos que se considere la realización de estudios nucleares específicos. Se recomienda consultar en www.e-lactancia.org la compatibilidad de estas pruebas con la lactancia. La mamografía no parece ser ni menos sensible ni menos específica durante la lactancia. La aspiración con aguja y la biopsia mamaria de masas sospechosas pueden realizarse de forma segura durante la lactancia.

Es importante recordar que una de las complicaciones que pueden aparecer en una biopsia mamaria es la fistulización láctea.

Si el nódulo se corresponde con un quiste de líquido, la primera posibilidad es un galactocele. Si el nódulo es sólido, puede necesitar estudio por punción. Se pueden hacer biopsias con aguja gruesa, tipo BAG, que extraen pequeños cilindros del tejido del que esté formado el nódulo.

Así se conocerá si se trata de una lesión benigna o maligna tras analizarlo por los médicos patólogos de mama. Esta prueba la realizan los médicos radiólogos de mama con anestesia local, de manera ambulante.

Si el diagnóstico es de malignidad, se valora cada caso para decidir si es pertinente suspender la lactancia a partir de ese momento. Hay pruebas del estudio del cáncer que obligan a mantener a la madre separada del bebé durante más de un día, como la gammagrafía ósea.

También pueden ser necesarios fármacos que sean incompatibles con seguir amamantando. Cada vez se diagnostican de cáncer de mama a mujeres más jóvenes, muchas de ellas no han completado su deseo de maternidad. Además, las restricciones para permitir un embarazo tras un cáncer de mama se han ido acortando en plazos. Si necesita medicamentos como el tamoxifeno, se desaconseja la lactancia.

Los oncólogos pueden permitirla durante unos meses, e instaurar el tratamiento más tarde. En los casos de diagnóstico durante el embarazo, suelen pautarse fármacos para completar el tratamiento nada más pasar el nacimiento.

Tras el parto se usan los quimioterápicos que se contraindican durante el embarazo y la lactancia.

Consideraciones Adicionales

  • Es muy importante respetar los deseos de la mujer, nadie es más o menos madre por amamantar o no a sus hijos.
  • Las mujeres que llegan a la maternidad después de un cáncer de mama, tienen mucho pasado: incertidumbre, miedo, sensación de frustración.
  • Si aún no está recibiendo ninguna medicación oncológica, la madre puede continuar amamantando sin que ello suponga un riesgo para su bebé, aunque se recomienda hacerlo únicamente con la mama sana para no retrasar la cirugía ni la radioterapia.

Aunque salga leche del pecho en el que se ha detectado el tumor y técnicamente sea posible amamantar al bebé, algo que se cuestionan todas las mujeres en esta situación es si podrá, de alguna forma, el cáncer dañar a su pequeño. En este sentido, el doctor tranquiliza al respecto, puesto que si bien sí que se han detectado fragmentos de ADN tumoral en la leche proveniente de la mama enferma; sin embargo, estos fragmentos “son degradados por el aparato digestivo del lactante y no se consideran posibles de transmisión de la enfermedad, por lo que no hay peligro para el bebé”.

Si se conserva la areola y el pezón, y los conductos por donde sale la leche permanecen funcionales (lo cual es lo más habitual), la mama puede seguir produciendo leche con normalidad.

La seguridad y la salud vital han de priorizarse, y cada caso puede ser diferente. Por tanto, antes de iniciar la lactancia se debe consultar obligatoriamente con médicos especialistas en mastología y oncología mamaria para asegurar que no existe riesgo de interacción con medicamentos y que el estado de salud de la madre lo permite.

En el caso de requerir un PET-TAC, la lactancia ha de ser interrumpida las siguientes 24h y desechar la leche de ese periodo. En caso de haber recibido cirugía conservadora o radioterapia, se debe evaluar la funcionalidad del seno tratado, y si este es apto para amamantar.

Una vez instaurada la lactancia, se debe llevar un buen control del peso y desarrollo del lactante para asegurar que la ingesta esté siendo adecuada. En caso de que la correcta succión no sea posible o deba interrumpirse, se puede optar por la extracción mecánica si se desea mantener la producción.

Es importante ser consciente de que, si bien la lactancia materna aporta beneficios para madre e hijo, no es la única opción.

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