El reinado de Fernando VII estuvo marcado por la búsqueda de un heredero que asegurara la continuidad de la dinastía Borbón en España. Tras el fallecimiento de su tercera esposa, María Josefa Amalia de Sajonia, y la muerte prematura de su hija María Luisa Isabel, la necesidad de un sucesor se volvió apremiante. Este contexto histórico influyó profundamente en la representación artística de los posibles herederos al trono, como se evidencia en los retratos de la época.
En este artículo, exploraremos el significado del sonajero en el retrato de Isabel II, primogénita de Fernando VII, y su relación con la lucha por la legitimidad monárquica en el siglo XIX. Analizaremos cómo Vicente López, pintor de cámara, representó a la infanta como heredera al trono, utilizando elementos simbólicos sutiles pero significativos.
Isabel II, niña, 1831. Vicente López Portaña
La Búsqueda de un Heredero y la Pragmática Sanción
Fernando VII, al morir su tercera esposa, se encontraba sin un heredero directo. Sin embargo, su hermano, el infante Carlos María Isidro, tenía tres hijos varones y, según el Reglamento de sucesión de 1713, era el heredero al trono mientras su hermano no tuviese un heredero varón. La búsqueda de una nueva esposa que le pudiese dar un heredero que siguiera su estirpe era primordial para el monarca español.
La elegida para este menester fue su sobrina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. El matrimonio se celebró el 11 de diciembre de 1829 en Aranjuez. Pronto se quedó encinta, lo que representaba una amenaza para el hermano del rey, el infante Carlos María Isidro de Borbón.
Ante el estado de buena esperanza de la reina y la preocupación de que naciera hembra después de los anteriores matrimonios, Fernando VII decidió asegurar la sucesión de la Corona a su primogénito, aunque naciera hembra, aun conociendo las ambiciones de hermano Carlos María Isidro y a pesar de haber estado muy unidos. Con esta intención Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, que dejó sin promulgar su padre Carlos IV, aunque fue aprobada en presencia del entonces príncipe Fernando el 30 de septiembre de 1789 por las Cortes, pero no se hizo pública por razones políticas, decisión que hoy en día no se entiende, ya que Carlos IV tenía varios hijos varones y no había problema de sucesión. Por tanto, restableció Fernando VII la antigua ley de sucesión de las Siete Partidas.
El 10 de octubre de 1830 nació María Isabel Luisa que reinaría con el nombre de Isabel II, siendo retratada por López con pocos meses de edad al igual que su primo Carlos Luis de Borbón y Braganza, pero con grandes diferencias.
El Retrato de Isabel II y el Simbolismo del Sonajero
En el retrato de Isabel II, la princesa aparece tendida de cuerpo entero en un suelo frío, sobre un cojín o almohadón de terciopelo rojo, en una posición muy incómoda para un bebé, ya que apoya el dedo gordo o hallux del pie izquierdo en el suelo haciendo equilibrio para no caerse, pronosticando así López lo que sería el reinado y la vida de Isabel II. Su cara, junto a la mitad superior de su cuerpo, se gira para mirar al espectador dulcemente. En su mano derecha lleva un limón, y sobre el cojín o almohadón un sonajero, instrumento de juego desde la Antigüedad que, a diferencia de otros como el caballo o las muñecas, era utilizado tanto por niños como por niñas. Además de calmante infantil de las encías, también tenía connotaciones mágicas.
El sonajero, que Vicente López le representa realizado en coral rojo, uno de los materiales utilizados por la nobleza para realizar estos juguetes no solo por su valor económico, sino por sus connotaciones de protección en una época en la que el fallecimiento infantil era muy común, previniendo el mal de ojo, transmitiendo fuerza y valor. En este caso el pintor probablemente lo representaría como el cetro, y el limón lo podemos interpretar como el emblema real del globo terráqueo, pero también haciendo alusión a los momentos que tendrá que afrontar de manera madura, aunque todavía sea un bebé.
José Luis Díez considera que fue retratada por el pintor de cámara sin connotaciones regias a la heredera al trono español. Sin embargo, podemos apreciar cómo la representa como heredera al trono, sin tener que poner elementos simbólicos claros. Si bien pone a la futura reina sobre el cojín o almohadón donde es habitual poner la corona, en este caso la corona sería ella misma, ya que es la que representa a la monarquía y el futuro.
María Luisa Isabel de Borbón, 1831. Litografía de J. López
Otros Retratos Infantiles de Isabel II
Son escasos los retratos infantiles de Isabel II. Sabemos, por una litografía de J. López, de un retrato desaparecido que hizo José de Madrazo y Aguado cuando Isabel II contaba pocos meses de edad, como ocurre en el lienzo de López, pero en este caso la postura es más acorde a su edad, ya que la niña aparece sentada en un sillón sobre una almohada en forma de trono. Aparece vestida con un simple vestido de seda con una pequeña tira de encaje alrededor y sujeto en el hombro derecho por un broche o fíbula al estilo romano. Lleva en su mano derecha un sonajero que podemos interpretar o bien como un juguete o bien como un cetro o elemento simbólico. A la derecha apreciamos una muñeca y a la izquierda una carraca, un juguete de la infancia que se está cayendo porque ya no es el momento de jugar, es el momento de la responsabilidad que tendrá que asumir como heredera. El cortinaje ampuloso bordado que se encuentra a la izquierda nos está indicando que nos encontramos en una estancia palaciega.
Isabel II: Una Vida de Servicio, Tradición y Legado.
La Legitimación de Isabel II a Través del Arte
Con motivo de la proclamación y jura ante las Cortes de la infanta María Luisa Isabel como princesa de Asturias el 20 de junio, Vicente López realizó un gran lienzo titulado Isabel la Católica guía a Isabel II al templo de la Gloria, que hoy se encuentra desaparecido y que se realizó para la fachada principal del palacio Varela con las figuras a tamaño natural. Es conocido a través de la litografía de Cayetano Palmaroli, en la que aparece este gran lienzo, pero también se recoge la descripción del mismo en la obra Origen de la litografía en España. La prensa de la época también se hizo eco del lienzo, elogiando la obra de López.
En esta obra el pintor claramente retrata a Isabel II de niña como heredera legítima, siendo la obra más emblemática realizada por López al servicio de la Corona, ya que la alegoría tiene un gran significado político, legitimando claramente a la princesa frente a su tío Carlos María Isidro y sus partidarios.
Como hemos podido ver, existió la voluntad de legitimar a Isabel II desde que nació a través de sus primeros retratos infantiles, tanto por parte de Vicente López como de José de Madrazo, de una manera sutil presentándola como heredera legítima a la Corona, ya que la Corona sería ella misma, que estaría postrada en el cojín donde se colocaban tradicionalmente los atributos reales en los retratos oficiales. Lo contrario aparece en el retrato del infante Carlos Luis, en el cual la condición de heredero es más clara, ya que el niño lleva la cruz de la Orden de Carlos III, gran cruz que solo ostentaban los futuros monarcas.
Tabla Comparativa: Retratos de Isabel II y Carlos Luis de Borbón
| Personaje | Retrato | Simbolismo | Contexto Político |
|---|---|---|---|
| Isabel II | Tendida sobre un cojín con un sonajero y un limón | El sonajero como cetro y el limón como emblema real, pero también alusión a la madurez temprana. | Legitimación de Isabel II como heredera tras la Pragmática Sanción. |
| Carlos Luis de Borbón | Sentado con la banda de la Orden de Carlos III | La Orden de Carlos III como símbolo de su derecho al trono según el Reglamento de Sucesión de 1713. | Oposición a la Pragmática Sanción y defensa de los derechos sucesorios de Carlos María Isidro. |
