¿Qué hacer si humillan a tu hijo? Consejos para padres

El bullying o acoso escolar es una problemática que puede tener consecuencias graves en el bienestar emocional y desarrollo de los niños. Descubrir que tu hijo está sufriendo bullying es una de las mayores preocupaciones como madre o padre.

Bullying es una palabra que se ha ido instalando en nuestro vocabulario. Su significado es acoso y puede darse desde muy niños, en escuelas y colegios. El acoso escolar se produce cuando uno o varios niños agreden, insultan, humillan o ignoran a otro. La víctima generalmente padece el sufrimiento en silencio, por lo que es importante que los padres y madres estemos atentos a las señales o alertas de un posible caso de bullying.

¿Cómo afecta el bullying a los adolescentes?

La UNESCO define el acoso escolar como un “comportamiento agresivo que implica acciones negativas y no deseadas, que se repite a lo largo del tiempo, y que se basa en un desequilibrio de capacidad o de fuerza entre el acosador o acosadores y la víctima”.

Podemos decir que el bullying incluye todas estas acciones:

  • Insultos y palabras despectivas.
  • Burlas y humillaciones.
  • Agresiones físicas.
  • Acoso sexual (comentarios sexuales explícitos, difusión de rumores sobre la vida sexual de otras personas…).
  • Exclusión, aislamiento deliberado de una persona.
  • Hablar mal de alguien a sus espaldas.
  • Cyberbullying, acoso a través de las nuevas tecnologías.

Amnistía Internacional afirma que el 7,5% de los niños y el 4,3% de las niñas son víctimas de acoso escolar en España. Un informe del Ministerio de Educación publicado en 2023 eleva estas cifras: un 9,53% del alumnado señala haberse sentido acosado y un 9,2% haber sufrido ciberacoso. Son cifras altas, preocupantes, ante las que no vale quedarse de brazos cruzados.

El acoso escolar no sucede nunca sin consecuencias, tanto psicológicas como físicas.

Impacto en la salud mental

El acoso escolar tiene consecuencias negativas y duraderas sobre la salud mental adolescente. Estas son algunas:

  • Descenso generalizado de la autoestima, que repercute directamente en las relaciones sociales y el rendimiento académico.
  • Sentimientos de vergüenza, ansiedad y tristeza, que conducen a un aumento del riesgo de padecer depresión, ansiedad o de autoagredirse. La probabilidad aumenta con la frecuencia de las agresiones.
  • Aumento de la probabilidad de pensamientos suicidas, intentos de suicidio y suicidios consumados. Se sabe, además, que las víctimas de ciberbullying tienen el doble de probabilidades de intentar suicidarse que otras personas.
  • Además, hay una correlación entre haber sido víctima de acoso escolar y el abuso de substancias psicoactivas en la edad adulta.

Impacto en la salud física

A veces se cae en el error de pensar que, si no hay golpes, el acoso escolar no tiene consecuencias sobre la vida física de las víctimas. Sin embargo, los estudios demuestran lo contrario, que hay un impacto directo entre el hecho de sufrir acoso escolar y algunos dolores físicos, como:

  • Dolor de cabeza
  • Dolor de estómago
  • Dolor de espalda
  • Mareos
  • Y, por supuesto, todas las consecuencias de la violencia física, cuando la hay.

¿Qué le digo a mi hijo cuando sufre bullying o acoso?

¿Cómo detectar si tu hijo sufre bullying?

Muchas veces los padres y madres no saben lo que sucede en las aulas. Por esta razón, conviene que prestes atención a la aparición repetida de determinados síntomas de la conducta de tu adolescente que pueden ponerte sobre la pista del bullying:

  • Apariencia triste o enfadada, especialmente tras las clases o tras haber mirado el móvil.
  • Pérdida o aumento de apetito.
  • Frecuentes dolores de estómago, de cabeza u otros problemas físicos.
  • Intento de evitar ir al instituto o a actividades extraescolares que antes disfrutaba.
  • Pérdida de interés por sus amistades o su vida social.
  • Cambio en su comportamiento académico (desinterés o empeoramiento de sus resultados).
  • Desaparición o daños en sus objetos personales.
  • Comportamientos ansiosos (irritabilidad, problemas para dormir o concentrarse…).

¿Qué hacer si tu hijo está siendo acosado?

En el caso de que los padres sospechen de que su hijo es víctima de bullying, la acción principal es establecer un canal de comunicación y de confianza con tu hijo para que se fíe y quiera hablar contigo acerca de todo lo bueno y lo malo que está viviendo. Si tu hijo es una víctima, comprometete a ayudarlo a resolver este problema. Dile que no es el culpable de esta situación. Despeja todas las situaciones por las que pueda sentirse culpable y haz todo lo posible para que no se sienta abandonado.

Siéntate junto a tu hijo y hablad mucho del tema. Házle sentir que está protegido, sin estimular la dependencia. Intenta seguir estos consejos:

  1. Investiga en detalle lo que está ocurriendo. No interrumpas cuando se suelte a hablar. Deja que se desahogue. Está pasando por una situación muy dolorosa.
  2. Ponte en contacto con el profesor de tu hijo, con la dirección del colegio y con el jefe de estudios para alertarlos acerca de lo que ocurre, y pide su cooperación en la investigación y en la resolución de los hechos.
  3. No lo estimules a la agresividad o al sentimiento de venganza. Empeoraría la situación.
  4. En el caso de que el acoso continúe, prepárate y no descartes ponerte en contacto con un abogado.
  5. Dependiendo del grado de ansiedad y de miedo en el que esté envuelto tu hijo, tienes que llevarlo a un psicólogo para ayudarle a que supere este trauma. Pero no te olvides que la mejor ayuda, en esos casos, es la de la familia, eres tú.
  6. Demuestra determinación y positivismo.

Si sospechas que a tu hijo o hija adolescente le hacen bullying, no lo dejes pasar. El bienestar de los adolescentes es responsabilidad de los adultos, y el acoso escolar no es un tema menor.

No se trata de amenazar a su acosador a la salida de clase. Se trata de procurar una intervención serena, pero eficaz.

  1. Habla con tu hijo o hija adolescente

    Este será siempre el primer paso. Te desaconsejamos cualquier intervención muy directa o que pueda parecer un interrogatorio. Puedes decirle que te sorprende su cambio de actitud y que te gustaría acompañarle, que te lo contara, pero no presiones. Déjale claro que vas a estar ahí cuando quiera hablar contigo.

  2. Recuérdale que nadie merece ser maltratado

    No te centres en las “razones” por las que a tu adolescente le están acosando: en el acoso escolar no hay razones y, desde luego, no es culpa de tu adolescente (ni tuya). Dile a tu adolescente, de forma explícita, que no hay nada más importante que el respeto y que no importa cómo sea una persona, qué le guste o cómo se vista: nunca merece el mal trato.

  3. Habla con el centro escolar y exige medidas

    Aunque tu adolescente no quiera, es importante que pidas cita con su tutor y tengas una conversación para explicarle lo que sucede. Trata de hablar con asertividad acerca de la gravedad del problema, sin culparle si crees que lo ha visto y le ha restado importancia. Por desgracia, la mayoría del profesorado no tiene formación en acoso escolar y lo importante, ahora, es hacer equipo para ayudar a tu adolescente. Infórmate sobre el protocolo para el acoso escolar del centro o de la administración correspondiente, pregunta qué pasos se van a seguir y comprueba que se van cumpliendo.

  4. Busca ayuda externa si es necesario

    Si no se cumple el protocolo contra el acoso escolar y sientes que la dirección del centro no te apoya, es hora de pedir ayuda en otro lugar. En muchos países existe un teléfono de ayuda contra el acoso escolar, donde te darán información más detallada de cómo actuar dependiendo de la región y el caso concreto. Quizá pienses que recurrir a ayuda externa te hará “quedar mal” de cara al instituto, pero ten por seguro que esas asociaciones conocen la normativa y te guiarán y acompañarán en el proceso, y eso es lo más importante.

  5. Enséñale a tu hijo estrategias para protegerse

    Mientras se interviene, tu adolescente puede enfrentarse todavía a algunas situaciones desagradables. Lo mejor es que le enseñes estrategias para protegerse de ellas:

    • intentar no estar nunca solo
    • evitar los lugares solitarios
    • no mostrar miedo ni enfado ante los acosadores
    • tratar de decir alguna frase breve, no ofensiva, que dé la situación por zanjada sin escalarla, como “no tiene gracia”.

  6. Valora los cambios de centro escolar con cuidado

    Si tu adolescente siente mucho malestar, o se siente realmente en peligro, no pasa nada por permitirle faltar un día a clase. Su seguridad (física y psicológica) es lo más importante. A veces las familias optan por cambiar a sus hijos de centro. Es comprensible. Sin embargo, no es una opción que recomendamos en principio, pues parece más un “castigo” a quien no ha hecho nada malo y además el acoso puede seguir por redes sociales. Lo mejor es, si se puede, solucionar el problema.

  7. Busca ayuda psicológica especializada

    Los psicólogos de adolescentes conocen bien y saben cómo tratar los casos de bullying, así que busca uno en quien confíes y pon a tu hijo o hija en sus manos. Incluso aunque se haya detectado pronto, el acoso escolar siempre tiene consecuencias sobre la salud mental, y estas solamente pueden ser evaluadas por un profesional.

Cuando es tu hijo quien acosa

Es muy difícil para muchos padres reconocer algo negativo en la conducta de sus hijos, por eso es muy importante, cuando se detecta el caso, trabajar directamente con la escuela para resolver este problema, ya que normalmente el problema de una mala conducta suele crecer rápidamente. Lo que jamás deben hacer los padres es usar la violencia para reparar el problema.

Es un camino largo, pero estos consejos pueden ayudarte a llevar la situación a un lado positivo:

  1. Hazte preguntas, como por ejemplo: por qué tu hijo es un acosador.
  2. Habla con los profesores, pídeles ayuda, y escucha todas las críticas sobre tu hijo, sin reaccionar.
  3. Acércate a los amigos de tu hijo y observa qué hacen, dónde se mueven, sus aficiones.
  4. Habla confiadamente tu hijo. Los niños necesitan sentir que sus padres les escuchan.
  5. No culpes a los demás de la mala conducta de tu hijo.
  6. Colabora con el colegio dando seguimiento al caso y registrando las mejoras.
  7. Canaliza la conducta agresiva de tu hijo hacia algún deporte de competición, por ejemplo.
  8. Señala a tu hijo que la conducta de acoso no está aceptada por la familia.
  9. Establece normas, dile qué ocurrirá si el acoso continúa.
  10. Practicar buenas conductas junto a él.
  11. Mantén la calma y procura saber como ayudar a tu hijo, pero no ignores lo que pasa. Es grave.
  12. Ayuda a tu hijo a manifestar sus insatisfacciones sin agresión.
  13. Demuestra a tu hijo que le sigues amando tanto o más que antes. Pero que no te gusta y no apruebas su comportamiento.
  14. Anímale a que reconozca su error y a que pida perdón al acosado.

¿Qué hacer si son los adultos quienes insultan a tu hijo?

Esta situación no suele darse con frecuencia y nadie se espera que sea un adulto quien insulte a un niño, pero hoy en día todo puede pasar. A ningún padre le agrada que su hijo llegue a casa con la queja de que es insultado por sus compañeros, pero cuando la agresión proviene de un adulto, esto nos deja bastante descolocados.

Si nuestro hijo nos cuenta que una persona adulta lo ha insultado, lo primero que tenemos que hacer es escucharle. Esto siempre hay que hacerlo, ya sea que lo insulte un niño o un mayor. A su vez, es necesario buscar testigos para ver qué fue lo que se dijo exactamente.

En en el caso en el que se corrobore la sospecha, debemos proceder de forma adecuada. A continuación, te ofrecemos algunos consejos.

Mantener la calma

Si insultan a tu hijo, estés presente o no, es esperable que sientas enfado. Pero, ante todo, debes mantener la calma.

Aunque lo primero que te venga a la mente sea devolver el insulto, esto no te hará sentir bien luego y, definitivamente, no será el mejor ejemplo para enseñarle a tus hijos cómo proceder ante la agresión.

Hablar con el adulto

Cuando estés más calmada y puedas razonar en frío, intenta hablar con el adulto que ha insultado a tu hijo.

Si se trata de alguien extraño, con el que has tenido la mala suerte de tropezar, puedes decirle que ese comentario ha sido innecesario, además de desconsiderado. Luego, te marchas del lugar y preservas al menor.

En cambio, si el que ha insultado a tu hijo es alguien con quien tu hijo tiene una interacción más frecuente, sentarse a hablar será la mejor opción. Sobre todo, si no has estado presente al momento del hecho. Es necesario explicarle que ese comentario ha herido los sentimientos de tu hijo, por lo que lo correcto sería que se disculpara con él y que esa acción no se volviera a repetir.

Limitar la exposición de tu hijo con ese adulto

Si aún después de hablar con el adulto los insultos prosiguen, lo que tienes que hacer es minimizar la exposición del niño al acosador. Lo ideal sería trazar un plan con el niño para que nunca se encuentre en el mismo lugar que ese adulto.

Además de todo esto, es importante hablar con el menor y explicarle que lo que otras personas o niños digan o piensen, no tiene por qué ser cierto. Que no es culpa suya que el agresor no sea capaz de controlar sus impulsos y que los insultos son palabras vacías que tienen intenciones de dañar.

¿Cómo actuar cuando hay niños que insultan a tu hijo?

Cuando un niño o un adolescente recibe insultos de forma reiterada y constante por parte de otros niños, podemos considerarlo como una situación de acoso escolar o bullying. En estos casos, lo más recomendable es recoger todas las pruebas antes de actuar y si es posible, buscar algunos testigos.

Por otro lado, cuando el colegio toma las medidas pertinentes, pero la situación sigue sin solucionarse, lo que los padres deben hacer es poner una denuncia contra los menores que agreden a su hijo. A partir de ahí, deben continuar con el protocolo indicado por las autoridades para avanzar con el procedimiento penal.

La importancia de la autoestima y la resiliencia

La autoestima y la resiliencia son cualidades fundamentales que actúan como escudos protectores ante los desafíos de la vida. En el caso de los niños estas características no son innatas, sino que se construyen progresivamente a través de experiencias y aprendizajes significativos.

La participación en actividades extracurriculares constituye un pilar fundamental en el desarrollo de la autoestima infantil. Cuando un niño descubre y cultiva sus intereses personales experimenta un sentido de competencia que fortalece su autoimagen. Los deportes no solo mejoran la condición física, sino que enseñan perseverancia y trabajo en equipo.

Lo ideal es permitir que el niño pruebe diferentes actividades hasta encontrar aquellas que realmente le apasionen. La clave no está en destacar, sino en disfrutar del proceso y sentir satisfacción por el esfuerzo invertido.

Las habilidades sociales y de afrontamiento funcionan como herramientas que permiten al niño navegar situaciones complejas. Enseñar a un hijo a identificar y expresar sus emociones de manera adecuada sienta las bases de la inteligencia emocional.

Frente a la presión de grupo es importante que el niño desarrolle pensamiento crítico y confianza para mantener sus valores. Esto puede practicarse mediante juegos de rol en casa donde se simulen situaciones de presión y se discutan posibles respuestas.

El refuerzo positivo actúa como un nutriente esencial para la autoestima infantil. Cuando celebras los logros de tus hijos estás validando su esfuerzo y capacidades. Este reconocimiento debe ser específico y sincero. En lugar de un genérico «buen trabajo», resulta más efectivo señalar exactamente qué nos ha impresionado: «Me encantó cómo seguiste intentándolo, aunque era difícil» o «Noté el cuidado que pusiste en cada detalle de tu dibujo».

Mensajes que ayudan

Cuando un niño ve cómo a otro lo humillan, lo empujan o lo excluyen en la escuela, algo cambia dentro de él. Siente miedo, confusión, impotencia. Muchas veces no dice nada. Pero tú, como papá o mamá, tienes el poder de ayudarlo a convertir ese silencio en acción. Tienes la capacidad de enseñarle que no ser cómplice del dolor ajeno es una decisión valiente.

Que entienda que no solo te importa si le pasa algo a él, sino también si ve que le pasa algo a otro compañero. Este tipo de comunicación no se construye en un día. Se construye con paciencia, con palabras sinceras, con preguntas genuinas. Pregúntale cómo están sus compañeros, qué siente cuando alguien se burla de otro, cómo cree que se sentiría él si fuera víctima de eso. Hazlo parte de la conversación diaria, sin presionarlo, sin interrogarlo.

Ayuda a tu hijo a entender que denunciar no es traición, es valentía. Que callarse frente al maltrato no lo convierte en neutral, lo convierte en cómplice. Explícale que cada vez que alguien se queda callado mientras otro sufre, le da permiso al agresor para seguir lastimando.

Tu hijo no debe aprender solo. Tú debes ser su ejemplo. Muéstrale con tus acciones que defender a quien sufre no es débil, es fuerte. Que respetar a todos, especialmente a quienes son diferentes, es un valor que no se negocia.

Si notas cambios en su comportamiento, si tiene pesadillas, evita ir al colegio, o aislamiento emocional, no dudes en pedir apoyo profesional. No esperes. Un psicólogo infantil puede ayudarlo a sanar, a entender lo que vivió, y a recuperar su fuerza emocional.

Conclusión

El bullying no desaparece ignorándolo ni esperando que “maduren”. Necesita ser abordado con decisión, pero también con cercanía y sensibilidad. El verdadero cambio comienza cuando los adultos asumimos nuestro papel: escuchar, creer en lo que cuentan los adolescentes y actuar de forma coordinada con la escuela y, si es necesario, con profesionales externos.

La prevención es tan importante como la intervención. Fomentar la empatía en casa, enseñar a resolver conflictos sin violencia y promover un ambiente escolar respetuoso son pasos que ayudan a reducir el riesgo de acoso.

Tratar el bullying en la adolescencia con apoyo y prevención no solo protege a quienes lo sufren hoy, sino que contribuye a crear generaciones más conscientes, respetuosas y solidarias en el futuro.

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