¿Qué hacer cuando mi hijo no me hace caso? Consejos efectivos para padres

Si eres padre, es probable que en algún momento te hayas sentido frustrado porque tu hijo no te hace caso. Frases como "Lo he probado todo y sigue yendo a lo suyo" o "Mi hijo/a no me hace caso" son comunes entre los padres. Entender por qué los niños no obedecen es el primer paso para abordar este problema.

¿Por qué tu hijo/a no te hace caso?

Existen diversas razones por las que los niños no prestan atención a sus padres. Es importante entender que nuestro hijo nos está manifestando que no está bien, ya sea consigo mismo, en el entorno escolar, social o familiar.

  • Mucha energía: Los niños de todas las edades tienen mucha energía, lo que puede llevar a comportamientos que los padres interpretan negativamente.
  • Reafirmación del ego: A pesar de que en ocasiones los niños pueden parecer crueles, están intentando reafirmar su ego.
  • Necesidades no cubiertas: En muchas ocasiones, el mal comportamiento es una señal de necesidades básicas no cubiertas, problemas emocionales, o fases del desarrollo evolutivo.

En muchas ocasiones los padres ven esta actitud llena de negatividad hacia ellos como una señal de una falta de cariño por parte de sus hijos e hijas. A pesar de que en ocasiones los niños/as pueden parecer crueles hacia sus propios padres la realidad es que esta clase de comportamientos son normales, ya que los niños/as están intentando reafirmar su ego.

Desde esta mirada, nos será más fácil encontrar la respuesta que ayude a reducir los “malos comportamientos”.

Cómo acercarnos a un niño que no hace caso

Por eso, lo primero que hay que saber cuando los niños empiezan a no hacer caso es cómo acercarnos a él.

  • Contacto visual: Es básico mantener un contacto visual, por lo que será necesario que nos pongamos a su altura y nos aseguremos de que nos mire.
  • Tono sereno y claro: A la hora de hablar con los niños que no hacen caso, debemos hacerlo con un tono sereno, seguro, firme y neutral, procurando ser lo más claros posible, adaptando a su idioma lo que tengamos que decirle. Cuantas menos indicaciones demos, más fácilmente llegará el mensaje.

COMUNICACIÓN EFECTIVA CON LOS HIJOS - CÓMO MEJORAR LA COMUNICACIÓN EN LA FAMILIA

Estrategias para mejorar la comunicación y el comportamiento

Aquí hay algunas estrategias que puedes implementar para mejorar la comunicación y fomentar un mejor comportamiento:

  • Usa la empatía: Lo primero que debemos hacer es ver que entendemos que se siente mal, pero que expresarlo desde la rabia, con un mal comportamiento o guardándose sus sentimientos para sí, no le ayuda a él ni ayuda a que la familia funcione bien.
  • Expresa tus sentimientos: Hablando desde las emociones, desde cómo nos sentimos nosotros, le ayudaremos a hacer lo mismo con sus sentimientos. Los hechos son discutibles, pero cómo se siente cada uno no.
  • Reconoce su opinión: Debemos ser conscientes de qué le estamos pidiendo y saber reconocer si le estamos exigiendo demasiado o si le estamos dando el mensaje de manera que le llegue.
  • Comparte experiencias similares: Si hemos vivido de cerca alguna situación similar, nos puede ser de gran ayuda explicárselo.
  • Motívale a comportarse mejor: Una de las formas de que los niños empiecen a hacer caso a sus padres es intentando usar la motivación. Para ello, debes hacerle ver que tiene más herramientas de las que cree para poder gestionarlo. Cometer errores o pasarlo mal es una fuente de aprendizaje.
  • Usa alternativas al no: Decir siempre que no es una fuente de frustración constante para los más pequeños.
  • Sé paciente: Aun así, a veces están tan enfadados que no quieren hablar. En el caso de tratarse una cuestión innegociable (que vaya a la bañera, que recoja, etc.) volveremos a repetir la consigna con el mismo tono de voz y podemos anticipar las consecuencias de no hacerlo.

Es muy importante que, si se está portando mal, no reforcemos esta conducta dándole aún más atención, ya que esto sería una especie de recompensa para que se siga portando mal.

La importancia de las rutinas y la disciplina positiva

Para que los días no sean una lucha constante, una herramienta muy útil es establecer rutinas, involucrando al niño/a en su creación. Pregúntale, escucha, y llegar a límites razonables y respetuosos para ambos. La idea clave es primero conectar para luego corregir o educar.

En Disciplina Positiva se equipara el “mal comportamiento” a un iceberg. Donde en la parte de arriba, la punta encima del agua, es la conducta lo que se ve, lo que el niño/a hace. Pero debajo de esa punta, hay un trozo de hielo mucho mayor, lo que no vemos, y ahí se encuentran necesidades básicas no cubiertas, respuesta de nuestro cerebro primitivo, fases del desarrollo evolutivo, apego inseguro y, finalmente, si todo lo hemos descartado, podríamos hablar de la necesidad de pertenencia y contribución.

Tabla de Reforzadores

Tipo de Reforzador Ejemplos Consideraciones
Materiales Juguetes, comida, bebidas Eficaces al principio, pero pueden perder valor rápidamente.
Sociales Sonrisas, alabanzas, comentarios agradables Muy potentes y duraderos.
De Actividad Ver una película, jugar un juego Permiten variar las recompensas.

Errores comunes en la comunicación

En ocasiones muchos padres se ven expuestos a dar órdenes y a repetir constantemente las mismas frases o sermones, los cuales sólo contribuyen a que el niño o adolescente desconecte y deje de prestar atención, ya que piensa que le están reiterando las mismas cosas una y otra vez.

Uno de los errores que cometen algunos padres cuando preguntan algo a sus hijos es que ellos se auto-contestan de forma inmediata. Este tipo de contestaciones que le das a tu hijo solo repercute en que éste desconecte y no te preste atención desde la primera frase del discurso.

La importancia de escuchar

Saber escuchar es una habilidad que puede llegar a ser muy difícil de aprender y, por lo tanto, requiere de un entrenamiento para su aprendizaje. Deberás empezar intentando ser un modelo a seguir, hablando menos y escuchando más.

  • Escucha reflexiva: Principalmente, los padres deben empezar a escuchar reflexivamente y mejor a los hijos. Prestar atención a los detalles que cuentan, conectar con sus sentimientos y emociones para que éstos se sientan mejor y más comprendidos.
  • Mejora la comunicación: Escucharles en silencio servirá para mejorar la comunicación con tus hijos. En muchas ocasiones, nuestros hijos solo necesitan ser escuchados y que se les presten atención.

Darles consejos cuando lo pidan; dejar las lecciones de vida que no han pedido sin dejar de guiarlos, y ayudarles a tomar buenas decisiones siempre de forma empática y respetuosa. Un ejemplo podría ser el siguiente: “observo que estás triste porque no te invitaron a la fiesta de tu compañero a la cual tenías ganas de ir. Yo en tu lugar también lo estaría”. Pedir permiso antes de dar una recomendación o consejo puede mejorar la comunicación con tus hijos.

Premios y castigos: ¿cómo usarlos eficazmente?

No podemos esperar que como padres nuestros hijos hagan siempre todo lo que les decimos.

  • Instrucciones claras: Procura mirarle a los ojos cuando le hablas, por supuesto, conviene que estés en la misma habitación que él. No las hagas en forma de preguntas o sugerencias, ya que puedes dar pie a que el niño no las cumpla. No le des muchas instrucciones a la vez, eso lía a cualquiera.
  • Consistencia: Si las órdenes que le das al niño entran en contradicción con otras que le has dado anteriormente o con las que le ha dado otro adulto, la has fastidiado.

A todos nos pasa que, si después de hacer algo obtenemos una consecuencia positiva, tendemos a repetir esa actuación. Así que si queremos que nuestro hijo haga algo que por su propio pie no hace, no tenemos más que darle una recompensa después de hacerlo. Es lo que en psicología se llama reforzador.

  • Reforzadores materiales: En primer lugar nos encontramos con los reforzadores materiales, es decir, las recompensas que tienen una realidad física: juguetes, comida, bebidas, etc. Estos premios funcionan muy bien al principio, pero tienen el inconveniente de que el niño rápidamente se cansa de ellos, y más en el mundo en el que vivimos en el que los niños suelen tener de todo, y normalmente sin tener que hacer ningún tipo de esfuerzo para conseguirlo.
  • Reforzadores sociales: También están los reforzadores sociales: sonrisas, alabanzas, comentarios agradables, etc. Estas recompensas son muy potentes y además los niños no se cansan de ellas. Conviene que siempre que des un premio material a tu hijo vaya acompañado de un reforzados social como una sonrisa.
  • Reforzadores de actividad: Y por último podemos administrar reforzadores de actividad.

El premio conviene que lo entregues justo después de que el niño haya cumplido su parte. Si le dices,” si ordenas tu cuarto, cuando vayas a la universidad te regalaré una moto” probablemente no surta mucho efecto.

Al principio, cuando el niño está aprendiendo la nueva conducta, conviene que le premies siempre que haga lo acordado.

Educar en positivo: firmeza y cariño

El quid de la cuestión, tan sencillo como difícil de conseguir en un primer momento, es tratar de educarles en positivo. ¿Y a qué se refiere Bilbao con ‘educar en positivo’? A hacerlo con firmeza y sin cariño, sin gritos ni castigos, herramientas muy habituales ante un conflicto que pueden conseguir que obedezcan momentáneamente pero que, según explica el experto, “no producen cambios duraderos en el comportamiento de los niños”. Por eso, continúa, “los padres que gritan y castigan tienen la sensación de que tienen que repetir las cosas una y otra vez”.

Si les educamos en positivo, como dice Álvaro Bilbao, haciendo que interioricen unas pocas normas adecuadas a su edad con calma, ternura y comprensión, no solo mejoraremos la relación padres-hijos y el ambiente en casa, sino que ayudaremos a los niños a aprender más rápido y a mejorar su autoestima, y sabremos cómo actuar en muchas situaciones límite, como rabietas, violencia o faltas de respeto. Educando en positivo conseguiremos una mejor convivencia y una relación basada en el amor y la confianza.

Qué evitar al educar

Para educar en positivo, lo primero que hay que hacer es desterrar reacciones y creencias tan arraigadas cada vez que surge un problema como pueden ser mandar al niño a su habitación, ignorarle, gritarle, o, por supuesto, pegarle, aunque sea un cachete o un azote. Está demostrado, como explica el experto, que estas actitudes tienen un efecto negativo en los niños. “Intimidar al niño solo va a conseguir que se sienta más asustado o enfadado, y puede hacer que el comportamiento se intensifique”, comenta. Echarle de la habitación, o mandarle a la suya, “provoca un gran miedo al abandono” y, según los estudios, no funciona para reducir problemas de conducta.

Respecto a la violencia, Bilbao advierte que dar un azote a un niño sí tiene consecuencias, y ninguna es buena. “Uno de los efectos más desconocidos de las correcciones físicas es que los niños aprenden a mentir a sus padres. Es la respuesta natural cuando el niño tiene miedo a que le peguen”, explica. Además, los niños que reciben en casa correcciones físicas tienen una sensación de inseguridad en su propio hogar, sienten miedo, aprenden a castigar descargando su ira y frustración cuando alguien se equivoca. Y por si esto fuera poco, no solo tienen mayor tendencia a ser violentos, sino que normalizan los comportamientos violentos para controlar a los demás.

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Claves para una educación positiva

¿Qué debemos hacer para educarles en positivo y conseguir que nos hagan más caso? Álvaro Bilbao lo tiene muy claro.

  • Amor: En primer lugar, darles mucho amor.
  • Límites: Además, hay que decirles ‘no’ cuando sea necesario, pues los límites son clave en la educación en positivo.
  • Responsabilidades: Otro punto importante es darle responsabilidades: “una parte del cerebro se activa y encuentra satisfacción al cumplir con alguna misión que nos hayan dado”, explica.
  • Respeto: Y nunca, nunca, debemos faltarles al respeto, pues “el respeto es una cualidad que se aprende y dice mucho acerca de una persona, por tanto, si queremos que nuestro hijo trate con respeto a los demás, lo primero es tratarle con respeto a él.
  • Agradecimiento: Para concluir, el experto recomienda enseñarle a ser agradecido, e intentar ser padres felices: “una madre o padre en continua situación de estrés no va a poder dar lo mejor de sí mismo a sus hijos. Por ello, lo más importante para que ellos sean felices es que tú también lo seas”, concluye.

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