Expresiones Nacidas en Revoluciones Populares Españolas

Las revoluciones populares en España han sido una fuente rica de expresiones y conceptos que reflejan los cambios sociales, políticos y culturales de cada época. Estas expresiones, a menudo cargadas de simbolismo y emoción, han servido para movilizar a la población, articular demandas y construir identidades colectivas. Este artículo explora algunas de estas expresiones, analizando su contexto histórico y su impacto en la sociedad española.

Estamos acostumbrados a que actos irrelevantes como canciones de raperos, grafitis, letras para Eurovisión, jueguecitos con banderas, montajes gráficos en las redes asociales, festivales, manifestaciones, etc. se consideren como actos revolucionarios, casi declaraciones de guerra civil, tanto para sus seguidores como sus detractores.

Una muestra oficial de este inútil folclore revolucionario posmoderno es la feria de Arte Contemporáneo de Madrid, un acontecimiento que no deja de ser la victoria de la estética frente a la poética, de la cutrez contra el buen gusto o de la moda snob del momento frente a las normas procedentes de la tradición, por supuesto patrocinado por importantes empresas.

🚂 La REVOLUCIÓN INDUSTRIAL en ESPAÑA

El Arte como Expresión Revolucionaria

Durante los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1955 Barcelona acogió la III Bienal Hispanoamericana de Arte. Una exposición que no sólo permitió ver la obra más reciente de los artistas españoles e iberoamericanos o una muestra de precursores del arte moderno sino también el arte más nuevo que se estaba haciendo en los Estados Unidos. Por este y por otros muchos motivos, la Bienal significó el triunfo en España de las tendencias abstractas y su absoluto reconocimiento oficial.

Como bien se indica en el brillante ensayo de Iván Vélez, Nuestro hombre en la CIA, esta organización fomentaba el arte abstracto en Europa Occidental para contrarrestar el realismo soviético. Tengo una fotografía en la que Franco, rodeado de gente importante, está parado delante de mis cuadros en una de las Bienales Hispano-Americanas. En un rincón del grupo está Llorens Artigas medio escondido, tapándose la cara para no ser sorprendido por los fotógrafos. Todos ríen.

La situación descrita y esas cinco palabras del Generalísimo es una definición perfecta de la socialdemocracia, aunque más bien es el recochineo típico de un vencedor. Para un Jefe de Estado que venció al Frente Popular y sus aliados de las Brigadas Internacionales, y estaba a pocos meses de que el PCE reemplazara la revolucionaria lucha de clases por la política de Reconciliación Nacional, debería de ser un orgullo que “su” nueva sociedad considerase que la revolución consistía en pintar un cuadro abstracto.

En todo caso, esto refleja uno de los aspectos más importantes proyectados por la Bienal: el régimen reconocía la inocuidad de la práctica artística como forma de contestación política, y de ello, se iba a derivar la total falta de escrúpulos en el uso de obras de arte producidas por artistas (algunos) que, en privado, no manifestaban ningún apego por el franquismo. El arte se concebía dentro de una gran tradición española de separar al artista del ciudadano que hay detrás.

González Robles reconocía que “le traía sin cuidado” que Oteiza escribiera textos políticos antifranquistas, mientras, como comisario estatal, se lo llevaba como representante de España a la Bienal de Sao Paulo en 1957, en donde obtendría el primer premio: “A mi, me importaba muy poco si alguien era rojo, homosexual o lo que fuera”, decía. Lo importante eran las obras y nada más.

Guernica de Picasso, un símbolo del arte como protesta.

Símbolos de Protesta y Resistencia

Las hemos visto miles de veces. En algunas sabemos el nombre de los protagonistas, en otras sólo lo que reclamaban quienes aparecen en ellas. Todas dan hambre de justicia, ganas de echarse a la calle, de hacer algo más, de no callar. Hoy contamos qué había detrás de diez de las imágenes de protesta más icónicas del último siglo.

El (no) saludo nazi

August Landmesser se muestra con los brazos cruzados mientras decenas de personas hacen el saludo nazi a Hitler. Sí, los caminos de la viralidad también son inescrutables. Ahora sabemos que la fotografía fue tomada en la botadura de barco militar en Hamburgo, y que quien se queda de brazos cruzados se llamaba August Landmesser.

La sorpresa llega cuando sabemos que fue miembro del partido de Hitler hasta el año anterior a ese momento, cuando fue expulsado por casarse con una mujer judía, Irma Eckler, con la que tuvo dos hijas. Por ello estuvo en prisión, el delito: deshonrar a la raza. Cuando salió de la cárcel fue enviado a la guerra donde se le declaró desaparecido en combate.

Una de sus hijas fue la que le reconoció y nos permitió saber -ayudada por el perfil japonés- que detrás de este símbolo de desobediencia en realidad se escondía una historia de amor.

Rosa Parks, el viaje que lo cambió todo

La imagen por sí misma no puede ser más anodina. Una mujer sentada mirando por la ventana del autobús y un hombre detrás con la vista en dirección contraria. Además es engañosa, no se tomó en el día que la mayoría pensamos. Pero es el símbolo de una victoria incontestable, la de Rosa Parks, que un año y medio antes, el 1 de diciembre de 1955 en la ciudad sureña de Montgomery, se negó a ceder su asiento a una persona blanca, tal y como establecía el reglamento.

“Estoy cansada de ser tratada como una ciudadana de segunda clase”, cuentan que le respondió a los policías que la detuvieron cuando le preguntaron por qué no se había movido. La noticia de su arresto llamó la atención de un tal Marthin Luther King, que la difundió entre la comunidad afroamericana que ya estaba en modo efervescente.

Tras más de un año de boicot al sistema de transporte público estadounidense, el Tribunal Supremo declaró inconstitucional la segregación en todos los autobuses del país. La fotografía fue tomada el día después de esa decisión, en una acción convocada por el movimiento de derechos civiles para que la prensa pudiera mostrar a Parks sentándose, ahora ya de forma legal, en cualquier asiento que estuviera libre. Y detrás no vemos a un racista, como podría pensarse por su mirada esquiva, sino a un periodista que cubría el acto, tal vez incómodo de participar como figurante en una imagen que ya intuía que pasaría a la historia.

Olimpiadas de México 1968: el poder de un puño (y por qué cada uno levanta una mano)

“Para las personas que fueron linchadas o asesinadas, y nadie ha dicho una oración por ellos, que fueron ahorcados y para los que fueron arrojados al agua en mitad del pasaje”. Así explicaron Tommie Smith y John Carlos su gesto de levantar un puño bajo un guante negro cuando recibían sus medallas de oro y bronce en la categoría de 200 metros lisos de los Juegos Olímpicos de 1968. Precisamente cuando empezaba a sonar el himno de Estados Unidos en el Estadio Olímpico de Ciudad de México.

Unos meses antes había sido asesinado Martin Luther King, impulsor de los derechos civiles de la minoría negra estadounidense y la imagen quedó como una de las más representativas de ese año plagado de protestas por medio mundo. Aunque a primera vista parece indiferente, quien recibe la medalla de plata, Peter Norman, jugó un papel fundamental en la escena.

En la previa a la ceremonia de entrega, el australiano les pidió una insignia del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos para llevarla en el pódium. Entonces surgió un imprevisto, los dos atletas estadounidenses querían llevar sus puños negros, pero Carlos se da cuenta que ha olvidado los suyos en la Villa Olímpica. Es Norman quien le propone a Smith que le deje uno de los suyos y esa es la explicación por la que cada uno levanta un brazo distinto en su protesta.

Al terminar el himno, los atletas fueron abucheados. Al llegar a sus países, Smith y Carlos recibieron amenazas de muerte, fueron marginados de todos los modos posibles y tuvieron que continuar su carrera como jugadores de fútbol americano. A Norman no le permitieron disputar los siguientes Juegos Olímpicos a pesar de haber obtenido la marca necesaria. Su gesto se considera precursor de la implicación de los deportistas en el movimiento contra el racismo y hoy los tres tienen una estatua en sus ciudades de origen.

Tommie Smith y John Carlos levantan sus puños en los Juegos Olímpicos de 1968.

Orgullo LGTBI, la gota que se colmó en la calle Christofer

El vaso era una comunidad LGTBI harta de tener que concentrarse en barrios marginales para tener ciertos espacios de libertad. La gota fue una redada de la policía de Nueva York, en el bar Stonewall Inn, en la calle Christofer, el 28 de junio de 1969. La respuesta, disturbios esa misma madrugada y los días siguientes donde empezó a fraguarse la unión del colectivo.

Entre las primeras tareas estuvo asegurar que grupos de activistas pudieran mostrar públicamente su orientación sexual sin temor a agresiones o a ser detenidos. Al año siguiente se organizaron en Nueva York y Los Ángeles manifestaciones para recordar lo sucedido en la calle Christofer. Habían nacido las Marchas del Orgullo.

Hoy las manifestaciones se celebran en las principales ciudades de los cinco continentes reuniendo a millones de personas alrededor del mundo. En algunas, quienes participan corre el riesgo de ser detenidas y en 11 de ellos puede ser castigada con la pena de muerte.

Tiananmen, el hombre que detuvo un tanque

Dicen que “nada detiene a una persona que sabe lo que quiere”. En este caso, la determinación de un manifestante chino sirvió además para detener tres tanques. La fotografía es uno de los mayores símbolos de la resistencia pacífica, pero quizás la magnitud de su gesto sólo puede apreciarse en el vídeo de la escena.

Plaza de Tiananmen, Pekín, 1989. Después de siete semanas en las que miles de manifestantes habían ocupado la plaza reclamando mayores libertades y medidas contra la corrupción. Llegaron a tapar un retrato gigante del presidente Mao y hacer carteles del primer ministro Li Peng vestido con un uniforme nazi. La protesta empezaba a extenderse a otras partes del país. Aquello había ido demasiado lejos. El 3 de junio el ejército chino recibió la orden de desalojar la plaza.

Ese es el contexto de la escena: un manifestante se detiene frente a un tanque obligándolo a detenerse (y otros dos que le seguían), se mueve varias veces para cortarle cualquier camino, se sube en él, incluso dialoga con su conductor, y cuando se baja le sigue interrumpiendo el paso hasta que otros participantes de la protesta se lo llevan casi a la fuerza.

La censura del gobierno chino sigue funcionando a pleno rendimiento. Treinta años después, un reportaje de la BBC mostraba cómo muchos de los habitantes de Pekín no habían visto nunca esas imágenes o tenían miedo a reconocer que sí. Todavía hoy seguimos sin conocer la identidad de ese hombre, ni si fue uno de los miles que fueron asesinados o encarcelados durante esos días. Pero, aunque parezca un acto de locura, sí podemos intuir por qué lo hizo.

La Revolución de Terciopelo, la revancha de la primavera

Hay lugares en los que parece que las protestas van unidas a la poesía. Tuvieron que pasar 21 años desde que la primavera de Praga fue aplastada por tanques soviéticos para que en Checoslovaquia se precipitaran los acontecimientos en unos pocos meses de otoño. Y se le llamó la Revolución de Terciopelo.

El apodo habla del pacifismo con el que se desarrollaron las manifestaciones, y se atribuye a Rita Klímová, una de las portavoces del movimiento. Unas protestas que acabaron de tumbar a un ya debilitado régimen, que esta vez no pudo recurrir a la fuerza represiva de los tanques por negativa del gobierno ruso de Gorvachov.

La suavidad propia del tejido también impregna la imagen en la que el entonces líder del grupo opositor Foro Cívico, Václav Havel, camina sobre las flores en un homenaje a los caídos en las protestas. Unas pocas semanas después ya era presidente del Gobierno.

La Primavera árabe, un aire de libertad

Hombres y mujeres agolpados en una plaza. Jóvenes y mayores. Carteles hechos en casa, la mayoría en árabe pero también alguno en inglés. Algunos teléfonos móviles sacando fotos, o contando lo que pasa. La caricatura de un dictador aferrado al poder. Y una frase, “game over” que refleja un hartazo acumulado durante décadas.

La imagen podría haber sido tomada casi idéntica durante 2011 en Egipto, en Yemen, en Bahréin, en Libia o en Siria. Fue la llamada Primavera árabe que en realidad comenzó en el invierno tunecino, o un poco antes, según quien mire, con la revuelta saharaui en los territorios invadidos por Marruecos, en octubre de 2010.

Unos aires de libertad que recorrieron prácticamente todos los países árabes, desde el Atlántico, cruzando el Mediterráneo, hasta el Golfo Pérsico. Cayeron dos dictadores Hosni Mubarak en Egipto y Ben Alí en Túnez, donde además se aprobó una nueva Constitución. Pero la primavera se convirtió en sangre con guerras civiles en Siria, Libia, o Yemen, y también con la represión que vino después en Egipto o Bahréin.

Hong Kong: la Revolución de los Paraguas. Paraguas para que no cale la censura

En ocasiones, el protagonista de una protesta no es una persona, sino un objeto. Pasó con los claves en Portugal en 1974 y sucedió con los paraguas de Honk Kong en 2014. Al comienzo las manifestaciones eran principalmente de universitarios, pero poco a poco las calles de esta región administrativa especial china se llenaron de todo tipo de personas. La chispa que encendió las protestas fue una reforma electoral por parte del Gobierno de Pekín para restringir aún más las opciones de elegir a sus gobernantes.

En un principio, los paraguas sirvieron para defenderse de los gases que lanzaba la policía. Pero poco a poco también se fueron convirtiendo en un símbolo de unión entre los manifestantes. El movimiento recordó a muchos en formas y demandas al 15M español o al Occupy Wall Street de Nueva York. Y aunque no consiguió cambiar el sistema electoral en la región sí supuso una brecha sin precedentes en el control y la censura impuestas por Pekín desde que tomara el control de la región en 1997.

Cinco años después destacados activistas fueron condenados a penas entre 8 y 16 meses de prisión por cargos como como incitación, conspiración y alteración del orden público.

Greta Thunberg y su lucha contra el cambio climático. Sentarse para tener un futuro

Basta, esto no puede seguir así. Un sentimiento muy similar al de Rosa Parks hizo que Greta Thunberg hiciera lo mismo que ella: sentarse donde se no podía. La activista por el clima tenía entonces 15 años cuando comenzó su protesta un 20 de agosto de 2018 frente al Parlamento sueco y decidió estar ahí durante el horario escolar hasta que se celebraran las elecciones de su país, 19 días más tarde.

Tras las votaciones siguió protestando cada viernes, exigiendo medidas claras y contundentes por parte de los líderes internacionales y de su país para frenar el cambio climático. El movimiento que surgió de su acción, Fridays for future, ha involucrado a jóvenes en todo el mundo en la lucha por el medio ambiente. Se calcula que en la Huelga por el clima en septiembre de 2019 participaron 6 millones de personas en más de 5.000 localidades de 185 países. Ha sido una de las mayores manifestaciones globales de la historia.

Protestas en Sudán. La imagen de un tiempo

A veces todo cabe en una fotografía. Se trata de una protesta en Sudán, en abril de 2019, para reclamar reformas al presidente del país, Omar al Bashir. Sin embargo, además de por la belleza de su composición, la fotografía atrapa porque parece captar toda la era en la que vivimos. Un momento en el que muchos pueblos de África se rebelan contra la corrupción y la falta de derechos y libertades. En el que la tecnología sirve para que nadie pueda decir eso no ha pasado, pero en el que también la tradición, encarnada en ese vestido blanco, juega un papel fundamental. Unas protestas, que como la propia imagen, llegan más lejos a través de las redes sociales.

Una manifestante en Sudán se convierte en símbolo de la lucha por la libertad.

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