Placenta Previa Oclusiva Total: Definición, Causas, Diagnóstico y Tratamiento

La placenta es un órgano materno-fetal que se desarrolla durante el embarazo, encargándose de suplir las necesidades básicas del feto a través de la madre: respiración, alimentación y excreción. Cuando se coloca en la zona baja del útero o segmento uterino inferior, sobre el cuello uterino o cerca de él, la llamamos placenta previa.

La placenta previa es un problema que afecta a un pequeño porcentaje de mujeres embarazadas. Provoca que el crecimiento y la posición de la placenta, que es el órgano encargado de nutrir al feto y eliminar los desechos, sean anormales.

En la mayoría de los embarazos, la placenta se adhiere a la parte lateral o superior del útero. Si tienes placenta previa, la placenta se encuentra en la parte baja del útero y cubre el cuello uterino. Esto puede causar sangrado intenso en el momento del parto o incluso durante el embarazo.

Entendemos por placenta previa el hecho de que la placenta esté insertada en la parte baja del útero, lejos de su lugar habitual, que es el fondo del útero. Esta anomalía de la inserción placentaria se presenta entre un 0,4-0,5% de los embarazos.

Es importante que el médico os supervise tanto a ti como al bebé para reducir posibles complicaciones.

La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones.

La placenta previa incrementa en 8 veces el riesgo de sufrir un parto prematuro.

Si te han diagnosticado una placenta previa, debes llevar una vida tranquila, sin realizar grandes esfuerzos, acudir a todos los controles programados por tu obstetra y matrona y seguir todas sus recomendaciones.

PLACENTA PREVIA: CLASIFICACIÓN, DIAGNÓSTICO, 🩸SÍNTOMAS🩸, MANEJO... - Ginecología y Obstetricia -

Tipos de Placenta Previa

Según dónde se localiza la placenta en relación al cuello uterino, podemos diferenciar los casos más leves de los más severos, y sus implicaciones clínicas:

  • Placenta de inserción baja: Es aquella placenta localizada en el segmento uterino inferior pero que no llega a alcanzar el orificio cervical interno.
  • Placenta previa marginal: La que llega al borde del orificio cervical interno, pero no lo sobrepasa.
  • Placenta previa u oclusiva total: Se localiza centralmente y ocluye por completo el cérvix uterino. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.

Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.

No se debe confundir la placenta baja con la placenta previa:

  • Tipo I. Placenta baja.
  • Tipo II. Placenta marginal.
  • Tipo III. Placenta oclusiva parcial.
  • Tipo IV. Placenta oclusiva total.

Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas.

Causas de la Placenta Previa

La causa de la placenta previa se desconoce. La causa exacta de la placenta previa es desconocida. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta.

Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización.

Otros factores predisponentes son el retraso en la fecundación y en la posterior implantación.

El riesgo de presentarla se incrementa con la edad materna avanzada, multiparidad (haber tenidos más hijos), cirugías uterinas previas, técnicas de reproducción asistida, abortos previos y con el consumo de tabaco. Dejar de fumar cuando deseas quedarte embarazo es una buenísima decisión.

No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación. Son los siguientes:

  • Malformaciones uterinas
  • Embarazo gemelar o embarazo múltiple
  • Haber tenido varios embarazos previamente
  • Poco tiempo entre dos partos
  • Haber tenido un parto previo por cesárea
  • Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas
  • Edad materna avanzada
  • Tabaco y abuso de cocaína

La placenta previa se presenta en 1 de cada 200 mujeres embarazadas en el tercer trimestre de gestación.

Síntomas de la Placenta Previa

La placenta previa puede ser asintomática y la mujer no nota nada durante todo el embarazo. Si presenta algún síntoma, será fundamentalmente el sangrado vaginal (también llamado metrorragia), que puede ocurrir en cualquier momento de la gestación, aunque es más frecuente que se presente en el tercer trimestre.

Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas.

Son hemorragias espontáneas, no relacionadas con ningún esfuerzo y no se acompañan de dolor. Son de sangre roja y se presentan de forma intermitente, a intervalos, pero tienden a ser cada vez más frecuentes y más graves.

Además, a partir de la semana 24 de gestación, un sangrado vaginal de color rojo brillante e indoloro puede indicar que existe placenta previa. Es el síntoma principal de esta anomalía, pero no sucede en todos los casos.

La mayoría de mujeres con placenta previa antes de la semana 20 de gestación son asintomáticas.

Los síntomas de placenta previa se suelen presentar cuando ésta persiste en un estado más avanzado del embarazo, a partir de las 20 semanas. El principal síntomas es la hemorragia vaginal indolora de sangre roja brillante y de intensidad variable.

El sangrado ocurre porque el cuello uterino comienza a dilatarse y rompe los vasos sanguíneos de la placenta y del área donde está implantada. Este sangrado puede detenerse por sí solo y volver a empezar unos días después. En ocasiones, el sangrado vaginal no ocurre hasta el comienzo del trabajo de parto.

Suele ser indoloro y la sangre que se pierde roja y abundante (a veces acompañada de coágulos). Se trata de una urgencia obstétrica, y es motivo de atención inmediata en urgencias.

Ante una hemorragia por placenta previa debe recomendarse reposo. Si las hemorragias son muy repetidas se deberá ingresar a la paciente.

Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos.

Diagnóstico de la Placenta Previa

El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. El diagnóstico de placenta previa se realiza fundamentalmente a través de la ecografía.

Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias.

Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina).

La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.

Para estar segura u obtener un diagnóstico más completo, el médico puede realizar una ecografía transvaginal con un dispositivo similar a una varita, que se introduce en la vagina.

Si sospecha o nota algún síntoma de placenta previa, puede realizar ecografías convencionales o 3D adicionales para determinar la ubicación precisa de la placenta y evaluar si se resolverá por sí sola en el transcurso del embarazo.

Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema.

Generalmente se detecta en la ecografía del segundo trimestre, y es un diagnóstico relativamente frecuente en este momento (hasta en un 5% de todos los embarazos), aunque la mayoría no será placenta previa al término de la gestación.

Tratamiento de la Placenta Previa

El procedimiento a seguir cuando se detecta un caso de placenta previa depende mucho de la semana de gestación y de la cantidad de sangre que haya perdido la madre. En caso de que la hemorragia sea leve, se puede esperar hasta la semana 36, cuando el bebé ya esté lo suficientemente maduro como para realizar una cesárea.

En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal.

Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre.

Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.

Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales.

En caso de que la hemorragia sea abundante y no se detiene, lo más probable es que se requiera la hospitalización de la embarazada. Si el bebé ya está maduro para salir, se realizará una cesárea.

La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal.

La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas.

La evolución de esta complicación dependerá de la intensidad de los sangrados y de la semana exacta de embarazo. La probabilidad de tener placenta previa en el momento del parto aumenta en función de la edad gestacional.

En concreto, alrededor del 70% de las mujeres presentará placenta previa en el momento de dar a luz si el diagnóstico se hace a partir de las 30 semanas. También es más probable que persista si se trata de una placenta previa completa, en lugar de una marginal o parcial.

En función de la intensidad de la hemorragia vaginal y el tipo de placenta previa, la manera de proceder será la siguiente:

  • Sangrado leve y placenta previa baja o marginal: el médico mandará reposo absoluto en cama, reducir actividades y descansar la pelvis, lo que implica no mantener relaciones sexuales ni usar tampones.
  • Sangrado abundante y placenta previa parcial o total: es probable que la mujer sea hospitalizada para estar más vigilada y tratada con transfusiones de sangre. El aumento de sangrado puede poner en riesgo la salud de la madre y del bebé.

A continuación, el médico tendrá que tomar una decisión sobre el tipo de parto, que en la mayoría de casos será programado.

Parto con Placenta Previa

El parto con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad. La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad.

Si la placenta es oclusiva total el parto vaginal es imposible y hay que realizar una cesárea. En los casos de placenta previa oclusiva parcial, puede considerarse el parto vaginal, aunque los riesgos son considerables y en la mayoría de los casos se opta por la cesárea.

En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación.

En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé.

En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.

Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea.

En placentas previas totales o parciales se debe realizar cesárea.

Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.

Se debe realizar cesárea siempre que la placenta previa sea total o parcial.

Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.

Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto).

Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto.

Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea.

Complicaciones de la Placenta Previa

La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación.

El compromiso fetal depende del materno.

Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa ha disminuido mucho en los últimos años, debido a las mejoras en el manejo obstétrico, a las cesáreas y a la mejora en los cuidados neonatales.

Si la placenta es oclusiva total el parto vaginal es imposible y hay que realizar una cesárea.

La principal complicación de la placenta previa durante el embarazo es la presencia de sangrado intenso antes o durante el parto.

Además, si fuera necesario practicar una cesárea de forma urgente, el bebé podría nacer prematuro y tal vez algunos de sus órganos mayores no se habrían terminado de desarrollar.

Otra complicación muy temida de la placenta previa es que esta se convierta en una placenta accreta. Esto sucede cuando la placenta se implanta profundamente en el útero y no termina de despegar en el momento del parto, lo cual puede provocar una hemorragia masiva y tener que recurrir a una histerectomía (extirpación del útero).

Preguntas Frecuentes

¿Cuáles son los signos y síntomas de la placenta previa en el embarazo?

La placenta previa es un problema del embarazo, en el cual ésta crece en la parte más baja del cuello uterino, obstruyendo total o parcialmente su apertura.

El principal síntoma es el sangrado vaginal indoloro y repentino. Se detecta mediante ecografía que muestra la posición de la placenta.

Es conveniente tener un control ecográfico exhaustivo en estos casos con el fin de evitar el parto prematuro.

En ocasiones puede ser necesario la realización de una cesárea de urgencia.

¿Es posible tener un parto vaginal con placenta previa?

Esto depende del tipo de placenta previa. Si se trata de una placenta previa completa o parcial, pero con un borde inferior a 2 cm del orificio de salida del cérvix, la vía de parto será necesariamente una cesárea.

Por otra parte, si el borde de la placenta se encuentra a más de 2 cm del orificio de salida del cérvix, es posible tener un parto vaginal. En este caso, si surge alguna complicación durante el parto o hay un sangrado, se procederá a practicar una cesárea inmediatamente.

¿Qué cuidados hay que tener durante el embarazo con placenta previa?

Cuando se diagnostica un caso de placenta previa, el especialista suele recomendar evitar los esfueroz físicos y llevar una vida tranquila. Además, suele ser aconsejable evitar las relaciones sexuales si hay placenta previa.

Tampoco estarían indicados los viajes largos en caso de embarazo con placenta previa, especialmente al extranjero, así como estresarse o agotarse mucho.

Si la embarazada presentara un sangrado vaginal, deberá acudir a urgencias tan rápido como sea posible.

¿Qué complicaciones pueden surgir en el embarazo con una placenta previa?

La principal complicación de la placenta previa durante el embarazo es la presencia de sangrado intenso antes o durante el parto.

Además, si fuera necesario practicar una cesárea de forma urgente, el bebé podría nacer prematuro y tal vez algunos de sus órganos mayores no se habrían terminado de desarrollar.

Otra complicación muy temida de la placenta previa es que esta se convierta en una placenta accreta. Esto sucede cuando la placenta se implanta profundamente en el útero y no termina de despegar en el momento del parto, lo cual puede provocar una hemorragia masiva y tener que recurrir a una histerectomía (extirpación del útero).

¿Qué es la placenta previa oclusiva?

La placenta previa oclusiva es un tipo de placenta previa y que también se conoce como placenta previa total. Esto significa que la placenta crece en la parta más inferior del útero, por lo que la abertura del cuello uterino queda cubierta por completo.

Por este motivo, las mujeres con placenta previa oclusiva no podrán dar a luz por parto vaginal, sino que tendrán que recurrir a una cesárea.

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