El término "estrago materno" ha ganado relevancia en el ámbito del psicoanálisis, especialmente en relación con la comprensión de la dinámica entre madres e hijas. Este concepto, acuñado por Jacques Lacan, se refiere a los efectos mortíferos que puede tener la relación madre-hija en la constitución subjetiva de la mujer. A continuación, exploraremos este concepto en profundidad, analizando su definición, implicaciones y cómo se diferencia de otras dinámicas familiares.
Definición y Origen del Concepto
El concepto de "estrago materno" surge como una forma de entender la complejidad de la relación entre madre e hija, especialmente en lo que respecta al desarrollo de la feminidad. Lacan plantea que, mientras que la frase "la mujer como síntoma de un hombre" puede describir ciertas dinámicas en la relación hombre-mujer, no ocurre lo mismo en la relación madre-hija.
Lacan introduce el término "estrago" para describir los efectos devastadores que puede tener la relación madre-hija. Este término resuena con los efectos mortíferos de dicha relación, sugiriendo que la influencia materna puede ser tanto constructiva como destructiva.
Es importante destacar que Lacan propone algo inédito en la clínica de lo femenino a través de la oposición del binomio Madre/mujer y llega a decir “cuanto más madre menos mujer”.
El Deseo de la Madre y su Impacto
Uno de los aspectos centrales del estrago materno es el deseo de la madre. Según Lacan, es fundamental diferenciar entre la mujer y la madre, ya que no es lo mismo ubicarse en un lugar o en otro. Si una mujer se identifica puramente como madre, excluye su propia feminidad. Será el deseo de la mujer en la madre lo que permita limitar la pasión materna, hacer de ella no-toda para su hijo.
En principio Lacan tomó los conceptos del Edipo freudiano. En el Seminario 4 (1956) hace muchas referencias al respecto, dirá que el pequeño interviene como sustituto, como compensación, en una referencia sobre lo que le falta a la mujer. De lado del niño, si todo va bien, se identificará con el objeto imaginario de ese deseo. Sin embargo, sabemos y cuanto antes lo asuma el niño mejor para él, que esta es una «relación imaginaria tramposa» ya que ni es el falo, ni la falta será saturada.
La madre, dependiendo de dónde ubique al hijo, puede favorecer esta salida u obstaculizarla. Pero, «el niño no sólo colma, también divide. Que divida es esencial. Ya hemos dicho que es esencial que la madre desee más allá del hijo… Cuanto más colma el hijo a la madre, más la angustia, de acuerdo con la fórmula según la cual lo que angustia es la falta de la falta. La madre angustiada es, de entrada, la que no desea -o desea poco, o mal- como mujer… Se les suele negar la perversión a las mujeres… Pero eso sería no ver que la perversión es, en cierto modo, normal por parte de la mujer es lo que se llama amor materno, que puede llegar hasta la fetichización del objeto infantil.
El amor maternal se manifiesta no en los cuidados corporales, ya que no sería suficiente, sino en las palabras que pueda dirigirle, aquellas que transmiten un deseo no anónimo, el deseo de un sujeto independiente de ella, podríamos decir. Ofrecer palabras de amor, sencillas y tiernas, como canta Serrat, pero no tan eróticas podemos agregar, ya que -recordemos- la palabra también causa el goce en el cuerpo. «No hay amor sino de un nombre», decía Lacan en el Seminario 10 (1962) y creo que vale para el amor hacia un hijo.
Lacan se interroga sobre si «la mediación fálica drena todo lo pulsional que puede manifestarse en la mujer, y en particular toda la corriente del instinto maternal»8 y nos podemos responder que siempre queda un resto real que lo fálico no llega a recubrir. Lacan, cada vez más, ubica que lo simbólico no consigue «domesticar» del todo lo real pulsional. Por lo tanto, no será la falta de amor sino los excesos los que complican la constitución subjetiva del recién nacido y será necesaria una separación.
Hay varias maneras de querer demasiado, por un lado, demasiada madre en tanto ubica al hijo como lo que la completa, demasiado ocupada en el niño. Cuanto el hijo más tapona la falta, menos mujer y más amor de madre con mayor prevalencia del goce. En el otro extremo, demasiada mujer, en tanto lo abandona porque ese hijo no consigue convocarla al lugar de madre, no otorga al hijo brillo fálico y goza más allá del falo.
Lo que drena, además, es «la otra cara de los poderes de la palabra: la que significa más allá de sus dichos, en sus silencios, contradicciones, hiatos, sus equívocos, todo lo que no dice pero deja entender. Veis cómo rápidamente nos vamos a lo que no tiene que ver con el amor ya que, por supuesto, no podemos hablar de amor puro sino enlazado, lo más equilibradamente posible, al deseo y al goce.
En cuanto a la madre, el equilibro estaría entre la mujer y la madre, el deseo de mujer en la madre es un deseo que limita la pasión maternal. B. Nominé nos decía en una ocasión que, en el trabajo con niños, tenemos que preguntaros qué mujer es esta madre. «La madre entonces marca con su palabra, le toca transmitir la Lalangue, es lalengua privada de la pareja originaria de la madre y su pequeño prematuro. La lengua Eros del primer cuerpo a cuerpo, cuyas palabras dejan huella por el goce que encubren» (Soler).
El don activo del amor conlleva la puesta en juego del orden simbólico. Amar, implica hacerlo más allá de lo que parece ser. Podemos decir que el amor de una madre será posible si ve más allá de la captura imaginaria. Si la madre puede aceptar, sin desestabilizarse demasiado, la particularidad del sujeto que se va constituyendo y tomando sus identificaciones propias.
El amor maternal Implicará, suponer un sujeto singular donde todavía no lo hay, capaz de separase de ella, dotarlo de cierto brillo fálico a la vez de poder tolerar sus dificultades, sus diferencias, como las elecciones particulares que haga. Es decir, que su amor se pondrá realmente a prueba si consigue soportar las respuestas que el hijo de a su ofrenda, ya que el hijo colma pero también divide y podrá aceptar, rechazar o hacer aquello que no estaba en los planes imaginarios de la madre.
Podemos pensar que el aforismo «Dar lo que no se tiene a quien no lo es», en la relación madre-hijo es donde más se puede poner a prueba.
Diferencias entre Freud y Lacan
Aunque tanto Freud como Lacan exploraron la feminidad, Lacan continúa las investigaciones de Freud, proponiendo una perspectiva que destaca la importancia de la diferenciación entre la madre y la mujer. Lacan introduce la noción de un goce femenino que desborda y excede el encierro fálico, lo que permite comprender la histeria y devuelve al enigma al cual se aproxima Lacan a través de sus fórmulas de la sexuación y la explicación del todo y no todo.
El Amor Maternal y el Fantasma
El amor maternal, como todo amor, está estructurado por el fantasma. Dependiendo de dónde ubique la madre al hijo en su fantasma, si como objeto causa de su deseo o como condensador de goce, la relación tomará diferentes caminos.
La alienación, inherente al amor, tiene una particularidad en la relación madre-hijo, ya que tienen estatutos diferentes: uno como sujeto con poder sobre el recién nacido y el otro como objeto indefenso, absolutamente dependiente. Este estado de objeto real deja al niño a merced de la madre, quien puede usarlo como una posesión para gozar.
La Importancia de la Palabra
El amor maternal no se manifiesta solo en los cuidados corporales, sino en las palabras que la madre dirige al hijo. Estas palabras transmiten un deseo no anónimo, el deseo de un sujeto independiente de ella.
La madre marca con su palabra, transmitiendo la "Lalangue", la lengua privada de la pareja originaria de la madre y su pequeño prematuro. Esta lengua Eros del primer cuerpo a cuerpo deja huella por el goce que encubre.
Excesos y su Impacto
No es la falta de amor, sino los excesos, lo que complica la constitución subjetiva del recién nacido. Hay varias maneras de querer demasiado: demasiada madre, que ubica al hijo como lo que la completa, o demasiada mujer, que abandona al hijo porque no consigue convocarla al lugar de madre.
El Amor Maternal a Prueba
El amor de una madre se pone a prueba si consigue soportar las respuestas que el hijo da a su ofrenda, ya que el hijo colma, pero también divide, y podrá aceptar, rechazar o hacer aquello que no estaba en los planes imaginarios de la madre.
Anorexia Infantil y el Estrago Materno
En la anorexia infantil, se observa una confusión entre necesidad, demanda y deseo en la relación materno-infantil. La madre confundiría la demanda del niño como si se tratase simplemente de satisfacer la necesidad, cuando la oralidad es la primera fuente de satisfacción del niño.
El conflicto que estalla en la relación de nutrición lleva implícito el malentendido con el Otro: a la demanda de ser nutrido la desborda un deseo y, precisamente para que no se extinga, el sujeto no se deja nutrir, se niega a desaparecer como deseo.
Lacan en "La dirección de la cura" (8: pag 259) escribe: "[ ...Lo que al Otro (la madre) se le pide dar es precisamente lo que no tiene, puesto que a ella también le falta el ser, es lo que se llama amor...]". El amor es, pues, el signo de la falta en el Otro.
Sin embargo, la madre del niño anoréxico, en palabras de Lacan (8: pag259) "... en lugar de lo que no tiene, le atiborra con la papilla asfixiante de lo que tiene, es decir, confunde sus cuidados con el don de su amor". La madre en este caso sólo quiere que el niño coma, sustituye su amor por los cuidados y los alimentos: reduce la demanda a la necesidad y así aplasta el deseo.
Casos Clínicos y Ejemplos
A lo largo del texto, se mencionan varios casos clínicos que ilustran el impacto del estrago materno. Estos ejemplos muestran cómo la dinámica entre madre e hija puede influir en la salud mental y emocional de la mujer a lo largo de su vida.
Uno de los casos presentados es el de una mujer joven, casada y con hijos, que consulta angustiada y preguntándose "¿quién soy?". Ella dice estar segura de que les ocurrirá una desgracia y experimenta dificultades en su relación conyugal. Este caso ejemplifica cómo una relación materna conflictiva puede generar inseguridad y ansiedad en la vida adulta.
Consideraciones Finales
El concepto de "estrago materno" nos invita a reflexionar sobre la complejidad de la relación madre-hija y cómo esta puede influir en la constitución subjetiva de la mujer. Al comprender las dinámicas en juego, podemos buscar formas de mitigar los efectos negativos y promover relaciones más saludables y enriquecedoras.
Es fundamental que tanto madres como hijas sean conscientes de estas dinámicas y busquen apoyo profesional si es necesario para abordar los conflictos y promover un desarrollo emocional saludable.
Tabla Resumen: Conceptos Clave del Estrago Materno
| Concepto | Descripción |
|---|---|
| Estrago Materno | Efectos mortíferos de la relación madre-hija en la constitución subjetiva de la mujer. |
| Deseo de la Madre | Importancia de que la madre no se identifique puramente como tal, sino que mantenga su propia feminidad y deseo. |
| Confusión Necesidad-Deseo | En la anorexia infantil, la madre confunde la necesidad del niño con su deseo, aplastando este último. |
| Palabra Materna | Las palabras de la madre transmiten un deseo no anónimo y son fundamentales en la constitución subjetiva del hijo. |
