El sufrimiento por no tener hijos biológicos es muy grande. Solo los que lo experimentan en sus carnes lo entienden. De hecho, los que lo contemplamos desde fuera no llegamos a atisbar ni la milésima parte de ese dolor. Dentro de la vida matrimonial, la cruz de la infertilidad suele ser una de los más dolorosas para la pareja. Todos los matrimonios cristianos, desean tener hijos para educarles y amarles, pero muchas veces los problemas de salud que causan la infertilidad, hacen que esto sea muy difícil y hasta imposible.
Es entonces donde surgen las dudas y las constantes preguntas ¿Qué hacer en estos casos? ¿A quién recurrir y cómo proceder para buscar ayuda y soluciones? En este artículo pretendemos dar algunas opciones, basándonos en lo que enseña el magisterio de la Iglesia cuando surge la infertilidad matrimonial.
La visión bíblica de la infertilidad
La esterilidad en la antigüedad era considerada como una maldición. Cuando una esposa no podía concebir era motivo de divorcio, pero se usaba una solución: el marido se llegaba a la sierva de la esposa para tener hijos. Raquel le dio a su esposo Jacob a su sierva Bilha (Génesis 30:3). Es necesaria estudiarla, es un tema muy importante y sobre todo contemporáneo. Muchas mujeres lo sufrieron. En el antiguo Egipto, la mujer gozaba de un estatus legal similar al del hombre, y la infertilidad no se consideraba un castigo divino, como en otras civilizaciones, sino una enfermedad que debía ser diagnosticada y tratada.
Los egipcios desarrollaron métodos para el diagnóstico de las mujeres infértiles a partir del concepto de que los órganos genitales estaban en continuidad con el resto del cuerpo, y especialmente con el tracto digestivo en las mujeres fértiles. No obstante, sabían que no todos los casos de infertilidad eran de origen femenino, puesto que en varios relatos e historias mitológicas se alude a la infertilidad masculina.
Mujeres estériles en la Biblia
La Biblia nos presenta varios ejemplos de mujeres que experimentaron infertilidad:
- Sara, esposa de Abraham: Sara era estéril y estaba triste por no poder dar a su esposo el heredero prometido por Jehová y decidió “ayudar” a Dios, es decir, conseguir un hijo por medio de su sierva egipcia Agar. Sara había escuchado la promesa que le hicieron a Abraham su esposo, pero ella se rió ante la posibilidad de quedarse embarazada porque ya tenía más de 90 años. Jehová la reprendió (Génesis 18:9-15). Agar le dio un hijo: Ismael.
- Rebeca, esposa de Isaac: Dice la Escritura que Rebeca fue estéril por 20 años, pero luego, como contestación a las oraciones de su esposo que esperaba ansioso un hijo varón para perpetuar su nombre y su heredad, dio a luz dos hijos gemelos. “Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer… He aquí que había gemelos en su vientre…Y salió el primero rubio y le llamaron Esaú… Y después salió su hermano y fue llamado Jacob… Y era Isaac de 60 años cuando Rebeca dio a luz” (Génesis 25:21-26). Y como fue profetizado también antes de su nacimiento, los hermanos fueron rivales entre sí.
- Raquel, esposa de Jacob: Fue la esposa preferida de Jacob. Y Dios se acordó de Raquel y le dio un hijo, José. Pero al nacer su segundo hijo, Benjamín, ella murió.(Génesis 35:16-19). José fue gobernador de Egipto y Benjamín se fue de Canaán a Egipto con toda su familia y habitó en la tierra de Ramesés. Raquel fue bendecida en su descendencia pues Dios la premió con doble porción.
- Ana, esposa de Elcana: Este nombre significa en hebreo “compasión” o “Jehová se ha compadecido”. Esta esposa de Elcana lloraba y oraba por un hijo y Dios se lo concedió. Fue madre de Samuel, en hebreo “pedido a Dios”. Desde su nacimiento fue enviado al Templo, en cumplimiento al voto que hizo su madre Ana a Jehová si escuchaba sus oraciones, dándole un hijo varón. Es precioso el salmo que compuso Ana en acción de gracias a Dios por el niño (1 Samuel 2:1-10).
- La esposa de Manoa: A esta mujer se le apareció el ángel de Jehová y le dijo que aun siendo estéril, concebiría y tendría un hijo. La Biblia describe en todo un capítulo cómo fue la aparición del ángel, cómo debían comportarse los padres, cómo debía guardarse la madre obedeciendo el requerimiento del ángel. Y la mujer dio a luz y le puso por nombre Sansón. Sería el libertador y juez de Israel por 20 años.
- Elisabet, esposa de Zacarías: Mujer piadosa, esposa del sacerdote Zacarías. Fue la madre de Juan el Bautista. El matrimonio era irreprensible delante de Dios, obedeciendo en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor, pero no tenían hijos porque Elisabet era estéril. Zacarías oraba por un hijo, y el Señor se lo dio. Una historia más de una anciana estéril que al final de su vida fue bendecida con la maternidad. Su hijo Juan fue el precursor de Jesús a quien bautizó en el Jordán. Su vida estuvo marcada por la oración y el ayuno.
Dios bendijo de diferentes formas a mujeres estériles. Pero los hijos nacidos de éstas fueron grandes hombres santificados. Hijos nacidos por una promesa. Hijos nacidos por un trato con el Señor. Dios activó la matriz de estas mujeres para que pudieran tener la experiencia de ser madres y ser canal de bendición. “PORQUE NADA HAY IMPOSIBLE PARA DIOS” (Lucas 1:37).
Alternativas que no atentan contra la moral cristiana
Cuando un matrimonio vive la infertilidad es lógico que llegue a plantearse recurrir a alguna de estas técnicas, ya que llevan haciéndose años, y es, además, por lo general, la única salida que ofrecen los médicos. Un matrimonio puede obviar lo que dice su Madre y Maestra la Iglesia, y continuar el proceso calmando su conciencia con un “nos queremos, y si el hombre es capaz de darte un hijo a través de las técnicas que ha investigado, ¿por qué no agarrarse a ellas?”. Y también conozco a muchos que han optado, al principio con cierta resistencia humana, por escuchar en el fondo de su corazón y aceptar esa cruz tan concreta que les ha tocado.
Es posible que el hecho de tener el hijo en tus brazos te haga olvidar cómo llegó hasta ti. No negamos que cualquier hijo nacido, sea de forma natural, ojalá a través de un acto libre y de amor, o por medio de una probeta, puede ser grandemente querido por sus padres. Muchas mujeres me han confesado su pena tras entrar en estos procesos y acabar siendo conscientes de que su hijo estaba ahí lejos de ellas, siendo “creado” por otros.
Sinceramente, no dudo de que los niños nacidos por reproducción asistida tienen alma. Dios también les infunde el espíritu en el momento de la unión del óvulo y del espermatozoide, en ese momento en el que empiezan a ser persona, única e irrepetible. Lo que me parece verdaderamente sorprendente es cómo Dios ha querido someterse a la naturaleza y aceptar igualmente a esos hijos como suyos. Dios nos quiere a todos por igual, porque infinita es su misericordia, pero lo que nos pide es que respetemos la dignidad de cada persona, en su inicio y fin de la vida.
Vivimos en una sociedad tan materialista e individualista que se nos olvida que los hijos son dones, regalos, no derechos ni objeto de nadie. Ya apenas sorprende ni escandaliza que existan miles de personas congeladas en un estante de un laboratorio. Todos los católicos deberíamos leer y profundizar bien sobre lo que dice la Iglesia en estos temas. Para empezar, recomiendo mucho leer este documento: la Instrucción Donum vitae, sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación.
El origen de una persona humana es en realidad el resultado de una donación. La persona concebida deberá ser el fruto del amor de sus padres. No puede ser querida ni concebida como el producto de una intervención de técnicas médicas y biológicas: esto equivaldría a reducirlo a ser objeto de una tecnología científica. Y es que, aunque solo sea un embrión, no es una cosa u objeto de laboratorio, ¡es una persona! Ahí está la clave. Ojalá nos demos cuenta de que no podemos ser dioses por mucho que nos empeñemos.
Desde luego, me parece un reto formarse, sentar las bases de lo que somos, y enseñar y acompañar a otros, especialmente a aquellos que sufren verdaderamente la no llegada de los hijos, que, en realidad, son los que más lo necesitan. En el Instituto Bernabeu, respetamos escrupulosamente las diversas convicciones religiosas, para poder personalizar los tratamientos y las técnicas de reproducción asistida.
La destrucción de los embriones sobrantes de los tratamientos y la donación de semen. El primero de ellos, entra en conflicto con la visión de la Biblia de que la vida comienza en el momento de la fecundación. En segundo lugar, la donación de semen no está permitida, ya que el semen de un hombre no debería ser usado para inseminar a otra mujer que no fuera la suya. La masturbación para la obtención de la muestra de semen no se acepta por todos los pacientes. Pero tenemos otras alternativas como son la relación sexual con preservativo perforado y libre de espermicidas para obtenerlo. Otra posibilidad es la aspiración de espermatozoides del testículo (Técnica TESA o MESA), que se obtienen sin necesidad de intervención quirúrgica.
Naprotecnología
La mayoría de estos últimos han dado el paso de dejarse en manos de la medicina restaurativa de la fertilidad (un ejemplo claro es la Naprotecnología). Con estas técnicas, cada vez más extendidas en el mundo, tampoco nadie te asegura un hijo (algo imposible, dicho sea de paso), pero sí respetan la forma en la que puede llegar la vida, además de sanar y cuidar el cuerpo. Habría que añadir, por comparar con las eficacias antes descritas, que la medicina restaurativa de la fertilidad triplica (más del 60%) la eficacia de embarazos que logra la fecundación in vitro.
Naprotecnología es una tecnología de reproducción humana que se viene desarrollando desde inicios de la década de 1980. Se desarrolló por Thomas W. Hilgers y su equipo en el Instituto Pablo VI, Omaha, EE.UU. Naprotecnologia es una ciencia reproductiva que trabaja cooperativamente con el ciclo menstrual de fertilidad natural. Se basa en la evaluación estandarizada de los biomarcadores del ciclo menstrual de fertilidad, a través del denominado Creighton Model FertilityCare System, para el estudio científico de la salud fértil y ginecológica de la mujer. Esta investigación permite identificar con precisión las patologías o alteraciones en la salud que están afectando a la fertilidad para tratarlas eficazmente.
La Naprotecnología va dirigida a todas las mujeres con regla, sea regular o irregular, desde la adolescencia hasta la menopausia. Ayuda en casos de: problemas de fertilidad, ciclos irregulares, dolores menstruales, sangrados anómalos, reglas demasiado abundantes, síndrome premenstrual, trastornos hormonales, endometriosis, anovulación. En otros casos, más específicos y complejos quizá no sea de mucha ayuda pues no se trata de una técnica para quedarte embarazada.
Adopción de embriones
Una creciente respuesta cristiana a esta cuestión es la respuesta que afirma la vida de la adopción de embriones. Debido a que la adopción de embriones puede ser confuso, aquí hay seis respuestas a preguntas comunes.
La adopción de embriones es una forma de cuidar a los niños que, por falta de una frase mejor, se "dejan" y se mantienen en un estado criogénico después de un ciclo de fertilización in vitro. A través de la adopción del embrión, una madre adoptante da a estos niños una oportunidad al nacer al permitir que su forma embrionaria para ser descongelado y transferido a su útero. Si uno o más implantes, la madre luego lleva y nace al niño (o hijos) aunque no esté genéticamente relacionado con ellos. La adopción del embrión se refiere a menudo como adopción del pre-nacimiento.
La fertilización in vitro crea la vida como una forma de tecnología reproductiva. La adopción de embriones es una respuesta al hecho de que la vida ya ha sido creada y que necesita una matriz para continuar desarrollando la forma en que Dios quería que los bebés crecieran.
Debido a que el gobierno de EE.UU. no está de acuerdo con la afirmación de la Biblia de que la vida comienza en la fertilización, la adopción de embriones no se considera la adopción legal en América. El gobierno sólo ve a los embriones humanos como células, y por lo tanto trata la adopción de embriones como una mera transferencia de propiedad. Como tal, muchas clínicas de fertilidad prefieren la "donación de embriones".
Aunque la infertilidad es a menudo un catalizador que lleva a las parejas a adoptar, la adopción debe ser elogiada como una opción que refleja el evangelio para todas las familias que siguen a Cristo. Esto nos hace ver como 2 de los principales protagonistas del pueblo de Israel fueron adoptados.
En el reciente Magisterio de la Iglesia Católica, encontramos también referencias a la adopción. Así, el punto 501 del Compendio del Catecismo habla de la adopción «como una forma en la que los esposos a los que no se les ha concedido el don de un hijo biológico pueden mostrar su generosidad», y afirma que por este medio «ejercen una preciosa fecundidad espiritual».
San Juan Pablo II, el papa de la familia, también habló en su Encíclica Evangelium Vitae acerca de la adopción, en el punto 93: «Una expresión particularmente significativa de solidaridad entre las familias es la disponibilidad a la adopción o a la acogida temporal de niños abandonados por sus padres o en situaciones de grave dificultad. El verdadero amor paterno y materno va más allá de los vínculos de carne y sangre acogiendo incluso a niños de otras familias, ofreciéndoles todo lo necesario para su vida y pleno desarrollo».
Más recientemente, el Papa Francisco señalaba en los puntos 179 y siguientes de su Encíclica Amoris Laetitia: «La adopción es un camino para realizar la maternidad y la paternidad de una manera muy generosa, y quiero alentar a quienes no pueden tener hijos a que sean magnánimos y abran su amor matrimonial para recibir a quienes están privados de un adecuado contexto familiar. Adoptar es el acto de amor de regalar una familia a quien no la tiene (…). Los que asumen el desafío de adoptar y acogen a una persona de manera incondicional y gratuita, se convierten en mediaciones de ese amor de Dios que dice: “Aunque tu madre te olvidase, yo jamás te olvidaría” (Is 49,15). La opción de la adopción y de la acogida expresa una fecundidad particular de la experiencia conyugal....
Es preciso saber también, que la adopción requiere de varios requisitos y sacrificios que no todas las parejas creen poder cumplir. Sin embargo, cuando este acto de amor se coloca con paciencia en las manos providenciales de Dios, este proceso llega a ser gratificante y esperanzador, tanto así que hoy en día muchos matrimonios han optado por ello, no sólo en casos de infertilidad sino también para buscar ampliar familia o acoger a muchos niños abandonados por discapacidad.
Paternidad espiritual
La tercera alternativa es la de tener hijos espirituales fruto de un apostolado o misiones activas realizadas por el mismo matrimonio. Dios, muchas veces derrama su gracia por caminos que no nos esperamos, por eso dice la Escritura que siempre debemos alegrarnos en el Señor:
El matrimonio infértil es como higuera no florecida, o viña que no da uvas, o tierra que no da fruto, que esto no sea motivo de tristeza y pena para la pareja, debe seguir alegrándose y llenándose de gozo en el Salvador pues él les proveerá de los medios para ser fecundos. Esto mismo enseña también el magisterio de la Iglesia:
“Sé que en tu país una pareja sin hijos debe sufrir una gran cruz, que debe ser tolerada con valentía durante toda la vida. A los cónyuges que no pueden tener hijos propios, les digo: Dios no les impide; vuestro amor mutuo es completo y fecundo, por tanto, está abierto a los demás, a las necesidades del apostolado, a las necesidades de los pobres, a las necesidades de los huérfanos, a las necesidades del mundo” - SANTA MISA PARA LAS FAMILIAS 1982 -HOMILIA DE JUAN PABLO II
Cabe recordar que, bajo ningún caso, es lícito acudir a fecundación in vitro o a cualquier otro método que prescinda del acto sexual de los esposos para tener un hijo.
