Durante el embarazo y la lactancia, es crucial tener especial cuidado con la salud tanto de la madre como del bebé. Muchas madres se preocupan por cómo ciertos procedimientos médicos, como las radiografías, pueden afectar a sus hijos. Afortunadamente, existen pautas claras y evidencia científica que nos ayudan a tomar decisiones informadas.
Es muy posible que te preguntes qué es lo que puedes hacer y lo que no cuando estás dando el pecho. Es cierto que habrá que mantener cierta precaución y las visitas al hospital deberán ser contadas y por necesidad. Pero también es verdad que, durante ese periodo, tendrás que seguir con tu control rutinario. Es decir, es muy probable que tengas que seguir sometiéndote a distintas pruebas, como puede ser una radiografía o mamografía.
Tipos de Radiación y sus Efectos
Es fundamental distinguir entre radiaciones ionizantes (rayos X, fuentes radiactivas) y radiaciones no-ionizantes (ultrasonidos, campos magnéticos). Las radiaciones ionizantes tienen la capacidad de modificar el ADN, y existe evidencia científica sobre su potencial para causar efectos nocivos. Por ello, es vital que cualquier procedimiento que involucre radiación ionizante esté justificado por un médico, quien debe evaluar los beneficios frente a los riesgos para el paciente.
Principios de Protección Radiológica
El primer principio de protección radiológica aplicable a las exposiciones médicas es la justificación del procedimiento, que debe realizarla el médico que la prescribe o el médico especialista, basándose en el riesgo beneficio para el paciente. Además se debe optimizar la dosis de radiación para que sea la mínima compatible con una imagen apta para el diagnóstico, o en el caso de la terapia con el objetivo del procedimiento. No hay límite de dosis para las exposiciones médicas.
Radiografías y Lactancia: ¿Son Compatibles?
Durante la lactancia materna podrás someterte a distintas radiografías. Los rayos X utilizados en pruebas diagnósticas no producen ningún efecto sobre la leche materna y no es necesario interrumpir la lactancia. Los rayos X empleados ni permanecen en el cuerpo, ni se excretan por la leche.
Las radiografías, las resonancias magnéticas y las ecografías no alteran la lactancia. Los rayos X no permanecen en el cuerpo, sino que lo atraviesan a gran velocidad y tampoco llegan a alterar los niveles de prolactina. Puedes hacerte una radiografía de tórax, o veinte, o una mamografía, o veinte, y puedes dar el pecho inmediatamente, sin esperar ni un día, ni una hora, ni un segundo.
También son compatibles con la lactancia los contrastes yodados o las papillas de bario que se utilizan en algunas radiografías, o el contraste de gadopentato que se usa a veces en la resonancia magnética.
Mamografías durante la Lactancia
Las imágenes mamarias durante la lactancia son las mismas que para las mujeres no lactantes. No siempre hay aumento de densidad ni dificultades de interpretación en las mamas lactantes (Swinford 1998). Las mamografías no tienen riesgo para el bebé pero durante la lactancia son más difíciles de interpretar (aunque un buen especialista sabrá hacerlo). Procura dar el pecho o sacarte leche justo antes de la prueba para que esté lo más vacío posible y se vea mejor el interior, y avisa al radiólogo de que estás amamantando. No hagas caso si te dicen que esperes a destetar para realizar la prueba; el pecho tarda semanas en volver a su estado habitual y durante los primeros días estará lleno de leche retenida.
Además, las mamografías tampoco tienen ningún riesgo para el bebé, pero durante la lactancia sí que serán más complicadas de interpretar. También, se debe procurar dar el pecho o sacar la leche justo antes de la prueba para que esté lo más vacío posible y se vea mejor el interior y dar aviso al radiólogo de que te encuentras amamantando.
También, si es necesario, la madre se podrá someter a las mamografías necesarias.
En este caso, la dosis (en mGy) indica la energía de los rayos X absorbida en un tejido específico. En la mama, el tejido glandular es el más sensible a la radiación y, por lo tanto, se suele calcular la dosis glandular media (DGM) en cada mama. Las pacientes con mamas de tamaño inferior a la media suelen recibir una DGM más baja. Por el contrario las dosis serán más altas en las pacientes con mamas de mayor tamaño. No existe ninguna evidencia científica que haya demostrado que con las dosis de radiación actuales que se reciben en mamografías diagnósticas, particularmente por encima de la edad de 40 años, se induzca cáncer de mama.
Tomografías Computarizadas (TC)
Las exploraciones de TC de órganos internos, hueso, tejido blando y vasos sanguíneos ofrecen mayor visibilidad y más detalles que las exploraciones convencionales de rayos X (tales como las radiografías).
Las dosis efectivas en las exploraciones de TC pueden variar entre 1 mSv y 20 mSv, que es aproximadamente lo mismo que recibe una persona durante un tiempo de entre uno y ocho años a partir de la radiación natural de fondo (unos 2,4 mSv de promedio cada año). No se puede responder a esta pregunta con un número concreto. De entrada hay que resaltar que no se establecen límites en cuanto al número de exploraciones de TC al que se puede someter una persona, siempre y cuando el médico considere que la exploración se justifica.
Existen directrices y recomendaciones bien establecidas para ayudar a los médicos a decidir cuál es la exploración más adecuada para cada situación o cada enfermedad.
Realmente no, si la exploración está justificada habiendo valorado los riesgos y beneficios.
Mitos y realidades de la lactancia
Medicina Nuclear y Lactancia
Si su médico ha justificado la exploración y no hay otra prueba sin radiaciones ionizantes que aporte la misma información diagnóstica, sí que puede realizarse la prueba de medicina nuclear. En función del material radiactivo empleado, habrá pruebas diagnósticas en las que no será necesario interrumpir la lactancia, pero habrá otras en las que deba interrumpirse desde unas horas hasta unos días. Por ejemplo, en el caso de las exploraciones PET, pequeñas cantidades de la 18-FDG que se administra a la paciente pueden ser eliminadas con la leche materna.
En caso de tener que interrumpir la lactancia tras la exploración, conviene extraerse la leche y ofrecer, en su lugar, leche previamente extraída y almacenada en frigorífico antes de la prueba (ARSAC 2019, ICRP 2008, Moretti 2000). Almacenar leche extraída previamente para darla tras la exploración.
De ser necesaria la exploración, se recomienda que la madre se extraiga la leche antes del examen con el fin de poder alimentar a su bebé después de la exploración. Sí que es cierto que se podrá recomendar descartar la leche y esperar hasta 24 horas. Pero esta recomendación no tiene a su favor ninguna evidencia científica y los expertos señalan que será posible mantener el amamantamiento de forma normal.
Consideraciones Adicionales en Medicina Nuclear
Cuando se valora su compatibilidad con la lactante, se debe tener en cuenta que el lactante puede exponerse a la radiación a través de dos rutas. La ruta más común es la radiactividad dentro de la propia leche materna. La otra ruta posible es el contacto con la madre irradiada mediante exposición externa (ABM protocolo nº 31).
Intentar emplear el radionúclido de vida media más corta.
Después de un examen de medicina nuclear con fines diagnósticos mantendrá en su cuerpo una pequeña cantidad de isótopo radiactivo, que en general no supone peligro alguno para la población.
Otras Pruebas Diagnósticas y Tratamientos
Ecografías
Las ondas sonoras de alta frecuencia utilizadas en esta técnica no son radioactivas (Wang 2012) por lo que no causan alteraciones en la producción ni composición de la leche materna. La ecografía es compatible con la lactancia materna e inmediatamente después de esta exploración se puede amamantar sin problemas.
Anestesia y Cirugía
Una intervención quirúrgica, sea con anestesia general, epidural, regional o local, no contraindica la lactancia. La cirugía y la anestesia aumentan los niveles de prolactina (Lawrence 2016 p 65 y p 606, Morgan 1976).
La anestesia también será plenamente compatible con la lactancia. La anestesia local, como su propio nombre indica, es local, por lo que no afectará a otra parte del cuerpo. Y, en el caso de que fuera anestesia general, esta desaparecería del organismo justo antes de que te despiertes y, por tanto, se podrá dar el pecho sin ningún temor.
Tratamientos Dentales
Si se usa anestesia local, se puede amamantar sin necesidad de esperar ni un solo segundo, incluso se podría ofrecer pecho al bebé durante la intervención si fuera necesario.
En la actualidad no hay un consenso claro, como recomendación general se recomienda esperar hasta el fin de la lactancia para cambiarlas, aunque la exposición al mercurio parece ser insignificante. En caso de tener que hacer una restauración dental existen opciones biocompatibles y seguras como (resinas, cementos de vidrio, porcelanas, entre otros).
Mitos Comunes sobre Lactancia y Salud Materna
Existen aún muchas ideas preconcebidas y falta de información acerca de qué podemos hacer y qué no en tratamientos de dentista mientras estamos amamantando, las madres reciben en ocasiones información muy contradictoria al respecto.
Cuando una mujer da el pecho le preocupa mucho que una alteración en su salud pueda afectar al bebé. Nuestro experto en lactancia, el Dr. Carlos González, resuelve las dudas más comunes: Muy pocas enfermedades pueden transmitirse a través de la lactancia; la principal es el sida. Y en el caso de la que madre tuviera que estar que hospitalizarla por una grave infección, le dirán lo que tiene que hacer. Sin embargo, las infecciones comunes, las que no necesitan ingreso en el hospital (anginas, otitis, neumonías, diarreas, gripe, resfriados, virus diversos...) no se transmiten por la leche. Es más, en muchos casos la lactancia ayuda a proteger al bebé contra el contagio, pues en cuanto la madre enferma aparecen en su leche anticuerpos contra el microbio en cuestión. Por eso, es frecuente, por ejemplo, que el bebé sea el miembro de la familia que pasa la gripe más floja, cuando todos están con un buen trancazo.
Hay muy muy pocos medicamentos que de verdad sean incompatibles con la lactancia (y casi todos se usan para el cáncer). Por desgracia, hay mucha ignorancia sobre el tema, y muchas veces se desaconseja la lactancia (o se deja a la madre sin el tratamiento que necesita) sin ningún motivo. Y también por desgracia, muchas veces los prospectos traen información errónea, dicen que están contraindicados cuando no es cierto. Con la inmensa mayoría de los fármacos, la cantidad que pasa a la leche es ridículamente pequeña, cientos de veces menos que lo que toma la madre, y es imposible que tenga ningún efecto. Tan pequeña que normalmente no vale la pena hacer cálculos sobre si es mejor tomar la pastilla justo antes o justo después de dar el pecho. Sobre todo, no hay que cometer la imprudencia de tomar menos dosis, o acortar el tratamiento. Lo que más daño haría a tu hijo es que siguieses enferma. Puedes consultar si un fármaco es compatible con la lactancia en la base de datos del hospital de Denia.
Consideraciones Finales
Durante el embarazo y la lactancia, es vital que las madres reciban información precisa y actualizada sobre la seguridad de los procedimientos médicos. La mayoría de las radiografías y otros exámenes de diagnóstico por imagen son compatibles con la lactancia, permitiendo a las madres continuar amamantando sin interrupciones innecesarias. Siempre es recomendable consultar con un profesional de la salud para evaluar cada situación individualmente y tomar decisiones informadas.
