Nuestro planeta es un complejo sistema compuesto por diferentes hábitats, desde terrestres hasta acuáticos. Se calcula que los océanos y los mares componen al 70% de la Tierra, con una cantidad de biodiversidad proporcional y, de hecho, la vida se originó en estos mares.
Así como existe una gran variedad de ecosistemas, también la hay de organismos. Estos se han adaptado a los diferentes tipos de hábitat para lograr tener un desarrollo óptimo. Dentro de estas adaptaciones está el tipo de fecundación para que la especie se reproduzca y siga sobreviviendo.
En la mayoría de los animales acuáticos, la fecundación es externa. Esto es fácilmente comprensible si recordamos el hecho de que los espermatozoides son células móviles que nadan. Las quimiotaxias y afinidades específicas de las proteínas de membrana de ambos tipos de células sexuales hacen que cada oveja vaya con su pareja.
El vertido libre de gametos al medio es un proceso poco seguro donde las probabilidades de que se alcance el objetivo final y se produzca la fecundación son muy escasas. Pues jugando con las cantidades. Machos y hembras producen cantidades ingentes de gametos “esperando” que, aunque sea una proporción minúscula de ellos, consigan su objetivo.
La mayor parte de los taxones de peces presentan esta modalidad de fecundación. Parece evidente que el rendimiento reproductor mejoraría sustancialmente si se minimizaran las pérdidas gaméticas.
Pues, ¡oh, maravilla!, aparecieron los apéndices copuladores. Canales físicos y exclusivos de contacto entre gametos. El consecuente aumento de la eficiencia del proceso reproductivo propició que la selección natural favoreciese todo lo que supusiera una mejora de los órganos copuladores.
La fecundación interna es una invento evolutivo trascendental.
Fecundación externa en peces.
Ejemplo de adaptación a la fecundación interna: Los tiburones
Los tiburones son más chulos que nadie. Los apéndices copuladores de los machos de elasmobranquios (tiburones y rayas, básicamente) se denominan pterigópodos o cláspers. El uso de este calificativo no es caprichoso.
De entrada, hablaremos del tamaño (un carácter objetivo, mesurable y que suele obsesionar bastante al personal). Cuando alcanzan la madurez sexual, su envergadura puede suponer una proporción muy elevada de la longitud total del cuerpo. De hecho, en Leucoraja erinacea hablamos de un tercio de la longitud de su cuerpo (y casi la mitad si eliminamos el segmento correspondiente a la cola).
En segundo lugar, no necesitan ninguna estimulación especial para alcanzar una rigidez que les permita una cópula eficiente porque disponen de sistema esquelético. Sí, como lo oyen. Los pterigópodos no necesitan adoptar la posición de firmes: la rigidez la tienen garantizada de fábrica. El basipterigio, un cartílago terminal de las aletas pelvianas, se alarga extraordinariamente introduciéndose hasta el final del clásper y dándole rigidez.
Los tiburones no tienen un órgano copulador… ¡tienen dos! Recuerden que anteriormente he comentado que los cláspers son modificaciones del extremo terminal de las aletas pélvicas.
Pterigópodos de un tiburón macho.
Resumiendo, los pterigópodos de los tiburones son enormes, están siempre en perfecto estado de revista (rigidez), tienen un aspersor incorporado y no necesitan Viagra cuando los años pasan inmisericordemente.
Los apéndices copuladores de los tiburones son enormes, están siempre en perfecto estado de revista (rigidez), tienen un aspersor incorporado y no necesitan Viagra cuando los años pasan inmisericordemente.
Tabla comparativa de fecundación interna vs. externa:
| Característica | Fecundación Externa | Fecundación Interna |
|---|---|---|
| Medio | Acuático (principalmente) | Terrestre y Acuático |
| Gametos | Gran cantidad | Menor cantidad |
| Protección del embrión | Menor | Mayor |
| Eficiencia | Menor | Mayor |
| Ejemplos | Peces, anfibios, equinodermos | Mamíferos, aves, reptiles, tiburones |
