Hace algunos años, el mundo despidió a la que se consideraba la última persona nacida en el siglo XIX: Emma Morano, una longeva mujer italiana que nació a finales de 1899. Morano falleció 117 años después, marcando el fin de una era.
Morano no fue la persona que más años acumuló en vida, pero su hito era simbólico: con ella se despedía el siglo XIX, los cien años que lo cambiarían todo.
Emma Morano en 2016. Fuente: Wikimedia Commons
¿Quién ostenta realmente este honor?
Sin embargo, determinar quién merece tan extraño honor es un debate disputado dada la naturaleza de la pregunta. Resulta casi imposible conocer con exactitud la fecha de nacimiento de las más de 7.000 millones de personas que pueblan la Tierra.
Por error de redondeo, alguna puede tener los papeles mal. Es exactamente lo que ha sucedido con Koku Istambulova, una mujer chechena de, al parecer, 128 años.
De ser la cifra cierta, Istambulova habría roto el vigente récord de longevidad de la historia humana, en posesión de Jeanne Calment, mujer francesa nacida en 1875 que habría llegado viva hasta 1997, 122 años después.
Ubicación de Chechenia en el mapa de Rusia. Fuente: Wikimedia Commons
Koku Istambulova: Una vida marcada por la adversidad
¿Pero cómo hemos llegado a ella tan tarde? Una pista la ofrece su ubicación, Chechenia, frontera histórica de los imperios ruso y otomano y natural zona de paso sin una autoridad firme capaz de implantar censos catastrales regulares.
En el pasaporte de Istambulova figura su año de nacimiento: 1889, apenas cuatro años después de la Conferencia de Berlín y nueve años antes de que España perdiera sus últimas colonias. En cualquier caso, el gobierno ruso ha mantenido su pasaporte en regla.
El Mito de los Supercentenarios
Semejante ruptura no parece entusiasmar demasiado a la anciana, cuyas declaraciones la han elevado a la cima de la viralidad por un pesimismo oscuro, negro como el fondo de un interminable pozo, hacia todos y cada uno de los días de su existencia.
"No he tenido un sólo día feliz en mi vida. Siempre he trabajado duro, cavando en el jardín. Estoy cansada", cuenta. Cuestionada por el secreto de su larga (y sufrida) existencia, Istambulova lo tiene claro: "Fue el capricho de Dios. No hice nada para que esto pasara. Una larga vida no es un regalo de Dios para mí, sino un castigo".
Tan tremendista visión de su propia vida ha llevado a algunos a solicitar que, por el amor de lo más sagrado, se permita a Istambulova terminar con sus días. No parece claro, en todo caso, que ella desee poner fin a su vida por sus propios medios.
Chechenos deportados por Stalin en 1944. Fuente: Wikimedia Commons
Echando un vistazo a los hechos que le tocaron vivir, su negativa cosmovisión parece incluso comprensible. Istambulova se encontraba entre los chechenos deportados por Stalin en 1944.
En todo ese tiempo, la familia de Istambulova permaneció campesina y pobre, cómo solo un campesino de la Rusia zarista y post-zarista podía ser. "Crecimos en tiempos muy estrictos y vestíamos de forma muy modesta. Recuerdo a mi abuela golpearme y regañarme porque mi cuello estuviera a la vista. Mirando hacia atrás, a mi infeliz vida, hubiera deseado morir cuando era joven. He trabajado toda mi vida, no he tenido tiempo para descansar o divertirme.
Como chechena, Istambulova sufrió las consecuencias de ser una permanente minoría étnica y religiosa (musulmana) en un país ortodoxo. Recuerda las restricciones propias del tradicionalismo de su familia, la guerra civil, la llegada de los bolcheviques y la llegada de los nazis.
Istambulova regresaría a Chechenia eventualmente, quizá tras la muerte de Stalin o tras el fin de la Unión Soviética, pero en ambos casos ya sería una anciana. En 1991, cuando el colapso se llevó por delante al sistema comunista, Istambulova tenía ya más de 100 años. La Segunda Guerra Mundial terminó cuando contaba 55 años. La revolución bolchevique en plenitud de su juventud, cuando acumulaba 27.
Si su partida de nacimiento es verídica (y existe la posibilidad de que no lo sea), Istambulova habría sobrevivido a los hechos más sangrientos y horroríficos jamás contemplados por el ser humano. Pero también los habría sufrido.
Emma Morano: Una vida de independencia y peculiaridades
"Tuvo una vida extraordinaria y recordaremos siempre su fuerza para seguir adelante", declaró la alcaldesa de Verbania (norte), Silvia Marchionini, citada por la agencia Agi.
El mismo grupo afirmaba que Emma Morano, nacida el 29 de noviembre de 1899, era la última persona conocida nacida antes de 1900. Su primer amor desapareció durante la Primera Guerra Mundial, se separó de un marido violento justo antes de la Segunda y trabajó hasta los 75 años en una fábrica de bolsas de arpillera.
Sumamente independiente, Morano fue autónoma hasta los 115 años, aunque ya no salía de su pequeño apartamento desde hacía 20. Sin embargo, desde 2015 estaba postrada en su cama y tenía una auxiliar de enfermería a tiempo completo.
Siguiendo el consejo que le dio un médico cuando tenía 20 años, se alimentó durante casi un siglo a base de tres huevos diarios, dos crudos y uno hervido, con un poco de carne y muy pocas frutas o verduras. Este régimen alimentario, unido a su longevidad excepcional, intrigaba a médicos y científicos.
| Persona | Fecha de Nacimiento | Fecha de Fallecimiento | Edad |
|---|---|---|---|
| Emma Morano | 29 de noviembre de 1899 | 15 de abril de 2017 | 117 años |
| Jeanne Calment | 21 de febrero de 1875 | 4 de agosto de 1997 | 122 años |
| Koku Istambulova (afirmado) | 1 de junio de 1889 (aproximado) | Desconocido | Desconocido |
En 2011 fue distinguida como Dama del Orden del Mérito de la República italiana y con motivo de su último cumpleaños, recibió la felicitación del actual jefe del Estado, Sergio Mattarella, y del papa Francisco.
Según sus nietas, las únicas de su familia con vida y que rondan los 70 años, Morano, que conoció a 11 papas y 12 presidentes de la República, murió tranquilamente en su cama mientras dormía.
Cuando se le preguntaba por su secreto para llegar a esta edad, afirmaba que residía en evitar los medicamentos, tomar un poco de "grappa", un aguardiente típico en Italia, y sobre todo comer tres huevos crudos al día, entre otras cosas. Es un consejo que le dio un doctor a los 20 años. Lo acompañaba de poca carne y muy poca fruta y vegetales.
