La maternidad, un crisol de emociones y experiencias, ha sido fuente de inspiración para poetas a lo largo de la historia. En este artículo, exploraremos poemas que capturan la esencia del embarazo y la maternidad, desde la dulce espera hasta los desafíos y alegrías de criar a un hijo. A través de versos conmovedores, descubriremos cómo la poesía puede expresar la complejidad de este viaje transformador.
La Dulce Espera: Un Poema de Olalla Iglesias
Olalla Iglesias, creadora de la página de estilo de vida BabyVan, nos regala un poema que versa sobre la maternidad, acercándose a varias versiones de ella y unificándolas en un mismo sentir, un sentir de luces y sombras:
Hoy el tiempo parece algo extraño.Tantas horas, ella impasible a su paso.Ni siquiera cree que hayan pasado mesespero ahora el tiempo entre cada ola parece lechey se lo bebe tranquila…“Ven pequeño, ven mi niño…”.Sonríe a la sonrisa que cuida sus cien latidos,que como gato camina sigilosa en el olvido.Se hunde en lo profundo, atraviesa oscuridades,buscando algo que es suyo… a ratos olvida qué era.Aparecen entonces unas manos que amaque dan fuerza y aseguran.Se hunde pero no se ahoga, sueña despierta entre olas.Se levanta, camina, para, se queja: “¡¿por qué no acaba?!”.Demasiada espera.El corazón anhela con fuerza, lucha por tener lo que el alma ya besa.La llamada rompe el silencioson unos brazos de voz que intentan recoger un sueño.No queda nada por dar. Lo entrega todo y todo vuelve a sus brazos.El paraíso descansa en su seguro regazo.Ya está. Se acabó la espera.Vida tibia respira tranquila sobre su pecho.Ojos, amor, cuidado, alimento…Lágrimas felices inundan la cama con miradas cómplices desde esquinas cercanas.“Todo va a estar bien, pequeño.Mamá está aquí, mamá está aquí…”.Sonríe el alma orgullosa.Pudo. Puede.
La Maternidad: Un Lamer Constante
Una matrona anónima describe la maternidad como un acto de lamer: lamer heridas, desgarros y sombras. Es despedir lo que eras y recibir lo que eres. Es lamer el líquido amniótico de tu cría en ese primer beso. Son oleadas de energía ante una sonrisa y caídas en picado ante un cólico.
Es lamer las dudas y las inseguridades que asolan, acariciarlas con lengua de trapo de no haber descansado bien y abrazarlas mientras das el pecho. La maternidad es el instinto, es el galope desbocado cuando escuchas el llanto de una caída. La maternidad es el destello de la luna llena en un gorjeo, Y también el aullido desaforado ante un mordisco durante la lactancia.
Es reconocer que no tienes solución a todo y arrepentirte de habérselo exigido a tu madre. Es dar amor sin perderse el respeto a una misma. Es lavarte como los gatos. Es dar amor a tu propia sombra para que no se proyecte sobre lo que guardan tus brazos.
La maternidad es soledad, es una hibernación social, se quiera o no se quiera. Es entrar en los suburbios desconocidos de los que nadie habla ni a los que nadie se refiere. La maternidad es una gruta muy oscura, húmeda, llena de fluidos, líquidos y olores, donde hacen eco las reflexiones y los sentires de una gata en celo, una perra famélica, una osa que marca territorio.
Es una carrera de fondo hacia la matrícula de honor continua, sin diplomas ni reconocimientos, sin máscaras ni personajes, y es también la aceptación constante de que nunca existirá una nota alta en lo que haces o estudias. La maternidad es el latido de la creación y la creatividad, la serenidad de una respiración suave y calmada. Es la paz de ver un rostro de proporciones perfectas donde otros ven ojos, nariz y boca. La maternidad es entrar en la boca de la loba y parirte a ti misma de nuevo cada día y a cada momento.
El Cuerpo Embarazado: Un Nuevo Territorio
Para algunas mujeres, la gestación es un pequeño e inevitable peaje; para otras, resulta una experiencia que resignifica todo lo vivido hasta ese momento, da sentido y reconocimiento a la existencia. Sea como sea, gestar nos devuelve a nuestra corporalidad con contundencia.
De pronto, después de treinta y tantos años, tenemos un cuerpo, tropezamos, caemos en él. Las náuseas, la sensibilidad de nuestros pechos, su plenitud, el sueño, el insomnio, los calambres, su moverse dentro, el hambre, la sed, el deseo constante de orinar, las nuevas redondeces y su nuevo caminar, la abundancia húmeda del flujo vaginal, los vaivenes del deseo, las contracciones, las hemorroides, la línea de piel morena que sube desde el pubis, las tensiones lumbares, los pezones tostados…
Nuestro cuerpo, posible territorio de ninguneos tiempo atrás, pasa a ser inevitable. Todo transcurre en él, a través de él, incluso a veces, a pesar o por encima de él. Incómoda, plácida o inevitablemente, casi todo parte o se dirige al cuerpo.
El cuerpo que gesta es un cuerpo habitado, no solo por la propia mujer que se adentra en él desde un nuevo ser y estar, también está esa otra vida que arraiga y nos va ocupando mes a mes, nos trasciende, a veces a nuestro pesar, con todo lo que ello implica. Los cuidados que, bajo sugerencias o prescripciones, las mujeres vamos incorporando. Las vigilancias de expertos que, en mayor o menor medida, proscriben a las embarazadas aspectos de las mujeres que hasta entonces eran. Cuerpos que posiblemente nunca han sido tan observados, cuestionados, envidiados, atendidos o fiscalizados.
Resulta curioso cómo esos focos que iluminan el cuerpo gestante se apagan tras el parto, desterrando a las tinieblas los cuerpos de las mujeres (ya madres) que crían. ¿Dónde queda esa sublimación de la redondez del vientre materno? Dos, cinco, quince días después de parir, aseguro en mis carnes que es muy parecida a la de antes de hacerlo. Pero el vientre no es ya signo de una promesa: esa supuesta feminidad exaltada, sino la constatación de la decadencia de lo que creíste ser. Ya no eres una mujer embarazada, tampoco queda claro si eres la misma mujer de antes, tan solo mutas a mujer madre, una categoría a los márgenes. Un cuerpo en tránsito, hacia quién sabe dónde.
Más Allá del Rol: Poesía Femenina Contemporánea
El poder del cuerpo. Antología de poesía femenina contemporánea nos ofrece una serie de poemas en los que las autoras rompen con el papel de mujer-madre, transgrediendo así la asignación de roles establecidos según la cultura imperante. Mujer no es sinónimo de madre. Así lo afirma con rotundidad Miriam Reyes en sus versos: “Eventualmente paso días enteros sangrando / (por negarme a ser madre)”.
Asimismo, la voz de Leire Bilbao defiende el hecho del cuerpo de la mujer como tal, más allá de la idea del cuerpo-continente-receptáculo. En su poema Útero declara: “No todos los úteros se vacían de niños / no se hinchan sólo de vida.
Ángela Álvarez Sáez relata la dura experiencia del parto, la vida asociada a la muerte, ese momento de felicidad plena que, en este caso, se llena de dolor: “Silencio. No hay gritos, ni palabras, ni llanto. Sólo el grifo goteando.
Cuando esto se produce, la solución es el rechazo total al cambio corporal, al hijo y a la maternidad. “Siento la metamorfosis de mis espacios cálidos / es esa criatura devastándolo todo / chupando mi espíritu (…) Sácamelo sácamelo / o me delineo la cintura / con la tijera de los remiendos (…) Mira adentro / ¿lo ves? / ¿lo alcanzarías con tus blanquísimos y largos dedos?
SI SUPIERA Gabriel García Márquez
Esta antología poética no aborda solo el hecho de la maternidad sino que se adentra en otras cuestiones íntimas como es la sexualidad femenina. Si a lo largo de la historia, el sexo ha sido patrimonio de los hombres, la literatura no ha hecho sino evidenciar la vivencia sexual desde la conceptualización masculina; puesto que las intimidades femeninas, entre las que incluimos el sentir del sexo en la mujer en sus diferentes variantes, no son, por tanto, objeto de estudio.
En definitiva, podemos concluir que las poetas que recoge esta antología manifiestan una clara actitud de ruptura con los diferentes estereotipos que tanto la sociedad como la literatura nos han obligado a asumir como verdaderos y únicos. Los roles que se le presuponen a la mujer son cuestionados, manipulados, modificados y negados, a lo largo de los poemas que conforman esta obra.
La Maternidad Real: Versos y Chorradas
Laura, autora de Maternidad real en versos y chorradas, cuenta cómo consiguieron convertirse en padres. Spoiler: no fue, exactamente, de la manera en que ellos pensaban que sucedería. Escribir un libro sobre una experiencia personal es, también, permitirte ser dueña de tus recuerdos.
Al ser madre, me ha apetecido mucho escribir sobre la experiencia. Cuando recibí esta bofetada de maternidad real, buscando a mi bebé que no llegaba y como escritora que soy, lo que hice fue volcar mi frustración y mi rabia en escritos, en poemas. Una vez los tuve, vi que me sanaba tanto escupir toda aquella rabia, aquella tristeza que pensé que quizá podía ayudar a más mujeres. Abrí la cuenta de Instagram para acompañar a estas mujeres, para que no se sintiesen tan solas o tan raras. Esos fueron los inicios.
A nivel gráfico, quisimos plasmar en la portada del libro cómo es esa maternidad real. El título es La maternidad real en versos y chorradas. Para mí, la maternidad tiene mucha emoción, es algo muy profundo y muy sentido, pero también tiene mucha tontería. Hay que provocar sacar este humor, estas chorradas, porque es la manera de que pase mejor. Si te quedas solo con lo malo, te amarga y te hunde. Así de fuerte y poderosa es la maternidad.
Visualmente, en la portada quisimos plasmar eso: un mundo rosa que es la maternidad, ese brilli-brilli vinculado a la alegría en los ojos al ver a tu hijo, y también las sombras: por eso tiene ese sombreado tan fuerte saliendo de las letras, invadiendo la parte de atrás del libro. Quisimos plasmarla tal cual creo que es y tal cual la he vivido. Habrá mujeres que habrán pasado por menos sombras, pero sombras siempre hay. Llámalo depresión postparto, rabietas en medio de la calle…
Gloria Fuertes: La Maternidad en la Poesía Infantil
La poeta madrileña Gloria Fuertes (1917-1998) no fue madre («Soñé que tenía un hijo. / Me desperté y era una broma», El libro de Gloria Fuertes. Antología de poemas y vida, p. 160). Pero era tierna. Una «suculenta albóndiga de tierna ternura» (p. 172), según sus propias palabras. Gloria vio desde pequeña a bebés y niños hambrientos que acudían con sus madres a La Gota de Leche, institución de la que su padre era conserje, a recibir consejos, cuidados y leche pasteurizada gratis.
Gloria Fuertes no fue madre. Pero empezó a vivir del cuento en 1939, escribiendo poemas y relatos infantiles para la revista Maravillas, con personajes tan bellos como Coleta o Pelines. «Que los niños me lean mientras meriendan será siempre mi premio más querido» (p. 21), decía. Y es que no fue nunca madre («podía haber tenido muchos hijos. / No quiero volver a hacerlo», p. 139), pero en 1972 obtuvo una beca de la Fundación Juan March para dedicarse a la literatura infantil y en los años setenta empezó a participar en programas de televisión para niños que la hicieron conocida (y querida) por todos.
No sabemos si Gloria no fue madre porque sus padres no la quisieron («Yo también nací un domingo. / Aunque cuando “me hacían” / mis padres ya no se querían, / (a mí tampoco)», p. 121), o si no lo fue porque ella no quiso. Pero sí sabemos que escribir era para la poeta como parir. Una mezcla constante de dolor y ternura («Cuánto he sufrido hoy lunes. […] Esto es parecido a reventar / no es ni siquiera parto», p. 250), y un acto de creatividad, dolor, instinto y pura intimidad lanzada al aire: «Para escribir me escondo, / como una mujer primitiva se escondía / para parir» (p.
