Gritos y Peleas Delante de los Hijos: Consecuencias y Cómo Afrontarlas

La vida cotidiana está llena de elementos que nos estresan y, muchas veces, la contención, como el amor, sale por la ventana: las parejas riñen, discuten y polemizan. El caso de los padres de Ana es inusual: son muchas, muchísimas, las parejas que discuten frente a los hijos. De niña, Ana no recuerda haber presenciado nunca una discusión entre sus padres. Aunque intuía desacuerdos y algunas tensiones, ocasionales, entre ellos: “Jamás los vi ni oí discutir -y, mucho menos, pelearse-, ni delante mío ni de mis hermanos…”. Hasta que llegó a la adolescencia y, con ella, el sorpresivo anuncio de la separación del matrimonio.

Pero: ¿qué ocurre con los niños, cuando sus padres discuten? ¿cómo les afecta? En plena ola de crianzas con etiquetas como “respetuosa”, “positiva” y “consciente”, donde decirles ‘no’ a los hijos es sinónimo de trauma y subir una octava el tono de voz, una agresión: ¿Discutir frente a ellos equivale al apocalipsis? O, al contrario: ¿puede ser un aprendizaje? ¿una forma de enseñarles que en la vida hay disputas?

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El Impacto de las Discusiones en los Niños

Discutir delante de los hijos no es beneficioso para ellos, sobre todo cuando las discusiones son muy fuertes y se dan muchos gritos, insultos o reproches. Al discutir delante de los hijos, les creamos sentimientos de desprotección y preocupación. Los niños, desde que son bebés, son capaces de absorber el ambiente tenso, de enfado y tóxico que se puede generar en un ambiente inestable alimentado con discusiones.

Las discusiones delante de los hijos son perjudiciales y, en general, se relacionan con problemas de conducta en los niños. Sin embargo, hay estudios que han concluido que los efectos pueden ser aún más graves y afectar el desarrollo cerebral y cognitivo de los menores. Los niños pueden tener efectos psicosomáticos a causa de las peleas de sus padres como problemas del sueño, dolores físicos y también pueden presentar problemas de la conducta y del comportamiento.

Un estudio de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) ha encontrado una relación entre la exposición a las peleas de sus progenitores y un menor volumen de materia gris en el cerebro del niño, sobre todo en el cerebelo. Los autores señalan que «el cerebro del niño en desarrollo puede ser sensible a las formas más comunes de problemas familiares, aunque sean peleas moderadas». Según trabajos científicos previos, la menor cantidad de materia gris en el cerebro del pequeño se asocia con problemas tan variados como esquizofrenia, depresión, bipolaridad, trastorno por déficit de atención por hiperactividad y autismo.

Consecuencias según la edad

  • Menores de 18 meses: El pequeño se muestra irritable, nervioso y puede manifestar problemas para dormir o comer.
  • De 18 meses a 3 años: A esta edad los niños reaccionan llorando y gritando para llamar la atención de sus padres y, así, lograr que paren.

¿Es Posible Discutir de Manera Constructiva?

Según la RAE, discutir es ‘examinar atenta y particularmente una materia’, es sinónimo de debatir. Para esta otra experta, autora de ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? (Arpa), si asociamos el discutir a algo negativo es porque, en general, no sabemos cómo hacerlo: “No sabemos exponer nuestro punto de vista, queremos convencer al otro de que tenemos la razón y creamos un conflicto cuando opinamos de forma diferente”.

Una disconformidad resuelta de manera constructiva con respeto, y moderación puede resultar un aprendizaje de control emocional y resolución de conflictos para el niño. Saber debatir es fundamental para solucionar un conflicto, sobre todo si éste surge delante de los niños. Es importante distinguir entre discusión y pelea.

Para Maribel Martínez, esta evitación no es siempre positiva: “Porque los hijos deberían crecer viendo como los padres opinan cosas diferentes sin que eso fuera un problema”. Es decir: viendo como argumentan, como tratan de entender al otro y finalmente, desde el respeto, como acuerdan un punto medio. Por tanto, evitar las discusiones a toda costa, “implica un error al privarles del conocimiento de su existencia”.

Claves para una discusión constructiva

  • Comunicación Asertiva: Expresar el dolor de manera positiva y explicar cómo te has sentido.
  • Empatía: Intentar comprender el motivo del enfado del otro.
  • Control de Gestos: Evitar muecas y movimientos exagerados.
  • Respeto: No gritar, insultar ni dar portazos.
  • Pedir Disculpas: Reconocer y disculparse por comportamientos inapropiados.

Líneas Rojas en las Discusiones

En las discusiones de pareja, recalcan ambos expertos, ha de haber una líneas rojas muy claras: “Algunas son, por supuesto, la agresión física o verbal. Otra excepción sería evitar discutir “los temas íntimos” u otras cuestiones que por edad y madurez, los niños no puedan entender, e incluso, puedan malinterpretar. Como insiste la psicóloga Maribel Martinez: “Nunca deberíamos discutir traspasando líneas rojas, como la falta de respeto”.

Si esto ocurre y los hijos lo han presenciado o escuchado: “Los padres deben ser conscientes del daño que les ocasionan y deberían repararlo hablando con ellos, disculpándose por haberse equivocado y demostrando que no volverá a pasar”. El terapeuta familiar Ángel Peralbo también insta a “pedir disculpas y explicar con humildad lo que haya podido ocurrir”.

Cómo Negociar en Lugar de Discutir

Como adultos, deberíamos entender que discutir nunca es una opción. Si hay algo que no nos convence o queremos cambiar, la solución no es discutir, sino negociar. "Negociar es algo sano y muy distinto a discutir o pelear. En la discusión hay gritos, insultos, faltas de respeto, críticas, desprecio y actitud defensiva. En la negociación, en cambio, suele llegarse a un acuerdo en el que ambos ceden", explica la psicóloga Lara Ferreiro, para quien negociar bien implica "saber hacer una comunicación directa, clara y efectiva".

Cuando hay un conflicto, lo ideal, por tanto, es negociar con la pareja en privado. Pero si el conflicto surge en la mitad del salón de casa, con los hijos de espectadores, también hay maneras de modularlo. "Tenemos que pensar en nuestras emociones como en un semáforo: en la zona verde estamos tranquilos, el enfado está en un grado de 0 a 4. La zona naranja (de 4 a 7) es esa en la que vemos que las emociones negativas afloran. Ahí tenemos que parar y no seguir discutiendo. La zona roja (de 8 a 10) es la del secuestro de las emociones", explica Lara Ferreiro, psicóloga y autora de 'Adicta a un gilipollas'.

Para Ferreiro, la clave es 'enfriar' la temperatura emocional, rebajando el tono. "Hay que intentar discutir con un punto de vista constructivo y llegar a acuerdos; idealmente, mostrando cariño y afecto. Jamás se puede insultar, mucho menos delante de los niños. Es importante que no haya gritos ni ningún tipo de falta de respeto", insiste la experta.

Zona del Semáforo Nivel de Enfado Acciones Recomendadas
Verde 0-4 Mantener la calma y comunicarse abiertamente.
Naranja 4-7 Detener la discusión y tomar un respiro.
Roja 8-10 Evitar la discusión hasta que las emociones se calmen.

El Hogar como Santuario de Paz

Hogar, dulce hogar... a veces. La casa en la que vivimos con nuestros hijos debería ser un santuario de paz, armonía y bienestar. Pero las cosas no siempre salen como debieran. La convivencia, las largas jornadas de trabajo y la crianza de los hijos pueden dar lugar a dinámicas hostiles que desembocan en discusiones. Y con los hijos como espectadores involuntarios.

Manón, Gaia, Roma, Fauna, Kala, Naila... La casa en la que vivimos con nuestros hijos debería ser un santuario de paz y bienestar; pero las cosas no siempre salen bien y terminamos discutiendo con nuestra pareja con nuestros hijos como espectadores involuntarios. Una discusión desbocada es muy parecida a un volcán en erupción: las emociones surgen y arrasan con lo que se encuentran a su paso.

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