Gabriela Mistral, cuyo nombre de nacimiento fue Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, nació el 7 de abril de 1889 en Vicuña, en los altos Andes. Falleció el 10 de enero de 1957 a los 67 años. Su obra, marcada por profundas emociones y un idealismo arraigado en el contexto latinoamericano, le valió el primer Nobel de Literatura para América Latina en 1945, un año significativo por el fin de la Segunda Guerra Mundial. Mistral es recordada como una maestra rural que alcanzó la gloria junto a los más grandes autores del siglo XX por obras como Desolación, Ternura, Tala y Lagar.
El galardón le fue otorgado, según el acta de la Academia Sueca, «por su poesía lírica que, inspirada en emociones poderosas, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano».
Un Legado Poético Dividido entre Dos Mundos
En sus poemas se reflejan dos mundos, América y Europa. Y dos clases de sentimientos: los más íntimos y los públicos que abogan por la solidaridad. Es una poesía tapizada de lo autóctono, pero donde resuenan el panteísmo religioso y las creencias venidas de ultramar.
Desolación (1924) es el poemario que empieza a poner en boca de todos la obra de esta maestra de escuela. En Tala (1938) su espíritu religioso vuelve a aparecer y se alterna con la naturaleza, la maternidad y la solidaridad con la gente más necesitada. Era la obra preferida de Mistral.
La Academia sueca, en la ceremonia del Nobel dijo: «En 1938, su tercera gran colección, Tala (título que puede traducirse como «estragos» pero que también es el nombre de un juego infantil), apareció en Buenos Aires para beneficio de los niños víctimas de la Guerra Civil española. Contrastando con el patetismo de Desolación , Tala expresa la calma cósmica que envuelve a la tierra sudamericana cuya fragancia llega hasta nosotros. Estamos otra vez en el jardín de su infancia. Escucho nuevamente los diálogos íntimos con la naturaleza y las cosas en común. Hay una curiosa mezcla de himno sagrado y canción ingenua para niños; los poemas sobre pan y vino, sal, maíz y agua, agua que se puede ofrecer a los hombres sedientos, ¡celebran los alimentos primordiales de la vida humana! Ese lirismo terrenal y sentimental y de fe lo confirma en Lagar (1954) en cuyos versos late con fuerza su admiración por la naturaleza, una clara vocación americanista.
La poesía de Gabriela Mistral procede del modernimo, de Amado Nervo o Rubén Darío, pero luego hizo su propio camino. Uno marcado por las penas, por la sensación de abandono y orfandad. Cuando tenía 3 años su padre dejó el hogar, luego en su juventud un exnovio se suicidio, y de aquel suceso surgieron sus Sonetos de la muerte. Heridas que la acompañaron y acecharon, permanentemente, en su vida errante.
La infancia y la maternidad son dos de los aspectos más populares de Gabriela Mistral. A los niños, sus derechos o sus temores dedicó hermosas canciones de cuna y rondas.
Maternidad y Exilio: Temas Centrales en la Obra de Mistral
Mistral, contrariamente a la versión oficial que de su obra predomina, pertenece al primer tipo de poetas, el que según Blanchot es capaz de, a costa del desgarro y de la desazón, alcanzar con la mayor intensidad la “esencia de la poesía”.
Lo que ha ocurrido, en Chile, con Gabriela Mistral, es particularmente lamentable. Siendo ella una poeta del exilio y de la extranjería, de la no pertenencia, se nos ha acostumbrado a verla como una poeta “de su tierra”. Siendo una poeta de la infertilidad, de la sequedad, de la no progenitura radicales, se nos ha obligado a considerarla como una especie de “madre de la nación”.
En Mistral predominará, es lo que uno comprueba al leer su obra poética, una filosofía de la desunión, del fragmento, de la imposibilidad de determinar un origen, en una palabra, en todo lo que un título como “Tala” podría resumir.
Fue el filósofo chileno Patricio Marchant, en un libro llamado Sobre árboles y madres (1984), quien mayores consecuencias teóricas ha sacado a esta idea mistraliana del “árbol talado”, en relación a la cuestión de la imposibilidad de la maternidad. ¿Cómo fundar una nación, una identidad o la idea de un continente cualquiera en una idea semejante?
Es evidente que esta Mistral, la que yo considero la verdadera -la que permite situarla en la tradición de Mallarmé, de Kafka, de Rilke, pero tambien de Sylvia Plath y de Alejandra Pizarnik- no podía ser funcional a los fines de manipulación simbólico-política de una nación (Chile) que, como toda nación, debía fundarse en el olvido de lo que ella misma aplastó (por ejemplo, a los Mapuches, en ese genocidio que fue lo que se conoce como la “pacificación de la Araucanía”).
La Poesía Femenina a Través de la Historia
A lo largo de la historia, la poesía, al igual que otros géneros, ha sido un medio de expresión para denunciar las discriminaciones, violencias y conductas machistas que sufrimos las mujeres. Diferentes estilos, cada una en su tiempo y generación, desde la antigüedad, la época medieval, el Renacimiento, barrocas, románticas, realistas, modernistas, del siglo XX, hasta las poetas que han nacido al calor de las redes sociales, pero con un punto en común: conquistar un espacio del que fueron relegadas durante años, romper con la discriminación y reivindicar la igualdad a través de sus versos.
Estos temas han seguido reflejados en la poesía durante cientos de años. Autoras que escribieron contra el “orden establecido”, la anulación de la mujer, que reivindicaron en sus obras su libertad, su autonomía, el derecho a ser lo que quisieran ser.
Esas ansias de libertad y esa reivindicación de autonomía lo encontramos también en los versos de Josefina de la Torre (1907-2002): “¡Mi falda de tres volantes / y mi blusa desprendida, / qué bien me adornan andares / y brazos al aire libre.”
Sin olvidar a Rosalía de Castro (1837-1885) cuando dice que “el patrimonio de la mujer son los grillos de la esclavitud. Gioconda Belli (1948-) cuestionó la sumisión de la mujer y abogaba por un amor lejos del sometimiento y la posesión: “El amor de mi hombre / no querrá rotularme y etiquetarme, / me dará aire, espacio, / alimento para crecer y ser mejor (...)”.
La reivindicación de la libertad sexual de la mujer también la encontramos en la poesía. Son muchas las poetas que han hablado sin ataduras del placer femenino.
La denuncia de la violencia de género tampoco es ajena a la poesía. El poemario ‘Violencia’ de Bibiana Collado Cabrera (1985-) es prueba de ello, donde se pasa por todas las etapas del maltrato, desde la anulación de la mujer, el golpe, el estigma, la culpa, la incomprensión social... “¿Cómo descubrirse víctima / y seguir siendo dueña del discurso?”, nos dicen sus versos.
Han sido muchas las poetas que han dedicado sus versos a reivindicar la ruptura de estereotipos y los roles de género. Alfonsina Storni es ejemplo de ello.
La poeta Rosalía de Castro decía que la recordaban constantemente que debía dejar la pluma a un lado y dedicarse más a remendar los calcetines de su marido. Pero ella siguió escribiendo, al igual que otras muchas mujeres que sortearon lo que se esperaba de ellas -estar en casa y ser madres- para reivindicar que las mujeres también escriben poesía.
A través de sus versos las mujeres poetas han dignificado su condición de escritoras, poniendo en valor nombres y obras ignoradas ya que durante años han sido excluidas de antologías, recitales, libros de texto o catálogos de editoriales.
Poesía es también un sentir colectivo. Amistad, sororidad y versos han ido de la mano.
Y qué importante reconocernos y aprender de nuestras antecesoras, de sus obras, sus métricas…como dicen los versos de Rosa Berbel: “Quiero conocer a todas mis madres, / reconstruir mi linaje y mi conciencia / (...) / Quiero una larga estirpe de mujeres valientes, / que han escrito poemas / después de hacer la cena / y han vivido el exilio / dentro del dormitorio. / Reconocerlas libres, brillantes y caóticas (...) Quiero sobrellevar la carga de la historia, / convertirme en relevo, / nombrarlas / sin esfuerzo. / Pronunciar con propiedad / el término familia”.
En ese camino seguimos y estamos, en tejer redes, en ser compañeras, en apoyarnos, en reivindicarnos y disfrutar de nuestros versos, en seguir luchando por la igualdad. “Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero”.
El Feminismo y la Literatura: Un Camino Conjunto
El feminismo y la literatura han caminado de la mano a lo largo de la historia. En un mundo donde el hombre dominaba y llevaba las riendas, las mujeres encontraron en la literatura una vía de desahogo y expresión, siendo el primer campo cultural donde vieron la posibilidad de participar.
A día de hoy, cuando oímos hablar de poesía, pensamos en Federico García Lorca, Gustavo Adolfo Bécquer o Charles Bukowski, y olvidamos figuras como Alejandra Pizarnik, Rosario Castellanos o Gabriela Mistral. La literatura escrita por mujeres -también la feminista-, continúa siendo minoritaria.
En el siglo XIX, varias escritoras decidieron seguir los pasos de Christine de Pizán y reclamar la igualdad de géneros. Hablamos de Gabriela Mistral (1889-1957), Juana de Ibarbourou (1892 - 1979) y Alfonsina Storni (1892 - 1938). Gabriela Mistral es la única mujer latina ganadora del premio Nobel de Literatura. Destaca por una poesía cargada de humanismo en la que son protagonistas las mujeres y su vida cotidiana, sobre todo madres y maestras. La segunda, Juana de Ibarbourou, es considerada una pionera por su forma de retratar el erotismo femenino y retratar con sarcasmo e ironía el papel de la mujer en la sociedad de su época.
Apenas entrado el siglo XX, aparece Alaide Foppa, la fundadora de la revista FEM (primera revista feminista en América Latina). Foppa es un símbolo de la lucha de las mujeres latinoamericanas por alcanzar la libertad. Como poeta, sus versos tienen una intensa carga antipatriarcal.
Poco después, llega la destacada poetisa argentina Alejandra Pizarnik. La poesía de Pizarnik, cuyos temas recurrentes son la muerte y el sexo, se ve marcada por su infancia, su miedo al fracaso y su inadaptación.
Ya a finales de este siglo, es la escritora y poetisa española Dulce Chacón quien convierte la palabra y la escritura en su mejor arma para luchar por los derechos de las mujeres.
A pesar de que ha resultado difícil, gracias al trabajo y la insistencia de todas estas mujeres y de muchas más que no han sido nombradas en este artículo, hoy en día la literatura escrita por ellos no es más prestigiosa que la escrita por ellas. Bien es cierto que, como en todos los ámbitos profesionales, las escritoras tienen más difícil destacar que los escritores, pero aún así consiguen hacerlo y cada vez son más las autoras de libros que ganan premios importantes en el mundo de la literatura.
Mujeres poetas que han dejado huella en la historia de la literatura.
