La placenta previa es una complicación que afecta a aproximadamente 1 de cada 200 embarazadas. Se produce cuando la placenta se encuentra situada en un punto en el que obstruye el cuello uterino de la madre. En un embarazo normal, la placenta se desplaza en el útero a medida que éste crece.
La placenta previa es la implantación de la placenta en el segmento uterino inferior, recubriendo el cérvix o cerca de él, pudiendo llegar a anteponerse totalmente a la presentación fetal. Se establece la distancia de 2 cm desde el borde de la placenta hasta el orificio cervical interno para clasificarla de inserción baja.
Tipos de placenta previa.
Tipos de Placenta Previa
Existen cuatro tipos de placenta previa:
- Placenta previa total (oclusiva): La placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.
- Placenta previa parcial (suboclusiva): La placenta cubre parte de la abertura cervical. En esta situación, la forma de terminación depende especialmente si aparece hemorragia, finalizando entonces con cesárea.
- Placenta previa marginal: La placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura. La placenta en estos casos se sitúa cerca del cuello, sin cubrirlo. Según progresa el embarazo, suele ascender, permitiendo habitualmente el parto por vía vaginal.
- Placenta de inserción baja: La placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino. Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero. Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas.
Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.
PLACENTA PREVIA, CAUSAS, RIESGO, PARTO... - Ginecología y Obstetricia -
Causas y Factores de Riesgo
La causa de la placenta previa se desconoce. Se desconocen las causas concretas por las que aparece la placenta previa, pero la principal hipótesis la relaciona con una vascularización alterada de la capa interna del útero (endometrio), estando asociados una serie de factores de riesgo que podrían aumentar las posibilidades de padecerla.
Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta. La porción inferior del útero no es la adecuada para que se inserte la placenta porque es más delgada, con menos musculatura que la zona superior.
Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización.
Los factores que aumentan el riesgo de presentar una placenta previa en el embarazo son:
- La multiparidad, cuantos más hijos previos más riesgo de placenta previa.
- Edad de la madre, es más frecuente en mujeres a partir de 35 años.
- Cicatrices uterinas previas: el riesgo de presentar placenta previa aumenta con el número de cesáreas previas. Las alteraciones del endometrio por legrados anteriores vigorosos también aumentan el riesgo de placenta previa.
- Tabaquismo: las mujeres fumadoras tienen un riesgo aumentado de placenta previa.
- Raza: es más frecuente en mujeres de raza negra o asiática que en mujeres de raza blanca.
- Edad gestacional: la incidencia de placenta previa se modifica con el tiempo de embarazo. La placenta previa de inserción baja es más frecuente cuanto menor es la edad gestacional, al avanzar la gestación en la mayoría de casos se resuelve.
Síntomas
Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas. El síntoma más típico de la placenta previa es el sangrado indoloro de sangre roja y brillante que puede ser escaso o abundante.
Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos.
En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal. Suelen repetirse los episodios de sangrado y pueden ir aumentando en intensidad según avanza la gestación.
Los episodios de sangrado no suelen tener repercusiones fetales a no ser que el sangrado sea tan abundante que produzca un shock hipovolémico3 en la madre.
Los síntomas de una placenta previa pueden variar desde la ausencia total al sangrado. La placenta previa solo sangra si se desprende. La capacidad de crecimiento del segmento inferior del útero supera a la de la placenta y puede producir pequeños desprendimientos del borde placentario que dejan al descubierto vasos sanguíneos que pueden producir hemorragias.
Se debe sospechar placenta previa en cualquier mujer que presente sangrado vaginal más allá de las 20 semanas.
Diagnóstico
El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. Por lo tanto el diagnóstico de la placenta previa se realiza mediante una ecografía en la que se observa que la posición de la placenta no es la adecuada. El diagnóstico se realiza siempre mediante ecografía, siendo muy frecuente al inicio del embarazo: si así ocurre, no es una situación alarmante, pues con el transcurso de las semanas, el útero crece y la placenta asciende, normalizándose en la mayoría de casos la situación.
Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias.
Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.
El tratamiento de la placenta previa depende de varios factores. El principal es el tiempo de embarazo ya que en caso de embarazo a término el tratamiento es la finalización del embarazo.
El diagnóstico se realiza por ecografía que puede ser abdominal pero la transvaginal es más segura y fiable en su diagnóstico.
Tratamiento
La recomendación principal ante el diagnóstico de placenta previa, es el reposo y observación constante, con un seguimiento de la implantación uterina mediante ecografía. Se ha de limitar toda actividad física, abstinencia sexual y evitar los tactos vaginales.
En embarazos pretérmino, la actitud debe ser conservadora y expectante mientras la madre y el feto no corran riesgo. Se procede entonces a la maduración pulmonar fetal con tratamiento intramuscular con corticoides. Si se produce un deterioro en el estado materno o fetal a pesar de ser un parto prematuro debe procederse a la extracción fetal.
La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas.
Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.
Ante un sangrado durante el embarazo es importantísimo acudir a tu ginecólogo para hacer un diagnóstico y en caso de ser necesario, realizar un seguimiento más exhaustivo y tomar las decisiones oportunas para garantizar la seguridad del embarazo, de la madre y del feto.
Representación gráfica de la placenta previa.
Parto con Placenta Previa
La vía del parto depende del tipo de placenta previa y de varias consideraciones clínicas. La placenta oclusiva total es una contraindicación para el parto vaginal. En los otros casos depende de la evolución y el especialista es quien decide cual es el tipo de parto más adecuado a cada caso.
En placentas previas totales o parciales se debe realizar cesárea. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.
Las placentas previas estables (sin sangrado o con sangrado mínimo) deben cumplir 36-37 semanas de gestación para programar el parto. Se debe realizar cesárea siempre que la placenta previa sea total o parcial. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.
Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto). Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto.
Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea. Se trata de una urgencia obstétrica. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.
Complicaciones
La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación.
El compromiso fetal depende del materno. Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa ha disminuido mucho en los últimos años, debido a las mejoras en el manejo obstétrico, a las cesáreas y a la mejora en los cuidados neonatales.
Otras Posibles Complicaciones
- Implantación anormal de la placenta o placenta accreta. La placenta accreta es la que se adhiere en exceso a la pared del útero y cuesta que se desprenda tras el parto, causando una hemorragia vaginal al desprenderse. Para tratarla puede ser necesario tener que extirpar el útero (histerectomía).
- Mala presentación del feto. La ubicación de la placenta en la porción inferior del útero predispone a que el feto no tenga una presentación normal de cabeza (cefálica).
- Retraso del crecimiento intrauterino.
- Vasa previa y cordón umbilical velamentoso.
- Anomalías congénitas.
Importante: La información facilitada en este artículo no puede, en modo alguno, sustituir a un servicio de atención médica directa, así como tampoco debe utilizarse con el fin de establecer un diagnóstico, o elegir un tratamiento en casos particulares.
