Rafael Amador Fernández, un nombre que resuena con fuerza en la historia de la música andaluza, fue mucho más que un músico; fue un revolucionario sin discurso, un artista que amalgamó las músicas flamencas y gitanas, electrificándolas y creando un sonido único e inconfundible.
Pata Negra en Barcelona 2007
Ha muerto Rafael Amador Fernández y Sevilla ha amanecido con una grieta en el aire. No ha sido una noticia. Ha sido un temblor. Un Gitano -gitanísimo-, músico, hijo de Las Tres Mil Viviendas, niño expulsado de Triana cuando a los gitanos los arrancaron del río como si la memoria pudiera mudarse de barrio. Creció en un territorio humilde, herido de muerte por la droga, la pobreza y el olvido institucional, pero también lleno de compás, de patios invisibles y de sabidurías antiguas.
Rafael Amador es uno de los genios más grandes que ha dado la música sevillana. Desde lo gitano al blues y al rock. Supo fusionar lo salvaje con sabiduría. Rafael Amador es un genio y un avanzado a su época. Se nos ha ido un pilar muy importante de la música y de la guitarra flamenca. Y de la fusión, donde él abrió puertas.
PATA NEGRA (Los Hermanos Amador)
Pata Negra: Una Ruptura Histórica
Pata Negra no fue solo un grupo de música. Pata Negra fue una ruptura histórica. El Blues de la frontera no fue un disco. Fue un territorio sonoro nuevo, una patria musical sin fronteras. "Ese álbum nos enseñó que el flamenco podía mirar al mundo sin perderse", recordaba Ricardo Pachón.
Rafael y Raimundo Amador
Un Legado Musical Inolvidable
“Rafael no tocaba la guitarra, la despertaba”, le escuché decir una vez a un tocaor flamenco. Y no es una metáfora. Su sonido no era técnica, era sangre. Rafael mismo era la belleza. La belleza morena de luna, que podría haber escrito Lorca. El rocanrolero del duende. Lo bello oscuro, lo jondo y lo verdadero.
Antes de que Sabina popularizara el bombín, Rafael ya lo llevaba como gesto natural, como si el estilo fuera una consecuencia y no una intención. Cuando Rafael se tocaba con un bombín, el de Úbeda aún vestía chupas de cuero. El genio de Amador caminaba con el arte puesto, sin pose, sin impostura, sin espectáculo.
Alguien dijo de él que era “un revolucionario sin discurso”. Y esa es quizá su mayor verdad: Rafael Amador no necesitó manifiestos para revolucionar. Hizo de la guitarra eléctrica una fragua donde el flamenco se volvió trueno. Donde el blues encontró fronteras.
La Voz de los Marginados
Rafael no fue solo músico. Fue, sobre todo, memoria social. La voz afilada de los expulsados de Triana. El eco de Las Tres Mil. La dignidad del barrio humilde. La poesía que se escribe en los márgenes. Su guitarra hablaba por los que no tenían micrófono. Lloraba por los que no podían llorar.
Rafael era, vivo, más grande que su biografía. Más alto que todos los datos que se pudieran aportar de él y de todos los discos y conciertos que se ha mamado. Porque su vida fue dura, pero su obra fue luz.
Hoy me he asomado a la calle y Sevilla está más sola, desangelada, fría, triste. Más huérfana. Más silenciosa. Pero en nuestra memoria queda el sonido de Rafael, una electricidad sagrada. Rafael Amador se nos ha ido poco a poco. Y aún no se nos ha terminado de ir del todo. Fue leyenda antes de morir. Ahora, la leyenda se agigantará, como suele ocurrir con los genios que no dan demasiado jaleo en vida. Rafael ahora es ya frontera. Y Sevilla, aunque aún no se haya dado cuenta, acaba de perder la parte vacilona y guapa de su alma.
Influencia y Legado
Junto a su hermano Raimundo y con la complicidad de Kiko Veneno, Rafael Amador protagonizó una revolución en la música andaluza cuyos efectos aún se siguen produciendo. Como la personalidad ingobernable que fue, su obra artística queda escrita en páginas de gloria que se defienden solas. Pero nos queda, en cambio, la incógnita de saber cuál podría haber sido su legado si esa ingobernabilidad no hubiese sido tan autodestructiva.
A una pregunta reciente sobre quién acreditaba más talento, si Raimundo o Rafael Amador, el productor Ricardo Pachón me respondió que tal vez Raimundo demostraba más talento como guitarrista, pero que Rafael era «el más artista» de los dos. Es lo que suele denominarse ‘un artista de artistas’.
Para nuestra generación, Rafael Amador supuso escuchar el blues al otro lado de la frontera, la cordura de los lunáticos, disfrutar de la pata negra de su rock flamenco, conocer el rock de Cayetano escrito sobre la partitura de papel Boyeré de Las Tres Mil, el veneno de la juventud que vislumbraba un tiempo diferente, las manos y las bocas echando humo que inspiraban las guitarras callejeras, la revelación de la clave de la leyenda del tiempo, la reivindicación de quedarse en Sevilla hasta el final, como cielo y cieno de nuestra existencia, la reflexión estoica del gitano que ve el pasar de la vida y no puede parar las manillas del reloj del cariño, de la juventud, de la gloria y de los años. Fue la picardía de dos mánager de Huelva y la camisa rota de Camarón. Rafael Amador fue todo eso y mucho más para los que, en los ochenta, éramos jóvenes, felices e indocumentados.
La más lograda fusión entre flamenco y rock, vía Veneno, desde los tiempos de Smash. Una voz redonda y vacilona de la mano de un sonido de guitarra único, sin llegar a la perfección pero sí a la lucidez absoluta. Y su genialidad inestable como eje transversal de todo lo anterior. Como la personalidad ingobernable que fue, su obra artística queda escrita en páginas de gloria que se defienden solas. Pero nos queda, en cambio, la incógnita de saber cuál podría haber sido su legado si esa ingobernabilidad no hubiese sido tan autodestructiva.
La creación flamenca suele ser fruto de una conjunción en la que participan la memoria, el hábitat y el tiempo en que transcurre. E indudablemente, Rafael era, con Raimundo, auténticos pata negras, herederos de una tradición familiar pero también de un barrio, en este caso Las Tres Mil Viviendas de Sevilla, a donde fueron deportados los gitanos de La Cava de Triana y muchos otros.
Con la muerte de Rafael Amador perdemos a uno de los grandes bastiones de la contracultura sevillana que terminó por convencer a un público masivo, especialmente a través de Pata Negra. Junto a su hermano Raimundo, Rafael es el creador del rock y el blues gitano que empezamos a entrever en Veneno, junto a Kiko. Se habían hecho incursiones importantes antes, por supuesto: desde Sabicas con Joe Beck a Smash. Los Amador no cantaban con acento, sino con intención flamenca y matiz gitano. Sus letras, sus melodías, sus aromas, sus cadencias… Fueron el revulsivo de una nueva expresión que llega intacta hasta nuestros días. Qué modernas suenan las grabaciones que ahora circulan con intensidad por las redes. Pasa la vida, pero las obras quedan.
Pive Amador: Mánager y Testigo de una Época
José Amador Gemio (Pive) ha desempeñado desde hace más de treinta años diversas funciones dentro del mundo de la música. Ha sido mánager de artistas como Kiko Veneno, Imán o Silvio. Ha organizado un gran número de conciertos de artistas andaluces, ha producido discos, ha compuesto canciones, ha diseñado carteles y portadas discográficas, ha tocado la batería, y ha trabajado como productor, documentalista, presentador, guionista o director en numerosos programas de radio y televisión.
En 2004 publicó su primer libro, Canciones en la Historia. Ese mismo año escribió junto a Alfredo Valenzuela una biografía sobre el rockero sevillano Silvio titulada Vengo buscando pelea. En 2005 salió a la luz su estudio musical De Jerez a Nueva York, una historia de la música popular. Y en 2006 produjo para la empresa pública Extenda un libro-disco titulado Andalucía, un Siglo de Músicas, que sirvió para promocionar la música andaluza a nivel mundial. En los últimos cinco años, Pive Amador ha sido productor musical y jurado del programa de Canal Sur Televisión, “Se llama Copla”.
Pive Amador responde de forma tan sencilla como inteligente a todas estas cuestiones en torno a la Copla y su historia. Su recorrido fundamental por la historia y los aspectos más comprometidos de este arte, hacen imprescindible este libro para cualquier interesado en la Copla, e igualmente, para aquellos que flirtean con ella y que se sienten totalmente alejados de este arte. Se arriesga a romper ciertos esquemas, especialmente en el origen, a hacer una lista de las mejores coplas, a escudriñar como nadie en sus letras, verdadero centro de la Copla, a ordenar sus tiempos y su escalafón... Y todo con la humilde autoridad de quien ha sido, de alguna manera, juez y parte en el asunto.
Libros de Pive Amador
Silvio Fernández Melgarejo: El Rockero Mariano
Silvio nació el 8 de agosto de 1945 en la localidad fronteriza de La Roda de Andalucía, en la provincia de Sevilla, para a los pocos días trasladarse a la capital. Hijo no asumido del periodista Antonio de los Santos y de Eva Fernández Melgarejo, su madre decide tenerlo pese a las presiones familiares y lo escandaloso de ser madre soltera en aquella época.
Silvio se convierte definitivamente en cantante a finales de los setenta con el grupo Silvio y Luzbel, aleccionado por su manager Pive Amador. En el año del Referéndum andaluz, 1980, se organiza una gira por las diferentes ciudades y pueblos de la geografía andaluza. En esta gira participarán María Jiménez, Silvio y Luzbel, Tabletom, Pata Negra, Camarón… es en ese tiempo donde se empieza a forjar el mito del Rockero Silvio.
A la vuelta de Madrid, el Pive Amador, forma la banda Silvio y Sacramento, compuesta por Silvio como cantante, Andrés Herrera ‘Pájaro’ y Juanjo Pizarro en las guitarras, Miguel Ángel Suárez en el bajo, y el mismo Pive a la batería. Seguramente fue la banda que mejor supo leer todas las inmensas influencias de Silvio (Elvis Presley, The Shadows, The Beatles, Adriano Celentano, Antonio Molina, The Platters, y por supuesto, la música propia de la Semana Santa).
Silvio y Sacramento graban dos álbumes: Fantasía Occidental (1988) y En misa y repicando (1990). Canciones como Criaturas, Sureños, La Pura Concepción y las míticas Rezaré (versión de Stand by me) y Betis, compondrán el primer álbum. Una versión del Stand By me que repasa cristos y vírgenes de la pascua sevillana y se convierte en un himno que suena en casas, bares y cofradías hispalenses. Y por otro lado, una canción dedicada al Betis por un acérrimo sevillista que enemigo de enfrentamientos fratricidas y amigo de sus amigos, compondría el cantante para sus camaradas béticos.
Del segundo disco podemos resaltar canciones como Aunque no seas Virgen, Vengo buscando pelea, Marguerita Margueró o Tres pasos hacia el Cielo. Es en este punto, es donde podemos analizar la posibilidad de santificar a Silvio. Quizá las letras de Silvio no sean las más ortodoxas, pero sin duda fue el creador del Rock Mariano y letras como las de Rezaré fueron ensalzadas hasta por el antiguo Arzobispo de Sevilla Carlos Amigo Vallejo.
Silvio se convirtió en el rey del denominado triángulo Sílviano o Sílvico, que comprendía las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, y el sur de Portugal.
Sus últimos años los pasó casi apartado del mundo y convaleciente de una vida cargada de excesos. Silvio fallece un lunes 1 de octubre de 2001 en Sevilla, en el Hospital Virgen del Rocío, a causa de un deterioro múltiple debido al abuso del alcohol y al consumo de tabaco.
