El Debate sobre la Gestación Subrogada en España: Un Análisis Feminista

La gestación subrogada, también conocida como "vientres de alquiler" o maternidad subrogada, es un tema que ha generado un intenso debate en España, especialmente dentro del movimiento feminista. Este artículo analiza las diferentes posturas en torno a esta práctica, explorando los argumentos a favor y en contra de su regulación.

En España, el debate sobre los vientres de alquiler se introdujo lentamente hasta salir al espacio público hace relativamente poco tiempo. En 2015, más de 1.000 parejas del estado español tuvieron una criatura mediante un vientre de alquiler o maternidad subrogada. Esta cifra es mucho más elevada que la de las parejas que adoptaron una criatura en el extranjero.

La Nau Centro Cultural acogió un debate sobre 'Vientres de alquiler' ante la preocupación del movimiento feminista sobre las noticias y los pronunciamientos a favor de la regulación de la práctica de alquilar vientres de mujeres a favor de terceros.

Participantes en el debate

  • Alicia Miyares: Doctora en Filosofía y profesora de Filosofía de enseñanza secundaria. En su trayectoria ha combinado la teoría con el activismo político, y se ha comprometido en la necesaria vinculación del feminismo con políticas públicas de igualdad.
  • Beatriz Gimeno: Estudió filología bíblica. Es feminista y activista social por la diversidad sexual y por los derechos de las personas con discapacidad. En la actualidad es diputada en la Asamblea de Madrid y responsable de Igualdad en el Consejo Ciudadano de Podemos de la Comunidad de Madrid.

Posturas Feministas Divididas

Está costando mucho abordar el debate sobre la regularización de la maternidad subrogada desde los feminismos. Este debate recuerda mucho a otro: el sempiterno debate sobre la prostitución, en el que también se mezclan cuestiones tan complejas como la libertad individual y el contexto social.

Las firmantes del manifiesto contrario a esta práctica, #nosomosvasijas, ven en ella una vulneración de los derechos humanos de las mujeres y la equiparan a la explotación.

No es casualidad, por tanto, que las firmantes del manifiesto contra la maternidad subrogada sean reconocidas abolicionistas. Uno de sus argumentos principales es que la gestación subrogada extiende la dominación y el poder de los países del Norte sobre los del Sur. Es decir, primero explotamos sus materias primas y ahora también sus úteros.

Al igual que ocurre con la prostitución, vemos que los valores morales de algunas personas entran en colisión con la libertad de decidir sobre sus cuerpos de otras.

Maternidad subrogada: explotación de mujeres con fines reproductivos

Argumentos a Favor de la Regulación

Pero ¿estamos siempre frente a un abuso de poder o también frente a estrategias adoptadas desde la libertad individual para cambiar o mejorar determinadas condiciones de vida? Es más, ¿acaso no existen mujeres europeas o estadounidenses de clase media, que muchas veces ya son madres, y que quieren ayudar a otras a serlo por puro altruismo?

Sería interesante, por otra parte, preguntarnos si regular esta opción en nuestro país no sería una manera de evitar que muchos españoles y españolas vayan a buscar gestantes a lugares donde no se respetan sus derechos.

En reacción a la campaña #nosomosvasijas, la Asociación por la Maternidad Subrogada en España recuerda que uno de los principios de la lucha por el derecho a decidir (relativo a la interrupción voluntaria del embarazo), apoyada por consenso por las feministas, es que “La mujer decide, la sociedad respeta, el Estado garantiza y las Iglesias no intervienen”.

Cuestiones Clave en el Debate

Uno de los mantras más repetidos en este debate es que “tener hijos no es un derecho, es un deseo”. Esta afirmación, que a priori yo también comparto, se utiliza para deslegitimar a las familias de intención que reclaman una regulación de la gestación subrogada.

La Red Estatal contra el Alquiler de Vientres (RECAV) también defiende la adopción como la alternativa a la gestación subrogada. En primer lugar, resulta incoherente que las mismas personas que se oponen a “comprar bebés alquilando vientres de mujeres”, banalicen lo que implica la adopción, obviando que las lógicas colonialistas, racistas y clasistas que operan también en este ámbito.

Según un estudio, la gestación subrogada por parte de parejas heterosexuales goza de mayor aprobación social que cuando la familia de intención es homoparental o monoparental.

En las marquesinas, en el metro, en fachadas de edificios en obras: la omnipresente publicidad de las clínicas de fertilidad demuestra el estado boyante y en alza de esta industria.

En España el debate sobre los vientres de alquiler se fue introduciendo lentamente hasta salir al espacio público hace relativamente poco tiempo. No fue hasta 2015 que se creó en el seno del Movimiento Feminista una asociación contraria a esta práctica “No somos vasijas”.

Durante años, la sociedad española fue sometida a una abusiva exposición a lo que yo llamo “publirreportajes de los vientres de alquiler”. Esto quiere decir que durante años, en revistas y medios de comunicación generalistas, se vinieron publicando reportajes sobre gente, por lo general rica y famosa, que había tenido hijos mediante esta práctica y que aparecían como familias felices y socialmente envidiables.

No dudamos que teniendo en cuenta que la gestación subrogada es un inmenso negocio en todo el mundo, pero especialmente en España; teniendo en cuenta que en este país operan multitud de agencias, clínicas, abogados e intermediarios que trabajan en el mercado de los vientres de alquiler, no creo que pueda caber alguna duda de que durante años, dichos operadores estuvieron fomentando la introducción acrítica de los reportajes favorables a la gestación subrogada con la intención de que la opinión pública se fuera acostumbrando a la misma sin cuestionarla.

La Dimensión Ética y Política

La gestación subrogada no trata sólo de cuerpos, en general, sino de cuerpos de mujeres en particular por lo que atañe también a la cuestión de la igualdad entre mujeres y hombres, cuestión esta que atañe al feminismo especialmente. Cuerpo patriarcal, sí, pero cuerpo femenino en un contexto socioeconómico muy concreto que es el capitalismo, por lo que se puede afirmar que los vientres de alquiler son un punto de encuentro privilegiado para observar las relaciones entre estos dos sistemas de opresión y concentran en sí muchos significantes que hacen referencia a ambos.

Cuando debatimos sobre vientres de alquiler, cuando lo hacemos sobre aborto, sobre capitalismo, estado del bienestar, neoliberalismo, individualismo, emprendimiento o capital corporal, estamos definiendo, explicando, qué mundo queremos; estamos proponiendo, describiendo, un orden social completo y cómo lo construimos o deconstruimos.

En Europa, también en España, los defensores de la gestación subrogada defienden que esta es altruista y así lo quieren consignar en las leyes. Quizá haya aun algunas personas dispuestas a creerse que existen mujeres dispuestas a someterse a un tratamiento difícil, penoso, invasivo, de hiperestimulación ovárica y hormonal, pasar después por un embarazo y un parto, por altruismo, por “intensa solidaridad”, como dice la ley presentada por Ciudadanos en el parlamento español.

En la ley en vigor de trasplantes de órganos queda meridianamente claro lo que significa donar un órgano y queda también radicalmente excluida cualquier compensación económica o de otro tipo, que además será investigada y castigada. Esto no sólo no ha evitado que se donen órganos, sino que es una de las causas de que se donen tantos. Los expertos aseguran que, en caso de que estas operaciones se abrieran al mercado, descenderían radicalmente por una parte y por la otra; y la consecuencia, además, sería evidente: sólo venderían los órganos los pobres y sólo los recibirían los ricos.

Sin embargo, hay un caso en el que podríamos pensar que es posible la solidaridad y el altruismo en la gestación subrogada y es aquel en el que una mujer se ofrece a gestar por una persona familiar suya, una hija, hermana, una amiga querida etc. Sorprendentemente, este es el único caso que la ley de Ciudadanos prohíbe: “La mujer gestante no podrá tener vínculos de consanguinidad con el o los progenitores subrogantes”, dice el artículo 4.3.

Paralelismos con el Debate sobre la Prostitución

Parece que el debate sobre los vientres de alquiler va a dividir a las feministas exactamente igual que el de la prostitución. Y no es extraño. No es posible un debate real si no entendemos que no estamos debatiendo de lo mismo, ni con los mismos medios. No hablamos sólo de prostitución y vientres de alquiler o, al menos, yo no lo hago. Yo hablo de óvulos, sangre, órganos, trabajo, niños/as y todo aquello que es, o puede ser, objeto de compra/venta en el neoliberalismo.

Obviamente siempre que alguien hace algo sin tener una pistola apuntándole es porque ese algo mejora sus condiciones de vida. Cuando las mujeres de Bangladesh trabajan por 2 dólares al mes eso es mejor que no ganar absolutamente nada. Estamos ante el argumento neoliberal por excelencia. Aquí no hay esclavos/as, sino gente que acepta las condiciones dadas.

En el caso de las mujeres, el sistema que las condiciona es doble: patriarcal y neoliberal y las condiciones de partida son siempre peores, las opciones más limitadas. Pero sí, casi todo lo que hacen las mujeres son estrategias para mejorar sus condiciones de vida, por supuesto, y considerar que eso es lícito no exime de analizar críticamente las opciones que se les presentan a las mujeres.

Si Emilia Arias hubiera revisado las leyes existentes hubiera visto que hay varios países en los que la donación de vientres está permitida (y yo soy partidaria de estas leyes). Es un acto de enorme generosidad al que no me opongo. ¿Cuál es el problema entonces? Que sólo se dona por amor y generosidad: una amiga por un amigo querido, una madre por una hija o una hermana por otra.

No es lo mismo vender la fuerza de trabajo que a los niños/as? Bueno, para el neoliberalismo sí, de hecho la escuela neoliberal de Chicago tiene varios trabajos en los que se defiende que debería abrirse el mercado de niños pobres. Su argumento es impecable: hay niños pobres que nadie quiere, hay ricos que quieren a esos niños/as: venderlos es lo más eficiente.

Ah, el contrato… para la ideología neoliberal el contrato expresa siempre la voluntad de las partes y por eso se sobrepone a todo; es sagrado. El contrato sobre un niño por nacer es legal solo en EE.UU y en países muy pobres. En la mayoría de los países, sin embargo, un contrato sobre un niño o niña por nacer es nulo de pleno derecho porque ninguna mujer puede contratar nada sobre un niño o niña que no ha nacido, que no le pertenece a ella (ni a nadie) porque no es una cosa, nadie puede entregarlo, venderlo, enajenarlo y en caso de que ella no lo quiera (y tiene derecho a renunciar a él o ella) es el Estado el que debe hacerse cargo de que se le encuentre la mejor familia posible y no quien esté dispuesto a pagar.

Pero se equivoca quien piensa que “este” lado es un bloque; de hecho, creo que es más diverso que el otro. Tenemos muchas divergencias sobre qué hacer, cómo actuar sobre la prostitución o los vientres de alquiler.

Más allá de la Confrontación

Todo lo que leo sobre gestación subrogada vuelve a partir el mundo en dos: en contra o a favor. Como si fuera tan sencillo. Si hablar de prostitución no es únicamente hablar de trata de mujeres, hablar de gestación subrogada no es únicamente hablar de explotación. Y decir esto no me sitúa a favor de la explotación, por si las moscas.

Desde el momento en que no hay ninguna mujer que lo hace obligada, ni obligada por sus circunstancias: ¿Dónde está el problema? Diciendo “no” sin abrir el debate lo único que logramos es desplazar el “problema” de sitio.

Con lo que no estoy de acuerdo es con llamarlos “vientres de alquiler”. En la gestación subrogada bien legislada, como en todos los países donde está regulada, no se alquila nada. Empecemos por dejar de nadar en los lugares comunes.

¿Pero quiénes somos las demás para juzgar lo que una mujer decida hacer con su cuerpo? ¿Por qué sigue siendo un terreno tan público y a la vez tan mitificado el cuerpo de las mujeres? ¿Es el mito de la maternidad lo que se está tocando? ¿Por qué no establecer un marco legal que proteja a quién decida gestar bebés de otras personas?

Salgamos de la confrontación y trabajemos juntas para abrir cauces de entendimiento porque hay algo claro: la prohibición en España no está dando carpetazo al “problema”, solo está generando más relaciones de poder entre clases, países y mujeres.

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