Existe una relación muy íntima entre Patricia López Arnaiz (Vitoria, 1981) y el Festival de San Sebastián. La actriz alavesa se alzaba en 2024 con la Concha de Plata a la mejor interpretación por su trabajo en Los destellos, de Pilar Palomero, y en 2025 se ha ido a casa con la Concha de Oro para su último trabajo, Los domingos, el segundo largometraje creado y dirigido por la cineasta Alauda Ruiz de Azúa.
Los domingos es una historia sobre la vocación de una adolescente que siente la llamada de dios mientras estudia segundo de bachillerato. Es esa chica Ainara a la que da vida la debutante Blanca Soroa; Patricia López Arnaiz es Mayte, el contrapunto descreído a lo que está viviendo en casa. Miguel Garcés, Nagore Aranburu, Mabel Rivera y Juan Minujín completan el reparto de la que ya es una de las películas españolas de 2025.
“Por lo que está hablando la gente que ya ha visto la película -yo no tengo una perspectiva muy clara porque solo la he visto una vez en la tablet-, parece que hace pensar y dudar”, cuenta la propia Patricia López Arnaiz a través de llamada telefónica el mismo día en el que se presenta en el Festival de San Sebastián Los domingos, que llega a las salas el 24 de octubre. La decisión de Ainara de explorar su vocación provoca un terremoto dentro de la familia vasca que se refleja en el filme. Una familia en la que, como ya sucedía en la ópera prima de la directora, Cinco lobitos, los silencios forman parte siempre de la conversación.
El objeto de Alauda Ruíz de Azúa siempre fue encontrar respuestas tras vivir un caso muy cercano al que se ve en la película. “Los puntos de vista que muestra al final hablan de eso: la complejidad del tema. No siento que yo, por ejemplo, tenga todo más claro, pero la información que nos ha pasado Alauda no hace que te aclare más y eso que nos ha pasado muchísima información”, explica la vitoriana.
“Hay testimonios de chavalas que han vivido estas experiencias, pero es que una transmisión audiovisual es otro lenguaje. Es muy complejo a la hora de comunicarlo. Esa dificultad entre la experiencia y lo inducido, o esa especie de manipulación cuando hay una carencias en el entorno, lo que se llama captación también, ofrece muchos puntos de vista diferentes”, ahonda la actriz sobre la posibilidad de llegar a entender a quien toma una decisión como la de la protagonista. “Desde luego yo conozco el de mi personaje, que es el que he tenido que defender, pero no tengo todo lo demás mucho más claro. Es todo muy complejo”.
La Importancia de No Juzgar a los Personajes
Pone sobre la mesa Alauda Ruiz de Azúa todos los elementos para que el espectador haga su propio análisis. Los domingos no subraya y en ocasiones prácticamente se limita a la observación casi documental de lo que podría haber pasado en esa casa. No hay juicios ajenos, más allá de los de Mayte, la única de la familia que se opone radicalmente a la decisión de Ainara. “Si tienes una mirada respetuosa hacia las diferentes posturas lo puedes conseguir. Una de las máximas que tengo como actriz es no juzgar nunca a los personajes. Es necesario creer en su modo de pensar”, admite la actriz.
“No sé cómo hubiese podido caer en parodia, me parecía un tema muy potente. Mayte está perdiendo a una sobrina que siente que está muy desamparada por unas dinámicas familiares y afectivas que le han tocado en su vida. Eso la convierte en carne de cañón para ser manipulada, así lo ve mi personaje”.
El proceso de preparación y rodaje los llevó a todos a plantearse cómo abordar la situación. “No ha sido difícil entrar ahí porque Alauda escribe con mucho rigor y tiene en cuenta todos los puntos de vista. No es difícil hacer ninguno de los personajes, otra cosa ya es tu opinión personal. Alauda te da las herramientas para hacer cualquiera de ellos”, comparte Patricia López Arnaiz.
“Se nos pedía tener conciencia de todo lo que no dicen los personajes. En la familia de Los domingos hay muchas cosas que no se dicen porque el vínculo, aunque es muy potente y te marca, también es frágil. Hay mucho que no se dice. Hay un esfuerzo por mantener la familia en esos silencios”, continúa. “Mayte tiene claro que hay que pararlo, pero tiene que reflexionar para hacerlo sin que todo explote por los aires. En el propio personaje hay un control a la hora de llevarlo a cabo, pero la situación es una olla exprés. No puede mantener las formas todo el rato, pero en esos silencios se busca también asegurar los vínculos familiares”.
Colaboración con Nuevos Talentos
Hay dos escenas potentísimas dentro de Los domingos. Una la interpretan Nagore Aranburu y Patricia López Arnaiz, dos bestias de la interpretación vasca; otra, la propia López Arnaiz y Blanca Soroa. Llama la atención esta segunda siendo Soroa una recién llegada. “Blanca no había hecho nada antes, pero es una chica superinteligente. Hemos sido testigos de cómo ha aprendido superrápido. Más allá de lo técnico se ha hecho muchas preguntas sobre el hecho en sí de trabajar. Además, tiene por naturaleza un temple y otras virtudes que le pueden ayudar en este oficio. He trabajado con una actriz, no la he visto como otra cosa. Ha sido una compañera”.
Resulta imposible despedirse de la actriz sin preguntarle cómo vive los días de presentación en el Festival de San Sebastián, un lugar que objetivamente casi se ha convertido en hogar para ella. “Nunca sabes qué puede pasar, pero el proceso es bonito porque te vas enterando de la opinión de la gente. Esta mañana hemos hecho fotos en el interior del Kursaal y cuando nos íbamos ha coincidido con el pase de prensa. Salía la gente y han aplaudido tanto que ha sido superemocionante y algo superespontáneo”, explica. “En este momento no sabemos todavía si la película llega o no así que ha sido increíble. Los premios luego nunca se saben y la gente no está permanentemente pensando en eso.
Después de licenciarse en Publicidad y Relaciones Públicas, Patricia se formó en interpretación en la escuela de teatro de Vitoria-Gasteiz, Ortzai. Completa su formación asistiendo a numerosos talleres y clases tanto de interpretación como de danza y creación escénica. Comienza su carrera participando en obras teatrales en su ciudad natal, hasta que en 2009 descubre el audiovisual, con un personaje secundario en 80 egunean, primer largometraje de ficción de Jon Garaño y Jose Mari Goenaga. Sin dejar la formación de lado, alterna el teatro con pequeños papeles en series y películas como Qué vida más triste, La herida, Lasa eta Zabala, Un otoño sin Berlín, hasta que en 2017 comienza un continuum en cine y televisión, que arranca con un secundario en El guardián invisible, de Fernando González Molina (Palmeras en la nieve, Tres metros sobre el cielo).
Ese mismo año tuvo un gran espaldarazo en su carrera con su primer protagonista en la serie La Peste, de Alberto Rodríguez, y el largometraje El árbol de la sangre, de Julio Medem, y que enlaza con un 2018 lleno de proyectos. El año comienza con el estreno de la serie La otra mirada en TVE1, cuyo personaje protagonista le dará una visibilidad importante para el gran público, numerosas críticas alabando su trabajo, una nominación a Mejor Intérprete Femenina en los Premios Iris, y finalmente, el Premio Ondas a Mejor Intérprete Femenina ex aequo. Ese mismo año, participa en Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar, y rueda la segunda temporada de La Peste.
En 2019, mientras se encuentra rodando la segunda temporada de La otra Mirada, ya cuenta con varios proyectos con los que cerrar el año. Patricia López Arnaiz es una de las nominadas en los Premios Goya 2021 en la categoría de Mejor Actriz, gracias a su interpretación en la película Ane de David Pérez Sañudo, que aspira a un total de 5 galardones. Se trata sin duda de el mejor momento de su carrera, como ella misma admitió durante su discurso al recoger el Feroz, y es que la película de Pérez Sañudo no ha sido la única que la vasca ha rodado este año.
El 2020 y lo que va de 2021 están siendo una auténtica experiencia profesional para la actriz, que ha rodado en este tiempo Uno para todos, La línea invisible, Ofrenda a la tormenta y Campanadas a muerto. Aunque está claro que la actuación es lo suyo, la artista optó por estudiar Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad del País Vasco antes de meterse de lleno en el mundo cinematográfico.
Se formó en interpretación en Escuela de Teatro Vitoria-Gasteiz 'Ortzai' y empezó a trabajar en el teatro en 2008. La actriz fue rodando pequeños papeles en el cine, que alternaba con el teatro, hasta que en 2017 alcanzó más popularidad gracias al papel de Rosaura, una de las hermanas de la protagonista de El guardián invisible, dirigida por Fernando González Molina y basada en la novela de Dolores Redondo. Con Ane, la actriz ha vivido el empujón definitivo a nivel profesional, que podría llevarla esta edición a alzarse con una de las estatuillas más importantes de los Premios Goya.
Un Forqué, un Goya, un Ojo Crítico y un Sant Jordi por Ane; un Feroz, un premio Festival de Málaga y otro de Hong Kong por 20.000 millones de abejas; un Ondas por La otra mirada, otro Feroz por la serie Intimidad y ahora, acaba de estrenar Nina, que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Málaga.
Con 15 años fue seducida por un afamado escritor (Darío Grandinetti), padrastro de su novio. La destrozó. El pueblo miró hacia otro lado y ella marchó a Madrid para echar tierra sobre la vergüenza. Treinta años más tarde regresa con muy poco que decir, un par de mudas en la mochila, una herida que aún sangra y una escopeta con varios cartuchos. “Nina no es una asesina sino una mujer que se enfrenta a una decisión, a mover el dedo sobre el gatillo y matar a alguien.
Patricia creció en Vitoria y vivió luego en lugares tan dispares como Bilbao, Granada o Génova. Hace un tiempo escogió instalarse en la montaña de su tierra natal. “Mi relación con la naturaleza siempre ha existido: mi padre es pescador y los fines de semana íbamos al río, mi madre llevaba tarteras, comíamos truchas… Siempre me he sentido muy bien en la naturaleza y sentía el deseo de vivir en un pueblito pequeño. Es verdad que me gusta estar cerca de Vitoria porque hay algo del origen y de mi gente, de los sitios familiares y volver a los orígenes, como cuando ves una peli antigua o notas un olor de infancia, es reconfortante.
La actriz, que estudió Publicidad y Relaciones Públicas antes de dedicarse a la interpretación, no tiene redes sociales y no habla de su intimidad: “Cuando empecé me daba miedo perder el anonimato, así que me he relacionado con ello siempre como con un temor. Luego lo vas integrando en tu rutina, te vas relajando y a veces acabo entrevistas y pienso ¿para qué he contado yo todo eso? Como si fuese más interesante que lo que le pase a cualquier otro. Cuando haces entrevistas es muy difícil ser consciente de que lo que estás diciendo va a trascender y lo va a leer o escuchar muchísima gente. Eso lo tienes que imaginar porque realmente la conversación se está dando con una persona, casi un diálogo. Y muchas veces haces varias entrevistas seguidas y vas perdiendo la noción de la conversación. '¡Pa qué contar tanto!' Me digo a veces.
Ahora mismo la única forma sensata, casi científica, de conocer todo lo bueno (o mejor) que le sucede al cine español pasa por la conocida como Ley Patricia López Arnaiz. Toda película sumergida en el maremágnum de la cartelera sufre un empuje vertical hacia arriba proporcional al puesto que la actriz ocupa en el rodillo de los créditos. Suena estúpido y hasta Arquímedes está de acuerdo.
La alavesa nacida en Vitoria hace 44 años estrena Singular semanas después de hacer lo propio con Los domingos. Antes fue Los destellos, Nina, 20.000 especies de abejas, la serie Intimidad o Ane. Y así, todos los cines nuevos desde el firmado por Alauda Ruiz de Azúa al de Pilar Palomero pasando por el de David P. Sañudo comparten el ya irrefutable principio.
La cinta de ahora mismo la firma Alberto Gastesi y entre el melodrama y la ciencia-ficción se esfuerza en discriminar el límite exacto en el que la Inteligencia Artificial también se rinde a la más vasca de todas las encarnaciones posible de Katharine Hepburn.
La verdad es que ni la tengo ni la practico. La veo por todas partes, pero no tengo claro qué es. Eso sí, me llama la atención lo imaginativa y creativa que puede ser la gente con ella. Así, sin reflexionar mucho, me parece una herramienta muy interesante para todo lo que tiene que ver con la creatividad. Pero vamos, entre analógica y digital, soy una actriz plenamente analógica.
Creo sinceramente que hay emociones que son inimitables, que no son reproducibles. Singular habla de ello. Lo que nos hace seres singulares es lo que tenemos de contradictorios. Lo único cierto es que a pesar del dolor, de los errores, de las pérdidas, queremos seguir viviendo y amando. Hay una fuerza que nos compele a seguir pese a todo y contra toda lógica que no sé si la IA podría ser capaz de reproducir.
Imagino que todo lo que puedes programar en una máquina no dejan de ser clichés. Un rubor en medio de la escena jamás lo reproducirá un programa o una máquina. El gozo de este trabajo consiste precisamente en que sea capaz de sorprenderte. Lo interesante es cuando ni tú misma eres capaz de predecir cómo vas a reaccionar. Imagino que tiene que ver con el misterio de ser, en efecto, un ser humano, con su singularidad.
Es raro porque eso tan vaporoso que llamamos éxito es algo que me es completamente ajeno. Quiero decir, que es algo que ocurre, pero en otro lugar, no en mí. Lo veo en que la gente me felicita por la calle o que leo en los medios que me nominan para premios, pero luego voy a mi casa, vuelvo a mi vida normal y no pasa nada, nada ha cambiado.
La verdad es que, comparado con otros compañeros y compañeras, no me afecta tanto. Recuerdo que era una de las cosas que más miedo me daba cuando empecé. En una ocasión, mientras rodaba 20.000 especies de abejas, un grupo de personas se me acercaron en el casco viejo de Bilbao mientras desayunaba porque me habían reconocido por la serie Intimidad. No sé. Me entró mucho miedo, empecé a dormir mal y llegué a pensar un plan B. Pero maduras. Ahora hay cosas que vivo con naturalidad que si me hubieran pasado hace cinco años lo habría pasado muy mal. Sé que es algo intrínseco mío, que intento protegerme demasiado, que no vivo las cosas con relajación y naturalidad. Pero, por otro lado, todo lo que sucede está muy bien y es bueno que pase. Solo tengo que asimilarlo. Y en eso estoy. Poco a poco.
Es muy curioso. Mi primer profesor de teatro me decía que era una actriz del tipo de Hepburn. No tenía claro a qué se refería, pero acabé por leerme su biografía. Con Singular ha pasado algo parecido. El director me dijo que me llamó después de ver varias películas de la actriz. Me dijo que le recordaba mucho a ella. No sé. Hepburn sufrió mucho y no creo que hablen de eso cuando la gente piensa en ella. En esto del cine se idealiza mucho. Hace poco vi una foto de Marilyn Monroe en su lecho de muerte y ahí te das cuenta lo terrenal y triste que puede ser todo eso que nos venden lleno de glamour y falsa felicidad.
Miedo no, pero sí tristeza. El mundo del espectáculo o del deporte de élite puede esconder mucha soledad y una tristeza atroz.
La verdad es que me ha cogido todo en Portugal trabajando y lo único que me ha llegado es que se está hablando mucho de la película. Eso es bueno. Pero no sabría decir por qué. Imagino que tiene que ver con el talento de la directora. Pero no sé. Yo estoy demasiado pegada a la película. Lo único, eso es verdad, es que me sorprenden muchas cosas que se dicen.
Me sorprende que se diga que Maite, mi personaje, se comporta como se comporta por venganza. No es eso, simplemente no quiere que el convento herede nada de lo suyo. Es simple economía. Pero no sé, quizá esté reventando algo...
Sí, el capitalismo convierte todo en un bien de consumo. Recuerdo que en la universidad leí No Logo, de Naomi Klein, y ahí se explicaba muy bien como la publicidad entendió la necesidad de las minorías de verse representadas en los años 70. Lo que empezó como un movimiento de protesta quedó asimilado por el mercado. Con la espiritualidad sucede lo mismo. Lo que surge como un anhelo, una necesidad, acaba convertido en algo más para consumir.
No fue tanto así. Mi familia, como todas las familias trabajadoras, preferían que estudiara algo más seguro, algo «con lo que me ganara la vida». Era buena estudiante, no sabía muy bien qué hacer como cualquiera cuando acaba bachillerato y valoré hacer Bellas Artes, que era lo que me gustaba. Iba a ser la primera generación en mi familia en ir a la universidad. Pero no fue lo que se dice un conflicto...
Mi madre ya dejó de decirme que siente no haberme acompañado. Ya le he dicho que no es así. En realidad, tal y como han pasado las cosas ha sido perfecto. Me siento muy acompañada y apoyada por mis padres que, la verdad, van conmigo a todos los sitios y están conmigo siempre.
No. Tengo un amigo íntimo que en el instituto, cuando soñábamos la vida que tendríamos, me decía que nosotros somos hijos de obreros y obreros seremos. Para mí, eso no tenía sentido. Nunca me he puesto limitaciones y puedo decir que siempre he acabado por hacer lo que me da placer.
Claro que lo hace. Pienso en la célebre Pirámide de Maslow. La clase nos limita y lo interesante es pelear contra esas limitaciones.
Claro.
Filmografía Selecta de Patricia López Arnaiz
| Año | Título | Director |
|---|---|---|
| 2010 | 80 egunean | Jon Garaño y Jose Mari Goenaga |
| 2013 | La herida | Fernando Franco |
| 2014 | Lasa eta Zabala | Pablo Malo |
| 2015 | Un otoño sin Berlín | Lara Izaguirre |
| 2017 | El guardián invisible | Fernando González Molina |
| 2018 | El árbol de la sangre | Julio Medem |
| 2019 | Mientras dure la guerra | Alejandro Amenábar |
| 2020 | Ane | David Pérez Sañudo |
| 2024 | Los destellos | Pilar Palomero |
| 2025 | Los domingos | Alauda Ruiz de Azúa |
