Tomar la decisión de ser padres es un gesto valiente que conlleva una gran responsabilidad: educar a otra persona con la esperanza de que viva una vida feliz y plena. Este reto ocupará muchos años de tu vida y, desafortunadamente, no viene con un manual de instrucciones para garantizar el éxito.
Entonces, ¿cómo puedes averiguar si lo estás haciendo bien? El psicólogo y escritor americano John Panepinto propone siete preguntas sobre paternidad que todos deberíamos hacernos para saber si estamos yendo por el buen camino.
Y es que la crianza no es una ciencia exacta y tiene numerosas variables que afectan de manera directa a la maduración de nuestros hijos. Desde el estilo de paternidad elegido, la relación que establecemos con ellos o el ejemplo que damos, todo incide en el resultado final.
Por esta razón, la reflexión y la autoevaluación son las mejores herramientas al alcance de los adultos para medir el éxito de sus acciones. También lo es la flexibilidad. Piensa que la vida es cambiante y cada persona es diferente, por lo que disponer de esta capacidad de adaptación será fundamental para que el trabajo de los progenitores sea más sencillo y efectivo, sobre todo cuando hay que educar a varios hermanos a la vez.
A continuación, exploraremos siete preguntas clave propuestas por John Panepinto que te ayudarán a reflexionar sobre tu rol como padre.
Paternidad responsable: un elemento clave para el desarrollo humano | Conversando con Especialistas
Siete Preguntas Clave Sobre Paternidad Según John Panepinto
1. ¿Ejerzo un papel de líder o solo de controlador?
Los padres debemos comportarnos como líderes y figuras de autoridad. Para ello, hay que tener un plan sobre lo que deseamos conseguir. Y esto solo se consigue averiguando quiénes somos nosotros, qué queremos que sea nuestra familia y quiénes son nuestros hijos.
Sabiendo esto, es más sencillo tomar decisiones que nos ayuden a conseguir nuestros objetivos. En cambio, el papel de controlador surge cuando se intenta manejar cada situación sin una estrategia de acción que dé sentido a las decisiones que se toman o sin que se haya creado una relación emocional saludable entre ambos.
Cuanto más asumamos el papel de guía, menos tiempo perderemos controlando el caos que es la vida. ¿No es una manera mejor de disfrutar de los tuyos?
2. ¿Cómo está afectando mi propia educación a mi manera de actuar?
De acuerdo con Panepinto, unos de los principales indicadores del comportamiento paterno depende de si ellos entendieron su propia formación. Es decir, si fueron criados con coherencia dentro de su familia.
Cuando te haces preguntas sobre paternidad relacionadas con tu propia crianza y comprendes de verdad cómo fue, te puedes liberar de ella y centrarte en cómo quieres hacerlo tú.
3. ¿Baso mis acciones en un sistema de valores del que soy consciente?
Cada persona tiene un sistema de creencias y valores, tanto si es consciente de él como si no. Además, este se ve reflejado en todas las decisiones que se toman, especialmente en los momentos de mayor tensión o importancia.
Por eso, es fundamental meditar sobre cómo nos comportamos y si lo hacemos, basándonos en unos principios y valores concretos que queremos transmitir a las siguientes generaciones. Esta transparencia será crucial para modelarles.
Varios estudios apuntan que tanto la paternidad autoritaria (en que todo se hace “porque yo lo digo”) y una en la que no haya límites y consecuencias tienen el mismo efecto: jóvenes que son incapaces de regularse emocionalmente, por lo que dejarían de lado el sentido de la integridad, la responsabilidad y el respeto a los demás.
4. ¿Soy bueno poniendo límites?
Este es uno de los mayores retos a la hora de criarles y es una de las preguntas sobre paternidad más importantes que debes hacerte. Los límites enseñan respeto por las normas, disciplina y a dar valor a las cosas.
Y aunque los niños desafían las normas como parte de su propio aprendizaje, es fundamental mantenerse firmes a la hora de decir no. Emocionalmente, supone un estrés para ambas partes, pero la manera de manejarlo se traduce en un aprendizaje significativo.
5. ¿Trabajo mis relaciones tanto a nivel personal como a nivel familiar?
Una relación conlleva una inversión por parte de cada persona. No solo es importante cuidar de toda el conjunto, cada individuo es igual de relevante.
Disponer de tiempo para crear un vínculo especial con cada uno de tus hijos les hará evolucionar a nivel emocional, sintiéndose queridos y validados, lo que se traducirá en adolescentes y adultos con mejor autoestima. Si todos se sienten bien, ¡la unidad se vuelve invencible!
6. ¿Fomento la autonomía, la cooperación y la curiosidad a diario?
Todas son cualidades innatas en el ser humano y trabajarlas en el hogar es fundamental para los niños. Creando un entorno seguro, ellos se sentirán más cómodos a la hora de explorar aquello que les rodea.
En esta situación, debemos enseñarles a ser independientes y creativos a la hora de resolver cualquier situación que se les presenta. Además, nosotros tenemos la suerte de ayudarles a convertirse en la mejor versión de ellos mismos, enseñándoles habilidades sociales y emocionales para que aprendan a relacionarse con otros de manera saludable.
7. ¿Estoy creciendo como persona?
Para el psicólogo, esta es una de las preguntas sobre paternidad que no se aborda en las teorías que se han estudiado hasta la fecha. Las etapas del desarrollo infantil están claramente diferenciadas y limitadas, pero ¿qué hay de los padres? ¿Cómo crecen los adultos a nivel intelectual y emocional cuando deben ejercer su papel de cuidadores?
Quizás sea porque este progreso es optativo, porque se trata de una capacidad que no desaparece en la edad adulta, pero que responde a una voluntad de cambio que solo parte del individuo.
El Padre Presente: Una Figura Emocional
No debemos ver la crianza de un hijo como una tarea separada por géneros. En ocasiones, incluso el propio lenguaje se vuelve sectario y excluyente. “Mi pareja me ayuda en todas las tareas, es un gran papá”. Un padre no ayuda, un padre también es parte fundamental en toda dinámica familiar.
Porque la crianza y el cuidado de un hogar no es patrimonio de nadie, de hecho, es totalmente intercambiable.
Como dato a tener en cuenta y según el “Instituto de Estadística“, la figura de los padres solteros es una realidad en alza. De hecho, en países como en Reino Unido el porcentaje llega al 23%. En 1993 la cifra mundial de padres solteros era del 9% y a día de hoy suponen ya un 14%.
Son familias monoparentales donde son los hombres los que crían. Son ellos quienes educan y sacan adelante a sus hijos con la misma eficacia y felicidad que las madres solteras.
Por otro lado, lo creamos o no, el cerebro de los papás también experimenta diversos cambios con la llegada de un hijo. No solo las mujeres viven ese cambio hormonal tan importante con el cual iniciar la lactancia o crear ese vínculo con el recién nacido.
Las estructuras cerebrales del hombre también disponen de una compleja “red de crianza”. De ese modo, se adoptan los mismos patrones de participación emocional y cognitiva que la mujer.
Existen diversos estudios que nos demuestran varios aspectos. Ver a la pareja con el bebé genera en el papá una serie de cambios hormonales muy concretos.
Un padre no lleva capa, no es un superhéroe. Tampoco hace magia ni hará que podamos tocar la luna columpiándonos bien alto. Sin embargo, nos lo hará creer -y por supuesto, lo creeremos-. Porque una de sus principales preocupaciones es hacernos confiar en que no hay nada imposible y que podemos lograr casi cualquier cosa que nos propongamos.
No todos los padres son especialmente hábiles en verbalizar su afecto, lo sabemos. Sin embargo, harán guardia al lado de tu cama cuando estés enfermo. Serán tus protectores de los buenos sueños cuando te asalten las pesadillas y la persona que deje cualquier cosa para recogerte cuando llueva.
No tienen horarios cuando les pides algo, y no importa la edad que tengas… Porque a sus ojos, eres y serás siempre alguien al que proteger y cuidar por encima de todas las cosas.
El amor de un padre edifica nuestra personalidad. Nos confiere unos valores que integrar e imitar, una forma de encarar la vida basada en ese coraje que entiende de sacrificios, que ama sin pedir nada a cambio. Es, ante todo, ese vínculo sano que supo cubrir nuestras necesidades emocionales para perfilar la persona valiente y madura que somos ahora.
Todos llevamos mucho de nuestros padres en nuestro interior. Es un tesoro que pervive, que nos trasciende y nos impulsa. Así que no lo dudes, si aún tienes a tu padre contigo comparte tiempo con él. Porque un día despertarás y ya no habrá más tiempo para decirle todas las cosas que deseas y sientes.
En la actualidad ya hay una tentativa real de recuperar la figura del padre. Disponemos de muchos trabajos donde se deja a un lado el concepto de “apego monotrópico”. Ahí donde un bebé, supuestamente, necesitaba únicamente de esa cercanía materna para crecer y desarrollarse. A día de hoy, el apego implica ya a más figuras.
Nuestros padres son esas figuras imprescindibles que merecen ser reconocidas. Tanto si nos dejaron hace tiempo como si los tenemos junto a nosotros, todos sabemos de qué estaba hecha su piel y su corazón: de valentía, de callado sacrificio y emocionado orgullo por sus hijos.
Existen cada vez más pruebas de que la crianza responsiva puede tener consecuencias perdurables durante toda la vida y en todos los aspectos del desarrollo infantil, incluidos la salud, la nutrición, el aprendizaje y la protección.
La paternidad responsiva hace referencia a la capacidad de los padres para satisfacer las necesidades de sus hijos a nivel mental, emocional y físico a lo largo de los años críticos que siguen al nacimiento, cuando el desarrollo cerebral alcanza su máxima expresión (Engle y otros, 2011).
Como teorizó Bowlby, y como la ciencia demuestra hoy, el apego afianzado de un bebé a por lo menos un adulto responsable y estable emocionalmente sienta las bases para desarrollar las capacidades emocionales y sociales en etapas posteriores de la vida (Richter, 2004) y protege frente a una variedad de factores de riesgo (Carpenter y Stacks, 2009).
