Los pañales han existido desde el inicio de la humanidad. Desde tiempos inmemoriales se han buscado soluciones para que los bebés hicieran sus necesidades. Los escritos y los dibujos históricos nos muestran que los seres humanos han fabricado sus propios pañales utilizando la hierba, las pieles de los animales, la hoja de algodón y otros muchos elementos presentes en la naturaleza.
Por ejemplo, los incas colocaban una capa de piel de conejo para cubrir el culito de sus bebés, mientras que los esquimales colocaban musgo debajo de trozos de piel de foca. Pero no siempre ha sido así, los bebés antes no tenían todas las comodidades que existen hoy en día.
Evolución de los pañales a lo largo de la historia
Los Primeros Pañales de Tela
A principios del siglo XX, la mayor parte de los pañales eran reutilizables, rectangulares y de algodón. El típico pañal usado hasta los años 40 era una tela rectangular gruesa de algodón que se doblaba de una forma particular y un poco compleja, además abultaba mucho.
Pero tenían un problema: al recubrirse de caucho retenían la humedad y el algodón no era capaz de absorber todo el pis, por lo que la superficie del culito del bebé seguía húmeda y dañaban su piel.
Sin embargo, el origen en inglés tiene un significado diferente. La palabra “diaper” (pañal) era originalmente el término para un pequeño patrón de formas geométricas repetidas. Más tarde, se utilizó para describir el algodón blanco o la tela de lino con este patrón. Los primeros pañales de tela consistían en tejido blando cortado en formas geométricas y a este patrón se le llamó “diapering”. El nombre “diaper” se quedó en los EE. UU. y Canadá.
Marion Donovan y la Revolución del Desechable
En 1946, después del nacimiento de su hija, la estadounidense Marion Donovan inventó los primeros pañales con la forma que tienen actualmente. Al mismo tiempo en Estados Unidos, Marion Donovan ideó en 1946 un pañal con una cortina de plástico y que en su interior llevaba un tipo de tela mucho más absorbente, esto permitía mantener el pañal mojado más tiempo y no provocaba escozor en el bebé. Además le colocó unos broches en los lados para asegurarlo.
Para sus primeros prototipos utilizó tela de cortina de baño y tela de paracaídas. Aquello evitaba que la orina del bebé traspasara a la ropa o la cama, y reducía los casos de irritación. Su primer modelo, que vendía en la lujosa tienda Saks de Nueva York, lo llamó boater, por su forma de barquito.
La inventora bautizó estos primeros pañales como "Boaters", solicitó la patente, y comenzó a comercializarlos en la tienda "Saks" de la Quinta Avenida.
Marion Donovan, la inventora del pañal desechable moderno
Pero sus pañales también contenían celulosa, que no absorbía la humedad por completo, por lo que el problema de la irritación de piel seguía existiendo. Sin embargo, Marion Donovan no se rindió y continuó perfeccionando sus pañales.
Estuvo muchos años intentando convencer a varias empresas de que su invento haría más fácil la vida de las madres, pues en aquella época eran las que principalmente se encargaban de la crianza de sus hijos. Pero los hombres de negocio americanos consideraron que su invento era poco práctico e innecesario.
Donovan no se conformó con eso. Quería un pañal completamente desechable, que ahorrara trabajo y tiempo a las madres. Experimentó con capas de celulosa absorbente, pero no encontraba apoyo en la industria. Los inversores, todos hombres, ni siquiera consideraban avalarla.
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En Suecia debido a la escasez de material (el algodón era un material estratégico durante la guerra), se diseñaron los primeros pañales desechables con hojas de celulosa. Mientras, en EEUU Marion Donovan inventó la cubierta de plástico para proteger la salida de líquidos, debido a la frustración que sintió una noche con el llanto de su bebé.
El Nacimiento de los Pampers y la Popularización del Pañal Desechable
La oportunidad llegó en los años sesenta, cuando vendió su idea a Procter & Gamble. Hasta que en 1961, diseñó el primer pañal totalmente desechable de la historia y cambió el curso de la humanidad. Allí, el ingeniero químico Victor Mills retomó su concepto y creó los Pampers, lanzados al mercado en 1961.
El nuevo pañal combinaba una capa de celulosa que absorbía la orina, otra impermeable de polietileno que evitaba fugas, elásticos que se ajustaban a las piernas del bebé y cierres adhesivos fáciles de usar. El impacto causó que incluso otras propuestas como los pañales Chux de Johnson & Johnson quedaran en segundo plano.
En los años 50 el pañal desechable era un artículo de lujo, usado en ocasiones especiales, y por familias pudientes. Primeros pañales desechables En los años 50 este tipo de pañal era un artículo de lujo, usado por las familias más pudientes, tenían una forma sencilla, el núcleo absorvente era de papel tissue y el exterior era plastificado.
Pañales Pampers, un producto revolucionario
Fue tal el éxito que en 1951, cuando le concedieron la patente del invento, se puso a trabajar para que fuera totalmente desechable, más absorbente y robusto, y mantuviese la humedad alejada de la piel de los bebés. Para ello necesitaba que tuviese varias capas de papel (celulosa) y pidió ayuda a las fábricas papeleras de la época. Pasaron casi 10 años hasta que una compañía se interesó por su invento.
En 1960, un ingeniero químico de la empresa Procter & Gamble, Victor Mills compró su idea y desarrolló y comercializó los pañales desechables "Pampers" tal y como los conocemos hoy en día.
Pampers inauguraron una nueva categoría de producto: higiénico, práctico, industrial. En la década de los 70, otras empresas comenzaron a comercializar y perfeccionar los pañales. La competencia en el sector provocó la bajada de los precios, por lo que se hicieron asequibles a todo el mundo y su uso se extendió. En los años 80, se le dió al pañal forma de reloj de arena, para que se ajustara mejor a la anatomía de los bebés, son los pañales anatómicos, que se siguen utilizando hoy en día.
El Material Superabsorbente de la NASA
En la década de los 80, la NASA desarrolló un material súper absorbente para retener el pis de los astronautas que iban a viajar a bordo del transbordador Challenger. De esta forma, podrían atrapar la orina cuando no pudieran utilizar el baño. Es decir, cuando la nave espacial estuviera despegando, aterrizando o cuando los astronautas salieran al espacio.
Este material se añadió posteriormente a los pañales desechables inventados por Marion Donovan para conseguir el modelo de pañal superabsorbente utilizado en la actualidad.
Más Allá de los Pañales: Otros Inventos de Marion Donovan
Marion Donovan fue madre de tres hijos, arquitecta por Yale y autora de una veintena de patentes, entre ellas una jabonera escurridora y una versión del hilo dental. En 2015 su nombre fue incluido en el Paseo de la Fama de los Inventores de EE.UU.
Marion O´Brien Donovan presentando a la prensa su invento DentalLoop Por cierto, los pañales no fueron el único invento de Marion porque no dejó de inventar distintos objetos a lo largo de su vida, sobre todo entre 1949 y 1996. En total registró 20 patentes.
El Legado de Marion Donovan
El mundo tardó en reconocer que su invento -pensado desde la experiencia y la incomodidad cotidiana- transformó la vida de millones de mujeres. Los padres ni figuraban en la ecuación. La maternidad en el siglo XX cambió gracias a muchas cosas: las vacunas, las lavadoras, la nevera… Pero pocos inventos resultaron tan prácticas, silenciosas y decisivas como el pañal desechable.
Marion, nacida en Fort Wayne, Indiana, en una familia de inventores, había trabajado como redactora auxiliar en Vogue. Creativa y meticulosa, transformó una cortina de baño en una especie de cubierta impermeable para los pañales tradicionales.
Se suele repetir en todas las épocas que mujeres notables, por su labor en alguna rama del arte o de la ciencia, quedan anuladas por el anonimato más aplastante. Marion O´Brien cambió el apellido de su familia por el del marido al casarse, por tanto fue más conocida como Marion Donovan. Nació la chica en Indiana, en el seno de una familia de inventores. En su vida de casada vino su primera hija a plantearle un inconveniente y un trabajo extra al que no estaba dispuesta a sucumbir, el cambio de ropa cada vez que la niña se hacia sus necesidades encima.
Debía ser tan cansino y perdería tanto tiempo lavando la ropa del bebé, que se dedicó a estudiar la manera de pasar de los lienzos de algodón a pañales que no dejaran salir ni las heces ni el pipí. Su proyecto comenzó dando frutos y después de probarlos con su hija, Marion lo patentó alcanzando un éxito que no esperaba. Los originarios “Boaters” (primeros pañales que empezó a comercializar en la tienda Saks de la Quinta Avenida) quedarían como un primer intento eficaz, en proceso de mejora. Su obsesión era conseguir el mejor material para mantener la piel a salvo de escoceduras y controlar a la vez que no tuviera fugas. Por fin un día Víctor Mills, ingeniero químico de Procter & Gamble, se mostró interesado por el invento de Marion y llegaron a un acuerdo.
El Impacto Ambiental y la Búsqueda de Alternativas Ecológicas
Hoy el mercado de los pañales desechables mueve más de 30.000 millones de euros al año y produce cien mil millones de unidades, no solo para bebés, sino también para personas mayores o con discapacidad. Su éxito, desde luego, tiene un lado oscuro. Un solo pañal puede tardar 500 años en degradarse. Ecologistas y padres conscientes denuncian su impacto en vertederos y su huella de carbono. Con ello se cierra el círculo. El pañal desechable se creó para hacer la vida más fácil, no para ser eterno, y supuso un símbolo de un tiempo en el que las mujeres empezaban a decir basta al sacrificio invisible.
Hoy día, sin embargo, algo más de medio siglo después de su invención, nuestra visión ecológica nos hace mirar al mundo bajo otro enfoque. El nuevo modelo de pañales ecológicos implica el uso de tela absorbente con la misma forma que el pañal de celulosa, pero sin el gasto masivo de esa materia.
Como tantas veces, la innovación vino de quien más lo necesitaba. Una madre, desde su casa, encontró una solución que la industria masculina no supo prever. Quizás porque no implicaba glamour, ni alta tecnología, ni un gran logro político, sino algo tan sencillo como no tener que lavar más pañales.
Demasiado convencido estuvo Voltaire (1694/1778) al sentenciar, de una manera un tanto misógina, que tenía conocimiento de mujeres escritoras y científicas, pero no de inventoras. Quizás solo fuera desconocimiento por su parte, porque haberlas, las hubo.
