La llegada de un recién nacido trae consigo una mezcla de alegría e incertidumbre, y una de las primeras dudas que surgen es cómo gestionar el cuidado del cordón umbilical. Este pequeño resto de tejido, que fue la fuente de vida de tu bebé en el útero, necesita un cuidado específico para asegurar una correcta cicatrización y prevenir infecciones.
Tradicionalmente, el ciclo de la vida humana se ha estudiado en función de cuatro momentos o etapas: nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. Del mismo modo que los niños de "antes" tenían en su mundo cotidiano un mobiliario determinado o un repertorio amplísimo y específico de juegos, canciones, dichos y retahilas que les separaba claramente de los adultos, tenían en su vestimenta un elemento diferenciador principalmente en razón de su edad, el diminuto y minucioso indumento que envolvía el cuerpecillo de los infantes.
El tema, simpático cuando menos, no ha llamado la atención de la misma manera que el vestir tradicional de los adultos. Habitualmente hemos venido echando de menos el tratamiento de este tema en las publicaciones de indumentaria tanto de dentro como fuera de nuestra comunidad y son pocos los museos y las colecciones etnográficas que cuentan entre sus fondos con algunas de estas prendas de uso infantil.
Sí resultó más curioso para los fotógrafos de principios y mediados de siglo pasado, como Laurent, Ortíz Echagüe, Andrade, Carrafa o Berrueta quienes reflejaron en graciosas instantáneas unos documentos hoy ya irrepetibles. Este tipo de prendas se han conservado con mayor dificultad que las de los adultos, bien por el uso continuado de las mismas gastándose hasta su completa destrucción (prendas que muchas veces se confeccionaban con retales o con desechos de prendas de los mayores ya usadas) y que mantenía a las niñas con sayas minifalderas y a los niños con chaquetas cuyas bocamangas llegaban a los codos.
También la aparición de los cómodos "babys" y blusillas de tejidos industriales de algodón y tergal, que modernizaron también el indumento de mayores, acabaron con multitud de arcaicas prendas, ante la baratura de las mismas y la comodidad a la hora de lavarlas. No obstante nuestras abuelas han guardado de las arcas preciosos cuerpecillos o sayas de paños, mantillas y gorros de bautizar, o los amuletos que protegieron a sus antepasados de toda suerte de males y que permiten conocer multitud de complementos y hábitos del vestir de los infantes durante sus primeros años de vida.
Podríamos clasificar en tres períodos el uso de las diferentes prendas del indumento de los niños hasta que comenzaban a diferenciarse claramente en razón de su sexo copiando las prendas de los adultos:
- Fajado de cuerpo entero
- Fajado de mantillas y de medio cuerpo
- De manteo
Preparación para el Parto
En nuestro campo, donde esa vida sedentaria no existía ni en el transcurso del embarazo (no eran raros los casos de alumbramientos en el campo en plena tarea agrícola) la mujer preparaba su embarazo soltanto algunos pliegues, "churros" o "candiles" del manteo o cosiendo una tabla al mismo para darle mayor holgura, conociéndose esta prenda ya como "manteo barriguera". En el momento del parto, que era en casa y según la costumbre de pié, en cuclillas o sobre las rodillas del marido o padrino de boda, la mujer daba a luz vestida.
Tras el parto, la comadrona ataba el ombligo del niño con un cordoncito de hilo para que no se le soltara. Un trozo de lienzo (conocido como "venda ombliguera") sujetaba el ombligo hasta que cicatrizaba guardándose luego, en ocasiones, en una pequeña taleguita de recuerdo. Mientras, la madre, quedaba unos días también con el vientre fajado o con un pañuelo anudado a la cintura, para soltar toda la placenta e impedir a su vez posibles hemorragias.
Durante los primeros días de vida, el niño permanecía aprisionado entre las envueltas anudado de pies y manos, inmovilizado completamente, estiradas las piernas y los brazos pegados al cuerpo cubierto por un pañal fajado. En Mallorca según la encuesta citada era costumbre fajar hasta la cabeza con un "barret", gorro con unas cintas anchas que rodeaban la cabecita buscando "formar" la alargada cabeza que tenía el crío al nacer, "ajustando los huesos del cráneo".
Esta costumbre de fajar, harto extendida por todo el mundo desde la Antigüedad (se conservan representaciones pictóricas y relieves egipcios en los que aparecen los niños así ataviados) responde a figuraciones que entendían que el niño, con esta práctica, fortalecía los huesos y los enderezaba, llegando a producir en cambio terribles malformaciones.
Cuando el niño cogía algo de fuerza, cuando era capaz de mantener la cabeza, pasado el mes o los cuarenta días de obligada reclusión materna y coincidiendo con la primera salida de la madre a misa de parida, al niño se le liberaba de este sufrimiento en parte, ya que se le sacaban los bracitos aunque seguía fajado de cintura para abajo.
Tal vez sea esta la prenda más representativa del hábito de los infantes en la tierna edad. La costumbre de heredarse y guardarse de padres a hijos ha hecho que se conserven algunas que han arropado a tres generaciones o más de una misma familia, aunque también cambiaban con el paso del tiempo, siendo regaladas muchas veces por el padrino del bautizo, de igual manera que el gorro o los primeros pendientes eran regalo de la madrina.
Los niños se envolvían, dejando asomar los bracitos, en los culeros, piezas rectangulares de lino o lienzo a manera de pañales, retales en ocasiones de sábanas y camisas, que se recubrían, a su vez, con las mantillas de empañar, también denominadas "las envueltas" o mantillas de acristianar, hatos o "jatos" de envolver, mantillas de criar o simplemente de niño, denominación esta última citada frecuentemente en los inventarios testamentarios para diferenciarla de las mantillas y tocas femeninas de la cabeza.
El material empleado para la confección de estas llamativas prendas era principalmente la lana, tejida tanto en casa como en telares "profesionales" o incluso últimamente de confección industrial. Así se utilizaba la estameña, jerga o el sayal, tejidos recios, o el paño, muletón (denominadas éstas en Avila "las mantillas labradas") o algodón dependiendo de la ocasión, la fiesta y el tiempo.
Estas pequeña mantas tenían dos funciones fundamentales, la de protección frente al frío y como gala en las fiestas y el bautizo principalmente, de ahí el nombre genérico de "mantilla de acristianar". Se conservan tintadas en muchos colores, frecuentemente pajizos y encarnados aunque este detalle variaba en la costumbre según épocas y lugares; blancas, verdes, pardas, azules, naranjas, o negras si existía un luto familiar, y decoradas siguiendo las diferentes técnicas tradicionales de decoración, el bordado en estambre, liso o multicolor, con lentejuela, mostacilla o felpilla, de picado sobrepuesto de tela o paño y el encintado de listas de encaje, galones de seda, de terciopelo o pasamanería, más o menos adornadas según su uso diario o festivo, las manos que las hacían o la economía.
La decoración se centra en una de las esquinas, justamente la que queda vista a un lado y animada con el árbol de la vida, símbolo de desarrollo y crecimiento, y un motivo que se adapta muy bien a este espacio triangular, una vez que se han extendido las ramificaciones hasta ocupar una parte del espacio de la mantilla. Dependiendo de las zonas, se animan con motivos geométricos en zig zag, carquises, encomiendas, dientes de sierra, animalísticos y vegetales, pájaras, jarrones, tréboles, tulipanes, hojas o corazones siempre entretejidos mediante ramos y lazos.
La decoración de estas mantillas, bien sea el bordado, picado, estampado industrial o encintado, coincide, en estética y técnica con la decoración habitual de los faldamentos de las madres, tanto en manteos redondos como abiertos (de vuelta o rodaos), casi como en un intento de protección mágica por afinidad de seguir acogiendo en esta mantilla al niño, de igual manera que la saya de la madre lo había acogido ya durante nueve meses.
Cuidado Moderno del Cordón Umbilical
El objetivo principal es mantener la zona limpia y seca para facilitar que el cordón se seque y se caiga por sí solo, lo que suele ocurrir entre los 5 y 15 días posteriores al nacimiento. No necesitas un arsenal de productos. De hecho, la simplicidad es la clave.
Pasos para el cuidado del cordón umbilical:
- Lávate bien las manos con agua y jabón antes de empezar.
- Limpia con suavidad la base del cordón, justo en la unión con la piel del abdomen.
- Seca la zona meticulosamente con otra gasa estéril, dando pequeños toques.
- Deja el cordón al aire siempre que sea posible.
Un día, al cambiar el pañal, descubrirás que el cordón ha desaparecido. ¡Enhorabuena! Es un hito en el desarrollo de tu bebé. Es normal que el ombligo se vea un poco rojo o que haya una pequeña costra o una gota de sangre seca. Sigue limpiando la zona con agua y jabón durante dos o tres días más hasta que esté completamente cicatrizada.
Mitos sobre el cuidado del cordón umbilical:
- Mito: Hay que usar alcohol o antisépticos. Realidad: Las guías pediátricas actuales desaconsejan el uso rutinario de antisépticos como el alcohol de 70º o la clorhexidina en países con bajas tasas de infección neonatal.
- Mito: No se puede bañar al bebé. Realidad: Se pueden realizar baños cortos, evitando sumergir la zona del ombligo.
- Mito: Hay que cubrir el cordón. Realidad: El cordón necesita aire para secarse correctamente, como cualquier otra herida. Cubrirlo con fajas, vendas o incluso con el propio pañal solo aumenta la humedad, el roce y el riesgo de infección.
Unas pocas gotas de sangre seca, especialmente en el momento de la caída o por el roce del pañal, es normal. Generalmente, una vez al día es suficiente.
¿Cuáles son los cuidados que requiere el cordón umbilical del recién nacido?
Posibles Complicaciones
Aunque las complicaciones son raras si se sigue una buena higiene, es vital saber reconocer los signos de una posible onfalitis (infección del ombligo). Ante la duda, la prudencia es la mejor consejera.
Signos de Infección (Onfalitis):
- Enrojecimiento y endurecimiento de la piel alrededor del ombligo
- Supuración o secreción sanguinolenta y maloliente
- Retraso en la cicatrización (más de 20 días)
Si observas alguno de estos signos, consulta inmediatamente a tu pediatra.
Otras Posibles Complicaciones:
- Granuloma Umbilical: Tejido de cicatrización que ha crecido en exceso. Generalmente, el pediatra puede tratarlo fácilmente.
- Hernias Umbilicales: Bulto en el ombligo debido a un pequeño defecto en la pared muscular del abdomen. Suelen mejorar con la edad y rara vez requieren cirugía.
- Ombligo Probóscide: Porción de piel sobresaliendo después de la cicatrización. En tales casos es necesaria la intervención quirúrgica, pero no es nada preocupante.
En las décadas iniciales del siglo XX, el parto y los cuidados del recién nacido estaban acompañados en Extremadura, como en el resto de España, por unas arraigadas costumbres que poco a poco han ido cambiando merced a los avances experimentados en materia de higiene y conocimientos médicos. Después de lavar bien el cuerpo del recién nacido, a menudo con aguardiente, se le vestía con pañales, y en algunos lugares aún se envolvía todo su cuerpo con una faja apretada para que se le enderezasen los huesos, como consta que se hacía desde siglos atrás.
En poblaciones como Madroñera, el cordón umbilical era eliminado siguiendo un estricto ritual; primero se cortaba con unas pinzas muy limpias, para después anudarlo y enrollarlo en vendas de tela para que se secara y no se infectase, y todo ello se tapaba con una faja especialmente confeccionada llamada ombliguera u ombliguero, o también ombriguera o lumbriguera.
Además de resguardar el área umbilical hasta el completo secado y cicatrización y la caída del resto del cordón, la ombliguera tenía la función principal de prevenir un posible prolapso del ombligo.
| Práctica Tradicional | Práctica Moderna |
|---|---|
| Uso de ombligueros y fajas | Mantener el área limpia y seca |
| Aplicación de alcohol o antisépticos de forma rutinaria | No se recomienda a menos que haya signos de infección |
| Baños parciales para evitar mojar el cordón | Baños cortos son permitidos, secando bien el área después |
Con la colaboración de la Dra. Dª. María José Martínez y de la Dra. Dª. María García Onieva Artazcoz, de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria.
