¿Niños que duermen con sus padres? Consecuencias y beneficios del colecho

El colecho, o la práctica de que los niños duerman con sus padres, es un tema que genera diversas opiniones y debates. Si bien no existe un consenso definitivo sobre si es beneficioso o no, muchos especialistas coinciden en que puede tener ventajas para los bebés, siempre y cuando se realice de manera segura.

En torno al colecho, es decir, a la práctica de que los niños duerman con sus padres, existen multitud de teorías pero ninguna inclina la balanza hacía sí es recomendable o no practicarlo.

Este artículo explora las posibles consecuencias de esta práctica, analizando estudios, opiniones de expertos y recomendaciones para que puedas tomar una decisión informada sobre si el colecho es adecuado para tu familia.

Dormir con el bebé - Beneficios y riesgos del colecho

Definición y tipos de colecho

Es importante aclarar los conceptos sobre el colecho o la cama familiar, ya que a menudo generan confusión. En inglés, se distingue entre "bed sharing" (dormir en la misma cama) y "cosleeping" (dormir en la misma cama, en camas contiguas o con el bebé en su cuna, pero en la misma habitación). "Cosleeping" se suele traducir como "colecho", que etimológicamente significa "compartir un lecho".

Existen diferentes formas de practicar el colecho:

  • Colecho en la misma cama: Padres e hijos comparten la misma cama.
  • Colecho en cuna adosada: El bebé duerme en una cuna que se une a la cama de los padres.
  • Colecho en la misma habitación: El bebé duerme en su propia cuna o cama, pero en la misma habitación que los padres.

Beneficios potenciales del colecho

Según explica la educadora infantil e investigadora en neurociencia Tania García, la práctica del colecho tiene efectos positivos comprobables en la salud emocional, cognitiva y fisiológica.

Dormir acompañado no solo mejora el descanso, también potencia el desarrollo del cerebro infantil.

A continuación, se presentan algunos de los beneficios potenciales del colecho:

Reducción del estrés y aumento del bienestar

Dormir junto a los padres disminuye el estrés y activa la hormona del bienestar, creando un entorno seguro para el cerebro en desarrollo. Esta cercanía refuerza las redes neuronales relacionadas con la autoestima y la seguridad emocional.

Mejora del descanso y el aprendizaje

Al dormir acompañados, los niños logran un descanso más reparador, lo que favorece la memoria y el aprendizaje. "Los niños sincronizan la respiración y la circulación con el adulto. Esto hace que no tengan ansiedad", señalan la especialista.

Fomento de la toma de decisiones y la autorregulación emocional

Dormir con los padres favorece la toma de decisiones, el autoconocimiento y la autorregulación emocional. El colecho disminuye la hiperactividad de la amígdala cerebral, reduciendo los miedos nocturnos y mejorando el descanso emocional.

Regulación de los ritmos biológicos

La presencia de un adulto ayuda a regular los ritmos biológicos naturales, lo que mejora la calidad del sueño. “Cuanto más acompañado de noche, más herramientas para la vida”, destacan.

Facilitación de la lactancia materna

Que facilita la lactancia está bastante claro, pero no me atrevería a decir que la favorece. Practican más el colecho las madres que dan el pecho, pero probablemente no es que el colecho favorece la lactancia, sino que la lactancia favorece el colecho: para la madre es más cómodo.

Riesgos y precauciones

Si bien el colecho puede tener beneficios, también es importante tener en cuenta los posibles riesgos, especialmente para los bebés menores de seis meses. La Academia Americana de Pediatría advierte que compartir la cama con adultos o hermanos puede aumentar los riesgos de asfixia, estrangulamiento y atrapamiento.

Además, dormir en la misma cama puede aumentar el riesgo de muerte súbita durante los primeros tres meses, si los padres fuman, o han tomado alcohol o somníferos, o si alguno tiene obesidad mórbida.

Para practicar el colecho de forma segura, es fundamental seguir las siguientes recomendaciones:

  • Asegurarse de que el colchón sea firme y esté bien ajustado a la estructura de la cama.
  • Evitar el uso de almohadas, mantas sueltas y peluches en la cama.
  • No fumar, consumir alcohol o tomar somníferos si se va a dormir con el bebé.
  • Asegurarse de que el bebé no tenga demasiado calor.
  • Colocar al bebé boca arriba para dormir.

¿Hasta qué edad es recomendable el colecho?

No hay un consenso médico que establezca una edad límite para que los niños duerman con sus padres. "En muchas culturas sucede hasta que el niño esté preparado y quiera dormir solo".

Sin embargo, algunos expertos sugieren que, en el caso de niños que superen los 7 u 8 años, el colecho prolongado puede fomentar una dependencia que lleve a inseguridades. "Debemos enseñarles a estar solos, que la noche es un momento de calma, siempre con cariño y respeto".

También existen estudios que sugieren que el colecho en niños mayores puede provocar problemas para conciliar el sueño o miedo a dormir solos, sobre todo si se ha practicado durante mucho tiempo y se interrumpe repentinamente. "Puede afectar a la calidad de sueño del niño".

El colecho y la autonomía

Si planteamos la pregunta a cualquiera de sus numerosos críticos, el término 'autonomía' no tardará en aparecer en el debate. Con la convicción y la firmeza de quien se cree en posesión de la verdad, advierten que un niño que duerme con sus padres se convertirá en una persona dependiente. Que pasará un infierno para aprender a utilizar su propia cama. Que tendrá miedo a cualquier cosa que tenga que hacer por sí mismo. Practicar colecho, al parecer, equivale a firmar una condena a una vida adulta repleta de inseguridades.

El castillo de naipes se derrumba en cuanto se pide a los feroces detractores una prueba sólida que respalde sus argumentos.No pueden aportarla sencillamente porque no existe. Alberto Soler lo recuerda en el curso «El sueño en la infancia». "No hay evidencia científica que respalde que un niño que duerme solo desde pequeño vaya a ser más autónomo", explica el psicólogo. Podríamos añadir que tampoco hay pruebas de que los niños que duermen con sus padres durante varios años tiendan a ser más dependientes. Con todo, los estigmas perviven.

Estudio de la Universidad de Essex

Ahora, un estudio de la Universidad de Essex (Reino Unido), en la que participaron 17.000 niños británicos durante 11 años, descubrió que aquellos que compartían cama cuando eran pequeños eran felices y saludables.

El estudio revela que, en general, los niños de la cohorte se pueden dividir en cuatro categorías que siguen trayectorias de comportamiento distintas. La mayoría de ellos (56,5%) presentan síntomas tanto internalizantes como externalizantes bajos y constantes a lo largo del tiempo. Otro grupo consistente (27,2%) muestra síntomas internalizantes bajos pero crecientes con el desarrollo, y viceversa síntomas externalizantes moderados que tienden a disminuir. En una tercera clase (7,5%) los síntomas moderados tanto externalizantes como internalizantes disminuyen con el tiempo, y en la cuarta (8,9%) hay síntomas externalizantes elevados estables, mientras que los síntomas internalizantes son bajos pero tienden a crecer.

Sin embargo, ninguna de estas trayectorias de desarrollo está relacionada de una manera u otra con el intercambio de cama durante la infancia.

Trayectorias de comportamiento en niños
Categoría Porcentaje Síntomas internalizantes Síntomas externalizantes
Bajos y constantes 56.5% Bajos y constantes Bajos y constantes
Internalizantes crecientes, externalizantes decrecientes 27.2% Bajos y crecientes Moderados y decrecientes
Moderados y decrecientes 7.5% Moderados y decrecientes Moderados y decrecientes
Externalizantes elevados estables, internalizantes crecientes 8.9% Bajos y crecientes Elevados y estables

Un elemento cultural

Ya sea por comodidad, por tradición familiar o simplemente para tranquilizar más fácilmente a un niño inquieto, a menudo los hijos y los padres se encuentran durmiendo en la misma cama. En general, compartir la cama entre niños y padres es una costumbre con raíces culturales: controvertida para algunos, normal para otros.

En culturas como las asiáticas, de hecho, compartir cama es lo normal, y en Japón no es extraño que padres e hijos duerman juntos hasta la adolescencia. En otras culturas, como la estadounidense, es común que padres e hijos duerman en ambientes separados.

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