En el rico folclore de Euskadi, los "ninos peludos" o asustaniños ocupan un lugar especial. Estas figuras, a menudo envueltas en misterio y temor, han servido durante siglos para educar, controlar y, en ocasiones, asustar a los niños. Exploraremos la historia y la evolución de estas criaturas, desde los temibles personajes de antaño hasta las figuras más entrañables de la actualidad.
Olentzero en Donostia.
El Origen del Temor: Cocos y Otros Seres Aterradores
Se puede utilizar y se ha utilizado de todo para meter miedo a los niños. Ya fuese de una forma más o menos esporádica o bien con una cierta estabilidad temporal; de forma más localizada o más extendida.
- Entes fantásticos que reducen su ámbito al mundo de las creencias del niño.
- Entes propiamente mitológicos.
Entre los entes más comunes que asustaban a los niños en Euskadi, encontramos:
- Los muertos que vuelven: Ánimas en Soria, almetas en Aragón, ánimas en Cataluña, y otras figuras similares.
- Brujas y entidades del tipo strix: La Meiga Xuxona gallega, la Guaxa asturiana, la Carpia de Ponga, y la Guajona cántabra.
- La Luna: Se creía que la luna podía chupar la vida y la salud de los niños, especialmente si orinaban a la vista de ella.
- Lobos: Temidos por grandes y chicos en todos los pueblos de cultura románica.
- El Oso: Utilizado en los altos valles de Lérida como un traganiños travieso.
- Colectivos marginales: Los gitanos, que se decía que "robaban niños".
- El Sereno: Se creía que los padres pagaban al sereno para apaciguar su furia y evitar que se llevara a los niños.
Estos seres personificaban los miedos y las inseguridades de la infancia, y su función era mantener a los niños alejados de los peligros y fomentar el buen comportamiento.
Ejemplos de Cocos en el Folclore Hispano
El folclore hispano está repleto de ejemplos de cocos y asustaniños, cada uno con sus propias características y métodos para infundir temor:
- Banya Verde: Un coco catalán con un enorme cuerno verde en la frente.
- Basarda: Un asustaniños catalán, cuyo nombre designa “espanto, pavor, miedo, sobrecogimiento”.
- El Batoni: Un coco de la región de la Terra Alta en Cataluña.
- El Butoni: Una entidad muy popular en Valencia, un espíritu o fantasma que se dedica a hacer trastadas.
- La Blanca: Distintos sobrenombres de la Muerte, utilizados en Cataluña para asustar a los niños.
- El Bou Mascard: Un coco catalán, un "buey negro ardiendo en llamas que baja de la montaña mugiendo".
- La Bruja Piruja: Un coco hispano.
- La Bruja Rebruja: Mencionada en la "Canción de las brujas" del poeta Tomás Segovia.
- La Bruja Pirulí: También: la Vieja Pirulí. Coco aragonés.
- Bu: En Asturias, cuando los niños quieren asustarse unos a otros se dicen: "Buuuu..."
- Bubota: El asustachicos más conocido de las Baleares, semejante al Papu catalán.
- Bute: También llamado Bute Maramango. Asustachicos andaluz.
- La Cabra Montesina: En el Pirineo se dice "Soy a cabra montesina,/que se come a chicos y chacos/y gente de todo lugar".
- Caçamentides ("Cazamentiras"): Asustaniños catalán que caza a los mentirosos.
- Camuñas: Coco ibérico que tiene su origen en un famoso guerrillero.
- El Cancón: Coco hispano.
- Caranjaina: "Ser mitológico de extraña naturaleza que puebla los bosques de los Montes Universales".
- La Carcamora: Coco de Madrid que aparece en nanas.
- Cardapeçols: Coco catalán que "cuida de peinar a las chicas que no dejan hacer tal a sus madres".
- El Carlanco: "Pertenece a la familia de los pavorosos y fantásticos monstruos del Cancón, del Bu y del Coco".
- La Carramoña: Según Celiacevedo, en su familia se asustaba los niños con esta araña gigante.
- Chupasangres: En Asturias se les llama Chupasangres, y en el Oriente de la región también los tísicos o los de la sangre.
- Cocharrona: Ogresa asustaniños de Barbadilla (Burgos).
- Coco: Asustaniños panibérico por excelencia.
Olentzero: Del Temor al Anuncio de la Luz
Personajes de la mitología vasca: Olentzero
Hace siglos, cuando las chimeneas no solo calentaban las casas, sino que también inspiraban temor, nació la leyenda del Olentzero. Decían que descendía por las chimeneas armado con una hoz para castigar a los niños que no dormían y a los adultos que no respetaban el ayuno.
El Olentzero, sin embargo, no comenzó como un vigilante temible. Mucho antes, su historia estaba vinculada a los rituales paganos del solsticio de invierno. Celebraba la victoria de la luz sobre la oscuridad, un mensaje que también estaba en otras tradiciones europeas.
Cabalgata de Olentzero en Pamplona.
Con la llegada del cristianismo, la figura del Olentzero fue absorbida por la nueva fe, adaptando su simbología. Se convirtió en el anunciador del nacimiento de Jesús, aunque con ciertas caricaturas añadidas. A pesar de los cambios, el Olentzero nunca dejó de ser parte de las costumbres locales.
En las aldeas, se confeccionaba un muñeco de paja que los vecinos paseaban por las calles mientras recolectaban comida o dinero. Hoy, el Olentzero ha dejado atrás tanto su faceta aterradora como sus raíces puramente rituales. Cada 24 de diciembre, protagoniza desfiles y reparte regalos, manteniendo viva una tradición que ha sabido evolucionar.
La Expansión Geográfica de Olentzero
Estas referencias a Olentzero fueron recogidas en un entorno geográfico limitado, fundamentalmente en los valles del norte de Navarra y la mitad este de Gipuzkoa, llegando hasta la capital donostiarra.
Según apunta Dueñas, en 1956 llega a Pamplona y en 1968 al barrio bilbaíno de Deusto, ante el recelo de las autoridades franquistas. Desde aquel momento grupos de danzas y otros colectivos culturales y políticos lo integran en la festividad del 24 de diciembre, antes de la cena de Nochebuena.
De realizarse desfiles con una figura inanimada de Olentzero se pasa a personificarlo a través de voluntarios que, directamente, se disfrazan de este personaje. Es cierto que en localidades como Lesaka, cuando no daba tiempo a preparar el muñeco, alguno de los componentes del grupo se disfrazaba para imitar al personaje y realizar la cuestación, la petición de viandas y algo de dinero en unos tiempos de carencias no muy lejanos. Sin embargo, desde la década de 1990 se produce un cambio drástico en este sentido.
Hoy, Olentzero visita colegios, centros comerciales y es agasajado en loor de multitudes en cabalgatas y recepciones, este año limitadas por la pandemia. La transformación que ha sufrido Olentzero es equivalente, sin lugar a dudas, pero cambiando de fechas, a las de los Reyes Magos -que no eran tres, ni había un negro, ni eran Reyes- o Santa -procedente de Santa Claus y, a su vez, del Sinterklaas de los Países Bajos-. Todos ellos se llevan dedicando a repartir regalos desde diferentes momentos del siglo XX.
Hartza: El Oso en el Folclore Vasco
Entre finales de enero y finales de febrero -a partir del 2 de febrero, la Candelaria- y más allá de Ituren, Auritz y Zubieta, Hartza hace de las suyas en numerosas localidades: Amaiur, Altasu, Luzaide, Arizkun, Eibar, Antzuola, Segura, Bergara, Auritz-Burguete, Leitza, Markina-Xemein, Hazparne, Beskoitze, Lesaka, Ermua, Azparne, Zalduondo, Salinas de Añana o Elorrio, el Hartzaro en Ustaritze y el Hartzaren Eguna en Donibane-Lohizune. Asombra cómo sobrevive o se ha recuperado -en otras se perdió, como en las Maskaradak de Zuberoa- para disfrute de txikis y aitites.
Pero Hartza no es solo patrimonio del folclore vasco: carnavales similares se celebran en numerosos pueblos de los Pirineos y de la cornisa cantábrica -como la espectacular Vijanera cántabra- y en zonas montañosas de toda Europa.
Carnaval de Ituren.
Antes de ser una codiciada pieza de caza, el oso fue el centro simbólico de la Europa antigua, que lo consideraba una suerte de dios ancestral, inspiración del basajaun, y progenitor de una raza de seres mitad ser humano, mitad animal.
Txomin Peillen recoge a finales del siglo XX el testimonio de Pette Prebende de Sainte-Engrâce (Zuberoa): “Lehenagoko hüskaldün zaharrek erraiten zigüen gizuna hartzetik jiten zela. Bai gizuna hartzetik fabrikatürik düzü” (Los antiguos vascos decían que descendían de los osos. Sí, el hombre proviene del oso).
En las versiones euskaldunes, Joan Hartza, fruto de rapto de una muchacha por un oso, conserva la fuerza del padre y la inteligencia de la madre.
Conclusión
Los "ninos peludos" de Euskadi, desde los temibles cocos hasta el entrañable Olentzero y el simbólico Hartza, reflejan la rica historia y las tradiciones de esta tierra. Estas figuras, que han evolucionado a lo largo del tiempo, siguen siendo una parte importante del folclore vasco y continúan transmitiendo valores y enseñanzas a las nuevas generaciones.
