En el desarrollo infantil, es común observar una variedad de comportamientos que pueden generar interrogantes en los padres. Entre ellos, el aleteo de manos y otras estereotipias son motivo frecuente de consulta. Este artículo explora el significado de estas conductas, cuándo preocuparse y cómo abordarlas de manera efectiva.
¿Qué son las estereotipias?
Las estereotipias son movimientos o vocalizaciones repetitivas, involuntarias y rítmicas. Se realizan sin ningún propósito aparente y siguen una pauta fija. Estas conductas abarcan una amplia gama de comportamientos, algunos de los cuales son comunes en la infancia:
- Succionar objetos o el pulgar
- Rechinar los dientes (bruxismo)
- Sacudir la cabeza
- Enrollar un mechón de cabello
- Balancearse
- Palmear o retorcerse las manos
- Frotarse los ojos
- Comerse las uñas
- Protruir la lengua
- Andar de puntillas
Se dividen en dos grandes grupos: motoras (movimientos) o fónicas (vocalizaciones y sonidos). El aleteo infantil pertenece a la primera categoría.
Tipos de estereotipias
Las estereotipias se clasifican en dos categorías principales:
- Primarias: Se observan en niños con un desarrollo psicomotor normal. Suelen aparecer antes de los tres años y son frecuentes en el lactante. De naturaleza generalmente transitoria, desaparecen sin necesidad de intervención aunque, en algunos casos, pueden persistir durante años. Su prevalencia entre niños de cinco a ocho años se estima entre un 3 y un 9 %.
- Secundarias: Están asociadas con alteraciones neuroconductuales (déficits neurosensoriales, TEA, TDAH, TOC…). Su frecuencia e intensidad están relacionadas con la gravedad del trastorno y pueden llegar a ocupar gran parte de la vida de la persona. Tienden a persistir en la edad adulta o son reemplazadas por otras.
El aleteo de manos en niños
El aleteo de manos es un movimiento repetitivo e involuntario en el que el niño agita las manos de forma rápida, generalmente como respuesta a una emoción intensa (de excitación, nerviosismo o cansancio). Sí, es relativamente común durante ciertas etapas del desarrollo infantil, especialmente en niños menores de tres años.
Los niños suelen aletear las manos en circunstancias concretas: cuando tienen sueño, están concentrados o se sienten nerviosos, cansados, aburridos, inquietos o excitados.
El hecho de que el aleteo, como muchas otras estereotipias, sea un rasgo característico de algunos trastornos del neurodesarrollo, dispara la preocupación de los padres ante este tipo de comportamientos. Sin embargo, no son más que una expresión del desarrollo evolutivo normal a la que no hemos de dar mayor relevancia salvo que se acompañe de otras manifestaciones inhabituales en un niño de esa edad (no señala con el dedo en torno a los 12 meses, no fija la mirada, no responde a su nombre después de cumplir el año…). De cualquier forma, es importante cumplir con todas las revisiones fijadas por el servicio de pediatría, ya que en el curso de las mismas se revisa el desarrollo de los pequeños en función de su edad, lo que permite identificar cualquier posible anomalía.
¿Cuándo preocuparse por el aleteo de manos?
Debes prestar especial atención si el aleteo es muy frecuente o intenso, si persiste más allá de los 5-6 años sin tendencia a reducirse, o si se acompaña de otras señales como falta de contacto visual, retraso en el lenguaje o comportamientos repetitivos más complejos. Puede estar presente en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), pero no siempre indica la existencia de este diagnóstico. También puede observarse en niños con desarrollo típico o con otros trastornos neuroconductuales.
¿Cómo ayudar a un niño que aletea las manos?
Los aleteos no perjudican la salud de nuestro hijo, pero si observamos que los realiza con excesiva frecuencia, que no tienden a desaparecer con el tiempo o que pueden afectar a la interacción con sus compañeros, podemos ayudarle a dejar de hacerlo. ¿Cómo? Reemplazando ese patrón de comportamiento por otro más apropiado y funcional. Podemos explicarle -por ejemplo- que es mejor que no mueva las manos de esa manera porque podría hacerse daño en las muñecas. Pero no olvidemos que se trata de un acto involuntario o semivoluntario.
Esto significa que probablemente entenderá lo que le explicamos y que incluso nos dirá que no volverá a hacerlo; sin embargo, ante el estímulo desencadenante, aleteará las manos de nuevo. Si sabemos cuándo y por qué nuestro hijo aletea las manos estaremos preparados para intervenir en el momento oportuno. Podemos recurrir a múltiples estrategias: pedirle que nos de un abrazo, ofrecerle juguetes moldeables o con texturas y densidades diferentes, formularle preguntas concretas para que exprese por qué no se encuentran bien… Es importante tener presente que no lo hace a propósito y cargarnos de paciencia; modificar un hábito necesita tiempo y constancia.
Lo más importante es no regañarlo ni presionarlo. Por lo general no, pero si el movimiento es muy intenso o frecuente, podría generar molestias en muñecas o brazos.
Otras manías comunes en niños
Cuando hablamos de manías en los niños nos referimos a comportamientos raros o injustificados que realiza una persona de manera repetitiva. Puede sonar parecido a los tics, de los que ya hemos hablado en otro artículo. Sin embargo, las manías son movimientos más complejos y menos automáticos. Y, por raras que nos parezcan las de los demás, todos hemos tenido manías, especialmente de niños.
Muchas veces las manías nos ayudan a crear hábitos con el tema de la higiene, el vestido o irse a dormir. Son el reflejo del razonamiento lógico que se establece en el pensamiento del niño y aportan tranquilidad y estabilidad. A nuestros hijos, les da la sensación de que controlan algo cuando llevan a cabo este tipo de rutinas. Así nos podemos encontrar que nuestro niño nos pide que pongamos la silla de determinada manera junto a la cama a la hora de leerle un cuento.
La mayoría de las manías de nuestros pequeños no nos afectan en absoluto: como las relativas al órden o colocación de las cosas. Lo habitual es que al «romper» esa cadena de comportamiento el niño se enfade. Eso nos puede asustar pensando que tiene algún tipo de trastorno. Sin embargo, no son símbolo de ninguna perturbación grave. La mejor manera de que el niño deje de hacer estos comportamientos es no prestándoles atención y tratando de dirigir la atención hacia otra cosa.
¿Cómo abordar las manías infantiles?
No son comportamientos que deban alarmarnos, pero en algunas ocasiones resultan molestos o lesivos para el niño ya que se muerde en exceso las uñas, se arranca el pelo o despelleja los labios.
- Desviar la atención: Proponer alguna actividad que sea incompatible con su manía. Si se muerde las uñas, podemos proponerle hacer juegos de manos o alguna manualidad cuando le veamos haciéndolo.
- Disminuir la ansiedad o el aburrimiento: Pueden estar provocando un aumento en la frecuencia de la manía.
Si es solo alguna manía relativa al orden, podemos no hacer caso a la misma y a medida que crezca tenderá a desaparecer. Si es una manía que le provoca lesiones, habrá que intervernir de las dos maneras que se proponen.
Por otro lado, que un niño tenga manías no tiene por qué significar algo grave en sí, ni tiene por qué derivar en un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) en la adolescencia. Las manías son frecuentes en los niños y tienden a remitir a medida que crecen y con el aumento en su autoconfianza. Habría riesgo de padecer un TOC cuando sean manías persistentes que ocupan gran parte del tiempo del niño, que perturban su interacción con otros niños o con adultos o deterioran su rendimiento académico. En estos casos, sí hay que preocuparse y buscar la opinión e intervención de un especialista.
El silencio en el aula y la concentración
En el ámbito educativo, el aula es el lugar donde convergen distintas personalidades, ritmos de aprendizaje y necesidades individuales. Un ambiente tranquilo favorece el proceso de aprendizaje, mejora la concentración y merma la conflictividad. Para disminuir el ruido en las clases es necesario combinar tres factores: una buena insonorización, adoptar medidas básicas y una gestión adecuada del aula por parte del profesor.
El nivel de confort acústico óptimo se establece entre los 25 y 40 decibelios. Estas cifras se superan con creces muy habitualmente en los centros educativos españoles.
Beneficios del silencio en el aula
Hablar de silencio en el aula no significa que los alumnos tengan que estar siempre callados sino conseguir un ambiente de calma y respeto en el que el profesor pueda explicar sin interrupciones. Entre los beneficios del silencio están:
- Favorece la neuroplasticidad del cerebro.
- Permite una mayor concentración y fijación de conceptos.
- Desarrolla la memoria.
- Aumenta el rendimiento escolar.
- Mayor autonomía de los alumnos.
- Mejor comunicación entre profesores y estudiantes y éstos entre sí.
Perjuicios del ruido entre alumnos y profesores
Entre las consecuencias del estrés acústico figuran:
- Provoca irritabilidad, nerviosismo y ansiedad.
- Falta de atención.
- Dolores de cabeza.
- Afonías y dolores de garganta en el profesorado al tener que elevar la voz.
- Menor rendimiento escolar y, por lo tanto, mayor fracaso.
- Más dificultades para niños con necesidades educativas especiales.
- Pérdida de capacidad auditiva.
Consejos para disminuir el ruido en clase
El clima de silencio/tranquilidad no puede ser algo aislado de una clase. Para que realmente funcione es necesario implementar medidas a nivel global de todo el centro. Se trata tanto de una insonorización adecuada del edificio como de medidas sencillas pero que funcionan, como sustituir los timbres de entrada y salida por música. Dentro de las clases hay que combinar las medidas a nivel físico con las de organización/gestión del día a día.
- Colocar antideslizantes en las sillas y patas de las mesas.
- Evitar el uso de material educativo metálico, como algunos estuches y lapiceros.
- Delimitar espacios en el aula con corcho, goma o alfombras.
- Decantarse por el corcho u otros materiales absorbentes para colocar paneles en las paredes del aula.
- Tener en cuenta las necesidades de los alumnos: en Infantil si es jornada continua (cinco horas) son necesarios dos recreos en los que poder jugar libremente.
- Planificación: el horario escolar debe organizarse teniendo en cuenta que a medida que transcurren las horas y la semana disminuye la capacidad de atención y concentración.
- Aplicar buenas prácticas por parte del profesor: hablar cara a cara y en tono tranquilo para que los estudiantes asimilen ese modo y lo hagan igual.
- Establecer modo de intervención: la participación en clase es positiva pero debe fijarse previamente cómo hacerlo (levantando la mano, esperando a que acabe otro compañero, pidiendo permiso al profesor…).
- Rotar a los alumnos: los alumnos de las últimas filas no reciben la información igual que los de las primeras. Por eso es aconsejable rotarlos por diferentes sitios y que el docente hable en varios puntos de la clase.
Apps y sistemas para el control del ruido
Existen varios sistemas y aplicaciones para saber con exactitud el nivel de ruido que hay en un aula. Algunos de ellos tienen un funcionamiento muy sencillo para que pueda ser entendido desde edades tempranas y fomentar así que los niños contribuyan a mantener un ambiente tranquilo.
- Semáforo control de ruido: Hay diferentes versiones con varios niveles de ruido que cambian en función de los valores que establezcamos previamente. Los colores aparecen con caras de emoticonos que estarán tranquilas, contentas o tristes dependiendo del bullicio. Para colocar colgado de la pared o sobre una mesa.
- Too Noisy: Las mediciones de Too Noisy pueden seguirse en la pizarra digital. Muestra el nivel de ruido por “caritas”, por lo que es un sistema que entienden fácilmente los niños más pequeños. Si es aceptable (en función de lo que ha fijado previamente el responsable) aparece una sonrisa. Si se sobrepasa cambia a la cara de tristeza y, en caso de llegar a niveles altos durante un tiempo determinado, se activa una alarma. Cuenta con un sistema de recompensas en forma de estrellas en función del tiempo que se registre sin sobrepasar los límites de ruido establecidos.
- Zero Noise Classroom: Zero Noise Classroom es una aplicación gratuita para Chrome con una cuenta atrás de hasta 60 minutos. Al finalizar el tiempo se muestra el porcentaje en el que se excedió de ruido. El objetivo es ayudar a gestionar el tiempo, saber en qué momentos es necesario estar callado y aprender a trabajar respetando los ritmos de los demás. Estos datos también sirven de guía para los docentes para analizar qué actividades logran captar durante más tiempo el interés de los alumnos y cuál debe ser la duración de las mismas.
- Bouncy Balls: Bouncy Balls es una forma didáctica y divertida de mostrar a los alumnos que están haciendo mucho ruido y controlar a la vez la contaminación acústica en clase. Estas pelotas de colores botan en la pantalla digital cada vez que el ruido alcanza niveles molestos, cuando están posadas en el suelo significa que la clase está en silencio.
- Sonómetros o medidores de sonido: Muchos sonómetros cuentan con rangos de medición ajustables de decibelios y alertan de forma visual y sonora cuando los niveles de ruido exceden el límite establecido. Esta herramienta es una de las más fiables a la hora de controlar el ruido ambiente de una sala, clase o espacio concreto.
Conductas disruptivas en el aula
En el ámbito educativo, el aula es el lugar donde convergen distintas personalidades, ritmos de aprendizaje y necesidades individuales. Las conductas disruptivas en el aula pueden ser muy diversas y abarcar desde comportamientos leves hasta graves.
¿Cómo afrontar las conductas disruptivas en el aula?
Es fundamental que los docentes cuenten con las herramientas y estrategias necesarias para afrontar las conductas disruptivas de manera efectiva. Además de contar con un protocolo de actuación claro y definido para abordar las conductas disruptivas en el aula.
- Establecer normas claras y concretas: Es fundamental que desde el inicio del curso se establezcan unas normas de convivencia claras y explícitas, conocidas por todos los alumnos.
- Fomentar un buen clima de aula: Un clima positivo en el aula, donde los alumnos se sientan valorados y respetados, puede ayudar a prevenir la aparición de conductas disruptivas.
- Atender a las necesidades individuales: Es importante conocer las características individuales de cada alumno, sus necesidades y posibles dificultades.
- Mantener la calma: Es fundamental que el docente se mantenga calmado y sereno ante una conducta disruptiva.
- Redirigir la conducta: Se debe intentar redirigir la conducta del alumno hacia un comportamiento adecuado.
- Utilizar técnicas de refuerzo positivo: Es importante reforzar positivamente las conductas adecuadas de los alumnos.
- Aislamiento temporal: En caso de que la conducta disruptiva sea grave o persistente, se puede aislar temporalmente al alumno del resto de la clase.
- Reunión con el alumno: Una vez que la conducta disruptiva se haya calmado, es importante reunirse con el alumno para hablar sobre lo sucedido.
- Es importante registrar todas las incidencias relacionadas con conductas disruptivas en el aula. Este registro debe incluir la fecha, la hora, la descripción de la conducta, las medidas tomadas y las personas implicadas.
Las conductas disruptivas en el aula representan un desafío para el docente, pero también una oportunidad para fortalecer el aprendizaje y el desarrollo personal de los estudiantes.
La importancia de preguntar en clase
¡Atención, estudiantes! Es una situación muy habitual en las aulas. El profesor o profesora termina de explicar la lección del día, no te has enterado de nada o te queda alguna duda en el tintero, pero no preguntas. Ya sea por vergüenza o por miedo, es muy importante perder ese reparo que existe en ocasiones a levantar la mano y plantear las dudas que se tengan para entender bien la lección. Estás en un colegio, instituto, academia o cualquier otro centro de enseñanza. Vas allí para aprender. Y, para eso, tienes que entender la materia.
Si no has entendido algo, levanta la mano y pide a tu profesor o profesora que te lo vuelva a explicar o que profundice un poco más en esa duda que te ha surgido para poder disiparla. Es muy importante que tomes las notas necesarias para que no vuelven a asaltarte estas mismas dudas cuando llegue el momento de repasar la materia.
Otra opción que tienes a tu disposición es preguntar a un compañero o compañera de clase que sí que haya entendido o domine la materia en cuestión en la que tienes dudas. Se trata de un entorno en el que normalmente te sentirás en confianza y en el que no tendrás miedo a repreguntar o plantear nuevas dudas.
En conclusión: el aleteo de manos es una conducta no preocupante en niños con un desarrollo normal que, en la mayoría de los casos, desaparece con la edad. Aun así, si la conducta se repite con frecuencia o no remite paulatinamente, podemos ayudar a nuestros hijos a reemplazarla por otra más apropiada y funcional, evitando siempre someter al niño a tensiones innecesarias.
