Manuel Soto Leyton, conocido artísticamente como Manuel Torre (Jerez, 1878 - Sevilla, 1933), fue un destacado cantaor de flamenco, considerado el representante máximo del cante grande, como lo denominan los gitanos.
Manuel Torre, al igual que otros grandes cantaores del siglo XX como Antonio Chacón y la Niña de los Peines, no sentía una gran afición por el fandango. Sin embargo, es importante destacar que el fandango flamenco de esa época era un cante en desarrollo, influenciado por el folclore y originario de Huelva.
A pesar de su aparente desinterés por el fandango, Manuel Torre dejó un importante legado en este género. Los jerezanos le atribuyen la creación de su propia versión del fandango, aunque en realidad se considera una adaptación. Se dice que La Parrala fue la primera en interpretar este fandango en Huelva a finales de los años setenta y principios de la década de los ochenta del siglo XIX, actuando en los cafés cantantes de la capital junto a Silverio Franconetti.
Manuel Torre es recordado como el cantaor de la esencia jonda, un intérprete que trascendió incluso a figuras como Antonio Chacón en ciertos palos. Sin embargo, esto no significa que no cantara fandangos. Entre sus grabaciones, que abarcan desde 1908 y 1912 hasta 1928, se encuentran peteneras, farrucas, zambras, tarantas y rondeñas, que no encajaban con los criterios de la jondura de la época.
Según una entrevista con Fernando el de Triana, publicada en la revista Crónica tras la muerte de Manuel Torre en 1933, se habló en profundidad sobre la vida del cantaor.
Inicios y Reconocimiento
Manuel Torre se presentó en Sevilla a principios del siglo XX, una época en la que los cafés cantantes de renombre como El Burrero y Silverio ya habían cerrado. El Salón Novedades se convirtió en el lugar ideal para demostrar su talento. Llegó acompañado de Antonia la Gamba, su amante, de Cádiz y catorce años mayor que él.
Durante el proceso de empadronamiento, Manuel Torre insistió en que se le registrara como "cantaor" y no como "cantante", lo que marcó un hito al reconocer oficialmente el oficio del cante en Sevilla. Esta anécdota refleja su profundo respeto y dedicación al arte flamenco.
En el siglo XIX, los cantaores solían ser identificados por sus oficios reales, como tablajeros, herreros, alfareros o jornaleros. Sin embargo, Silverio Franconetti fue uno de los primeros en declararse "artista" en los documentos oficiales, dignificando así la profesión del cantaor de flamenco.
Siempre tuvo claro que era “cantaor” y no “cantante”. Así quiso que rezara en el Padrón Municipal de Sevilla, quizás sin saber la importancia que le daríamos al hecho ciento doce años después, cuando del Torre no se conservan ni sus huesos.
Manuel Torre y Antonio Chacón - Rito y Geografía del Cante
Manuel Torre llegó a Sevilla comenzando el siglo XX y ya no se fue de la capital andaluza. Murió en 1933, en la miseria, como era habitual en aquellos tiempos. No sin dejar una huella imborrable en la historia del cante gitano.
Legado e Influencia
Manuel Torre dejó una huella imborrable en la historia del cante gitano. Su legado perdura hasta nuestros días, inspirando a nuevas generaciones de artistas flamencos. Su voz y su arte siguen siendo recordados y admirados por los amantes del flamenco en todo el mundo.
Su enfoque en la pureza y la esencia del cante jondo, así como su capacidad para transmitir emociones profundas a través de su voz, lo convirtieron en una figura legendaria del flamenco. Manuel Torre fue un verdadero innovador que supo llevar el cante gitano a nuevas alturas, dejando un legado invaluable para la cultura española.
Llevamos doscientos años discutiendo sobre lo que es un cantaor de flamenco, su diferencia con un cantante, sobre lo que es el cante jondo y el cante flamenco, sobre lo gitano y lo andaluz, sobre el cante de pellizco y la suave caricia en el alma.
Para algunos, como Caballero Bonald, Silverio y Chacón eran dos “copleros”. En el caso de Silverio, José Ortega Morales, uno de los hijos del gran Enrique Ortega de Cádiz, dijo en una entrevista hecha en 1922 que el sevillano fue el más largo por seguiriyas, según le aseguró su propio padre, que cantó muchas veces con él.
Y en cuanto a Chacón, solo un desorientado puede decir que no era tan flamenco como cualquiera de los de su generación. Silverio Franconetti fue quizás el primer cantaor que se puso “artista” en los documentos oficiales. Lo hizo ya cuando se casó en Málaga, en 1868. Y lo volvió a hacer cuando en los 70 se empadronó en Sevilla, en la Alameda de Hércules.
El de la Alfalfa fue un auténtico adelantado en cuanto a la dignificación del cantaor de flamenco, como en tantas otras cosas relacionadas con el arte.
En el siglo XIX los cantaores aparecían siempre como tablajeros, herreros, alfareros o jornaleros, que eran sus verdaderos oficios. De esta manera rezan en los padrones figuras históricas como el Planeta, el Fillo, Curro Durse, el Nitri o Francisco la Perla.
Manuel Torre junto a Manuel Vallejo en una fotografía de 1926, cuando don Manuel recibió la Llave de Oro del Cante en el Teatro Pavón de Madrid.
