Calzados Segarra es una marca que ha dejado una huella imborrable en la memoria de muchas personas. Desde los años 60 hasta la actualidad, sus botas han sido sinónimo de durabilidad, comodidad y calidad. A través de los testimonios de varios usuarios, exploraremos la historia y el legado de esta emblemática marca española.
Los Primeros Recuerdos: Años 60 y 70
Para muchos, los recuerdos de Calzados Segarra se remontan a la infancia. Amancio Cuenca conoció los calzados SEGARRA siendo niño, allá por los años 60 y 70 del siglo XX. Vivía ya entonces en el mismo lugar en que continúo haciéndolo hoy, en el occidente de Asturias, donde era frecuente ver a la gente del campo, agricultores y ganaderos, usar unas botas negras, súper resistentes, cómodas y para colmo de bienes, parecían muy calentitas, gracias al forro que tenían, como de lana.
Cómo serían de buenas aquellas botas y qué admiración despertarían en mí, ya entonces, que me fijé y aprendí su nombre, pues lo tenían, y este no era oro que el de “Botas Segarra”.
Compañeras Fieles en el Servicio Militar
Bastantes años más tarde me tocó hacer el servicio militar, y una de las alegrías que durante este tiempo me llevé, fue nada más llegar encontrarme de nuevo, allí, haciendo la mili como yo, a esas viejas conocidas, que dando un paso más (como buenas botas que eran) pasaron a convertirse durante este tiempo en buenas amigas y compañeras fieles. No eran las botas forradas de borreguillo de mis paisanos, pero en calidad, en comodidad y en durabilidad, desde luego no tenían nada que envidiarles.
Era un 14 de julio de 1982 cuando tras una larga noche en un tren de los de la época nos trasladaron a un campamento militar en Cáceres. Reconozco que la primera semana o algo más fue una relación de odio. Pies tiernos y botas duras maridan mal en un primer momento. Felicidades y gracias por los servicios prestados a mis pies.
Y tras un rato de espera, durante el cual el dueño del negocio colocó bajo mí unos cartones para que no le mojase el suelo de madera antigua y noble, el hombre aquel reapareció trayendo consigo… ¡Un par de botas SEGARRA con forro de borreguillo!
Herencia y Descubrimiento
Para otros, el encuentro con Calzados Segarra fue a través de la herencia. Marcelo Suarez Os conocí porque mi suegro llevaba unas botas de montaña vuestras que yo heredé cuando murió. Las utilizaba para ir a buscar setas o pasear por el bosque y eran ideales.
Cuando tuve que jubilarlas hice lo imposible para averiguar de qué marca eran. Finalmente en un mercado semanal del pueblo donde veraneo, en el puesto de calzado que hay me dijeron que aquel modelo era de Calzados Segarra. Desde entonces he probado otros productos vuestros y estoy encantado.
Xavier SauquéSoy minusválido y con 12 años (año 1969) ingresé interno en un colegio, junto con la ropa que tenía que llevar para todo el curso tenía que llevar un calzado para diario y uno para deporte. En una tienda de Sevilla le recomendaron a mis padres para diario unas botas Segarra de cuero, mi primer calzado de la marca, recuerdo que se me quedaron pequeñas después de tenerlas a diario durante meses. Las regalamos en perfectas condiciones, y a partir de esa experiencia, los 7 años interno en el colegio solo usé ese tipo de bota, incluso cuando empecé con las prácticas en el taller era el mejor calzado que podía usar. Hoy con 64 años utilizo zapatillas de senderismo y botas para la montaña, espero no tener que cambiar.
Calidad Duradera y Adaptación al Presente
En la actualidad ya no atravieso ríos por puentes precarios de piedras, ni asalto colinas, ni me admiro tanto de las cosas como cuando era niño, pero sigo admirándome, y mucho, de la calidad que los calzados SEGARRA mantienen, a lo que suman ahora un servicio de ventas moderno y ágil online, del que soy -claro está- el satisfecho cliente que suscribe.
JoseSoy un joven de 50 años de Serra. Yo creo que conocía los Calzados Segarra casi antes de nacer.
