La devoción al Santo Niño de Atocha, tal y como se conoce hoy, nació en América, concretamente en México, aunque sus raíces se encuentran en España. Esta entrañable advocación está envuelta en historia y leyenda, devoción popular y la trayectoria histórica de la Orden de Predicadores en la propagación del «Dulce Nombre de Jesús».
En el Convento de Atocha, se celebró con solemnidad el Santo Niño de Atocha, destacando la figura del «niño» que remite a inocencia y debilidad, así como la importancia del nombre en la identidad. También se resaltó el vínculo histórico de la predicación dominicana con la devoción al «Dulce Nombre de Jesús».
El niño que alimentó la fe de miles con milagros | Santo Niño de Atocha
Orígenes de la Devoción
La historia cuenta que durante la dominación árabe de Madrid, en el siglo XIII, los cristianos fueron encarcelados y se ordenó que solo los niños menores de 12 años podían llevarles comida y agua. Esto significaba que los presos sin hijos de esa edad morirían de hambre.
Las mujeres acudieron a la imagen de Atocha para dar gracias y se sorprendieron al ver que los zapatos del Niño que portaba la Virgen estaban desgastados de tanto caminar. En la Basílica de Atocha siempre hubo una imagen de un Niño Jesús, porque los dominicos promovían en sus iglesias la devoción al Santo Nombre de Jesús.
La Leyenda del Niño Peregrino
La leyenda cuenta que en Atocha, muchos cristianos estaban prisioneros debido a su fe. El califa emitió una orden que permitía solo a niños menores de doce años llevar alimentos a los prisioneros. Aquellos que tenían niños jóvenes podían mantener con vida a sus familiares, pero ¿qué les sucedería a los demás?
Las mujeres del pueblo suplicaban a Nuestra Señora, pidiéndole que las ayudara a encontrar una forma de alimentar a sus maridos, hijos y hermanos. Un joven niño visitaba y alimentaba a los prisioneros que no tenían niños jóvenes que los alimentaran. Ninguno de los niños sabía quién era, pero la pequeña vasija de agua que llevaba nunca estaba vacía, y la canasta siempre estaba llena de pan para alimentar a todos los desafortunados prisioneros que no tenían niños propios que les trajeran alimentos.
Aquellos que habían pedido un milagro a la Virgen de Atocha comenzaron a sospechar acerca de la identidad del pequeño niño. Como una manera de confirmarlo, los zapatos de la estatua del niño Jesús estaban gastados.
La Devoción en México
Hasta México, los españoles llevaron la devoción a la Virgen de Atocha, colocando en un altar de la iglesia de Plateros una hermosa imagen española de Nuestra Señora y su Niño Divino. La imagen desapareció y pronto esculpieron unas nuevas que se podían separar. El Niño aparece vestido de peregrino con la "concha de Santiago" y sostiene una cesta con alimentos.
El Santo Niño de Atocha y los Mineros
Venerado de forma especial en México, es considerado patrón de los mineros. Tras una explosión en las minas de plata de Fresnillo, las esposas acudieron a la iglesia de San Agustín a pedir por sus maridos a la Virgen de Atocha. Al poco tiempo salieron ilesos de la mina, porque un Niño les había llevado agua y les había indicado el camino para salvarse.
El Santo Niño en la Literatura
Desde su publicación hace casi cuatro décadas, la novela más renombrada de la autora Elena Poniatowska continúa siendo Hasta no verte Jesús mió. Publicada como novela testimonial, esta narración -que sigue la vida de una mujer marginada del sur de México- se ha visto de diferentes formas a lo largo de su vida. Al principio más énfasis fue colocado en que fue una especie de libro híbrido compuesto a base de entrevistas que Poniatowska tuvo con la mujer que usó para inspiración para la novela: Josefina Bórquez. Sin embargo, en años más recientes, la autora ha confirmado cada vez más que el texto es un documento de historia oral que narra la vida real de una de las subalternas que se encuentran (o se encontraban) en la capital mexicana.
El Santuario de la Virgen de Atocha en Madrid
En el santuario de la Virgen de Atocha en Madrid nos espera la Madre.
