No sé si alguno de vosotros relacionará directamente el tema de este artículo con la vuelta de las vacaciones. Si es así, está en lo cierto. Y es que la rutina saca lo peor que llevo dentro de una forma primaria y animal. Sin embargo, este artículo quiere ir un poco más allá, al fin y al cabo, somos creadores y los insultos pueden ser un arte en sí mismo.
¿Quién no querría manejar el arte del insulto? ¿Cómo conseguir lanzar un dardo cuyo veneno sea específico para la diana elegida? En definitiva, ¿cómo se inventa un buen insulto? Vayamos por partes, como siempre.
Dice nuestra sempiterna RAE, que un insulto es, en su primera acepción, una ofensa dirigida a alguien, provocándolo e irritándolo con palabras o acciones. Sí, lo confieso, me apetece insultar a todo el mundo, pero con insultos elegantes, que yo soy muy fina.
Todo el mundo conoce una gran variedad de insultos. Los llevamos escuchando desde niños. Forman parte de nuestra forma de ser y varían según la zona geográfica que habitamos. Si tenemos más o menos vocabulario, nuestro abanico será más o menos amplio. Así pues, ¿por qué crear insultos nuevos? ¿Por qué ejercitar el arte del insulto? ¿Por qué utilizar insultos elegantes?
No soy la primera en abogar por el arte del insulto, hay incluso un libro que ahonda mucho más en este tema (500 páginas) y hace un recorrido exhaustivo por este peculiar vocabulario que trasciende la palabra y ha provocado guerras, amores imposibles y desastres de toda índole: El arte de insultar, de Hector Anaya.
¿Qué es un insulto?
Analicemos la definición de insulto que no ofrece la academia. El quid de la cuestión es la ofensa dirigida a alguien concreto. Los insultos más corrientes están al alcance de cualquiera: tonto, estúpido, cabrón… Estos nos los sabemos todos, ¿verdad? Podemos utilizar un insulto común que cuadre para nuestro sujeto. Hay insultos dirigidos hacia el físico, y se centran en una parte anatómica que sobresalga y que podamos exagerar, como en una caricatura. Uno también se puede meter con la capacidad mental o con la reputación. Pero, ¿por qué no crear insultos exclusivos? ¿Palabras ofensivas a la medida del insultado?
Creo que un buen insulto es una estocada certera que deja al contrario de rodillas ante ti. Por eso no sirve cualquier palabra ofensiva. Dicen que la mejor venganza se sirve fría, pero esto no sirve a la hora de insultar. Es como ejercitar un arte marcial: los movimientos deben fluir en caso necesario. Un buen insulto no ha de ser burdo como si golpearas con una piedra, no… debe herir de forma medida. Debe ser un insulto elegante.
Evitando Consecuencias Legales
Una de las ventajas de manejar el arte del insulto es librarte de consecuencias legales. Y no es algo baladí según están los tiempos. Ahora quien no se siente ofendido por algo o por alguien es un espécimen extremadamente raro y las denuncias están a la orden del día. ¿Alguien recuerda esta noticia sobre cierta discusión y la mención a un “caranchoa“? Así que inventar un buen insulto nos puede evitar un disgusto ante los tribunales.
Ya sabemos, a estas alturas, que la RAE solo recoge el habla habitual y lo regula, pero somos libres de crear nuestras propias palabras: neologismos. Si hemos dicho antes que el arte de insultar debe ser elegante y preciso, y además acudir a nuestra boca de inmediato, debemos trabajar en ello. ¿Por qué no empezar mentalmente con ese compañero huelegateras o con un jefe peinabombillas? Ah, ¿que no os suenan estos insultos? En tal caso, deberíais repasar vuestro vocabulario y aprender de las ocurrencias de otros, porque existen insultos verdaderamente geniales y poco usados. Supongo que tampoco conoceréis la historia de algunos de los insultos más conocidos. No os perdáis esta breve antología del insulto, sobre todo el origen de nuestro global “gilipollas” o el intercambio de pareceres entre Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós. Impresionante documento, esos sí son insultos elegantes (por lo menos, en su comienzo).
Antes de agudizar vuestro ingenio, podemos dar una vuelta por mis preferidos. Insultar es un acto de habla, es decir, con las palabras usadas se quiere conseguir algo. En este caso, molestar al receptor: ofenderlo. En muchas ocasiones no se molesta precisamente por la palabra utilizada, sino por el tono usado al pronunciar esa palabra que le crea un contexto único. Por ejemplo, puedo llamar “monstruo” a alguien de forma entusiasta y peyorativa dependiendo de la entonación.
Sin embargo, en este artículo me interesan los insultos creativos. Esos que dejan al insultado pensando durante un segundo el significado de lo que ha escuchado. No es casualidad que la mayoría de mis insultos preferidos sean palabras compuestas. Una palabra compuesta es aquella formada por palabras diferentes y cuyo resultado es otro término nuevo. Las combinaciones pueden ser infinitas y el juego para encajar las dos definiciones y conseguir algo único, muy divertido. ¿Comenzamos?
A continuación enumero veinte insultos que me encantan y por qué.
- Mamacallos: ¡Oh, sí! Pronunciadlo en voz alta. ¿No se os llena la boca por la ofensa? Según nuestra RAE, su definición es: hombre tonto y pusilánime. ¿Qué cosa más tonta y absurda que chupar un callo? ¿Y qué articulista odiosa os ha dejado con esa imagen ocupando vuestra mente? Sí, soy malvada, lo reconozco.
- Tontivano: Un tontivano es un tonto vanidoso, alguien que ni siquiera merece un insulto con más injundia. ¿Os imagináis la escena? El ofendedor mira al futuro ofendido entornando los ojos durante un instante, antes de girar la cabeza hacia el lado contrario mientras deja caer la palabra de entre sus labios, como sin querer: “Tontivano”.
- Papamoscas: Su definición nos lleva hasta “Papanatas”. ¿Y qué significa Papanatas?: palabra compuesto por papar y nata: Persona simple y crédula o demasiado cándida y fácil de engañar. Me gusta porque la propia ofensa conserva cierta candidez, ¿no os parece? Llamar a alguien papamoscas o papanatas es insultarle con cariño.
- Barbitonto: Un insulto que aúna aspecto e intelecto en una misma palabras. Un zasca elegante para decirle a alguien que tiene cara de tonto.
- Bocachancla: ¿Sabíais que nuestro castizo bocachancla no está en la RAE? ¿Quién no se lo ha dicho alguna vez a algún amiguete? ¡Bocazas, charlatán! Pues como os lo cuento, no es un insulto recogido en el diccionario, así que nadie nos puede denunciar por llamárselo.
- Peinabombillas: ¿Hay una acción más absurda que peinar una bombilla? ¿A quién se le ocurriría este insulto? Me parece una combinación genial para llamar a alguien tonto. ¡Peinabombillas! Y el viento traslada la palabra desde la ventanilla bajada de un coche tras un frenazo brusco.
- Cagalindes: Su definición es la de cobarde, pero la verdad es que la imagen que aparece en mi mente cuando escucho este insulto es un personaje de la corte, pañuelo en mano, saltando entre cagarrutas de vaca tras los muros de palacio. ¿Por qué? No lo sé, ¿Qué os sugiere a vosotros?
- Tragasantos: ¡Oh, sí! Me encanta. ¿Quién no ha conocido al típico santurrón que va dando lecciones de moral? Un insulto contundente y preciso para poner los puntos sobre las íes.
- Vidaperdurable: Vamos, que no se calla ni debajo del agua. ¿No os ha pasado alguna vez que el tiempo se detiene cuando estás con cierta persona, pero no es una sensación agradable? Minutos lentos mientras cuenta esa anécdota floja y absurda de nuevo, recreándose en los detalles. Un pesado, vaya.
- Tragavirotes: Dice la RAE que es un hombre serio y erguido en demasía. O esta otra definición del año 1611 en la que Sebastián de Covarrubias define este insulto en su libro “El Tesoro de la Lengua Castellana o Española” como “hombres muy derechos y muy severos, con una gravedad necia, que no les compete a su calidad”. En definitiva, el estirado de toda la vida. Pero diciéndolo con un je ne sais quoi más “apañado”.
- Pisaverdes: Hombre presumido y afeminado, que no conoce más ocupación que la de acicalarse, perfumarse y andar vagando todo el día en busca de galanteos. Esta definición, así, tal cual, está un poco desfasada. Pero, ¿no creéis que es un insulto perfecto para cierta fauna que abunda en los platós de televisión pavoneándose?
- Viceversa: Persona indecisa, veleta, contradictoria. Lo confieso, yo soy una viceversa (Y no, no tengo nada que ver con cierto programa de televisión, ¡ni siquiera penséis en eso, que este insulto vale mucho más!)
- Tiralevitas: Persona aduladora. Es decir, un pelota capaz de estirar y arreglar la levita del superior para conseguir su favor. ¿Estáis pensando en algún compañero de trabajo? ¿Sí? ¿Soy capaz de leeros la mente? ¿No os apetece susurrarlo tras un sorbo de café al ver aparecer a cierto sujeto jactándose de su amistad con el jefe?
- Huelegateras: Me encanta este insulto, es maravilloso. ¿Quién va oliendo los agujeros que los gatos utilizan los gatos para entrar y salir de las casas? ¡Sí! Una persona cotilla y entrometida, la vieja del visillo, el vecino que se aposenta en el banco de la calle y registra los movimientos de todos los portales. Otra muestra del arte del insulto.
- Quitahipos: Persona que por su aspecto o fiereza causa espanto; sujeto malencarado y astroso que produce miedo, prevención o sorpresa grandes. Un tipo feo de narices, y pavoroso y que da susto. Alguien con quien no querrías encontrarte en un callejón oscuro. Aunque dudo que en ese caso te salga un: ¡Menudo quitahipos! No, no lo veo… Pero no digáis que no es un insulto que suena muy bien.
- Cuerpoescombro: Hombre, si además de quitahipos, alguien es un cuerpoescombro, la naturaleza se ha lucido con él. Porque significa que es muy delgado, de pocas carnes. Otro insulto elegante y ocurrente, ¿no os parece? Ves a una amiguete por la calle y con una palmadita en el hombro le espetas: “¿qué pasa, cuerpoescombro?”.
- Escornacabras: He aquí el mayor misterio de este artículo. Figura en un montón de listados como insulto, pero no he encontrado referencias sobre su uso, ni sobre lo que significa. ¿Queréis jugar? ¿Os atrevéis a proponer definiciones? Algún compañero ha sugerido que puede ser un sinónimo de cornudo o cabrón porque el arbusto llamado escornacabras parece tener cuernos. Yo soy de otra opinión y mi sugerencia es alguien temerario y demasiado audaz, capaz de hacer que una cabra se escuerne.
- Habahelá: Me encanta. ¿Para qué sirve una haba helada? Para tirarla a la basura, ¿verdad? Alguien inútil, que no sirve para nada. ¡Sí! Aún tengo fe en la humanidad cuando leo estas muestras de creatividad. ¡Viva el arte del insulto!
- Pataliebre: Persona que siempre se equivoca. Si se planea algo en grupo, siempre hay alguien al que se mira y todo el mundo reza para que esa vez no ocurra. Pero el karma existe. Ese amigo que todos sabemos es un pataliebre (la antítesis de una pata de conejo).
- Cansalmas: Persona pesada que repite una y otra vez las mismas historias. ¿Qué mejor acompañamiento para el anterior “vidaperdurable”? Ya sabéis, cuando os encontréis con alguien muy cansino, ampliad su vocabulario con un: “No me seas cansalmas, ni vidaperdurable”.
Hasta aquí mi artículo de vuelta al cole. ¿Os gustaría añadir o comentar alguna cosa? ¿Os atrevéis a proponer una definición a nuestro insulto misterioso: escornacabras? ¡Animaos y comentad!
Os confieso que estoy mucho más relajada después de escribir este artículo. El arte de insultar es terapeútico. Palabra del día.
Insultos en otros idiomas
Aprender una lengua supone mucho más que dominar su gramática y pronunciación. Vocabulario a destajo (donde no faltan palabras en francés de lo más extrañas), expresiones y coletillas, dichos y refranes, e incluso insultos forman parte indivisible de un idioma. Pues hete aquí que hoy toca hablar de los insultos en francés más habituales (más o menos graciosos, más o menos graves, e incluso insultos en francés más o menos útiles).
Porque, para qué vamos a negarlo, maldecir al convecino en el idioma que se destila al otro lado de los Pirineos tiene un no sé qué muy especial. De todos modos, mucho cuidado: te traemos aquí estos insultos en francés y su significado en español sólo para que sepas reconocerlos, no para que los utilices (un gran poder conlleva una gran responsabilidad…). Como hemos dicho, saberlos es necesarios para dominar el idioma. Aunque si lo que quieres es aprender (pero aprender lo que se dice aprender) francés entonces te recomendamos optar por una academia.
A continuación, una tabla con algunos insultos en francés y su significado:
Insultar en francés: 8 insultos y groserías (muy fuertes) que usan los nativos
| Insulto en francés | Pronunciación (aproximada) | Significado en español |
|---|---|---|
| Merde! | Merd | ¡Mierda! ¡Joder! |
| Débile/Bête/Idiot(e)/Stupide | De-bil/Bet/Ee-dee-ot/Stu-pid | Débil/Tonto/Idiota/Estúpido |
| Con(ne) | Con | Idiota, imbécil |
| Enculé(e) | On-cu-le | Gilipollas, imbécil (muy vulgar) |
| Va te faire foutre! | Va te fer futr | ¡Que te jodan! |
| Salaud(e) | Sa-lo | Cerdo, asqueroso |
| Cochon(ne) | Co-shon | Cerdo, guarro |
| Ta gueule! | Ta ghel | ¡Cállate! |
| Nique ta mère! | Nik ta mer | ¡Que te jodan a tu madre! (muy ofensivo) |
Es importante recordar que el uso de insultos, en cualquier idioma, debe hacerse con precaución y conocimiento del contexto social y cultural. El respeto siempre debe ser la base de la comunicación.
Charles Baudelaire se quedó sin habla a los 45 años. Pasaba sus últimos días en un hospital de monjas agustinas y solo era capaz de pronunciar una frase: Non, crénom! (algo así como ¡Maldita sea!). Pero esta vez el escritor no intentaba escandalizar a la burguesía ni explorar la belleza de lo execrable. El autor de Las flores del mal padecía afasia, un trastorno del lenguaje.
«Podríamos decir que Baudelaire solo podía blasfemar por culpa de una bacteria y un parásito», indica Parra. «Puede que su caso fuera una de las primeras pruebas documentadas de que el lenguaje obsceno ocupa una parte diferente en el cerebro a la que aloja a las neuronas que codifican y decodifican los mensajes convencionales. De la palabra joder se puede sacar un idioma. Tiene significados a destajo. El principal es «practicar coito», pero hay muchos más: aguantarse, fastidiarse, estropearse, molestar, destrozar… Es también la palabra del respingo cuando alguien se enfada, se asombra, se asusta.
Si en una sociedad no se puede hablar de sexo, los insultos relacionados con él escandalizan más. En ¡Mecagüen! cito un estudio que muestra que los insultos varían en función de cada cultura y cada país. Por ejemplo, en Alemania y Estados Unidos usan muchos insultos relacionados con el ano. En Croacia, con los genitales masculinos. En Francia, con los genitales femeninos. En Noruega, con el demonio.
En España, Italia y Grecia, se hace referencia, sobre todo, a la inteligencia: tonto, imbécil, estúpido, subnormal. Pocas palabras tienen más sinónimos en español que puta; quizá ninguna. Cuenta Sergio Parra en ¡Mecagüen! que Camilo José Cela recopiló 111 en El diccionario secreto. Y a la vez es una voz con decenas de significados: no siempre se refiere a la prostitución. Es una palabra tan usada que se amplifica, se achica: putilla, putón, putón verbenero, putón desorejado, y que ha creado una familia de voces alrededor. A las prostitutas que andan por la calle, también las llaman callejeras, esquineras, correcalles, trotacalles.
Del latín viene el follar. El asunto empezó con un sustantivo, follis, que significa fuelle (‘pieza para avivar el fuego’). Vino entonces el verbo, follicare, que significa ‘respirar como un fuelle, resollar, jadear’. Pero la voz no queda ahí. Follar, como muchos otros tacos, es un disparadero de muchas otras palabras y expresiones. También se emplea para indicar fastidio (estoy jodido o su variante jodido pero contento). Para decir que han matado o eliminado a alguien de un juego (lo han follado). Para expresar velocidad (va follado vivo).
Los niños y adolescentes de hoy dicen muchas más palabrotas que las generaciones anteriores. El lenguaje soez ya no escandaliza tanto. Hay más tolerancia hacia el insulto. Hay más libertad y menos tabúes. Al decir tantas palabrotas, estamos devaluando sus efectos. Al abusar de ellas, les quitamos su poder y estamos perdiendo una herramienta muy potente. Este tipo de palabras deberían utilizarse solo en momentos concretos. Yo las comparo con las lágrimas. Si alguien está siempre llorando, no le damos importancia.
Hay muchas palabrotas que se han convertido en una especie de comodín. Por ejemplo, cabrón, cabronazo. Otras, las seleccionadas por la corrección política, se han vuelto un tabú. Pero hay un error metodológico en esta teoría basada en elegir unas supuestas palabras peligrosas que incitan a pensar y actuar mal. La corrección política se basa en una hipótesis que tiene más de 80 años: creer que al cambiar el lenguaje, se cambia el comportamiento. El lenguaje políticamente correcto es una pérdida de tiempo si queremos cambiar actitudes de la gente.
En la reciente campaña a las elecciones generales nos hemos hartado de oír insultos de lo más zafio. Creo que intentan acercarse a la gente. Quieren hablar como el pueblo llano. Esto lo vemos también en programas como La Sexta Noche: usan este lenguaje porque quieren conectar con la gente. Pero yo no lo veo preocupante. En Australia, un país absolutamente democrático, se insultan mucho en el parlamento. El primer ministro y un político de la oposición se enzarzaron en una discusión y empezaron a llamarse cabronazo, meaculos, timador inmundo…
Lo obsceno del lenguaje depende del lugar en el que se escucha.
Empezamos este manual, nunca mejor dicho, con el gesto indecoroso más universal: levantar el dedo corazón se entiende como un desprecio vulgar hacia la otra persona y, muchas veces, como una provocación. Aquí lo conocemos como ‘peineta’ pero no tiene tradición flamenca sino que viene desde la antigua Grecia: los personajes de Aristófanes ya sacaban el dedo a pasear con un significado idéntico al actual.
En Turquía es sinónimo del dedito de Jennifer Lawrence y Miley Cyrus… A ellas se lo perdonarían, incluso a Keanu Reeves también. A ti, va a ser que no.
Doblar el puño y agitarlo varias veces seguidas con movimientos bruscos se traduce como un deseo de darse una pequeña alegría en el plano sexual. En Reino Unido, este ‘zambomba style’ dedicado a otra persona se toma como un insulto más que como una invitación a la lujuria compartida.
Levantar el dedo pulgar se entiende en España y muchos otros países como un gesto de aprobación y también es bastante universal como técnica de autostop. En Tailandia no te parará ningún coche, porque allí tiene un significado similar a sacar la lengua. En Irán y otros países de Oriente Medio a lo mejor te conducirán hasta la cárcel, porque lo interpretan literalmente como quieres introducir ese dedo por un orificio concreto de su cuerpo. Que no es la oreja.
Mientras formar una uve con los dedos es el gesto de la paz en unos países y de la victoria en otros, para Inglaterra y otros territorios de la Commonwealth también significa una declaración de guerra. Si tienes más de 14 años, también lo puedes utilizar para tus posados en Instagram si quieres parecer internacionalmente ridículo. La alternativa es mirar esta guía de 10 trucos para salir bien en las fotos sin recurrir a eso.
En España usamos el dedo índice para indicar a alguien que se acerque… En países como Filipinas, tiene el mismo significado que el ‘me gusta’ cuando quieres ligar en Tinder: es un gesto directo de que quieres tomar un té con pastas tener sexo con esa persona.
Si estás familiarizado con Gandía Shore y otros documentales de naturaleza similares, sabrás que en las peleas se puso de moda la frase “habla con mi mano” para cortar la argumentación del rival plantándole tu palma delante de la cara. Podría considerarse una versión bajuna del ‘mundsa’ en Grecia; allí, este gesto es una ofensa, más directa cuanto más se acerque la mano al rostro. Para mí siempre será el "No me vas a grabar más", Isabel. O el "claro que te la tapo", Carmina.
Leyendo este artículo te habrán dado ganas de meter las manos en los bolsillos la próxima vez que cojas un avión y no sacarlas hasta volver a casa. Error. En casi todo el mundo, especialmente en países como Japón o Alemania, ese gesto es una muestra de que quien te está hablando te interesa tanto como El Padrino III (que en realidad es mucho mejor de lo que recuerdas).
El mismo movimiento que utilizamos para extraer el ketchup de los botes de cristal (dice la leyenda que una vez un tipo de Arkansas logró echarse la cantidad que deseaba), se usa en Chile para indicar que alguien tiene el pene pequeño. Por decoro biológico, hemos preferido no ahondar en la intrahistoria de este gesto.
El villano de Austin Powers popularizó el gesto de sacar a pasear el dedo meñique. El único truco de magia al alcance (casi) todos los padres se utiliza en países como India para ahuyentar los malos espíritus. Cruzar los dedos a nivel universal es un gesto para pedir suerte, pero en Vietnam, ojo con la sutileza, se interpreta también como una representación de los genitales femeninos.
Meter y sacar (empieza bien este texto) el dedo índice de una mano por el hueco que queda entre el puño cerrado de la otra es una buena forma de explicar cómo se fabrican los bebés y, si estás en ciertos países de Latinoamérica, también vale para informar a tu interlocutor de que su madre ejerce el oficio más antiguo del mundo. Pero de buen rollo, claro.
Saltamos al espacio exterior: separar los dedos como el capitán Spock es un saludo cordial para los habitantes de Vulcan, pero no será bien recibido entre los klingons. Si has entendido esto, lo puedes usarlo para decir “hola” a tus amigos íntimos… Como recomendación práctica, sugerimos que no se use en una primera cita a menos que ella lleve las trenzas de la princesa Leia.
Ese mismo significado de desprecio se repite al cerrar el puño a la altura de la boca y tensar la mejilla con la lengua, coordinando el movimiento con la precisión de un metrónomo. Si piensas que te están ofreciendo un chupachups… Eres adorable. El gesto, de tan obvio, es universal.
El gesto número uno de este ranking a veces sabe a poco cuando el receptor de nuestro mensaje digital merece un ensañamiento mayor. Para esos casos de extrema necesidad, en la India cuentan con el insulto de los insultos: cerrar el puño y chasquear la uña del pulgar con los dientes. Por cada golpecito te estás acordando de su padre, de su madre…
Cualquiera que haya viajado a países de tradición árabe sabe que es altamente recomendable evitar el contacto con las manos izquierdas ajenas… Si extiendes la tuya para saludar, les estarás diciendo casi literalmente que se vayan a donde Fernán Gómez mandaba a sus fans.
El clásico gesto que iría acompañado de un “ups” cobra un significado peculiar en Italia: mover la mano delante de la boca quiere decir allí algo así como “Me importa un bledo”. Súmale un “vaffanculo” bien paladeado y te confundirán con un autóctono.
