El divorcio, una realidad cada vez más presente en nuestra sociedad, implica un proceso complejo que afecta no solo a los cónyuges, sino también, y de manera significativa, a los hijos. Si bien el divorcio disuelve el vínculo conyugal, el vínculo parental persiste, uniendo a los padres en la tarea de criar a sus hijos. Este cambio estructural transforma la familia nuclear original en una familia binuclear, con dos núcleos representados por la casa de la madre y la casa del padre.
Para que esta nueva configuración familiar sea viable, se requiere el ejercicio conjunto de la parentalidad o coparentalidad. Es decir, la familia del divorcio funciona en la medida en que los padres cumplen conjuntamente las funciones de crianza, priorizando el bienestar de sus hijos por encima de sus diferencias.
Etapas del Divorcio y su Impacto en los Hijos
El proceso de divorcio puede dividirse en varias etapas, cada una con sus propios desafíos y efectos en los hijos:
- Etapa de Predivorcio: Esta fase se caracteriza por el conflicto manifiesto, donde los problemas de pareja se intensifican, generando insatisfacción, malestar y desilusión. Se inicia un alejamiento emocional y físico, aunque pueden existir intentos de reconciliación.
- Etapa Postdivorcio: En esta etapa, los hijos pueden experimentar un conflicto de lealtades. Sin embargo, también es una fase importante para la elaboración del duelo, el establecimiento de nuevas amistades y rutinas, y la aceptación de la pérdida.
Efectos a Largo Plazo del Divorcio en los Hijos
Judith Wallerstein, en un estudio de seguimiento de 25 años a 131 niños, encontró que los efectos del divorcio no se limitan al período de la separación, sino que trascienden a lo largo de toda la vida. Los niños que crecen en hogares divididos son más propensos a enfermar y pueden experimentar una serie de problemas emocionales y de conducta.
Estos factores emocionales se originan juntos. Por si fuera poco, los niños que crecen en hogares divididos son más propensos a enfermar.
A corto plazo, pueden tener sentimientos de tristeza, soledad y depresión y, además, sentir que deben lealtad a los padres y pensar que deben tomar partido en la situación. Algunos, aparentemente, no se sienten tan comprometidos en el evento, pero son los que realmente pueden salir más afectados durante el proceso. Generalmente, se sienten tristes y extrañan mucho al padre que deja el hogar; puede ser que los niños sean difíciles de disciplinar y no acaten las normas y condiciones que pone el padre que se queda.
Es muy posible que busquen apoyo fuera de la familia; de ahí, la importancia de conservar buenas relaciones con las familias de ambos padres. Los niños de padres divorciados presentan un mayor riesgo de padecer problemas de salud física, entre ellos: obesidad, asma, cáncer, hipertensión y enfermedades de tipo coronario. Igualmente, se han encontrado alteraciones psicosomáticas, como dolores de cabeza y estómago.
Síndrome de Alienación Parental y Otros Conceptos Relacionados
Gardner, psiquiatra norteamericano, acuñó en 1985 el término “síndrome de alienación parental” (SAP), que se produce por la manipulación o programación del padre con custodia en desventaja del otro. Como contrapunto a este síndrome, se han propuesto dos denominaciones nuevas: el síndrome de confusión filial (SCF) y el síndrome de indefensión parental (SIP).
Como corolario, el padre fue absuelto de los presuntos abusos sexuales por un defecto de forma en la grabación de la exploración de la niña en los propios juzgados. Eso supuso el continuo acoso judicial a la madre por parte del padre y familiares cercanos.
Consejos para Padres Divorciados
La ruptura de la pareja suele producir en los progenitores dos tipos de problemas, el ajuste personal al divorcio y la adaptación al nuevo y diferente papel de progenitor divorciado. Tanto hombres como mujeres suelen presentar estrés, ansiedad y pérdida de autoestima, y con mayor intensidad quienes no han tomado la decisión de separarse.
Estos frecuentemente se sienten: sorprendidos, heridos, rechazados, furiosos, avergonzados, traicionados y devastados, padeciendo enorme confusión emocional, acompañada de rabia y pérdida; quienes toman la decisión de la ruptura de pareja, especialmente si esta tiene hijos, pueden sentirse culpables, y mantener cogniciones y sentimientos contradictorios. Todo ello les transforma, en muchos de los casos, en personas vulnerables y en gestores incompetentes de sus vidas, especialmente como progenitores.
Para minimizar el impacto del divorcio en los hijos, es fundamental que los padres sigan una serie de recomendaciones:
- Explícales lo que sucede con claridad: Utiliza un lenguaje que puedan entender, adaptado a su edad y nivel de comprensión.
- Hazles saber que no es su culpa: Muchos niños se sienten culpables por la separación de sus padres, creyendo que su comportamiento ha contribuido al divorcio.
- Dales los detalles que necesitan saber: Responde a sus preguntas de manera honesta y directa, sin entrar en detalles innecesarios.
- Valida sus emociones: Permíteles expresar sus sentimientos de tristeza, confusión o enojo, y bríndales apoyo y consuelo.
- Mantén la rutina: Los hábitos cotidianos les brindan seguridad y estabilidad en un momento de cambio.
- No hables mal del otro progenitor: Evita criticar o desprestigiar al otro padre, ya que esto puede generar un conflicto de lealtades en los hijos.
- No los abandones ni descuides: Asegúrate de que se sientan amados y apoyados por ambos padres, tanto física como emocionalmente.
La Importancia del Apoyo Familiar y Profesional
Las familias, cuando viven la separación de los progenitores, necesitan apoyo. No olvidar a la familia extensa, abuelos, tíos y primos, que tienen un gran significado para los niños: les sirve de apoyo para la superación del difícil momento, como elemento protector de la situación de abandono que los acompaña.
Estas relaciones son importantes; pero es necesario, como pediatras, aclarar las condiciones y establecer una unidad en las normas que se tendrán. Los tribunales de familia se han convertido en una sala de urgencias para tratar los problemas familiares. Por lo tanto, tenemos que intensificar nuestros esfuerzos para mejorar el sistema de justicia familiar. Urge humanizar los aspectos legales, judiciales y psicológicos del divorcio. Es necesario renovar los tribunales de familia, buscando la eficacia, la cual, está relacionada con la creación de tribunales de familia unificados.
De esta forma, se podría asegurar una intervención integral que considerase los problemas que subyacen en cada caso, legales y no legales, para incidir positivamente en las vidas de las familias y los niños que participan en los procesos legales. Para apoyar a nuestros niños después del divorcio, acordémonos de observarles, escucharlos, explicarles, prepararlos, cumplirles, protegerles y abrazarles.
