Movimiento de la Placenta en el Embarazo: Causas y Riesgos

La placenta es un órgano fundamental que se desarrolla durante el embarazo, estableciendo una conexión vital entre la madre y el bebé. Su formación comienza en el momento en que el embrión se implanta en la pared uterina.

Posición de la Placenta y sus Variaciones

La situación de la placenta en el útero puede condicionar el parto, sobre todo cuando se trata de una placenta previa. En la gran mayoría de los casos no hay problema: se trata de un embarazo único y la placenta suele insertarse de forma normal en una pared del útero. Y según sea su localización, hablamos de placenta de cara anterior, posterior o fúndica.

  • Placenta anterior: Se encuentra insertada en la cara uterina más próxima al ombligo de la madre.
  • Placenta posterior o fúndica: Son consideradas normales durante el embarazo y no conllevan ningún control especial ni riesgos específicos.

La única posible repercusión es que la placenta anterior puede hacer que las mujeres comiencen a percibir movimientos fetales de forma más tardía. En estos casos la placenta funcionaría como una especie de amortiguador de estos movimientos, como una almohada. En cuyo caso, hasta que estos no son más intensos, no son percibidos por la futura mamá.

Placentas de Localización Baja

Por otro lado, estarían lo que llamamos las placentas de localización baja. Estas placentas no se considerarían normales y precisan un seguimiento especial.

  • Placenta previa parcial o marginal: Se encuentran cerca del cuello del útero, que pueden en algún momento del embarazo tapar el orificio cervical interno. Pero conforme va aumentando la gestación y el útero se hace más grande, suelen ir alejándose de este orificio cervical interno. Por lo tanto no suelen impedir el parto, aunque sí se recomienda una estrecha vigilancia del mismo porque suele haber mayor posibilidad de sangrado.
  • Placenta previa total: Son las que se insertan sobre el cuello del útero y que impiden de forma completa el parto normal. Estás placentas pueden producir sangrados durante el embarazo o si se desencadena el parto.

Placenta Previa: Una Anomalía en la Colocación

La placenta previa es una forma anómala de colocación de la placenta. Se habla de placenta previa cuando esta se posiciona cubriendo parcial o completamente el orificio cervical interno o cuello del útero. Entre un 0,3 y un 0,8% de los embarazos se ven afectados por esta anomalía, dependiendo de las características del grupo de población investigado.

Al principio del embarazo, lo normal es que la placenta se coloque en la parte baja del útero y a medida que éste crece, se va desplazando y subiendo. Cuando la placenta es oclusiva al final del embarazo no permite el parto vaginal y habría que hacer una cesárea.

Tipos de Placenta Previa

No se debe confundir la placenta baja con la placenta previa:

  • Tipo I. Placenta baja.
  • Tipo II. Placenta marginal.
  • Tipo III. Placenta oclusiva parcial.
  • Tipo IV. Placenta oclusiva total.

Además, a partir de la semana 24 de gestación, un sangrado vaginal de color rojo brillante e indoloro puede indicar que existe placenta previa. Es el síntoma principal de esta anomalía, pero no sucede en todos los casos. El diagnóstico deberá ser confirmado mediante una ecografía.

Factores de Riesgo Asociados a la Placenta Previa

Se asocia una mayor probabilidad de sufrir placenta previa en los casos en que:

  • La embarazada ha pasado por alguna cesárea con anterioridad.
  • Tiene un alto número de embarazos previos o de abortos tanto espontáneos como inducidos.
  • Su edad es avanzada.
  • Ya se ha tenido una placenta previa en otro embarazo.

La placenta previa incrementa en 8 veces el riesgo de sufrir un parto prematuro.

Manejo de la Placenta Previa

El procedimiento a seguir cuando se detecta un caso de placenta previa depende mucho de la semana de gestación y de la cantidad de sangre que haya perdido la madre. En caso de que la hemorragia sea leve, se puede esperar hasta la semana 36, cuando el bebé ya esté lo suficientemente maduro como para realizar una cesárea. Si la hemorragia es abundante y no se detiene, lo más probable es que se requiera la hospitalización de la embarazada. Si el bebé ya está maduro para salir, se realizará una cesárea.

Desprendimiento de Placenta: Una Complicación Grave

El desprendimiento de placenta es una complicación grave que puede ocurrir durante el embarazo, generando preocupación sobre la salud tanto de la madre como del feto. Cuando ocurre una separación, total o parcial, de la placenta antes del parto es lo que se conoce como desprendimiento prematuro de la placenta. Esta complicación gestacional suele tener lugar al final del tercer trimestre de gestación.

Este fenómeno, en el cual la placenta se separa prematuramente del útero antes del nacimiento, puede tener consecuencias significativas. Los síntomas pueden variar en gravedad, y algunas mujeres pueden experimentar esta condición sin presentar síntomas evidentes. El diagnóstico suele basarse en la evaluación clínica de los síntomas y en pruebas adicionales. En casos leves, se puede optar por un manejo conservador, pero en situaciones más críticas, puede ser necesario realizar una cesárea de emergencia para evitar complicaciones mayores.

El desprendimiento prematuro de placenta o abruptio placentae es la separación total o parcial de la placenta de su unión al útero antes de que se produzca el parto. Suele producirse en el tercer trimestre del embarazo aunque puede ocurrir en cualquier momento a partir de la semana 20 (antes de la semana 20 se considera aborto). Se produce en 1 de cada 150 embarazos y su incidencia parece ir en aumento. Supone una causa importante de problemas para la madre y el feto y de mortalidad fetal.

La causa inmediata del desprendimiento prematuro de placenta, es la rotura de los vasos sanguíneos de la madre en la zona en la que se unen a los vasos sanguíneos del feto. El acúmulo de sangre que se produce en el lugar de la rotura (hematoma), va despegando la zona de unión entre el útero y la placenta. La porción de placenta despegada no puede realizar el intercambio de nutrientes y oxígeno entre madre e hijo; así, cuando la porción de placenta todavía unida al útero es incapaz de compensar la funcionalidad perdida, se pone en peligro la vida del feto.

Desprendimiento de placenta: ¿Es una complicación grave? 😓 | Maternar.co

Síntomas del Desprendimiento de Placenta

Las principales señales del desprendimiento de placenta son la hemorragia vaginal y contracciones uterinas de gran intensidad. La cantidad de sangrado variará según la magnitud de placenta desprendida. Por ejemplo, si se produce un desprendimiento de placenta leve, el sangrado será ligero. En cambio, si se produce un desprendimiento de placenta elevado, el sangrado será abundante.

Otros síntomas que se asocian al desprendimiento de la placenta en el embarazo:

  • Dolor abdominal.
  • Caída de la presión arterial.
  • Sensibilidad uterina.
  • Dolor de espalda.
  • Sentir menos los movimientos del bebé.

En ocasiones, las embarazadas no sienten molestias pese a estar sufriendo un desprendimiento de la placenta. En estos casos, la separación placentaria se detecta casualmente cuando se realiza una ecografía.

Causas y Factores de Riesgo del Desprendimiento de Placenta

Las causas por las que se puede producir el desprendimiento de placenta no son bien conocidas, pero se suele asociar a varios factores tales como: la hipertensión materna gravídica o previa al embarazo, rotura prematura de ciertas membranas de sujeción, traumatismos externos, consumo de cocaína o la presencia de miomas uterinos.

Otros factores de riesgo para esta complicación gestacional son los siguientes:

  • Desprendimiento de placenta previo.
  • Infección dentro del útero.
  • Edad de la mujer superior a los 40 años.
  • Tabaquismo.
  • Falta de oxígeno a la placenta.

Además, las anomalías en útero, los trastornos en la coagulación sanguínea y un elevado número de partos previos también incrementan el riesgo de que ocurra un desprendimiento prematuro de la placenta.

Clasificación del Desprendimiento de Placenta

El desprendimiento de la placenta puede ser total o parcial, en función de si la placenta se separa de la pared uterina en toda su base de implantación o sólo por una parte. Ante este hecho, el espacio que queda hueco es ocupado por un hematoma o acúmulo de sangre que puede quedar retenido sin generar hemorragia o salir a través del cuello uterino y dando lugar a un sangrado vaginal. Generalmente, el sangrado vaginal que se produce por el desprendimiento de la placenta suele ser de color muy oscuro.

Con todo ello, es obvio que el mayor riesgo para el feto que comporta este incidente es que con el desprendimiento placentario se interrumpa el intercambio sanguíneo con la madre, mediante el cual le llegan los nutrientes al pequeño. Por tanto, cuando el desprendimiento placenta es total se produce inevitablemente la muerte del feto.

Por el contrario, el mayor riesgo para la madre es que se produzca una gran hemorragia intrauterina que tarde en ser diagnosticada y tratada y si, además, se alteran los mecanismos de coagulación sanguínea el riego es grave.

Tipos de desprendimientos de placenta según la severidad de los síntomas:

  • Desprendimiento de placenta de grado 0: Embarazadas asintomáticas cuyo diagnóstico se produce tras el parto.
  • Desprendimiento de placenta de grado 1: Caracterizado por un leve sangrado, pero sin suponer peligro ni para la vida de la madre ni del bebé.
  • Desprendimiento de placenta de grado 2: Se produce sangrado, pero no hay choque de presión arterial. Además, la frecuencia cardíaca del feto aumenta.
  • Desprendimiento de placenta de grado 3: Ocurre una hemorragia de gran intensidad, además de una caída de la presión arterial intensa y termina con la muerte fetal.

El desprendimiento de placenta más habitual es el de grado 1; mientras que el menos común y que solo ocurre raras veces es el de grado 3. En cualquier caso, si la embarazada siente cambios o algún sangrado, deberá comunicarlo al especialista médico de manera inmediata.

Diagnóstico y Tratamiento del Desprendimiento de Placenta

El desprendimiento prematuro de la placenta se diagnostica mediante diferentes pruebas de imagen y análisis de sangre, aunque el principal signo de esta condición es sufrir una hemorragia.

Una vez que se ha producido y diagnosticado la separación de la placenta, no se puede volver a adherir a la pared uterina. Sin embargo, existen algunas formas de tratamiento para esta complicación gestacional dependiendo de las circunstancias de cada embarazo.

Cuando el desprendimiento de la placenta ocurre hacia el final del embarazo y la fecha probable de parto está cerca, se inducirá el parto. En el caso de que sea un desprendimiento de placenta leve, se podrá llevar a cabo un parto natural. De lo contrario, el especialista realizará una cesárea.

En cambio, si el desprendimiento de la placenta no sucede hacia el final de la gestación, será necesario valorar su severidad. Si la separación placentaria es leve, la frecuencia cardíaca fetal no aumenta y el sangrado se detiene, la embarazada deberá hacer reposo. Sin embargo, si fuera necesario el nacimiento del bebé de manera prematuro, la mujer deberá tomar ciertos medicamentos para ayudar a la maduración del bebé.

Por último, cuando el sangrado es de gran intensidad y no cesa, la mujer será hospitalizada y probablemente requiera una transfusión sanguínea. No obstante, cada embarazo y cada situación es diferente, por lo que se deben seguir las recomendaciones médicas en todo momento.

Publicaciones populares: