Gastroenteritis en Niños: Causas, Síntomas y Cuidados Esenciales

La gastroenteritis es un trastorno digestivo común en niños, especialmente menores de 5 años. Se caracteriza por la inflamación del revestimiento del estómago y los intestinos, lo que provoca síntomas como diarrea, vómitos y dolor abdominal. A continuación, exploraremos en detalle esta condición, sus causas, síntomas, prevención y tratamientos.

¿Qué es la Gastroenteritis?

La gastroenteritis consiste en la inflamación de la pared o revestimiento que cubre el estómago y de los intestinos. Esta hinchazón se traduce en la aparición de diarrea, normalmente de inicio brusco, y que puede ir acompañada de vómitos, fiebre o dolor abdominal. La duración de esta dolencia es variable, ya que suele curarse por sí sola en unos pocos días, aunque puede prolongarse hasta dos semanas.

¿A quién afecta?

Se trata del trastorno digestivo más frecuente en niños y, según la Asociación Española de Pediatría (AEP), causa de muchos ingresos hospitalarios y de pérdida de días de colegio. No suele ser una patología grave, al menos en nuestro entorno, pero sí muy habitual en niños menores de 5 años.

¿Qué la causa?

La causa de la gastroenteritis suele ser una infección, ya sea bacteriana, vírica o, en menos ocasiones, por un parásito intestinal. Como se describe en el contenido general de gastroenteritis, los rotavirus son los principales causantes de la gastroenteritis en niños menores de dos años y la primera causa de hospitalización en menores de cinco años. Otras causas, como las infecciones fuera del aparato digestivo (otitis o infecciones del tracto urinario en los primeros meses de vida) u otras de origen no infeccioso (intolerancias alimentarias, tóxicos u otras enfermedades), también pueden provocar diarrea, pero son mucho menos frecuentes.

Síntomas de la Gastroenteritis Infantil

La diarrea es el síntoma más característico de la gastroenteritis infantil, que se manifiesta en forma de deposiciones blandas, llegando a ser incluso acuosas o líquidas, y en un número mayor de lo habitual. A veces, puede aparecer mucosidad e incluso sangre en las heces. Además, la diarrea puede combinarse con otra sintomatología como:

  • Vómitos.
  • Inapetencia.
  • Dolor abdominal en forma de retortijones.
  • Fiebre.

Complicaciones y Deshidratación

El mayor peligro para los niños afectados (sobre todo los más pequeños) por la gastroenteritis es que la diarrea líquida y los vómitos frecuentes desemboquen en un cuadro de deshidratación. Este puede producirse cuando el intestino no es capaz de tolerar o retener los líquidos y las sales durante días. Ciertos signos de fácil identificación pueden alertarnos de que un niño está deshidratado: boca seca, llanto sin lágrimas, ojos hundidos, menor cantidad de orina…

Prevención del Contagio

La gastroenteritis vírica se contagia con gran facilidad y de persona a persona. Generalmente, se propaga de la mano a la boca, pero también puede propagarse al estornudar y al escupir. En este sentido, los niños son especialmente proclives a contagiarse entre ellos, debido a su manera relacionarse y de jugar, en la que hay mucho contacto físico.

Por todo ello, la mejor medida de prevención es extremar la higiene y sobre todo, lavarse bien las manos tras ir al baño, antes y después de comer y después de cambiar un pañal.

Diagnóstico y Tratamiento

Para diagnosticar a un niño de gastroenteritis al médico le bastará con constatar que padece los típicos síntomas anteriormente expuestos y no hace falta realizar pruebas diagnósticas complementarias.

Con el fin de evitar la deshidratación, el niño ha de beber líquido cada vez que se produce un vómito o una deposición, de forma que así reponga el líquido que ha perdido. Pero es importante no forzar al pequeño a beber, sino darle el líquido solo si tiene sed y en pequeñas cantidades, siguiendo las indicaciones del pediatra. En este sentido, son recomendables las soluciones o sueros de rehidratación oral y deben evitarse las bebidas isotónicas para deportistas, así como los zumos y refrescos, ya que tienen gran cantidad de azúcar, que no es recomendable en estos casos de gastroenteritis.

Respecto a la alimentación, no es necesario el ayuno ni tampoco es imprescindible una dieta astringente. Lo recomendable es darle al niño alimentos suaves de su dieta habitual, evitando los que contienen exceso de grasas o azúcares. En lactantes, se debe continuar con la lactancia materna o el tipo de leche habitual, sin cambiar la fórmula ni rebajar su concentración.

Pautas para Tratar la Gastroenteritis en Niños

  1. Hidrátale en cantidad adecuada, pero poco a poco. Durante los episodios más agudos de la enfermedad, asegúrate de que tu hijo repone los líquidos y sales que está perdiendo, pero no le hagas beber demasiado de golpe, pues puede provocarle nuevos vómitos.
  2. Apuesta por las soluciones de rehidratación y evita las bebidas isotónicas. Tomar sueros de rehidratación oral cada poco tiempo constituye una buena opción para evitar la deshidratación del niño. En cambio, las bebidas isotónicas están pensadas únicamente para adultos durante la práctica deportiva, por lo que no son recomendables en casos de gastroenteritis infantil.
  3. Inicia su alimentación habitual en cuanto sea posible. El niño debe comer en cuanto tenga apetito, no es necesario ningún periodo de pausa o ayuno ni una dieta astringente. Por eso, ofrécele alimentos de su dieta habitual que le resulten apetecibles e irá pidiendo más comida a medida que se vaya sintiendo mejor. Los únicos alimentos desaconsejados son los que contienen demasiada grasa o azúcares. No olvides continuar con la hidratación entre las comidas o tomas.
  4. No dejes de darle el pecho o el biberón. Si el niño todavía es lactante, debe seguir tomando el pecho; incluso puedes aumentar la frecuencia de las tomas y hacerlas más cortas. Si toma biberón, no necesitas cambiar la fórmula ni rebajar su concentración. Y si toma papillas y purés, puedes seguir con su alimentación habitual.
  5. Vigila ciertas señales de deshidratación. Sabrás si tu hijo está deshidratado si tiene los labios y la boca secos, lleva mucho tiempo sin orinar y tiene los ojos hundidos. En bebés pequeños, que la parte blanda que tiene en la parte superior de la cabeza esté hundida también es un signo de deshidratación. Además, pueden mostrarse faltos de energía, como aletargados.
  6. Consulta a tu farmacéutico sobre los probióticos. Tu médico o farmacéutico pueden recomendarte probióticos para ayudar a repoblar la flora intestinal y acortar algo la duración de la diarrea, de forma que el niño se recupere antes.
  7. Evita las medicinas, a no ser que te lo indique el pediatra. No existe medicación específica para la gastroenteritis vírica; los antibióticos no son efectivos y pueden alargar la duración de la diarrea. Siguiendo las indicaciones de tu médico, puedes dar a tu hijo antipiréticos para aliviar la fiebre. Pero no es necesario, salvo indicación específica, el empleo de antieméticos (fármacos para controlar el vómito) y antidiarreicos.
  8. Máxima higiene para prevenir el contagio. Enseña a tu hijo a lavarse las manos cuidadosamente con agua tibia y jabón, durante, al menos quince segundos, después de ir al baño y antes de comer. Por tu parte, procura predicar con el ejemplo y hacer lo mismo frecuentemente, sobre todo después de ir al servicio, tras cambiar los pañales o asear a tu pequeño y antes de cocinar y comer. Y tras un episodio de vómitos o diarrea dentro del hogar, limpia y desinfecta inmediatamente las superficies que se hayan podido contaminar, pues el contacto directo puede producir el contagio.
  9. No lo lleves a la escuela hasta que esté mejor. Aunque es mejor no limitar la actividad del niño y, pese a la mayoría de las gastroenteritis en nuestro entorno son leves, espera a que se encuentre mejor para llevarlo al colegio o la guardería, pues hasta entonces puede contagiar a sus compañeros.
  10. Acude al pediatra si observas ciertos síntomas. Pese a que la mayoría de los casos de gastroenteritis infantil ceden por sí solos a los pocos días, si aprecias signos de deshidratación en el niño, si presenta fiebre alta o no cede o si ves sangre en sus deposiciones, debes acudir inmediatamente al médico con tu hijo.

Consideraciones adicionales

Es fundamental recordar que las necesidades de cada niño son únicas y que no se puede establecer a ciencia cierta cuándo necesita recibir alimento y en qué cantidad. Lo que indicará que tu bebé está siguiendo una buena alimentación es que vaya ganando peso a medida que pasan los meses.

Los sonidos blancos son sonidos uniformes, repetitivos y constantes, un aliado perfecto para conciliar el sueño. Un sonido blanco logra enmascarar eficazmente otros ruidos ambientales, potencialmente molestos, porque sus frecuencias tienen una amplitud constante y logran incorporar todas las demás audibles. Algunos expertos sugieren que ciertos sonidos blancos pueden sincronizarse con la actividad cerebral de los recién nacidos, en particular con las frecuencias asociadas al sueño profundo, favoreciendo así un sueño más reparador.

Entre los ruidos blancos más apreciados por los recién nacidos se encuentran sin duda el latido del corazón, un sonido que escuchan constantemente durante el embarazo, pero también los ruidos continuos y monótonos producidos por electrodomésticos como el secador de pelo, la aspiradora o el ventilador, todos ellos sonidos con un efecto sorprendentemente calmante en los recién nacidos.

Aunque los ruidos blancos pueden ser una herramienta muy valiosa, es fundamental utilizarlos correctamente para garantizar la seguridad y el bienestar del recién nacido, tomando precauciones específicas. Los expertos recomiendan mantener el volumen de los sonidos blancos debajo de los 50 decibelios (dB), es decir, el volumen de una conversación tranquila, y colocar el dispositivo de reproducción a una distancia mínima de 2-3 metros de la cuna.

La Caries del Biberón

La caries del biberón, es un tipo de caries dental de evolución agresiva y rápida que pone en riesgo a los dientes de leche de los niños de corta edad, pero se puede prevenir. Si el niño está constantemente tomando biberón, el azúcar se queda en los dientes y entonces las bacterias que habitualmente residen en la boca, convierten el azúcar en ácido. Los dientes que se afectan principalmente son los cuatro incisivos de leche superiores y las primeras muelas de leche tanto inferiores como superiores, los caninos inferiores se ven implicados con menos frecuencia.

Por todos estos motivos es importante iniciar una rutina de prevención de la caries nada más aparecen los primeros dientes. Por tanto, no se debe dar a los niños biberones de leche azucarada o zumo de frutas al irse a la cama. No substituya el biberón mojado por el chupete en miel o azúcar también es perjudicial para los dientes.

Recomendaciones:

  • Luego de cada vez que coma, limpie las encías de su bebé con una gasa limpia doblada.
  • Comience a cepillar los dientes de su niño en cuanto aparezca el primer diente.
  • Nunca permita que su niño se duerma con un biberón con leche, zumo de frutas o líquidos endulzados.
  • Inspeccione regularmente los dientes de su hijo y comience las visitas de rutina al odontólogo cuando todos los dientes le hayan salido o a la edad de 2 a 3 años.

CÓMO RECUPERARTE de una GASTROENTERITIS | La mejor dieta para gastroenteritis | Nutrición clínica

Publicaciones populares: