Durante el embarazo, es crucial estar informada sobre las infecciones que pueden afectar al feto. El virus de Epstein-Barr (VEB), causante de la mononucleosis, y el citomegalovirus (CMV) son dos agentes patógenos comunes que pueden presentar riesgos, especialmente en el tercer trimestre de gestación. La prevención y el diagnóstico temprano son esenciales para proteger la salud tanto de la madre como del bebé.
¿Qué es la Mononucleosis Infecciosa?
La mononucleosis infecciosa es una enfermedad vírica común, causada principalmente por el virus de Epstein-Barr (VEB), aunque otros virus como el citomegalovirus también pueden ocasionarla. Se caracteriza por fiebre, dolor de garganta y aumento del tamaño de los ganglios, especialmente en el cuello.
Transmisión de la Mononucleosis
El contagio se produce principalmente a través de la saliva, por lo que también se conoce como "enfermedad del beso". Otras vías posibles de transmisión incluyen:
- Vía hematógena: a través de transfusiones de sangre.
- Contacto sexual: a través de secreciones vaginales y semen.
- Vía perinatal: aunque su transmisión durante el parto es poco probable.
Síntomas de la Mononucleosis
Los síntomas comunes incluyen:
- Aumento de los ganglios del cuerpo (adenopatía), especialmente en el cuello.
- Cuadro febril.
- Decaimiento general.
- Dolor de garganta con exudados en las amígdalas.
- Dolor al tragar.
- Dolor articular y abdominal.
- Aumento del tamaño del hígado y del bazo.
- Presencia de petequias (manchas rojizas) en el paladar.
- Hinchazón de los párpados.
- Afectación ocular en forma de conjuntivitis.
Prevención de la Mononucleosis
La principal medida de prevención es evitar el contacto con la saliva de personas infectadas. No se recomienda la donación de sangre durante la fase de infección, y los niños no deben asistir al colegio durante la fase aguda de la enfermedad (1-2 semanas).
Aunque se han llevado a cabo numerosas investigaciones, no existe todavía una vacuna eficaz y segura frente al Virus de Epstein Barr.
Citomegalovirus (CMV) y Embarazo
La infección por citomegalovirus es la infección congénita más frecuente en los países desarrollados. La transmite la madre al feto cuando ella misma ha resultado contagiada. Afortunadamente, en la mayoría de los casos no tiene trascendencia, pero hay otros en los que sí puede tener consecuencias graves, por lo que conviene saber el modo de prevenirla.
La mitad de las mujeres embarazadas ya han pasado el citomegalovirus anteriormente a la gestación, lo que las protege de volver a contagiarse, aunque no es así en todas las ocasiones y hay algunas que lo contraen de nuevo.
Transmisión del Citomegalovirus
La gestante se contagia principalmente “a través de la saliva y la orina de los niños menores de tres años, que generalmente se infectan en la guardería o al estar en contacto con otros niños”. Además, hay otras vías y es mediante las relaciones sexuales o a través de fluidos de alguna persona infectada, como heces, sangre o lágrimas. Cuando la embarazada se contagia puede pasar al feto la infección a través de la placenta, aunque también podría ser en el momento del parto o incluso durante la lactancia materna, lo que, de forma general, no contraindica ni el parto vaginal ni dar el pecho.
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Síntomas del Citomegalovirus
Los adultos que se contagian con el citomegalovirus lo pasan sin síntomas, a no ser que tengan algún problema en el sistema inmunitario. No obstante, hay veces que cursa de manera parecida a un cuadro catarral. Por este motivo, es difícil de detectar.
Riesgos en el Tercer Trimestre
“Existe un mayor riesgo de transmisión en el tercer trimestre (70%), en relación al primer trimestre (20%)”. No obstante, los primeros tres meses, al igual que ocurre en otras circunstancias relacionadas con la gestación, son los más peligrosos. “Cuando la infección se produce durante el primer trimestre existe mayor riesgo de enfermedad con afectación neurológica grave y otras secuelas”, indica. Lo más tranquilizador es que cuando la infección se produce más allá de las 14 semanas, hay muy poco riesgo de secuelas en el recién nacido.
Efectos en el Recién Nacido
No todos los hijos de embarazadas infectadas con citomegalovirus van a pasarlo también. Pero entre los contagiados, “solo un 10-15% son sintomáticos al nacimiento y 85-90% son asintomáticos”.
El problema es que entre los que sí presentan síntomas las secuelas pueden ser importantes, especialmente en el terreno neurológico. Además, hay que tener en cuenta que en un 10-15% de los bebés que nacen asintomáticos puede desarrollar los problemas (sobre todo, auditivos) un tiempo más tarde.
En general, las complicaciones que lleva asociado el citomegalovirus en el bebé contagiado son pérdida auditiva, disminución de la visión, inflamación en el colon, alteraciones en el sistema nervioso y en el cerebro y discapacidad intelectual.
Prevención del Citomegalovirus
No hay ninguna vacuna ni ningún fármaco que permita evitar por completo el contagio de citomegalovirus. La única opción es “tomar medidas higiénicas que reduzcan las posibilidades de contagio durante el embarazo”.
Así, una de las más importantes es el lavado de manos con agua y jabón, especialmente tras cambiar de pañal a un bebé o limpiarle otro tipo de secreciones. La mujer no debe llevarse las manos a la cara hasta que no se haya lavado a conciencia.
Diagnóstico del Citomegalovirus
Existen varias pruebas diagnósticas para detectar una posible infección por citomegalovirus. En primer lugar, se puede realizar una serología para detectar anticuerpos frente al CMV. Gracias a esta prueba es posible conocer si la mujer ha estado o estuvo expuesta en algún momento al virus en función de los resultados de las IgM e IgG respectivamente.
Los posibles resultados que se pueden obtener en la serología son:
- Ausencia de anticuerpos anti-CMV (IgM e IgG): no hay infección por CMV ni inmunidad.
- Presencia de IgM, pero no de IgG: infección por primera vez o primoinfección muy reciente.
- Presencia de IgM e IgG: infección latente reactivada. El paciente estuvo infectado por CMV en el pasado, pero se ha vuelto a reactivar.
- Ausencia de IgM y presencia de IgG: en algún momento hubo infección por CMV, pero no en el momento de la prueba. Por tanto, con este resultado se puede determinar que el paciente está inmunizado.
Durante el cribado de primer trimestre de gestación se realiza una serología a las embarazadas donde se podrá conocer si hay infección por CMV.
Otra forma de diagnosticar una infección por CMV es mediante una PCR (reacción en cadena de la polimerasa). A través de esta técnica molecular se puede identificar ADN vírico y la carga viral.
Tratamiento de la Infección por CMV en Embarazadas
Si se ha diagnosticado una infección por CMV en la madre durante la gestación, es importante establecer un tratamiento adecuado. Además, será conveniente realizar una amniocentesis para conocer si hay infección fetal también.
Del mismo modo, si el bebé nace con infección por CMV será necesario establecer un tratamiento temprano para evitar posibles secuelas. Por ello, es importante administrar antivirales de manera controlada para reducir la posibilidad de efectos adversos.
Medidas Preventivas Clave
A continuación, se enumeran algunas de ellas:
- Evitar el contacto con la orina o la saliva, en especial de los niños pequeños.
- Lavarse las manos con agua y jabón especialmente después de: cambiar pañales, alimentar a un niño, limpiarle la nariz o la baba y tocar sus juguetes.
- No compartir con los niños pequeños alimentos, bebidas ni cubiertos.
- Limpiar con productos caseros los juguetes, mesas y otras superficies que entren en contacto con la orina o la saliva del niño.
- Otro de los consejos para reducir el riesgo de transmisión del citomegalovirus es mantener relaciones sexuales seguras utilizando métodos anticonceptivos como el preservativo.
