¿Por qué los niños se portan peor con las madres? Causas y estrategias

Es una situación que produce mucha frustración y tristeza cuando un hijo se porta mal solo con su madre. En la mayoría de los casos, el niño está desahogando algún malestar hacia ella, aunque a veces puede ser que quiera salirse con la suya, desafiar la autoridad o no aceptar un "no".

Factores que influyen en el comportamiento infantil

El comportamiento de un niño puede variar según las circunstancias y las personas que lo rodean. Si tu hijo se porta mal solo contigo, puede deberse a varios factores:

  • Carácter fuerte: Puede ser que tu hijo tenga mucho carácter.
  • Búsqueda de atención: A veces, los niños pueden buscar atención adicional o pruebas de amor actuando de manera desafiante.
  • Falta de límites claros: Asegúrate de establecer límites claros y consistentes en la crianza.

PONER LÍMITES: 4 ESTRATEGIAS EFECTIVAS

Estrategias para mejorar el comportamiento

Es importante abordar el comportamiento de tu hijo de manera efectiva. Aquí hay algunas estrategias que puedes implementar:

  • Comunicación abierta: Habla con tu hijo sobre su comportamiento, pero no en el momento en que ocurre. Anímale a expresar sus sentimientos y preocupaciones.
  • Establece límites claros: Es importante que establezcas reglas y límites consistentes en casa. Asegúrate de que todos los adultos apliquen las mismas reglas para evitar confusiones.
  • Reforzamiento positivo: Reconoce, elogia y recompensa el buen comportamiento a diario. El elogio y la recompensa pueden ser efectivos para fomentar un comportamiento adecuado.
  • Tiempo de calidad: Dedica tiempo de calidad con tu hijo. Haz actividades juntos que disfruten para fortalecer vuestro vínculo. Déjale que al principio sea él o ella quien las elija.
  • Consistencia: Sé consistente en la aplicación de consecuencias por el mal comportamiento. Establece consecuencias adecuadas y aplícalas de manera coherente, aunque al principio no funcionen, el tiempo hará que acaben funcionando. Ten en cuenta que al principio puede que busque la confrontación e intentar imponer sus normas o saltarse los límites.
  • Evita el castigo excesivo: Evita el castigo excesivo emocional o físico. En su lugar, enfócate en enseñar a tu hijo las consecuencias de su comportamiento y ayudarle a aprender de sus errores.
  • Busca apoyo: Si el comportamiento de tu hijo persiste o te preocupa, considera buscar el consejo de un psicólogo infantil, que es un profesional de la salud mental y experto en técnicas de modificación de conducta.
  • Autocuidado: Recuerda cuidarte a ti mismo. La crianza o educación de tus hijos puede ser desafiante y muy difícil, y es importante que estés emocionalmente equilibrado para manejar situaciones difíciles y no perder el control.
  • Paciencia: Cambiar el comportamiento lleva tiempo. Recuerda que cada niño es único, y lo que funcione para uno puede no ser adecuado para otro.

La agresividad infantil: un problema común

Gritos, insultos, ira e incluso maltrato son algunas de las formas en que se manifiesta la agresividad de los niños y jóvenes adolescentes en la relación familiar, especialmente hacia sus madres. Esta situación es frecuente y puede generar preocupación, confusión y angustia en las familias.

¿Qué se considera un comportamiento violento?

La agresividad puede darse en todas las edades. Un niño no se vuelve agresivo y violento de un día para otro. La agresividad de tus hijos en la relación con su madre es un problema común en muchas familias que puede tener su causa en muchos factores.

Causas de la agresividad infantil

En general, la agresividad de los niños hacia su madre puede tener relación con muchos factores: frustración, ira, maltrato, incapacidad para expresar emociones o trastornos de salud mental acumulados desde hace años. Así que en realidad hace falta comprender la situación personal particular de cada niño, teniendo en cuenta su personalidad e historia.

En muchos casos, la agresividad proviene de algún tipo de frustración, por ejemplo, la falta de atención parental. También puede responder a situaciones inconscientes y subconscientes, o aspectos físicos cambiantes habituales en el cuerpo de los niños. El cerebro y los sentimientos en la adolescencia trabajan a pleno rendimiento e inciden más en la relación filio parental.

En resumen, podemos establecer estas causas en relación a la agresividad infantil:

  • Factores sociales: Entorno familiar y relación filio parental, e incluso el estatus social.
  • Factores físicos: Cambios hormonales y cerebrales ligados a la adolescencia. También pueden incluirse aquí los trastornos hereditarios.
  • Hábitos de vida: Una mala higiene de vida (falta de sueño, consumo de drogas, etc) y las conductas agresivas de los jóvenes.

Estrategias para gestionar la agresividad

Siempre hay una razón de por qué el adolescente tiene un comportamiento agresivo. Como madre, tienes que intentar entender lo que le ocurre a tus hijos y ayudarles a reconocer sus emociones y a gestionarlas de forma sana. Aquí tienes algunas estrategias útiles:

  • Comunicación fluida y empática: Habla con tus hijos, escucha sus preocupaciones y temores. Responde a su frustración de forma empática para que el adolescente sea capaz de expresar sus emociones de manera natural y perciba que puedes ayudarle en cada situación.
  • Establecer límites y normas claras: Tus hijos deben saber que la autoridad eres tú. Establece límites y normas claras en el hogar, y explica las consecuencias de conductas agresivas. Haz saber a tus hijos desde el primer día que no tolerarás ese comportamiento.
  • Enseñar técnicas para controlar la ira: Así podrán responder saludablemente ante cada problema. Por ejemplo, enséñales técnicas de respiración y relajación, contar hasta diez o alejarse de la situación cuando se sienta abrumado por ella.
  • Dar ejemplo: Tus conductas y comportamientos deben ser ejemplares en cualquier situación. No respondas a su agresividad con la misma moneda.
  • Promover hábitos y actividades saludables: Fomenta en tus hijos hábitos saludables que mejoren su alimentación y descanso. Háblales de la incidencia negativa de las drogas. Anímalos a practicar deporte o alguna actividad artística, que son una forma de liberar la mente de las tensiones diarias.
  • Buscar ayuda profesional: Si la agresividad de tus hijos persiste, busca ayuda médica. Un terapeuta especialista en psicología infantil o familiar puede ayudar a identificar las causas de su comportamiento violento, y propondrá un plan de tratamiento adecuado.

El papel de la madre como figura de apego

La supuesta conducta modélica del niño o la niña desaparece en el momento en el que la madre entra en juego, y con ella los llantos, las rabietas y las demandas constantes. Este comportamiento tiene que ver con que la madre sea la principal figura de apego en los bebés y en los niños, esto quiere decir que es con ella, y exclusivamente con ella, con la que se sienten más seguros y protegidos.

Las conductas que los menores no se atreven a tener en cualquier otro sitio o con cualquier otra persona las tendrán con su madre por el simple hecho de que, con ella, se sienten seguros y saben que pueden arriesgar, explorar, ser ellos mismos sabiendo que no va a pasarles nada malo por hacerlo. La madre es la persona que más seguridad les aporta.

Muchas madres se frustran al no entender que el comportamiento de sus hijos sea peor cuando están con ellas que cuando están, por ejemplo, en el colegio o con sus abuelos. En palabras del psicólogo, con la madre sienten que están seguros y que pueden explorar de forma libre sin miedo a las consecuencias, algo que se traduce en ciertas conductas que las personas adultas calificamos como "malas".

Por el contrario, cuando la madre no está y se sienten temerosos no se atreven a ser ellos mismos, comportándose de un modo que los adultos consideramos "bueno". Con la madre presente los niños se sienten libres para mostrarse tal y como son.

Estrategias adicionales para un ambiente familiar positivo

Para evitar que ocurran estas situaciones, se debe trabajar en las emociones con los niños desde temprana edad, estableciendo rutinas en casa que le ayuden a entender y conocer la estructura y dinámica del día a día en el hogar y ha sentirse seguros en cada momento.

Para los niños con mal comportamiento, las rutinas le enseñan un itinerario de lo que corresponde a cada hora del día y que esperan los padres de él, creándose una estructura mental que le proporciona seguridad y mucha calma para disminuir las rabietas y el mal comportamiento.

Además, las rutinas también ayudan a los padres a controlar sus emociones y que el día sea estructurado, organizado, ordenado y apacible, transmitiendo esa calma a los hijos y a los demás miembros de la familia. Si se controla el mal comportamientos de los niños, los padres sentirán menos frustración y más felicidad y calidad con el tiempo de familia de convivencia, con tranquilidad y paz, además, hay una mayor conexión padre-hijo y la relación se tornará mucho más fácil.

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