Monocitos Altos en el Embarazo: Causas, Implicaciones y Tratamientos

El embarazo es una situación especial en el cuerpo de la mujer, ya que durante 9 meses ésta debe gestar a un "cuerpo extraño". El embrión tiene un sistema inmune distinto al de la madre, pues también está formado por genes de origen paterno, los cuales son desconocidos por el sistema inmune de la madre. Para que el embarazo pueda avanzar con normalidad, el sistema inmunológico de la madre desarrolla un mecanismo de tolerancia para no atacar al embrión. De hecho, es el propio embrión el que "avisa a la madre" a través de la expresión del antígeno HLA G para suprimir las células del sistema inmunitario y que éste pueda crecer en el útero.

¿Qué es el Sistema Inmunológico?

El sistema inmune del organismo está compuesto por multitud de células, moléculas y mecanismos que protegen al cuerpo de los agentes extraños, como virus, bacterias y otros agentes infecciosos que causan enfermedades. Unas de las células inmunitarias más importantes son los linfocitos o glóbulos blancos, capaces de reconocer a las estructuras propias y también de producir los anticuerpos que reconocen a las sustancias extrañas. En ocasiones, el sistema inmunitario falla, no puede diferenciar lo propio de lo extraño y, finalmente, actúa contra las células del propio cuerpo. Este fallo es lo que provoca la aparición de las conocidas enfermedades autoinmunes. El sistema inmune también es el responsable de los rechazos que se producen con los trasplantes de órganos, ya que detecta que se han introducido células de otro individuo y las ataca.

Está formado principalmente por células de defensa como son: Los glóbulos blancos (basófilos, eosinófilos y neutrófilos), linfocitos y monocitos. Antes de comentar las principales alteraciones inmunológicas que pueden afectar la fertilidad, debemos de reconocer lo excepcional de este sistema, que permite que un organismo (el embrión), con células distintas a la materna, pueda desarrollarse sin ser rechazado.

Los glóbulos blancos, también conocidos como leucocitos, desempeñan un papel crucial en nuestro sistema inmunitario. Son los guardianes de nuestra sangre, encargados de protegernos contra las infecciones y los invasores externos que amenazan nuestra salud. Cuando hablamos de un recuento alto de glóbulos blancos, nos referimos a un aumento en la cantidad de glóbulos blancos en nuestra sangre. Este incremento puede ser una señal de que nuestro sistema inmunitario está trabajando incansablemente para combatir una infección. Sin embargo, también puede estar relacionado con factores como el estrés físico o emocional. En casos más graves, ciertos tipos de cáncer de sangre, como la leucemia, pueden desencadenar un aumento significativo en el recuento de glóbulos blancos. Es esencial entender que un equilibrio en la cantidad de glóbulos blancos es importante para tener una buena salud.

Tipos de Glóbulos Blancos

La sangre contiene una variedad de glóbulos blancos, cada uno con una función única en la defensa de nuestro cuerpo. En promedio, nuestro organismo produce alrededor de 100 mil millones de glóbulos blancos diariamente. Normalmente, en cada microlitro de sangre, encontramos entre 4,000 y 11,000 glóbulos blancos, aunque este rango puede variar según la raza.

Los principales tipos de glóbulos blancos son:

  • Linfocitos: Son fundamentales en la producción de anticuerpos que ayudan a nuestro cuerpo a combatir bacterias, virus y otras amenazas.
  • Neutrófilos: Conocidos por su poder destructivo, los neutrófilos son especialistas en la eliminación de bacterias y hongos invasores.
  • Basófilos: Estos leales aliados alertan a nuestro cuerpo sobre las infecciones al liberar químicos en el torrente sanguíneo, especialmente para combatir las alergias.
  • Eosinófilos: Responsables de eliminar parásitos y células cancerígenas, también desempeñan un papel importante en las respuestas alérgicas.
  • Monocitos: Encargados de atacar y descomponer gérmenes y bacterias que ingresan a nuestro cuerpo. Además, pueden transformarse en macrófagos en órganos como el bazo, el hígado, los pulmones y la médula ósea, donde realizan una amplia variedad de funciones, desde eliminar tejido dañado hasta regular la respuesta inmunitaria.

Monocitos y Monocitosis

Los monocitos son células sanguíneas que pertenecen al grupo de los glóbulos blancos. Junto con los basófilos, eosinófilos, neutrófilos y linfocitos se encargan de proteger al organismo frente a posibles ataques de sustancias o agentes infecciosos, por lo que juegan un papel primordial en el funcionamiento del sistema inmune. Cuando entran en el organismo agentes patógenos externos como virus, bacterias u hongos los glóbulos blancos se activan y los combaten. Los monocitos se crean en la médula ósea y viajan a través del torrente sanguíneo para llegar a distintos tejidos como el hígado, los pulmones, los huesos o las cavidades serosas. Tienen como función principal eliminar sustancias por fagocitosis, un proceso que consiste en la destrucción de diversos microorganismos o residuos celulares. Además de esto, los monocitos también se encargan de almacenar el hierro.

Los monocitos suelen representar entre el 3% y el 7% del volumen total de los leucocitos en la sangre. Los niveles de monocitos se pueden saber realizando un simple análisis de sangre. Así, los cambios considerables en el nivel de monocitos pueden indicar anomalías en la salud del paciente. Tener los monocitos altos puede ser una señal de que algo no anda bien, por lo que hay que hallar la manera de bajar esos niveles, con el fin de evitar mayores complicaciones.

Se denomina monocitosis al aumento repentino de monocitos en sangre. Los monocitos altos en un análisis de sangre son la prueba de que algo no marcha bien dentro del organismo del paciente cuyas muestras han sido analizadas. Un porcentaje de monocitos en sangre aceptable es de entre un 2% y un 10% del total de los glóbulos blancos. Aunque el nivel de monocitos solo puede confirmarse con un hemograma, existen distintos síntomas que pueden apuntar a la necesidad de solicitar este tipo de prueba médica.

Hablamos de monocitosis en valores absolutos cuando los monocitos superan los 900 por mm3.

LEUCOCITOS | Qué son, cómo se miden, cómo actúan y qué hacer para disminuir o aumentar los niveles

Causas de Monocitos Altos (Monocitosis)

La monocitosis es una condición médica que se caracteriza por un aumento exagerado de la presencia de glóbulos blancos en la sangre, especialmente de monocitos. Un nivel de monocitos altos indica que los mismos se multiplican para combatir las enfermedades infecciosas que amenazan al organismo.

En la inmensa mayoría de casos el aumento de monocitos se produce de manera reactiva es decir no es una enfermedad sino que se produce como respuesta de la médula ósea a una causa subyacente.

Las principales causas son:

  • Infecciones virales y bacterianas, como la mononucleosis, la tuberculosis y la sífilis.
  • Trastornos inflamatorios autoinmunes como el lupus, la colitis ulcerosa, sarcoidosis y la artritis reumatoide.
  • Ciertas enfermedades o trastornos sanguíneos como la leucemia o la enfermedad de Hodgkin, dos tipos de cáncer que afectan al sistema inmune e incrementan el riesgo de que el paciente desarrolle mayores complicaciones.
  • Infecciones cardiacas, como la endocarditis bacteriana subaguda.
  • Infecciones causadas por bacterias transmitidas por parásitos como las garrapatas, las pulgas y los piojos.
  • Inducida por el ejercicio
  • Estrés
  • Infecciones: leptospirosis, listeriosis, paludismo, tuberculosis, brucelosis, leishmaniasis, sífilis, rickettsiosis…
  • Tras la extirpación del bazo
  • Enfermedades inflamatorias o autoinmunes: sarcoidosis, colitis ulcerosa, artritis reumatoide …
  • Infarto de miocardio
  • En la fase de recuperación de la médula ósea tras quimioterapia
  • Fármacos: Corticoides…
  • Tumores sólidos

Por lo general, la monocitosis es pasajera cuando aparece a causa de infecciones agudas, como la mononucleosis. Pero puede llegar a prolongarse si se padecen patologías crónicas como algunos tipos de cáncer y enfermedades inflamatorias.

Monocitosis asociadas a enfermedades hematológicas

En algunos casos la monocitosis se asocia a una enfermedad hematológica. En estos casos el resto de los parámetros del hemograma suelen presentar alteraciones en el recuento de glóbulos rojos y/o de plaquetas, lo que motiva la derivación del paciente al especialista en Hematología.

La enfermedad hematológica que sobre todo entra en el diagnóstico diferencial en adultos ante una monocitosis (monocitos de ≥1000 por mm3 ≥10% en la fórmula leucocitaria) persistente (>3 meses) es la leucemia mielomonocítica crónica.

Diagnóstico de la Monocitosis

El diagnóstico de esta enfermedad requiere estudiar la morfología de las células sanguíneas al microscopio realizando un frotis de sangre periférica y un aspirado o biopsia de médula ósea. La presencia de una alteración en la cifra de hematíes y/o plaquetas, el aumento del tamaño del bazo o del hígado, o la presencia de fatiga, sudoración nocturna, dolores óseos o pérdida de peso pueden orientar hacia el diagnóstico de esta enfermedad. En niños, la leucemia mielomonocítica juvenil es una enfermedad hematológica poco frecuente.

Tratamiento de la Monocitosis

La monocitosis, más que una enfermedad, se considera un síntoma de otras patologías. Las medidas que se han de tomar para regular los monocitos altos dependen de la patología subyacente que haya producido el incremento.

La “monocitosis reactiva” no requiere de ningún tratamiento. Al detectarla lo que hay que hacer es ver si se produce por una enfermedad subyacente y tratar esta enfermedad si es el caso.

Una monocitosis puntual que ya no se detecta al realizar un hemograma de control es menos preocupante que una monocitosis que persiste en el tiempo.

Hay algunos medicamentos que bajar los monocitos altos, especialmente en los casos en los que se presenta inflamación o infección. Así, los esteroides y los antibióticos pueden ser de gran ayuda para algunos pacientes. En otras ocasiones la enfermedad puede volverse crónica.

Tipos de Infertilidad Inmunológica

Existen multitud de alteraciones del sistema inmunológico y muchas de ellas pueden afectar a la fertilidad masculina y/o femenina, aunque ésta última en una mayor medida. El cuerpo de la mujer puede reconocer como extraños a los espermatozoides y/o al embrión, lo cual provocará fallos de implantación repetidos o abortos en el primer trimestre de gestación.

A continuación, vamos a comentar algunos tipos de esterilidad inmunológica.

Anticuerpos Antiespermatozoides (AEA)

Esta es la forma más común de infertilidad inmunológica masculina. Los anticuerpos antiespermatozoides son un tipo de proteínas que se unen a los espermatozoides, afectando a su capacidad de movimiento y fecundación del óvulo. Además, al unirse los AEA a los espermatozoides, el cuerpo los identifica como extraños y dirige sus defensas hacia ellos para destruirlos.

Este tipo de anticuerpos antiespermáticos pueden formarse tanto en el organismo del hombre como en el de la mujer. Las causas en cada caso son las siguientes:

  • Origen masculino: rotura de la barrera hematotesticular por varicocele, infección seminal, torsión del testículo, etc. Los anticuerpos antiespermatozoides aparecen en la sangre y en el semen.
  • Origen femenino: infecciones de transmisión sexual, endometriosis genital, cervicitis, etc. Los anticuerpos antiespermatozoides se encuentran en el moco cervical e impiden el avance de los espermatozoides hacia el útero.

Trombofilias Hereditarias

La trombofilia es una patología autoinmune que consiste en la aparición de coágulos sanguíneos anormales en los vasos sanguíneos (venas y/o arterias). Sin embargo, durante el embarazo, los coágulos que se forman en la sangre pueden llegar hasta la placenta y bloquear el desarrollo del feto.

Para conseguir que un embarazo sea evolutivo y puede llegar a nacer el bebé, las pacientes que sufren trombofilia deben seguir un tratamiento con ácido acetilsalicílico (Aspirina, Adiro) y heparina durante toda la gestación.

Síndrome Antifosfolípido (SAF)

Los anticuerpos antifosfolípidos son un tipo de células del sistema inmune que se encuentran en la sangre materna y que provocan un estado de hipercoagulabilidad, lo que conlleva a formación de trombos en la placenta y la pérdida del embarazo. Existen más de 20 tipos de anticuerpos antifosfolípidos, pero los más importantes son el anticoagulante lúpico, los anticuerpos anticardiolipina y los beta2-glicoproteina1. Todos estos anticuerpos alteran el mecanismo de los fosfolípidos, unas sustancias necesarias para el correcto funcionamiento de la circulación sanguínea y la coagulación.

El SAF es considerado un tipo de trombofilia adquirida que, además, es responsable del 15% de los abortos recurrentes aproximadamente.

Infertilidad Aloinmune

El sistema inmunológico de la mujer no reconoce al embrión como propio, ya que se forman anticuerpos contra el tejido que expresa proteínas de origen paterno. Como consecuencia, se impide la implantación embrionaria o puede tener lugar la pérdida del embarazo. En estas pacientes, se encuentra un número elevado de células Natural Killer (NK), un tipo de linfocitos con capacidad para destruir los organismos que no reconoce como parte del cuerpo de la mujer.

Los tratamientos posibles para combatir este tipo de infertilidad todavía se encuentran en vías de investigación.

Esterilidad Inmunológica y Reproducción Asistida

De todos los tipos de infertilidad inmunológica descritos en este artículo, el que seguro necesitará técnicas de reproducción asistida para conseguir un embarazo son los anticuerpos antiespermatozoides. En función de la localización de los AEA y su gravedad, los tratamientos que pueden hacerse son los siguientes:

  • Inseminación Artificial (IA): si los anticuerpos que se unen a los espermatozoides se encuentran en la mucosa vaginal, sobre todo en la zona del cérvix. Con la IA, el semen se introduce mediante una cánula en el fondo uterino, por lo que no entra en contacto con los anticuerpos antiespermatozoides, las células del sistema inmunológico no actúan contra ellos y pueden llegar hasta el óvulo para fecundarlo.
  • Fecundación In Vitro (FIV): si la presencia de anticuerpos antiespermatozoides es mayor o se encuentran en todo el tracto reproductor femenino. Si se utiliza la técnica de ICSI, además, el espermatozoide se introduce directamente dentro del óvulo y se elimina toda posibilidad de interacción con los anticuerpos.

Las trombofilias y otros trastornos del sistema inmunológico también pueden requerir un tratamiento de fertilidad para conseguir el embarazo. No obstante, si la mujer no tiene otros problemas de esterilidad asociados, podrá quedarse embarazada sin riesgo de perderlo con un tratamiento de fármacos anticoagulantes.

Resumen del Contenido

A continuación, se presenta un resumen de los puntos clave abordados en este artículo:

Concepto Descripción
Monocitos Tipo de glóbulo blanco esencial para el sistema inmune.
Monocitosis Aumento de monocitos en sangre, generalmente reactivo a una causa subyacente.
Causas de Monocitosis Infecciones, enfermedades autoinmunes, trastornos sanguíneos, etc.
Tratamiento Depende de la causa subyacente; puede incluir antibióticos o esteroides.
Infertilidad Inmunológica Alteraciones del sistema inmunológico que afectan la fertilidad.

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