Quitar los pañales a los niños es uno de los principales hitos del desarrollo que ilusionan a los padres, pues ven cómo sus hijos van creciendo, pero que también temen, debido a las consecuencias desagradables e incómodas que puede acarrear. En ocasiones, niños que llevaron a cabo la ‘operación pañal’ con éxito incluso por las noches vuelven a tener escapes tiempo después.
En este artículo, exploraremos las posibles razones por las cuales un niño que ya había superado la etapa del pañal puede desear volver a utilizarlos, y ofreceremos consejos prácticos para abordar esta situación con paciencia y comprensión.
¿Qué es el control de esfínteres?
Cuando hablamos del control de esfínteres nos referimos a la capacidad que tiene un niño en su etapa de desarrollo, para regular y retener voluntariamente la eliminación de orina y heces. El proceso de adquirir el control de esfínteres es parte del desarrollo normal y generalmente ocurre entre los 2 y los 4 años de edad, aunque puede variar dependiendo del niño.
Es importante tener en cuenta que el control de esfínteres es un proceso gradual y que cada niño o niña tiene su propio ritmo de desarrollo. Siempre que el retroceso en el control de esfínteres no tenga que ver con alguna cuestión orgánica - médica hay que considerar los aspectos psicológicos y emocionales subyacentes.
Recomendaciones para el proceso de control de esfínter
Causas comunes del retroceso en el control de esfínteres
Los motivos pueden ser diversos, como que el pequeño en realidad no estaba lo suficientemente preparado desde el punto de vista madurativo y, en ese caso, volver a necesitar el pañal por las noches es algo completamente normal. Pero no siempre es así y los padres deben estar atentos porque puede ser el reflejo de algo más. Si “ha existido una previa adquisición de la habilidad durante al menos 6 meses y se ha retrocedido en el proceso”, hablamos de “enuresis secundaria”, nos explica Marina Martín Ramos, psicóloga y neuropsicóloga infantil y coordinadora de los centros NeuroDei.
Aquí es muy posible que lo que pueda estar interfiriendo en la re-adquisición de este hábito sean variables de tipo socio-emocional”. Por tanto, “habría que valorar de forma precisa, ya que existe un amplio conjunto de circunstancias que pueden estar causando la presentación de esta sintomatología tan visible tanto para los padres como para el niño”.
Algunas de las causas más comunes incluyen:
- Malestar relacionado con la separación: El control de los esfínteres puede estar asociado con la independencia y la separación de los padres.
- Necesidad de atención: Puede ser una forma de llamar la atención de las personas que les cuidan.
- Resistencia o rebeldía: Algunos niños o niñas pueden utilizar el control de los esfínteres como una forma de expresar resistencia o rebeldía hacia las figuras de autoridad o cuidadoras.
- La llegada de un hermanito.
- Cambio de colegio o de vivienda habitual.
- Situación emocional.
Como señalábamos anteriormente, la enuresis es reflejo de otra circunstancia mucho menos visible tanto para los padres como, incluso, para el niño. Es esencial que los progenitores estén atentos a “verbalizaciones que ponen en duda su autoestima o autoconcepto, modelos de afrontamientos evitativos que le impiden gestionar determinadas situaciones, rasgos de ansiedad fisiológica o cognitiva, hermetismo o dificultad para comunicarse con sus figuras de referencia u otro tipo de características”.
¿Qué puedo hacer si mi hijo tiene encopresis?
En este artículo nos vamos a centrar en la encopresis, que es el problema que surge cuando los niños no controlan adecuadamente la respuesta de defecación, o de hacer caca. Esto puede referirse a cosas distintas: que el niño no consigue aguantarse hasta llegar al inodoro, que está demasiados días sin hacer caca hasta que no consigue aguantar más, que hace caca en lugares inapropiados, etc.
Es normal que lo anterior le ocurra de manera puntual a cualquier niño que está aprendiendo. Sin embargo, cuando se convierte en un patrón habitual puede generar mucha alarma y situaciones tremendamente incómodas para los padres y, por supuesto, para el propio niño.
Lo primero que tienes que plantearte es la edad del niño. El control de esfínteres se aprende y requiere de una maduración del organismo para poder completarse. Por ello, si tu hijo tiene menos de 4 años no debes alarmarte, ya que es natural que todavía esté aprendiendo. Aun así, si es un tema que te preocupa o estás experimentando ciertas dificultades, tal vez te sean útiles las siguientes recomendaciones:
- Acudid a una revisión pediátrica. Explica al médico las dificultades que estáis teniendo para que pueda descartar la presencia de anomalías orgánicas (muy poco frecuentes) u otro tipo de problemas físicos.
- Asegúrate de que tu hijo tiene una dieta adecuada y equilibrada. El pediatra o un nutricionista infantil pueden asesoraros en este sentido. Si tu hijo tiene tendencia al estreñimiento (está varios días seguidos sin hacer caca), puede ser conveniente introducir más alimentos ricos en fibras en su dieta (p. ej., frutas y verduras) y líquidos.
- Asegúrate de que el váter es cómodo y accesible para tu hijo. En ocasiones, los niños no quieren hacer caca por miedo al váter (p. ej., a caerse por el agujero) o al cuarto de baño. Si detectas estos miedos, ayúdale a afrontarlos de manera cariñosa, acompañándole y haciendo que el tiempo en el baño sea un momento agradable y divertido (p. ej., habla con él, léele un cuento…). Existen adaptadores para que los niños puedan sentarse más cómodamente en el inodoro, que ayudarán a que estén más relajados, condición necesaria para que su sistema intestinal y su esfínter funcionen adecuadamente.
- Propicia una rutina regular por las mañanas. La mañana es uno de los mejores momentos para hacer caca, pues se ponen en funcionamiento los intestinos, por lo que conviene aprovecharla. Despierta a tu hijo con tiempo suficiente para desayunar y, antes de salir de casa, pídele que se siente durante 10 o 15 minutos tranquilamente en el cuarto de baño.
- Hazle partícipe de su propia higiene. Ayuda a tu hijo a desarrollar su autonomía a la hora de asearse y vestirse y, por supuesto, de limpiarse las nalgas. Cuando se ensucie la ropa interior, pídele que contribuya a limpiarse y a lavarla según su edad y nivel de autonomía.
- Refuérzale cuando haga caca en el momento y lugar adecuados. Aquellas veces que tu hijo acuda al váter a hacer caca o te pida ayuda para ello, muéstrale de forma visible que te alegras y que te gusta que lo esté haciendo bien. Elógiale cuando esté limpio y huela bien.
Alternativas para acompañar a los peques cuando esto sucede
- Explorar posibles causas emocionales: Tratar de identificar si ha ocurrido algún cambio significativo en su vida, - la llegada de un nuevo hermano, un cambio de escuela o situaciones de estrés- que puedan estar generando ansiedades y afectando el proceso de control de esfínteres.
- Brindar un entorno seguro y de apoyo: Crear un entorno seguro y de apoyo es fundamental. Asegurarse de que sientan comodidad y confianza al utilizar el baño.
- Fomentar la expresión de emociones: Animarlos a expresar sus emociones relacionadas con el retroceso en el control de esfínteres o con lo que les esté ocasionando malestar.
¿Y qué NO debo hacer?
- No le castigues. Algunos padres, desbordados por la situación, recurren a estrategias como dar duchas de agua fría a los niños. Esta estrategia no es adecuada ya que solo contribuirá a generar más ansiedad o enfado en el pequeño y mayor tensión en los padres.
- No vuelvas a ponerle el pañal. Si el niño tiene una edad suficiente, la solución adecuada a este problema no es volver a ponerle el pañal esperando que el problema se resuelva por sí solo a medida que se hace mayor.
- Evita hablar continuamente de este tema. Recuerda que tu hijo es mucho más que su problema con la caca. Aunque tenga dificultades en esta área, habrá otras muchas cosas importantes en su vida, logros y habilidades que esté desarrollando y que requieran tu atención.
¿Cuándo preocuparse?
Si ves que se prolongan durante algunos meses y que hay algún otro indicador de que no ha superado el cambio que las ha provocado, como puede ser estar más triste o apagado de lo habitual, más rebelde… podría haber llegado el momento de consultar con un profesional y descartar problemas médicos que puedan estar provocando estas conductas.
Acude a un profesional
A pesar de seguir todas estas pautas, es posible que las dificultades de tu hijo se mantengan o no se resuelvan completamente, ya que se trata de un problema complejo de manejar una vez que se ha consolidado. Además, este problema funciona de manera diferente de unos niños a otros y de unas familias a otras.
Un profesional podrá hacer una evaluación individualizada y detectar aquellas variables que puedan estar desempeñando un papel importante en el problema de tu hijo, dándote pautas más específicas e indicadas que las orientaciones generales que te proponemos en este artículo.
La encopresis es un problema que raramente se resuelve con el mero paso del tiempo y que si no se trata puede llegar a provocar daños en el colon, además de las dificultades socioemocionales y familiares que puede ocasionar. Además, cuanto antes se ataje, más fáciles y rápidos serán los resultados. Por ello, si tu hijo tiene este problema, te recomendamos que pidas ayuda profesional lo antes posible.
Regresiones: Qué son y cómo ayudar
Las regresiones son pequeños retrocesos en habilidades que los niños ya tenían adquiridas. Se producen en situaciones nuevas o estresantes que los niños no están preparados para afrontar, por eso vuelven a una fase anterior, en la que se sienten más cómodos y seguros.
Es común que se produzcan con la entrada a la guardería o el primer año de cole, ante la llegada de un hermanito, la separación de los padres, la muerte de un ser querido o, incluso, un cambio de casa.
Algunas de las regresiones más frecuentes son:
- Hacerse pipí de nuevo, cuando ya había dejado el pañal.
- Despertarse varias veces por la noche aunque durmiera del tirón.
- Volver a gatear aunque ya pueda caminar.
- Volver a hablar como un bebé.
- Pedir biberón o pecho aunque ya beba en vaso.
Debes saber que las regresiones son muy habituales, que pasarán en unos días y que es bueno que estés preparado para ayudarle.
¿Cómo puedes ayudarle?
- Estando tranquilo. No es algo que deba preocuparte así que no transmitas esa preocupación a tu hijo.
- Sé comprensivo con él y no le riñas. No es algo que haga intencionadamente, es un alto en el camino para retomar la seguridad que tenía antes de ir al cole.
- Mucha paciencia. A estas regresiones se suele unir que están más cansados de lo habitual, más demandantes o más gruñones… ten paciencia, forma parte de la adaptación a la nueva situación.
- Cuidando tus comentarios. Es frecuente escuchar frases como “Los niños del cole de mayores ya no se hacen pis” “Te has vuelto pequeño otra vez…” “Mira papá, Pablito se ha convertido otra vez en un bebé” “El pequeño es el hermanito, tú ya eres un niño mayor”.
- Dale todo tu cariño. Tus mimos, pasar tiempo contigo, leer juntos unos cuentos, cosquillas… todo lo que se te ocurra que implique demostrarle tu amor es lo que hará que tu hijo recupere la confianza rápidamente para seguir avanzando.
¿Qué hacer si se vuelve a hacerse pipí?
Si tu hijo vuelve a hacerse pipí tienes tres misiones importantes:
- Investigar qué cambios pueden provocarlo: Comienzo del cole, baño desconocido, cambio de casa, problemas familiares… Al comenzar el cole, algunos niños temen ir solitos a un baño que no conocen o decirle a la profesora que se hacen pipí.
- Ser paciente y comprensivo, como hemos comentado en el punto anterior.
- Elaborar un plan de acción, disimuladamente. Si se trata de algunos escapes accidentales, probablemente todo volverá a la normalidad en pocos días si mantienes la calma y no le das más importancia de la que tiene.
