El deporte es una parte esencial del desarrollo infantil. Proporciona beneficios físicos, emocionales y sociales que son cruciales para el crecimiento saludable de los niños. Sin embargo, también puede ser una fuente de frustración y estrés.
Participar en competiciones deportivas, como el fútbol o el baloncesto, supone un intenso y emocional momento para el adolescente, tanto a nivel individual como en grupo. En este escenario los protagonistas son los chicos, quienes demuestran sus habilidades, su capacidad de trabajo y superación, para lograr un objetivo común.
Comprendiendo la Frustración en el Deporte Infantil
El deporte es una experiencia emocional intensa para cualquier adolescente. Una competición supone una oportunidad para demostrar los conocimientos adquiridos en los entrenamientos y lograr un objetivo común al resto del equipo. El deporte es una fuente inagotable de aprendizajes para los niños, pero también puede generar emociones intensas, como la frustración.
Perder un partido, no marcar un gol o no sentirse tan “bueno” como otros compañeros son situaciones que pueden afectar a su motivación y autoestima.
Validar las Emociones
Lo primero y más importante es escuchar a tu hijo/a y validar sus sentimientos. La frustración puede surgir de diversas fuentes: un mal rendimiento, la presión de ganar, conflictos con compañeros de equipo o entrenadores, o expectativas no cumplidas.
Es normal que los niños se sientan tristes, enfadados o decepcionados después de una experiencia frustrante. Frases como “no es para tanto” o “no te pongas así” no les ayudan. En cambio, reconocer sus emociones (“entiendo que estés enfadado porque querías marcar”) les hace sentirse comprendidos y les enseña a gestionar lo que sienten.
Consejo práctico: Siéntate con tu hijo/a y pregúntale cómo se siente y por qué. Evita interrumpir y asegúrate de mostrar empatía. Por ejemplo, puedes decir: «Entiendo que te sientas frustrado/a por no haber marcado ese gol.
Fomentar la Resiliencia y una Mentalidad de Crecimiento
La frustración es una oportunidad para enseñar resiliencia y fomentar una mentalidad de crecimiento. Explícale que equivocarse o perder forma parte del proceso. Incluso los mejores deportistas fallan o pasan por rachas difíciles.
Una de las mejores formas de prevenir la frustración es ayudar a que el niño valore su evolución y esfuerzo más que el marcador. Frases como “hoy has defendido con muchas ganas” o “se nota que estás mejorando en los pases” ayudan a construir una mentalidad de crecimiento.
Consejo práctico: Recuérdale que todos los deportistas, incluso los profesionales, enfrentan fracasos y que lo importante es aprender de ellos.
Establecer Expectativas Realistas
A veces, la frustración proviene de expectativas poco realistas. En lugar de enfocarse en ganar, enfóquense en mejorar ciertas habilidades, como la técnica de lanzamiento o la velocidad.
Consejo práctico: En lugar de enfocarse en ganar, enfóquense en mejorar ciertas habilidades, como la técnica de lanzamiento o la velocidad.
Mantener el Deporte Divertido
El deporte debe ser divertido. Si tu hijo/a deja de disfrutarlo, es probable que la frustración aumente. Como padre, tu rol es clave para que asocien el fútbol con alegría y diversión ( ojala no se perdiera esa esencia nunca )
A esta edad, el fútbol es un juego, y así debe seguir siendo. Los niños que llegan a Lecop con 5, 6 o 7 años están explorando el mundo, descubriendo qué les gusta y cómo funcionan sus cuerpos. No buscan ser Messi ni ganar trofeos (¡eso vendrá después!), sino disfrutar y sentirse seguros.
Consejo práctico: Haz del fútbol un momento familiar. En casa, juega con él en el patio o mira juntos un partido sencillo. Esto no solo refuerza su interés, sino que crea recuerdos que lo motivarán a seguir aprendiendo y a disfrutar cada días más del fútbol.
Modelar un Comportamiento Positivo
Los niños aprenden observando a los adultos. Modela un comportamiento positivo hacia el deporte y la competencia.
Consejo práctico: Muestra entusiasmo y apoyo en los juegos y competencias de tu hijo/a, independientemente del resultado.
Apoyo Emocional Constante
El apoyo emocional es crucial. La frustración en el deporte es una experiencia común y puede ser manejada de manera constructiva con el apoyo adecuado.
Te necesitamos a ti como padre o madre, eres su lugar seguro. En cada pase, cada gol y cada sonrisa en el campo de fútbol, hay un apoyo fundamental: el de los padres. Ser el pilar de tu pequeño futbolista no siempre es fácil; cada edad trae retos y oportunidades únicas.
Actitudes de los padres que afectan a los hijos:
- Tomar una actitud violenta durante una competición deportiva.
- Exigirles a los adolescentes que se esfuercen con el mero objetivo de alzarse con el triunfo.
- Presionar a los hijos en exceso frente al éxito.
Cómo deben comportarse los padres en los partidos:
- Mantener el equilibrio anímico ante una victoria y una derrota.
- Animar, respetar los protocolos de cada deporte.
- Mostrar consideración y tolerancia por los árbitros y sus instrucciones, los rivales y los compañeros de equipo de sus hijos.
- Interesarse en cómo se siente su hijo y no solo por los resultados del partido.
Consejos Específicos por Edad
Ser el pilar de tu pequeño futbolista no siempre es fácil; cada edad trae retos y oportunidades únicas. Por eso, en este artículo te ofrecemos consejos prácticos y sinceros para que acompañes a tu hijo en su etapa futbolística hasta la adolescencia.
5 a 8 años: Fomentar la diversión y la confianza
A esta edad, el fútbol es un juego, y así debe seguir siendo. Los niños que llegan a Lecop con 5, 6 o 7 años están explorando el mundo, descubriendo qué les gusta y cómo funcionan sus cuerpos. No buscan ser Messi ni ganar trofeos (¡eso vendrá después!), sino disfrutar y sentirse seguros.
- Celebra el esfuerzo, no solo los resultados. Si tu hijo corre tras el balón aunque no lo alcance, dale un aplauso. Si falla un gol pero lo intentó, dile lo valiente que fue. Una frase como “¡Qué bueno que lo hayas intentado, sigue así!” puede hacer maravillas en su autoestima.
- Sé su fan número uno, sin presiones. Asistir a las prácticas o partidos y animarlo desde la grada es un gran gesto, pero evita gritar instrucciones como “¡Dispara más fuerte!” o “¡Corre más rápido!”. Deja que los entrenadores guíen y que él experimente por sí mismo. Tu presencia y una sonrisa son suficiente apoyo.
- Haz del fútbol un momento familiar. En casa, juega con él en el patio o mira juntos un partido sencillo. Esto no solo refuerza su interés, sino que crea recuerdos que lo motivarán a seguir aprendiendo y a disfrutar cada días más del fútbol.
9 a 12 años: Construir disciplina y trabajo en equipo
A medida que crecen, los niños empiezan a entender mejor las reglas del juego y a desarrollar habilidades más complejas. Esta etapa es emocionante: los pequeños pasan de correr en todas direcciones a coordinarse con sus compañeros y aprender tácticas básicas.
- Enseña el valor de la constancia. Habrá días en que no quieran ir a entrenar, ya sea por cansancio, lluvia o simplemente porque prefieren jugar videojuegos. Explícales que el fútbol, como la vida, requiere compromiso. Una conversación simple como “Si sigues practicando, verás lo fuerte que te vuelves” puede ser el empujón que necesitan para no rendirse.
- Refuerza la importancia de los amigos. El fútbol en equipo es una lección de vida. Pregúntale cómo se sintió jugando con sus compañeros o qué aprendió de ellos.
- Asegúrate de que descanse bien, coma sano y llegue a las clases de fútbol con energía. También escucha si te cuenta algo sobre el entrenamiento; a veces, solo quieren desahogarse, y eso los ayuda a seguir adelante.
13 a 16 años: Apoyar sus sueños y manejar la presión
La adolescencia trae un nuevo nivel de intensidad al fútbol. En Lecop, vemos cómo los chicos de 13 a 16 años empiezan a tomarse el deporte más en serio: algunos sueñan con jugar en un equipo grande, otros simplemente quieren destacar entre sus amigos. Pero también aparece la presión, ya sea por competir, por el colegio o por encontrar su identidad. Aquí, tu apoyo como padre es más importante que nunca.
- Sé su guía, no su crítico. Si falla un pase o no juega como titular, evita frases como “Deberías haber hecho esto”. En cambio, pregúntale qué sintió y cómo cree que puede mejorar. Tu empatía lo ayudará a no desanimarse.
- Ayúdalo a equilibrar fútbol y vida. Con el colegio, las amistades y las hormonas a todo lo que da, el fútbol puede ser tanto un refugio como una carga. Habla con él sobre sus horarios y asegúrate de que fútbol siga siendo un espacio de disfrute, no una obligación. Si ves que está agotado, anímalo a tomar un respiro sin sentirse culpable.
- Apoya sus metas, grandes o pequeñas. Quizás sueñe con subir de categoría, o tal vez solo quiera divertirse con sus compañeros. Pregúntale qué quiere lograr con el fútbol y apóyalo en el camino pero siempre siendo realista.
Errores Comunes que Debes Evitar
Seguramente, como padre o madre que eres, te equivocarás y cometerás desaciertos. Lo importante es que no caigas en los grandes errores y que te anticipes a los problemas para que no se presenten.
- Dejar de hablar del resultado: Este primer consejo es muy claro, deja de hablar con tu hijo o hija del resultado. Al menos no lo hagas durante los primeros 10 minutos de conversación tras un partido. Habla de otras cosas, porque de esa manera le estás ayudando a entender que lo más importante no es como ha quedado, si no como ha jugado.
- Criticar al entrenador delante suya: Realmente te diría que no le critiques nunca. Si tienes algún problema con el entrenador/a, háblalo directamente. Pero sobre todo no hables mal de su entrenador delante de tu hijo o hija y sin estar él presente. Por un lado, le estás dando a entender que esa conducta es adecuada, y por otro lado estás dejando entrever que hay problemas.
- Considerar la competición como un fin: En el deporte de base y en el deporte formativo, la competición tiene que ser un medio más para seguir aprendiendo y sobre todo educándose. ¿Acaso hay algo más importante para un chico o una chica que una buena educación? Desde mi manera de entender el deporte, la respuesta es no.
Estrategias para el Éxito Personal
Pequeños cambios, grandes resultados. Para que algo suceda, algo tienes que hacer. Si estás viendo a tu hijo o hija que cada vez sufre más dentro de una pista o un campo deportivo, tienes que valorar qué cambios puedes realizar para que esto no vaya a más. Desde luego, como padre de deportista, tienes muchísimo campo de acción y muchísima capacidad de ayuda para sumarle la tranquilidad o el disfrute que te gustaría.
Ayuda a marcar objetivos dirigidos a la mejora personal. Los objetivos de rendimiento dependen del nivel del deportista. En cualquier caso, tienen que ser objetivos que dependan solamente de él y que no influyan de una manera directa en el resultado final.
Te voy a poner el ejemplo de un jugador de tenis de nivel medio en España de edad juvenil con el que estoy trabajando actualmente.
- preparar todo el material la noche antes de la competición.
- llegar con tiempo al partido y realizar un calentamiento físico de unos 30 minutos.
- botar la bola 5 veces antes de sacar.
- sentarse en la silla durante 60 segundos entre cambios y centrarse en la respiración.
- al finalizar el partido dar la mano deportivamente al contrario y salir de la pista solo con una sonrisa.
Como ves se tratan de unos objetivos muy sencillos de alcanzar, de entender y muy adaptados a casi cualquier nivel. Con ellos se resumía tanto aspectos psicológicos del deportista como conductuales de la persona.
El trato fue, que el deportista iba a ir a todos los partidos centrado en ellos, y por parte de la familia esos cinco puntos serían principalmente el tema de conversación tras los encuentros. ¿Sencillo que fuera así? La presión con la que estaba encarando los últimos meses de competición fue desapareciendo y eso le ha permitido rendir muchísimo mejor. Actualmente ha subido su clasificación nacional llegando a estar los 30 mejores de su categoría.
La actitud de los padres frente al deporte de sus hijos 🏈🏐🏀
Recuerda “para qué” le apuntaste a hacer deporte. Como te decía antes, un padre jamás me ha dicho que para él lo más importante es ganar. Y yo estoy seguro de que es así. Cuando se decide apuntar a un hijo o una hija a aprender un deporte, no estamos pensando en conseguir que sean grandes profesionales y que triunfen. Normalmente lo que buscamos es que aprendan a socializarse, que crean hábitos saludables y que disfruten.
Sin embargo, esto que parece tan sencillo y coherente, se nos olvida ante un mal partido o un mal resultado inesperado. No critiques al entrenador delante suya. Realmente te diría que no le critiques nunca.
Si tienes algún problema con el entrenador/a, háblalo directamente. Pero sobre todo no hables mal de su entrenador delante de tu hijo o hija y sin estar él presente. Por un lado, le estás dando a entender que esa conducta es adecuada, y por otro lado estás dejando entrever que hay problemas.
Los problemas siempre crean presión y conflicto. Por eso, mi recomendación, es que hables directamente con el profesional sobre aquello que no estás de acuerdo y mantengas al margen al deportista para encontrar soluciones.
En caso de que sea tu chico o chica quién se queja del entrenador, lo más adecuado es organizar una reunión a tres bandas. Que aprenda a expresarse claramente sobre aquello que no le gusta de manera directa con la persona implicada.
Entiende que todos tenemos malos días. No me negarás que tienes malos días en tu trabajo, a nivel emocional, conduciendo, cualquiera de las otras tareas que suele realizar en tu vida. Por suerte no eres un ciborg o un robor. Lo primero que tenemos que entender es que esto nos sucede a todos. Y por supuesto, a tu hijo o hija cuando compite también.
En muchísimas ocasiones me encuentro con padres que me dicen que no entienden como puede haber jugado tan buen partido la semana pasada y sin embargo está jugar tan mal. Pues la razón es tan sencilla como la explicación que te daba al principio, no somos máquinas sino personas. Nada tiene que ver en muchas ocasiones ni con la motivación, ni con las ganas, ni con el interés que se le pone.
Encuentra y destaca siempre en que está mejorando tu hijo o hija cuando lo hace mal. En esos días en los que todo parece estar saliendo mal, el deportista también está aprendiendo, y mucho. A nivel deportivo, reponerse de un día malo es fundamental porque potencia la resiliencia y capacidad de entrega.
A nivel humano, el hecho de seguir intentándolo, aunque el resultado o el rendimiento sea malo, también es muy positivo. Por eso cuando crees que todo está yendo mal, en realidad hay cosas que están yendo muy bien.
Sonríe. Si cada vez que estamos viendo competir a nuestro hijo o hija fuésemos conscientes de todo lo positivo que estamos presenciando, no tendríamos más remedio que sonreír y demostrar felicidad. Tener un hijo deportista y que además está capacitado y motivado para competir sea cual sea el nivel, es de agradecer.
Como padres, no solo tiene que hacernos sentir orgullosos, si no también felices. Te recomiendo que cuando empiezas a sentir el enfado o la frustración que sé que produce ver a un hijo compitiendo mal, empieces a hacerte consciente de esto último y seas capaz de contrarrestar esa posible energía negativa que le acecha con toda tu energía positiva. Ese tiene que ser tu propósito como padre de deportista.
No se me ocurre nada mejor que llegar a sentirte parte activa del progreso y el disfrute deportivo de tu hijo. Por ello te invito a que reflexiones sobre este artículo desarrollado sobre mi experiencia y te animes a tomar medidas que sumen.
En resumen, la frustración en el deporte es una experiencia común y puede ser manejada de manera constructiva con el apoyo adecuado. El deporte es una herramienta educativa, que favorece el desarrollo físico y mental de los adolescentes y, por tanto, debe ser una experiencia enriquecedora.
Lo mejor que pueden hacer los padres para evitar las conductas tóxicas es mantener el equilibrio anímico ante una victoria y una derrota.
