Mi Hijo es Muy Nervioso: Causas y Soluciones para la Ansiedad Infantil

Muchos padres y madres hemos expresado alguna vez que “mi hijo es muy nervioso”. La ansiedad infantil es un problema común que debemos saber detectar para poder ponerle solución. Según el Informe sobre Salud Mental en la Infancia realizado por el Instituto de la Mente Infantil, los trastornos de ansiedad son lo más habituales en la infancia y adolescencia.

La alerta hay que ponerla cuando el niño o niña muestra signos de nerviosismo en exceso, repite conductas extrañas o cuando se inquieta por asuntos nimios. En ese caso, es posible que sufra ansiedad infantil. Con la situación que estamos viviendo provocada por la Covid-19, la incertidumbre y la alteración de la rutina es lo que más les está afectando. La ansiedad infantil es un estado de angustia, perturbación y miedo ante una situación nueva que no puede controlar un niño y acaba afectándole al comportamiento.

3 tips para controlar la ansiedad en los niños | Dr. César Lozano

¿Qué es la Ansiedad Infantil?

Decidimos que un niño tiene ansiedad infantil cuando no afronta de forma sana ni supera con éxito los miedos y dificultades propias de su edad. Cuando se queda enroscado en ellos sin avanzar, aparecen conductas poco propias o se presentan episodios de miedo, preocupación o irritabilidad, que acaban afectando a la salud mental del niño. La ansiedad infantil es un desorden frecuente en niños y adolescentes: entre un 9 y un 21% lo sufren en algún grado. Así pues, nos encontramos ante un problema bastante común.

La ansiedad en los niños es una situación que puede ser difícil de controlar para los padres. Esto se debe a que ante la reacción natural de protegerlos para que se sientan mejor, muchas veces se puede provocar que la ansiedad de los niños aumente de manera accidental.

La clave para calmar la ansiedad en los niños no es intentar protegerlos en exceso, sino enseñarles la manera en que ellos mismos pueden ser capaces de enfrentar el problema cuando se presente. Si los niños desarrollan la habilidad para lidiar con la ansiedad, el impacto de la ansiedad en ellos se hará eventualmente más reducido. Por ello, lo que se recomienda hacer cuando un niño siente ansiedad es comunicarles que no le ocurrirá nada, que hay que poner solución, incluso cuando si se siente incómodo.

¿A qué se debe la ansiedad infantil?

No está claro qué hace exactamente que algunas personas sufran ansiedad y otras no; tradicionalmente se ha creído que se debe a una combinación de factores genéticos y ambientales.

No se sabe con exactitud cuáles son las causas de la ansiedad infantil, pero se teoriza que ésta podría estar relacionada con la genética, así los niños con padres ansiosos podrían tener mayor riesgo de sufrir ansiedad. En este sentido, sobre los factores genéticos existe poca certeza; tan solo se sabe que los niños con familiares que padecen ansiedad tienen una mayor propensión a sufrir asimismo este trastorno.

Cuestión aparte son los factores ambientales. La ansiedad y el estrés se producen siempre ante una situación de cambio o de amenaza. Cuando se percibe que en el entorno existe algún elemento que puede resultar perjudicial para uno, como por ejemplo si ven a los padres discutir delante de los hijos, se desencadena la ansiedad.

La ansiedad se produce siempre ante una situación que genera un cambio o amenaza hacia el niño o la niña. El cambio no tiene por qué ser siempre negativo. Cambio de clase, curso o colegio. Separación de los padres o pérdida de algún familiar.

Lo curioso, es que esto sucede no solo cuando los cambios son negativos, sino que puede ocurrir incluso cuando dichos cambios suponen una mejora de la situación del afectado. Esto significa que, de hecho, el mayor desencadenante de la ansiedad es el simple hecho de afrontar un cambio.

En el caso de los niños, este tipo de cambios suelen estar razonablemente acotados. Situaciones como el cambio de colegio, la pérdida de un familiar, o la ruptura de pareja de sus padres, son ejemplos comunes. Es cuando se producen estas situaciones de incertidumbre, a las que el niño no está acostumbrado, que aparece la ansiedad.

Existen otras muchas situaciones comunes que pueden dar lugar a la aparición de la ansiedad, como por ejemplo:

  • Cambio de curso o de clase.
  • Cambio de ciudad o de domicilio.
  • Incremento de las tareas escolares.
  • Separación o pérdida de un amigo.
  • Miedo ante enfermedades que puedan afectarles a sí mismos o a miembros de la familia.
  • Enfermedad, ya sea propia o de un familiar.
  • Vivencias traumáticas.
  • Estilo educativo en el colegio o en el hogar.

¿Cuáles son los principales síntomas de la ansiedad infantil?

Los comportamientos que puede delatar que nuestro hijo sufre ansiedad son variados. Conviene estar alerta ante estos síntomas, ya que nos pueden poner sobre aviso en caso de que haya algún problema. La ansiedad en niños se puede manifestar tanto a nivel conductual como de sintomatológico. Hay ciertas conductas y síntomas que pueden alertarnos de que nuestro hijo esté sufriendo ansiedad.

Normalmente, los síntomas que reflejan que un niño padece ansiedad son la preocupación o la tensión sostenidas en el tiempo, con una duración de al menos seis meses.

Así, algunos de los signos más distintivos de la ansiedad infantil son los siguientes:

  • Preocupaciones excesivas, muy continuadas en el tiempo o por muchos motivos distintos.
  • Dolencias físicas, como pérdida de apetito, dolor de cabeza o de estómago, o náuseas y mareos.
  • Hiperactividad e inquietud en las actividades diarias.
  • Problemas para dormir, como insomnio, hiper-somnolencia o pesadillas.
  • Orinarse en la cama, una vez que ya se había superado.
  • Dificultad para concentrarse o para realizar esfuerzos intelectuales.
  • Cambios emocionales o anímicos, como rabietas, llantos, tristeza, agresividad, etc.
  • Evitar ir al colegio o estar con los amigos.
  • Miedo a la separación, dependencia excesiva hacia los padres.
  • Timidez, retraimiento social o tendencia a evitar a la gente.
  • Aparición de múltiples miedos que anteriormente no se tenían.
  • “Infantilización” o vuelta a comportamientos más propios de cuando el niño era más pequeño.
  • Estrés y ansiedad.
  • Fobia social. Es decir, sienten ansiedad ante la proximidad de ciertas situaciones sociales. Por ejemplo, miedo a decir algo en público, relacionarse con los demás compañeros/as o a participar en actividades grupales en el colegio.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Tics nerviosos.
  • Problemas para dormir.

Tipos de Trastornos de Ansiedad en Niños

Hay que distinguir entre la ansiedad infantil y los trastornos de ansiedad en la infancia. En el primer caso, hablamos de una reacción normal y bastante común en los niños. En el segundo, estaríamos hablando ya de un desorden severo, que requeriría de intervención profesional.

Cuando hablamos de ansiedad infantil en este contexto, es importante comprender su dimensión; al tratarse de un proceso normal y no grave, lo primero es no alarmarse. Por lo general, bastará con ayudar al niño a reconocer y controlar su ansiedad, lo que generalmente resuelve el problema. Por ello, cuando un niño tiene ansiedad no suele ser necesario acudir a un psicólogo; esto solo será necesario cuando esta ansiedad resulta excesiva y termina por generar lo que denominamos un trastorno.

Cuando hablamos ya de trastornos de ansiedad propiamente dichos, no diferenciamos aquí entre niños y adultos. Aunque existen peculiaridades en función de si estos trastornos los padece un niño o una persona mayor, el desorden en sí es esencialmente en mismo. Esto hace que, en última instancia, los niños puedan padecer los mismos problemas relacionados con la ansiedad que los adultos.

Estos trastornos son los siguientes:

  • Trastorno de ansiedad generalizada: Consiste en una preocupación extrema y constante sobre cualquier aspecto de la vida del niño. Suele tratarse de niños hiper-responsables y excesivamente preocupados.
  • Trastorno de pánico: Los niños que lo padecen sufren ataques repentinos e intensos de pánico. Estos ataques suelen aparecer repentinamente, y puede durar desde unos minutos a varias horas.
  • Trastorno de ansiedad social: En estos casos, los niños muestran temor a las situaciones en las que han de interactuar con otras personas; no se trata de timidez, sino de auténtico pavor a sentirse evaluados o humillados por otros. Además, no se da únicamente cuando interactúan con adultos, sino también con niños de su misma edad.
  • Trastorno obsesivo compulsivo: Al igual que los adultos, muchos niños presentan también compulsiones u obsesiones. En el caso de los menores, estas están habitualmente relacionadas con que algo puede ser nocivo, peligroso o incorrecto.
  • Trastorno de ansiedad por separación: Se da ante el temor que muestra el niño a la hora de separarse de sus padres. Este miedo suele consistir en que pueda sucederles algo malo a los progenitores, o a sentirse solo y desprotegido. Se manifiesta en forma de pánico y reacciones de profundo malestar a lo que conlleva la separación de los padres. Es habitual encontrar este tipo de problemática enmascarada en otras conductas percibidas como extrañas, el ejemplo más común es no querer ir al colegio o “fobia escolar”.
  • Estrés y estrés postraumático: Se da cuando el niño ha vivido algún suceso que le ha impactado de manera severa, ocasionándole un fuerte estrés. A partir de dicho evento, el menor lo revive de manera constante manteniendo activa su ansiedad.
  • Fobias y miedos: Son muy comunes en los niños, y suelen darse ante distintos estímulos. Algunos de los miedos más comunes son a objetos, a la oscuridad, a la soledad, a animales, o a situaciones concretas.

¿Qué podemos hacer para aliviar la ansiedad en nuestros hijos?

Si detectamos que nuestro hijo tiene problemas de ansiedad, las siguientes recomendaciones pueden ayudar a aliviar los síntomas. Si detectamos que nuestro hijo tiene ansiedad, no debemos alarmarnos y ante todo hemos de saber cómo actuar. No se trata de una problemática compleja y, por lo general, es sencillo ponerle solución.

El primer paso consiste en normalizar la situación y en ayudar al niño a cambiar sus creencias. Hablar abiertamente con él, comprender qué le preocupa y enseñarle a mostrar sus sentimientos es el punto de partida. Se trata de que el niño no se sienta mal por sentir preocupaciones, que comprenda sus emociones y que empiece a aprender cómo tomar control sobre las mismas. Aquí es fundamental la labor de los padres, que han de servir de ayuda y actuar como modelos de conducta.

Por otro lado, es recomendable mostrar empatía hacia el niño en todo momento, sin que esto implique estar a favor de sus miedos. En una segunda etapa se empezará a trabajar sobre la exposición, esto es, confrontar al niño con sus miedos. Esto ha de hacerse de manera gradual, de menos a más. En este proceso ayudaremos al menor a enfrentarse a aquellas situaciones que le generan ansiedad; así aprenderá a gestionar su estrés poco a poco, lo que le permitirá no generar cuadros ansiosos en un futuro.

En la mayoría de los casos, con este enfoque y dedicando tiempo y atención al niño, el problema se soluciona. Solo en raras ocasiones encontraremos cuadros ansiosos severos, que revisten una mayor complejidad. En estos supuestos, si no sabes cómo te puede ayudar un psicólogo infantil, lo mejor es acudir a un profesional especializado en niños. Este profesional podrá desarrollar una intervención clínica con el niño para tratar el desorden ansioso.

Si los tics o manías en niños persisten más de seis meses, interfieren con la vida cotidiana, generan malestar en el niño o se acompañan de otros signos emocionales (ansiedad, aislamiento, bajo rendimiento), se recomienda una evaluación psicológica.

Es importante tener presente que los niños inquietos son niños que experimentan una constante tensión que necesitan descargar. Primero de nada, nunca debes perder los nervios. Intenta entender qué es la forma de ser de tu hijo, no lo hace para molestarte ni sacarte de quicio. Debes tener paciencia con él o ella y mantener la calma. Nunca le etiquetes ni le digas a todas horas que es muy inquieto y que no para. Cuanto más se lo digas, más nervioso se pondrá y, por tanto, más inquieto.

Una buena manera de canalizar su energía es realizando algún deporte y saliendo a la calle a jugar y correr al aire libre. Colorear o hacer manualidades suele gustar a los más pequeños y les ayuda a relajarse y permanecer más quietos durante un rato. Enséñale técnicas de relajación para que aprenda a descargar los nervios y parar cuando esté “a tope”. Procura que el ambiente en casa sea tranquilo y transmita calma. Elógiale y prémiale de alguna manera cuando su comportamiento sea el adecuado. Cuando esté calmado, préstale atención y hazle saber lo feliz que te hace poder realizar actividades en calma.

Una de las mayores problemáticas de los niños con ansiedad se presenta en el momento de ir a dormir. Por ello, enfocar los esfuerzos en ayudarlos a conciliar mejor el sueño puede aliviarlos mucho.

Hablar a los niños sobre inteligencia emocional les permitirá identificar mejor sus emociones, con lo cual también serán capaces de gestionarlas mejor.

Es un error intentar sobreproteger a los niños cuando padecen de ansiedad. Para proporcionarles un auténtico alivio de los síntomas, es necesario enseñarles que ellos mismos pueden ser capaces de controlar sus emociones.

Los tratamientos psicológicos para trabajar la ansiedad en niños tienen como objetivo permitir que el niño tenga una vida normal y pueda sentirse mejor. El tratamiento que se aplicará variará de acuerdo a la gravedad del caso, pero en la mayoría de situaciones se recurre a la psicoterapia, el uso de algunos fármacos o la combinación de ambos tratamientos. La psicoterapia que más suele utilizarse es la terapia cognitiva del comportamiento (TCC). Los trastornos de ansiedad se tratan con terapia cognitivo-conductual.

Es un deber importante de los padres orientar a sus hijos para que sean capaces de aprender a enfrentar estas emociones difíciles desde la infancia, de manera que su vida y su salud mental no se vean negativamente afectadas.

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