Si tu bebé no quiere comer, lo más importante es mantener la tranquilidad, no alarmarte y valorar si existen factores externos que puedan influir en que tu bebé no quiera comer, como un viaje, un cambio de residencia o ruidos no habituales. También puede ser una de las crisis que acompañan las etapas del desarrollo infantil habitual. En este post te contamos qué puedes hacer ante un bebé que no quiere comer, en cada una de las etapas de crecimiento.
Lo principal es que observes y confíes en tu intuición. Tú conoces a tu bebé mejor que nadie. Si, además de la falta de hambre, observas en tu bebé otras señales, como fiebre, reacciones dérmicas, cambio en el tono de su piel… acude a tu pediatra de confianza y consulta tus dudas, para que pueda valorar el conjunto de síntomas.
Si, por el contrario, tu bebé está como siempre pero ha perdido el interés por la comida, lo más probable es que esté viviendo una crisis de crecimiento.
Ciertamente, si el bebé no quiere comer puede inquietar mucho, llegando incluso a agobiarnos, pero es importante recordar que el desarrollo de los bebés no es lineal, sino que pasa por diversas etapas y ciclos, que varían según la edad.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda que, para un buen desarrollo del bebé, la Lactancia Materna Exclusiva (LME) se prolongue durante los seis primeros meses de vida, pues se trata del alimento más completo y personal para cada bebé.
Primer alimento para un Bebé de 6 meses: Cómo elegirlo + 5 ejemplos ¿Cuál es el mejor?
Las crisis de crecimiento
Durante los primeros meses se dan varias crisis de crecimiento, o fases, en las que el bebé parece no comer, o está inquieto.
La crisis de los 17-20 días
Los primeros días de vida suelen ser bastante regulares en los ciclos de dormir y comer. Tras la tercera semana, los bebés experimentan la primera crisis y su comportamiento cambia: quieren mamar más, lloran si no están al pecho, y regurgitan leche pero quieren seguir mamando.
Esto sucede porque necesitan aumentar la producción de leche, por lo que durante dos o tres días están más “enganchados” al pecho. Transcurridos estos días, se retoma su curso habitual de demanda.
La crisis de las 6 - 7 semanas
Aproximadamente al mes y medio el bebé pasa por otra gran crisis de lactancia, porque de nuevo necesita más producción de leche: aumenta la demanda y está más nervioso en las tomas (da tirones, llora mamando…).
En esta fase también se produce un cambio en el sabor de la leche, pasando a ser más salada, y a algunos bebés esto no les gusta. Igual que en la crisis anterior, tras unos días el bebé vuelve a su patrón previo.
La crisis de los 3 meses
Esta es la crisis más delicada, pues tarda un mes en superarse. Además, suele coincidir con la proximidad al fin de la baja materna, lo que incrementa el estrés, ya que empieza la preparación para el proceso de separación que se acerca.
Con tres meses tu bebé ya sabe succionar muy bien, por lo que ya no pide pecho tan a menudo. Además, notarás los pechos más blandos, lo que puede llevarte a pensar que no estás produciendo suficiente leche.
En esta fase, el bebé se distrae más estando al pecho, y mama mejor en penumbra, en un ambiente tranquilo. El bebé engorda menos, por lo que puede dar la sensación de que pasa hambre. Pero todas estas situaciones son perfectamente normales, si entendemos qué está pasando.
A los tres meses se modifica el sistema de producción de la leche, y pasa de acumularse en los pechos, a ser capaz de producir la cantidad necesaria en el momento de la succión. Este cambio implica que el bebé debe mamar, esperar y volver a mamar. La leche no está acumulada y dispuesta, por lo que el bebé debe esperar, lo que no le gusta. Esta es la razón por la que esta crisis puede durar un mes.
Es una etapa delicada porque, con el estrés del momento, muchas madres recurren a la lactancia artificial, dando paso al destete, cuando, si se entiende esta fase, muchas mujeres no abandonarán la lactancia materna precozmente, con la sensación equivocada de que les falta leche o de rechazo por parte del bebe.
¿Qué hago si mi bebé no quiere comer? Algunos trucos
Es preferible no empezar con los sólidos demasiado pronto. Algunos bebés no tienen el estómago maduro antes de los 6 meses.
Deja que juegue y experimente con la comida, que la huela o la aplaste. Después de saciar su curiosidad querrá probarla.
Procura que, siempre que sea posible, la hora de la comida sea un momento social con toda la familia. La imitación es muy importante.
No le presiones. El típico “venga, otra cucharadita más” no da buenos resultados. Negociar y pelear tampoco ayuda. Dale un enfoque positivo y no negocies con dulces, porque afectará en su relación con determinados alimentos. Respeta sus signos de saciedad.
Vigila la temperatura. Adaptate a cómo le guste cada comida a tu bebé. Aunque pueda resultar extraño, sobre todo si te gusta la comida muy caliente, el estómago funciona mejor con alimentos a temperatura ambiente. No dejes de probar si tu bebe prefiere la comida más fría de lo que consideras habitual. Lo importante es que encuentre su manera de disfrutar comiendo.
No le obligues a comer cosas que no le gustan. El paladar evoluciona y tu bebé está descubriendo qué le gusta y qué no. Asume que hay alimentos que no le gustan, aunque no dejes de ofrecerlos: puede que un día te sorprenda.
Evita, en la medida de lo posible, alimentos procesados, como la miel, las infusiones o el té. Su organismo puede no estar preparado, o incluso ser alérgico. Incorporar frutas o yogur natural son dos buenas alternativas.
En definitiva, si tu bebé no quiere comer, ofrécele variedad de ingredientes y preparaciones. Puede que prefiera la fruta en compota en lugar de fresca, o las verduras salteadas en lugar de en puré.
5 motivos por los que un niño/a puede no querer comer:
- Presencia de una enfermedad aguda: Es frecuente que los niños/as pierdan el hambre en el contexto de una infección como un resfriado, una gastroenteritis, amigdalitis, otitis u otro.
- Cambios en la rutina habitual: Cualquier cambio en la rutina habitual de un niño/a puede provocar alteraciones puntuales en la alimentación o también en el sueño.
- Desequilibrio entre las expectativas y lo que realmente necesita el niño/a: Hay peques sanos con un desarrollo normal y un crecimiento correcto que comen poco pero lo suficiente para ir creciendo dentro de sus gráficas de crecimiento.
- Etapas normales del crecimiento: El crecimiento no es un proceso lineal, los peques irán regulando su ingesta en función de sus necesidades.
- Exceso de ingesta de alimentos muy calóricos pero poco nutritivos que desplazan el resto de alimentación: Algunos ejemplos de estos alimentos serían las galletas, los yogures de sabores, los zumos envasados, los batidos, los dulces, las patatas chips…
Recordad, cada niño/a es diferente y su interés por la comida puede ser que vaya cambiando con el tiempo. Ante cualquier duda, siempre es recomendable que consultéis con vuestro pediatra.
Es importante hacer siempre de la comida un momento agradable. Las experiencias bonitas y los recuerdos felices se quedan en la mente de los bebés. Además, los primeros años de vida de estos son esenciales porque van a absorber todo lo que perciben y lo relacionarán, por supuesto también con lo malo y con lo bueno. Por ese motivo, si el ambiente en que a estos se les ofrece la comida es calmado, tranquilo y agradable irán poco a poco creando una percepción positiva de este.
Además, habrá que tener cuidado también con la temperatura de las diferentes comidas. Tened en cuenta que los bebés no conocen que está frío y que está caliente por lo que procurad encontrar la temperatura justa y no les obliguéis a comer cosas que no les gustan.
Recordad que los bebés ahora mismo están conociendo diferentes sabores y texturas por lo que el simple hecho de que no les guste una fruta o una verdura no implica nada grave y tampoco, por supuesto, que no la vayan a volver a probar ni a comer jamás. Dadles tiempo y ofrecedles mientras tanto otras opciones a las que no se puedan resistir y, sobre todo, dad vosotros ejemplo. De nada sirve seguir todos estos pasos adecuadamente si luego vosotros no vais a comer lo mismo que ellos. Es fundamental sentarse a la mesa todos juntos, especialmente cuando ya tengan más de seis meses, hayan empezado con la alimentación complementaria y se puedan sentar en la trona.
En ese sentido, se estima que hasta un 20-30% de niños sanos y un 80% de niños con necesidades especiales sufren algún tipo de trastorno de la alimentación.
Los problemas para comer en los bebés pueden aparecer desde el inicio de la vida del niño. No obstante, se pueden dar en cualquier etapa.
Los bebés no quieren comer por diferentes razones. Puede tratarse de niños que comen poco, niños con una ingesta selectiva y niños con un rechazo global de la alimentación.
A veces, se debe a que son niños muy activos, enérgicos y curiosos y están mucho más interesados en jugar y hablar que en comer. En otras ocasiones sí se debe a problemas psicológicos importantes o bien a enfermedades orgánicas. En este grupo, se incluyen a los bebés que tienen lo que se conoce como neofobia.
Para ello, se debe establecer un horario regular de comidas: se debe programar un número de tomas (4-5 al día) y con cantidades acordes a la edad. Tampoco hay que obligar, insistir o presionar al niño para que coma.
La anorexia en el lactante pequeño suele ser por causa orgánica, predominando las infecciones. Por tanto, el rechazo de la comida del niño pequeño sólo raras veces revela algún conflicto en su relación con la madre. En las enfermedades febriles, la inapetencia suele acompañar a la fiebre. En las gastroenteritis, el niño se muestra negativo para la ingestión de alimentos mientras dura la enfermedad. Cuanto mayor es el bebé, las causas funcionales son más frecuentes.
El niño, que durante 9 meses de gestación ha gozado de bienestar y equilibrio perfecto entre sí mismo y el espacio interior de la madre, tras el nacimiento, debe adaptarse a un ambiente nuevo temporalmente hostil. Para tranquilizarse, quiere sentirse unido a la madre igual que antes, teniéndola siempre a su lado.
Para el lactante, la comida no es simplemente nutrición, también tiene un profundo significado afectivo. Desde sus primeros días de vida, mientras es amamantado o chupa la leche infantil del biberón, el niño establece con la madre una profunda relación. Da y recibe amor a través del contacto físico y psicológico establecido con ella.
Si el niño, que es muy sensible a los estados anímicos de la madre, percibe su ansiedad, se sentirá confuso e inseguro, se volverá a su vez ansioso y manifestará su ansiedad rechazando el pecho o el biberón, incluso tragando aire. Ante estas reacciones la madre se preocupa, creándose así un círculo vicioso del que le será difícil escapar.
Debemos intentar que coma con los miembros de la casa, de forma relajada y distendida. Sentirse integrado en la familia, darse cuenta de que todos escuchan y contestan a sus peroratas reforzará su autoestima.
Errores dietéticos durante los primeros meses de vida también pueden conducir a una anorexia pertinaz. A veces, tras el destete, la modificación de la consistencia y sabor de los alimentos, así como la introducción de la fruta, verduras o papillas, son motivo de nuevas dificultades, comenzando de nuevo la resistencia del niño a la alimentación.
Los padres no deben preocuparse demasiado por la cantidad de comida que ingieren sus hijos. No debe existir motivo de preocupación si el niño, a pesar de su aparente desgana, se manifiesta normalmente despierto, vivaz y activo fuera de horas de comida. Si el niño no pierde peso y su aspecto es saludable, la postura más sabia es tomar las cosas con tranquilidad y dejarle en paz, pero sobre todo no hacer de la comida el parámetro o la medida para valorar la actitud general de niño, ni hacer que el momento de la comida sea un tiempo de "confrontación o enfrentamiento".
Si persiste el enfrentamiento, los mecanismos de rechazo pueden reforzarse por ambas partes y lo que inicialmente era un rechazo de un tipo determinado de alimento, se puede generalizar. La ansiedad de muchos padres es determinante en la persistencia de una falta de apetito en sus hijos.
Alimentar al pequeño de la casa es una experiencia muy gratificante para todos los papás y mamás. Los motivos por los que un bebé rechaza la comida pueden ser muy diversos. Cuando un bebé llega a la familia es muy importante conocer las necesidades alimentarias de cada etapa del desarrollo. Así, podremos saber cuánta comida necesita ingerir. A pesar de ello, un bebé puede rechazar la comida porque existe un problema.
La falta de apetito es uno de los principales motivos por los que las mamás acuden al pediatra. De hecho, en torno al 25 % de los niños tienen alguna dificultad a la hora de comer. Sin embargo, cuando el bebé rechaza la comida de manera continuada, puede existir algún problema grave.
Un bebé puede rechazar el alimento por diversas causas. La mayor parte de las veces, no existe ninguna patología, sino que se debe a factores ambientales y psicológicos.
Cuando un bebé no quiere comer es fundamental que no nos mostremos estresados ni enfadados. Al contrario, debemos esforzarnos por generar un clima cómodo y agradable. El bebé debe asociar la comida con un momento satisfactorio. Para aumentar su apetito, es muy importante evitar alimentarle entre horas y que existan distracciones a la hora de comer (televisión, etc.).
Por último, es importante favorecer que el bebé aprenda a comer solo. Este proceso comienza cuando ya puede agarrar el biberón, el alimento o los cubiertos por sí mismo.
Como ya explicamos, los bebés solo comen cuando lo necesitan, por lo que es fundamental alimentarlo a demanda. Esto quiere decir que él o ella nos pedirá la comida cuando tenga hambre, por lo que debemos aprender a reconocer sus gestos. Cuando el bebé esté lleno, dejará de comer y debemos respetar su decisión. Este proceso es muy importante para que asocie la comida con el fin del hambre.
Si estás en proceso de practicar el método baby-led weaning te habrás encontrado en diferentes situaciones en las cuales tu bebé no quiere comer.
En primer lugar, al cumplir los 12 meses todo cambia. A esto se le suma que su capacidad de explorar el mundo cada día es más grande y que, muchas veces, tendrán cosas mucho más interesantes que hacer que sentarse a comer. Sus ganas de probar cosas nuevas también serán menores a partir de ahora.
De nada sirve que hagamos todo lo anterior, si nosotros no comemos lo mismo que ellos. Es importante sentarse a la mesa a comer juntos, y que los alimentos que le ofrezcas, sean igual que los tuyos, o tan parecidos como sea posible.
“El lactante menor de un año, que comenzó con la alimentación, y repentinamente rechaza la comida es algo relativamente común y lo vemos cada vez con más frecuencia. Si el bebé está creciendo bien, si peso y estatura son normales y el pediatra está tranquilo con su desarrollo, los padres no deben preocuparse, ya que generalmente es algo normal y transitorio”, explica el Dr.
Cada bebé es diferente, y por lo tanto no existe una causa única. Algunos pediatras creen que puede relacionarse con la hipersensibilidad neurosensorial, que son bebés que tienen una sensibilidad mayor a todo tipo de cosas (ruidos, tacto, etc.) y también a los alimentos, entonces son más selectivos. También puede ser por la salida de los dientes, por estar incubando un virus o tener un afta, entre otras posibilidades. Cada caso es distinto, y por eso es importante tener la confianza con el pediatra para preguntar todas las dudas.
Aunque el bebé rechace comida es clave no dejar de ofrecer los alimentos, aunque sea en menor cantidad.
“Si el bebé tiene menos de dos años y no quiere comer, es conveniente consultar al pediatra, al menos telefónicamente.
En primer lugar, si tu bebé ha empezado la alimentación complementaria recientemente, puede que tengas la percepción de que apenas come. Pero como su propio nombre indica, la alimentación en esta etapa tiene el objetivo de complementar a la leche que es su alimento principal. Es normal que no ingiera muchos alimentos porque antes del año obtiene prácticamente todo el aporte calórico y nutrientes que necesita de la leche.
Y es que, tal y como indica la Asociación Española de Pediatría, es más probable que tu bebé rechace alimentos si introduces los sólidos más tarde de los ocho o nueve meses. Esto ocurre porque los bebés que se acostumbran a comer siempre triturados tienen más problemas para aceptar los alimentos en su formato original porque son texturas, formas, colores y sabores que no reconocen. Esta dificultad para aceptar alimentos nuevos o texturas que no les resultan familiares también recibe el nombre de neofobia alimentaria.
El rechazo de alimentos y la reducción de la cantidad de ingesta alimentaria suelen ser motivos de alarma para las familias, pero son dos características comunes durante la etapa de la crisis del año. Esta crisis no siempre comienza cuando cumplen el año. Hay bebés que empiezan alrededor de los 10 meses y puede durar hasta los dos años o más.
Cuando los niños atraviesan esta etapa hay días que no comen prácticamente nada y/o presentan una fuerte selectividad alimentaria, es decir, rechazan alimentos. A su vez, estas “huelgas de hambre” se intercalan con periodos en los cuales comen una buena cantidad de comida y toleran mejor los alimentos que suelen coincidir con sus picos de crecimiento.
Es decir, no crecen a la misma velocidad que cuando son recién nacidos, por tanto, se reduce la cantidad de calorías diarias que necesitan para desarrollarse. Así que, por un lado, no necesitan tanta energía para crecer, y por otro, tienen una gran curiosidad por explorar el entorno debido a su desarrollo neurológico y la comida deja de ser una novedad para ellos.
Las familias suelen angustiarse cuando sus peques atraviesan esta etapa y aunque se debe analizar cada caso, en principio no se trataría de nada patológico. Ahora bien, si tu bebé además de comer poca cantidad o rechazar alimentos empieza a perder peso y/o notas que tiene menos energía, te recomiendo acudir al pediatra para que valore si su estado de salud es adecuado.
Mi primera recomendación es que tengas mucha paciencia y confíes en las señales de hambre y saciedad de tu hijo porque su organismo tiene la capacidad de autorregularse basándose en sus necesidades.
Aunque te preocupe que no coma lo suficiente, nunca le fuerces ni le obligues a comer. Ya que esto uede hacer que asocie las comidas con momentos desagradables y traer una serie de consecuencias negativas:
- Provocar que su mecanismo de hambre-saciedad se atrofie y no sepa reconocer correctamente las señales de su organismo.
- Dar lugar a la aparición de enfermedades metabólicas como la obesidad o la diabetes.
- Desarrollar trastornos alimentarios en el futuro.
- Repercutir en el vínculo afectivo entre tu peque y tú.
Otro punto importante es que no dejes de ofrecerle todos los alimentos a pesar de que los rechace, ya que de lo contrario podría no volver a aceptarlos. Los primeros años son cruciales para que tu bebé consolide sus preferencias alimentarias, por ende, si quieres conseguir que tenga unos hábitos saludables, debe tener acceso a todos los grupos de alimentos. Si dejas de ofrecerle algunos alimentos porque suele rechazarlos, fomentas que cada vez acepte menor variedad de alimentos. ¡Y no queremos que al final solo coma cuatro cosas!
Otra de las estrategias que enseño a las familias es cambiar el formato de los alimentos para hacerlo más divertido y llamativo para los peques. Por ejemplo, puedes ofrecer las verduras en pizzas, hacer hamburguesas con formas, presentar los platos haciendo dibujos sencillos con los alimentos, etc.
También te animo a involucrarles en las elaboraciones dejándoles que participen en el proceso de cocinado ya que favorece la aceptación de los alimentos a la vez que les ayuda a desarrollar su autoestima y a sentirse realizados.
Estos son algunos consejos generales que pueden ayudarte a afrontar esta etapa.
