El embarazo es un período crucial en la vida de una mujer, donde la alimentación juega un papel fundamental en el desarrollo saludable del bebé. Durante la gestación, muchas mujeres se enfrentan a dudas sobre qué alimentos son seguros y cuáles deben evitar. De hecho, el 43% de las madres entrevistadas reconoció haber tenido dudas sobre alimentación durante la gestación y la crianza de sus bebés.
La gran fuente de información sobre nutrición durante el embarazo y la lactancia es la matrona, con un 46% de consultas sobre alimentación, seguidas de los ginecólogos (23%) e Internet (13%).
Una dieta equilibrada es fundamental para todas las mujeres, pero especialmente durante el embarazo. Se considera una dieta equilibrada aquella que se compone sobre todo de fruta, verdura, proteínas, legumbres, cereales integrales y lácteos saludables. Sin embargo, durante el embarazo, hay ciertos alimentos con los que puedes tener problemas, por lo que queremos empezar hablando en primer lugar de qué no comer en el embarazo.
Alimentos que se deben evitar durante el embarazo
Durante el embarazo habrá que poner mucha atención sobre aquellos alimentos que ingerimos. Será importante evitar aquellos que puedan hacer que suframos alguna enfermedad como la salmonelosis. Ésta se puede contraer con la ingesta de huevo no cocinado.
Uno de los errores más extendidos es que las embarazadas pueden consumir mayonesa casera, a pesar del riesgo de salmonelosis que presenta. La mayonesa es una de las salsas más consumidas a nivel mundial. Se elabora con huevo como ingrediente principal, por lo que en algunos contextos su ingesta puede conllevar riesgo microbiológico. Durante el embarazo hay que limitar o evitar el consumo de ciertos alimentos por su riesgo microbiológico. La mayonesa casera es uno de ellos.
El riesgo microbiológico de la mayonesa radica en que muchos de los alimentos de origen animal, cuando se consumen crudos, cuentan con bacterias en su interior que podrían generar intoxicaciones. En el caso de los huevos, la mayor parte de los patógenos se concentran en la cáscara, pero podría producirse una contaminación en el interior del comestible. Además, las malas prácticas de conservación del producto pueden aumentar los riesgos. Por ejemplo, no introducir la salsa en el frigorífico y dejarla a temperatura ambiente genera un caldo de cultivo óptimo para el crecimiento bacteriano.
Principales bacterias presentes en la mayonesa
Las principales bacterias presentes en la mayonesa son las del género Salmonella. Su ingesta podría generar diarreas, gases, dolor abdominal, hinchazón, vómitos y fiebre. Si bien un consumo de las mismas condiciona negativamente la salud de la madre, también pone en riesgo la vida del feto que se desarrolla en su interior.
Además, cuando la sintomatología se presenta en una forma grave, se incrementa el riesgo de sufrir un episodio de deshidratación, lo que también afecta de manera alarmante al bebé. En estos casos, se experimenta una reducción del flujo sanguíneo, lo que condiciona negativamente el aporte de oxígeno a los tejidos del feto. Por este motivo, es fundamental evitar el consumo de mayonesa en el embarazo, sobre todo la casera.
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Alternativas seguras: mayonesa industrial y mayonesa casera con huevo cocido
Ahora bien, hay una versión de esta salsa que sí se podría consumir durante el período de gestación sin riesgos. La industria alimentaria ofrece una mayonesa que ha superado un proceso de pasteurización previo. En concreto, se elabora a partir de huevos sometidos a este tratamiento térmico, lo que elimina el riesgo microbiológico. El calor consigue reducir las poblaciones de bacterias, lo que vuelve completamente seguro el alimento para las mujeres embarazadas. De todos modos, hay que comprobar la verificación de calidad en el envase.
De igual forma, el consumo de mayonesa en el embarazo debería limitarse, ya que se trata de un producto con alta densidad energética. Aunque la ingesta de grasas no se considera negativa, un aporte excesivo de las mismas podría condicionar una situación de sobrepeso.
La solución más extendida, tanto por seguridad como por rapidez, es comprar mayonesa ya elaborada. Estos productos son totalmente seguros ya que son elaborados por empresas autorizadas, aunque si no te convence, sigues teniendo otra opción. Además, la mayonesa en cubo es una solución ideal para disponer de esta salsa siempre que la necesites:
- Los cubos de mayonesa te permiten ahorrar tanto en tiempo como en dinero.
- Con un cubo de mayonesa descargas buena parte del riesgo sobre la marca. Estas toman todas las medidas de seguridad, tanto durante la producción como la conservación del producto, para que el riesgo de desarrollar salmonella sea nulo. Así, siguiendo las indicaciones que te dé el fabricante para la conservación, no tendrás que preocuparte por la seguridad alimentaria de tus clientes.
- Contar con una marca que te respalde te permite garantizar un sabor constante en la mayonesa. Al fabricarla tú, puede que un día varíes la cantidad de un ingrediente y que el sabor ya no sea el mismo.
¡Descubre cómo hacer mayonesa casera segura para embarazadas! Esta versión no solo es más segura, sino también la más sencilla y saludable. Esta mayonesa es perfecta para las darles un sabor TOP a las ensaladas del verano.
Aunque comúnmente se piensa que la mayonesa no es saludable debido a sus ingredientes, la receta tradicional solo lleva productos naturales y beneficiosos. El problema radica en las cantidades y el tipo de aceite utilizado, que suelen ser excesivos. Por eso, hoy te ofrecemos una alternativa con menos grasa y sin riesgo de salmonelosis, perfecta para embarazadas. En lugar de usar huevo crudo, utilizaremos huevo cocido. Aunque las mayonesas comerciales también son seguras, te animo a probar esta receta casera, que tiene muchos más beneficios. ¡Sigue leyendo para aprender a hacerla paso a paso!
Ingredientes:
- 1 huevo cocido
- 50g de leche o bebida vegetal
- 10g de aceite de oliva virgen extra
Preparación:
La preparación no tiene gran misterio: Se vierten todos los ingredientes en un recipiente y se trituran hasta obtener la mayonesa.
Como puedes ver, con solo 10 gramos de aceite de oliva virgen extra podemos obtener una mayonesa casera deliciosa. En la receta original se utiliza casi 20 veces más aceite. Además, preparar esta salsa es muy sencillo, a diferencia de la mayonesa clásica que requiere mucha precisión y tiene un alto riesgo de cortarse.
Para conservarla: guárdala en un recipiente cerrado en el frigorífico. Durará aproximadamente 2 días. Recuerda que sigue siendo un producto con ingredientes delicados como el huevo y/o los lácteos, por lo que conviene hacer la cantidad justa, para poder consumirlo el mismo día.
Que haya que limitar la presencia en la dieta de la mayonesa elaborada con huevo crudo no quiere decir que los huevos cocidos no sean beneficiosos para la mujer gestante. Estos cuentan con una gran cantidad de nutrientes con alta calidad que ayudarán a garantizar el buen desarrollo del feto. Además, son de los pocos alimentos que aportan vitamina D, un nutriente deficitario en la población general que modula el estado de salud. Mantener los niveles adecuados del mismo evita problemas diversos como las enfermedades autoinmunes y otras patologías crónicas.
Otros alimentos a evitar durante el embarazo
Además de la mayonesa casera, existen otros alimentos que deben evitarse o consumirse con precaución durante el embarazo:
- Quesos no pasteurizados: Pueden contener bacterias peligrosas como Listeria.
- Carnes crudas o poco cocinadas: Pueden contener Listeria y el parásito Toxoplasma gondii, causante de la toxoplasmosis.
- Pescado crudo: Puede alojar parásitos como el anisakis.
- Embutidos y jamón serrano: Elaborados a partir de carne cruda, pueden contener el parásito Toxoplasma gondii.
- Pescados con alto contenido de mercurio: Tiburón, pez espada, caballa, atún y blanquillo.
- Alimentos ahumados y marinados: Pueden contener la bacteria Listeria.
- Patés y foies no pasteurizados: Pueden contener la bacteria Listeria.
- Verduras crudas sin desinfectar: Pueden contener virus, bacterias o parásitos.
- Brotes germinados: Pueden ser una gran fuente de bacterias.
- Ostras: Contienen bacterias y gérmenes que normalmente se eliminan con la cocción.
- Alcohol: Causa daño al bebé dentro del útero.
- Exceso de cafeína: Puede causar abortos y bajo peso en el bebé.
Si sales a cenar con amigos y te proponen pedir una tabla de quesos, asegúrate de que no incluye ciertos quesos (brie, camembert, feta, queso azul o queso fresco sin pasteurizar), a menos que te digan que sí han sufrido este proceso. Estos quesos pueden contener bacterias peligrosas como Listeria.
Cuando vayas a comer una hamburguesa y el camarero te pregunte: ¿Al punto o hecha?, responde sin dudar: “Bien hecha”. La carne cruda o poco cocinada también puede contener Listeria, además de producir toxoplasmosis. Si la infección por toxoplasma tiene lugar por primera vez durante la gestación, el microorganismo puede pasar al feto a través de la placenta, poniendo en peligro su salud, e incluso su vida.
¿Eres una amante del sushi? En ese caso, sentimos darte malas noticias porque en los nueve meses de embarazo conviene que elijas pescado ya cocinado. No es recomendable consumir ningún pescado crudo ya que puede alojar parásitos como el anisakis.
El jamón serrano y los embutidos - chorizo, salchichón-, se elaboran a partir de carne cruda (no así el jamón york) y pueden contener el parásito Toxoplasma gondii. Además el cerdo es el animal que más lo trasmite.
Si te ponen una tapa de boquerones mientras tomas el aperitivo con tus compañeros de trabajo, asegúrate bien que antes se han congelado. Los pescados crudos pueden contener un parásito llamado anisakis y cuando alguien ingiere uno de esos animales infectados crudos (como los boquerones en vinagre o el sushi) puede ocurrir desde una sencilla gastritis, una úlcera estomacal o provocar un cuadro clínico muy similar al de una apendicitis, con fuertes dolores estomacales, vómitos… No causa ningún daño ni al embarazo ni al feto, pero sus síntomas pueden ser verdaderamente molestos. La inactivación de las larvas se puede garantizar por congelación o con la cocción, pero antes hay que lavar bien el pescado y sacar las vísceras tan pronto como sea posible. Hay que congelar el pescado a una temperatura de -20ºC al menos 24 horas.
En muchos postres que se hacen en casa se utiliza huevos crudos, como las cremas para el relleno o el tiramisú, lo que conlleva riesgo de contraer salmonelosis.
Los patés y los foies, si no están pasteurizados (lee bien las etiquetas, pero generalmente los que se comercializan sí lo están) son muy peligrosos. Igualmente, si el chef te los recomienda, pregúntale si han pasado por el proceso de pasteurización. Además, contienen mucha grasa.
Las verduras son sanísimas en el embarazo y crudas mantienen todas sus vitaminas. Pero también pueden contener virus como la hepatitis, bacterias como la Listeria, salmonella o E. Coli o parásitos como el toxoplasma. Así que si optas por una buena ensalada, asegúrate de que las hortalizas se han lavado con algún desinfectante para uso alimentario. Como este punto es difícil de averiguar en algunos restaurantes, mejor opta por un plato de verdura cocida.
Si quieres celebrar por todo lo alto tu embarazo, ten mucho cuidado con lo que pones en la mesa: Algunos alimentos considerados como auténticos manjares no debes ni probarlos, como las ostras. Este fruto del mar, al que se le atribuyen poderes afrodisiacos, contiene dentro de su concha bacterias y gérmenes que normalmente se eliminan con la cocción, pero la gracia de la ostra es comérsela cruda; así que los gérmenes se quedan tan ´frescos´ por mucho limón que se le eche.
Durante el embarazo es recomendable abstenerse de tomar alcohol. Las investigaciones demuestran que tomar alcohol durante el embarazo causa daño al bebé dentro del útero y puede llevar a problemas médicos prolongados en el niño después de su nacimiento.
Muchos estudios afirman que el café tomado con moderación no es perjudicial durante el embarazo. Pero siempre que no haya contraindicaciones como en el caso de la hipertensión arterial.
La lactancia
La lactancia es una continuación de la alimentación que recibe el feto en el interior del útero. En ambos procesos, la dieta materna juega un papel activo en la composición de la leche y el aporte de nutrientes al recién nacido. Después de dar a luz hay un descenso progresivo del peso. Si se quiere conseguir un descenso adicional, no existen inconvenientes para hacer una dieta moderada, baja en calorías, y para realizar ejercicio físico.
Las calorías que una madre consume durante la lactancia son algo mayores que las que consume fuera de este periodo. Se acepta que una madre lactante necesita una cantidad adicional de 300-500 kcal al día durante los primeros seis meses de la lactancia, y 400 kcal adicionales hasta que el niño cumpla 1 año.
No se necesita hacer un esfuerzo para aumentar el consumo de líquidos durante la lactancia. La mujer debe beber cuando le apetezca. Las mujeres sanas que realizan una dieta equilibrada no precisan de ningún suplemento vitamínico durante este periodo. Deben, sin embargo, mantener un consumo diario adecuado de calcio y de vitamina D, nutrientes que pasan a la leche. Se deben consumir alimentos ricos en calcio. Si esto no fuera posible es conveniente tomar algún suplemento de calcio.
A pesar de ello, la deficiencia de vitamina D en la madre lactante es frecuente. Se aconseja por ello que la madre lactante y el niño se expongan a la luz solar al menos 30 minutos al día. Los suplementos de hierro solo son necesarios en mujeres que tengan anemia por falta de hierro, en ocasiones como una complicación del parto. Las mujeres sanas con un parto normal no precisan de este suplemento.
Las necesidades de yodo en la mujer lactante son casi el doble de las de un adulto sano, ya que además de cubrir sus propias necesidades tiene que garantizar que el bebé reciba yodo a través de la leche. Las necesidades de yodo en la mujer lactante se estiman en 250-300 µg /día. Dado que el consumo de sal puede estar reducido en ese período (la sal yodada es la fuente de yodo recomendada para todo el mundo), se aconseja un suplemento de 200 µg de yodo al día en forma de comprimidos. La sal de mesa yodada aporta tan solo la mitad de las necesidades durante este período.
Alimentos a tener en cuenta durante la lactancia
Pescado: Casi todos los pescados y mariscos contienen cantidades mínimas pero significativas de mercurio. Si bien esta cantidad no debe poner en riesgo a los adultos, podría alterar el desarrollo cerebral del bebé dado que el mercurio puede concentrarse en la leche materna.
Alimentos asociados con un mayor riesgo de infecciones gastrointestinales: Algunos alimentos como la mayonesa, quesos frescos, etc. pueden contaminarse por bacterias con facilidad, siendo un foco frecuente de infecciones gastrointestinales, sobre todo en verano.
Otros alimentos: Tradicionalmente se ha indicado que algunos alimentos dan mal sabor a la leche y que el bebé puede mamar menos si son consumidos por la madre. En principio no existe ningún alimento que deba evitarse por este motivo, y es la madre quien debe valorar si realmente el niño toma menos leche cuando ella ingiere algún tipo de alimento.
La mayoría de medicamentos que son seguros durante el embarazo lo son también durante la lactancia, aunque hay excepciones. Por ello, antes de consumir cualquier medicina se debe de consultar con el pediatra.
Una pequeña parte del alcohol consumido puede pasar a la leche. En general se recomienda que se esperen 2 horas hasta dar de mamar por cada bebida alcohólica consumida (un vaso de vino, una caña de cerveza). Por ejemplo, si se toma una caña esperar 2 horas, pero si se toman 2 cañas esperar 4 horas.
La cafeína puede pasar parcialmente a la leche. Por ello no se suele recomendar beber más de un café al día.
El abandono del tabaco es recomendable en cualquier circunstancia. Por supuesto que no se debe fumar en presencia de bebés.
Es conveniente no iniciar una dieta hipocalórica (baja en calorías) durante la lactancia, si bien no existe contraindicación para una disminución moderada de las mismas. Se deben evitar productos de herbolario, plantas medicinales o suplementos nutricionales no farmacológicos.
La detección de deficiencias en la dieta se debe realizar durante el embarazo, preferiblemente durante el primer trimestre.
Mitos sobre la lactancia
La lactancia está llena de mitos y de consejos erróneos que en vez de ayudar ponen trabas a las madres que desean amamantar. Te hacemos una lista de los que nos hemos encontrado.
- Amamantar con horarios, a pesar de que hay bebés que se alimentan así y consiguen ganar peso, es la manera más sencilla de que la lactancia se vaya al traste.
- Los bebés lloran. Llorar es la única manera que tienen de comunicarse con el adulto y la única manera de conseguir que su cuidador no se aleje demasiado. Los bebés lloran por muchas cosas y no siempre es por hambre. Por otro lado, si pensamos que el bebé no come suficiente, el llanto no es un buen sistema para averiguarlo.
- El dolor es una de las principales causas por las que las madres abandonan la lactancia. El pensar que es normal que amamantar duela hace que las madres no pidan ayuda o que esperen demasiado en buscar ayuda especializada. Amamantar no duele; es un mito que el dolor forme parte de la lactancia.
- Un mito muy extendido cuenta que no es necesario despertar al bebé para que mame, que si tiene hambre ya se despertará. Este mito causa que haya bebés que tengan una pérdida excesiva de peso los primeros días de vida. Son catalogados como “niños buenos” que duermen muchas horas y no lloran nada, y casi no comen.
- Los chupetes parecen formar parte de los bebés, cuando no son más que una simple y básica imitación de una madre. El chupete no es una necesidad del bebé, es una necesidad de los padres. La frase que el bebé usa el pecho como chupete es totalmente inadecuada, los bebés tienen diferentes tipos de succión: la nutritiva y la afectiva.
- Si estás amamantando, ¡¡ni se te ocurra ponerte enferma!! No te van a querer dar ni un triste analgésico. Las madres lactantes se ponen enfermas, y las madres pueden someterse a la mayoría de pruebas diagnósticas igual que otras personas. Y, por supuesto, la mayoría de enfermedades comunes no suponen un problema para seguir con la lactancia.
- Los bebés tienen que empezar a recuperar el peso del nacimiento a partir del quinto día de vida, y recuperar todo el peso del nacimiento sobre los 15 días de vida. Deben ganar peso sí o sí. La lactancia materna es el mejor alimento para los bebés, sin ninguna duda, pero los bebés tienen que crecer.
- La cantidad que sacas con el sacaleches no es nunca indicativo de la cantidad de leche que produces. El sacaleches, por muy bueno que sea, nunca tendrá la capacidad de succión que tiene un bebé.
- A no ser que exista una indicación médica fundada (ejemplo: una alergia del bebé a algún alimento concreto) no es recomendable que la madre lactante siga una dieta estricta y mucho menos que se eliminen grupos de alimentos de un día para otro. En resumen, por si no ha quedado claro: no hay que seguir una dieta especial, exenta de muchos alimentos.
- No, no hay alimentos ni bebidas que aumenten la producción de leche. La única manera de conseguir aumentar la producción de leche es estimular el pecho y sacar la máxima cantidad de leche del pecho y esto se consigue ofreciendo más el pecho a tu bebé.
- Este mito viene a decir que si bebes agua mientras amamantas, la leche se volverá aguada o producirás un exceso de leche. Evidentemente, no tiene ninguna base este consejo. Para aumentar la producción de leche, lo que hay que hacer es estimular el pecho poniendo al bebé a mamar más veces.
- Para que esto sucediera, el gas tendría que estar en la sangre de la madre y en el caso que esto ocurriera, le produciría una embolia que le causaría la muerte. Los alimentos que contienen vitamina C son ácidos al paladar de quien los consume y si mezclamos en un vaso leche de vaca y zumo de limón la leche se va cortar y va a formar grumos.
- En muchos casos, la lactancia fluye y todo va genial, ¡ideal! Pero la lactancia no es instintiva, hay que aprender a dar el pecho y es necesario entender y saber qué está pasando en cada momento.
- Otro mito que no tiene sentido es que el color de los ojos no es definitivo hasta el destete. El color de los ojos se determina por la genética. Igual que las demás características físicas.
- ¡¡¡Ohhh milagro!!! La leche ya no es leche, se transforma en agua. Es cierto que gran parte de la leche materna es agua, y eso es así siempre, pero nunca deja de alimentar.
- Hablar mal delante de los hijos no es buena idea, ya que ellos copian todo lo que hacemos y deberíamos ser un modelo a seguir ante la vida. ¡Eso lo sabemos todas! Pero de ahí a pensar que la leche se estropea o se vuelve agria, hay un gran paso.
- Las retenciones de leche u obstrucciones se producen por vaciar poco la glándula mamaria, pero no porque el bebé haya soplado. Este es otro mito bastante extendido.
- La leche dentro del pecho solo se puede congelar si se congela a la madre entera. Pero el frío exterior no es suficiente para estropear ni cortar la producción de leche.
- Y para terminar: el mito de la leche y el sol. La leche dentro del pecho no se puede estropear, es perfectamente posible tomar el sol.
