Luisa González, figura clave del correísmo y protegida del expresidente Rafael Correa (2007-2017), vuelve a representar la esperanza de su movimiento político para regresar al poder después de ocho años fuera del gobierno. Además, aspira a convertirse en la primera mujer ecuatoriana en alcanzar la presidencia mediante elecciones.
Las elecciones presidenciales de Ecuador se desarrollan en un escenario marcado por una profunda polarización política y una crisis de seguridad creciente.
Orígenes y Juventud
Nacida en Quito en 1977, aunque de raíces rurales en la región costera, González es abogada y estuvo cerca de lograr su objetivo en 2023, cuando fue derrotada en segunda vuelta por Daniel Noboa, actual presidente y nuevamente su principal contrincante en estas elecciones. Aunque nació en Quito de forma circunstancial mientras sus padres estaban de visita en la capital, González se identifica como una “manaba de corazón”, originaria de la provincia de Manabí. Fue en la parroquia rural de Canuto donde creció, un entorno agrícola caracterizado por su gente trabajadora y por los montubios, campesinos de fuerte carácter de la costa ecuatoriana.
Desde joven trabajó en el campo junto a su abuelo, quien le inculcó disciplina, fortaleza y habilidades como montar a caballo, usar el machete y cumplir con las tareas duras propias de la vida rural. Orgullosa de sus orígenes, González se presenta como una mujer hecha a sí misma, que ha enfrentado la vida con esfuerzo y ha criado a sus hijos por cuenta propia.
Niña pobre. Aunque nació hace 47 años en Quito, la capital de Ecuador, Luisa González creció en el campo, entre agricultores y ganado. Y creció ... rápido. Se casó con 15 años y a los 16 ya fue madre (tiene dos hijos). Su biografía es veloz. El divorcio le llegó a los 22. Se liberó. Estudió Derecho y luego Economía.
Formación y Creencias
De profunda fe católica, Luisa González lleva siempre colgado un crucifijo al cuello y, desde su juventud, luce tatuajes de rosas en su piel, símbolo de su devoción religiosa. Una de ellas tiene un tallo compuesto por palabras de un pasaje bíblico, reflejo de su compromiso espiritual desde que era veinteañera. Sus posturas conservadoras en temas como el aborto, al que se ha opuesto en su totalidad, han generado críticas por parte de ciertos sectores de izquierda, especialmente durante su etapa como legisladora.
Académicamente, se formó como abogada en la Universidad Internacional del Ecuador y cuenta con una maestría en Economía y Desarrollo obtenida en la Universidad Complutense de Madrid. El saber técnico no está reñido con el espiritual. La Biblia es una lectura recurrente. El fervor ha encontrado su inscripción en el cuerpo. Una rosa recorre su espalda. El tallo es rebosante, como la vida que decidió consagrar a la fe. A su lado, un versículo del Antiguo Testamento, Isaías 41: 10-13: "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios".
Trayectoria Política
Luisa González ha estado ligada al correísmo desde sus inicios, cuando Rafael Correa irrumpió en la escena política y llegó rápidamente a la Presidencia en 2007. Fiel al exmandatario, González ocupó cargos clave dentro de su administración, entre ellos el de coordinadora de Agenda Estratégica en 2010, una posición de alta confianza que le permitió familiarizarse de cerca con el ejercicio del poder.
A lo largo de la década correísta, desempeñó también funciones como viceministra de Gestión Turística (2014), secretaria general del Despacho Presidencial (2015) y secretaria nacional de la Administración Pública (2017). En el ámbito diplomático, fue vicecónsul en Madrid (2011) y cónsul en Alicante en 2017, además de ejercer como secretaria general en la Intendencia de Compañías de Quito.
Concluida la era Correa en 2017, González inició su camino en la política electoral y en 2021 fue electa como asambleísta nacional. Desde el Parlamento mantuvo una postura crítica hacia el gobierno del expresidente conservador Guillermo Lasso (2021-2023), cuya gestión culminó de forma anticipada tras la aplicación de la llamada “muerte cruzada”, recurso constitucional que disolvió la Asamblea y convocó elecciones extraordinarias.
Fue entonces cuando el nombre de González empezó a cobrar fuerza dentro del correísmo como posible candidata presidencial. En 2023 asumió la presidencia del movimiento Revolución Ciudadana, consolidando su liderazgo frente a otras figuras internas como Paola Pabón, Augusto Verduga o Gustavo Jalkh. En esta nueva contienda electoral, su compañero de fórmula es Diego Borja, quien reemplaza a Andrés Arauz, el excandidato presidencial del movimiento en 2021.
Elecciones Presidenciales
En Ecuador, el sistema electoral contempla dos rondas. La primera tuvo lugar el pasado 9 de febrero, y la segunda se celebra hoy, domingo 13 de abril. Todo el proceso está bajo la supervisión del Consejo Nacional Electoral (CNE). En esta contienda se enfrentan dos figuras clave: el actual mandatario Daniel Noboa, que representa a Acción Democrática Nacional (ADN), y la exasambleísta Luisa González, candidata de Revolución Ciudadana y respaldada por el expresidente Rafael Correa.
La primera vuelta arrojó resultados muy reñidos: Noboa obtuvo el 44,31 % de los votos, mientras que González alcanzó el 43,97 %, con una diferencia mínima de menos de medio punto porcentual. Después de esa primera jornada electoral, Noboa logró sumar el respaldo del Partido Social Cristiano y de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE). Por su parte, González consiguió el apoyo del movimiento indígena Pachakutik, tras un proceso de negociación política.
La Revolución Ciudadana apela a recobrar la estabilidad que -según sus simpatizantes- caracterizó a Ecuador durante la administración de Correa. "Revivir Ecuador". La consigna que enarbola Luisa González adquiere especial resonancia en un Ecuador que tiene la tasa de homicidios más alta de Latinoamérica. González se prepara para "gritar presidenta con 'a'".
La primera vuelta de las elecciones presidenciales les separó por 16.746 votos, favorables al hijo del gran magnate bananero. Pero el abismo social entre ellos es mayor.
El correísmo reivindicó en 2006 su pertenencia al difuso "socialismo del siglo XXI". Sus banderas aceptaron, en el caso de Correa, un apego a las posturas de la Iglesia Católica en cuestiones relacionadas con el aborto. La religiosidad del exmandatario debió impresionar a González al punto de abandonar la militancia en el conservador Partido Social Cristiano y sumarse al proyecto que había emergido como una "revolución ciudadana". González se formó bajo la impronta de Correa y, bajo su Gobierno, ocupó puestos de segunda y tercera línea en el Estado.
Conocida por su fuerte temperamento, el gusto por la cocina y la desinhibición en la pista de baile, González es, ante todo, una profesional. Posee dos maestrías en Alta Gerencia por el Instituto de Altos Estudios Nacionales, y en Economía Internacional por la Universidad Complutense de Madrid.
Aunque la prefieren ante el derechista Noboa, los colectivos feministas no confían demasiado en González. La candidata ha querido subrayar que su devoción no le nubla la vista. En la campaña no solo ha abogado por un Estado laico sino por los derechos de las mujeres, aunque sin mencionar los aspectos en los que su opinión es inmodificable. Ha suscrito junto con Noboa el "Compromiso público por la niñez y la vida" que promueve la agrupación Sociedad y Familia, contrario a la interrupción voluntaria del embarazo.
González no difiere sustancialmente de su contrincante en lo que respecta al papel que deben desempeñar las Fuerzas Armadas y la necesidad de sanciones ejemplares contra los que cometen crímenes. Sin embargo, subraya que sin políticas sociales y respeto a los derechos humanos, la lucha contra las bandas está perdida de antemano. También defiende una participación activa del Estado para abandonar la dependencia del petróleo y a la vez solucionar los serios problemas energéticos.
El apego a los textos sagrados no limita tampoco su pragmatismo político. González, quien fue derrotada por Noboa en 2023, quiere ganar esta vez. Y para lograr la victoria intenta ser el difícil punto de equilibrio entre distintas fuerzas que quieren un cambio. Lleva como vicepresidente a Diego Borja, quien se desempeñó como ministro de Economía y Finanzas en 2006, cuando se inició el correísmo. Pero ella ha logrado lo que fue imposible para Correa: el respaldo en el segundo turno del Movimiento Pachakutik, brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Los pueblos originarios se llevaron muy mal con el exgobernante, a quien tacharon de extractivista. La candidata no quiere ladearse demasiado hacia la izquierda y, a modo de contrapeso, prometió que, de ser proclamada ganadora este domingo, convocará nada menos que a Jan Topic, un empresario del sector de la seguridad y con experiencia en la Legión Extranjera, para que maneje el ministerio de Interior. "Este pueblo ya perdió el miedo. Se levanta y exige sus derechos de pie", ha insistido durante la campaña.
La Asamblea Nacional ha expresado su inquietud por la reciente declaración de estado de excepción en varias provincias del país, justo a pocas horas de que se lleve a cabo la segunda vuelta electoral.
Como sus convicciones religiosas son muy profundas, inició su camino en la política en formaciones conservadoras. Eso cambió al conocer al expresidente Rafael Correa (2007-2017). Dio un salto a la izquierda y llegó a ser viceministra de Gestión Turística y secretaria general de la Administración Pública. De los últimos 20 tuits de su cuenta, 12 son retuits a los mensajes del ex presidente. González, la candidata fiel que jamás "traicionaría" al gran líder como sí hizo Lenín Moreno, se convirtió sin mayor pudor en la dirigente teledirigida desde Bélgica por el expresidente condenado por corrupción. La campaña más convulsa de la Historia del Ecuador ha confirmado lo que ya se sabía de esta tecnócrata, de buena formación y carente de carisma: es una ultracorreísta en lo político y una reaccionaria en temas sociales y morales, como ha demostró con su batalla con uñas y dientes frente al aborto.
Pese a todo ello, la candidata insistió en su primeras palabras en que "este Ecuador con sentimiento de patria rompió el miedo y votó por una mujer. Es la primera vez que una mujer obtiene tan alto porcentaje en la primera vuelta, que gana de largo", destacó González. Correa ya conocía la capacidad de trabajo de su candidata, ministra de Turismo y secretaria general del Despacho Presidencial durante su mandato. Sin duda, la persona idónea para cumplir sus órdenes y llevar a cabo la hoja de ruta marcada desde Bélgica: victoria electoral, Constituyente, perdón judicial, regreso por la puerta grande, rehabilitación política, derogación de la prohibición de reelección presidencial y candidatura para 2025. Su eslogan, "recuperar la patria", no esconde sus verdaderas intenciones: recuperar a Correa.
Pese a definirse como progresista, su actuación durante el debate sobre el aborto en la Asamblea Nacional la acompañó durante toda la campaña. "El aborto no es un derecho, el derecho es la vida", defendió González, quien llegó a mostrar la pañoleta celeste del Movimiento Salvemos Las Dos Vidas, de los colectivos provida, colocada en su escaño como si se tratase de su bandera. La candidata izquierdista no sólo se negaba a despenalizar el aborto, sino que incluso se posicionó en contra de la interrupción del embarazo en los casos de violación. Su postura en contra del reparto de compresas en zonas desfavorecidas también fue muy polémica.
Nacida de forma accidental en Quito, pero criada en la costeña Manabí, González fue madre adolescente (su hijo mayor tiene 29 años), casada a los 15 años y separada siete años después, por lo que le tocó sacar adelante a su hijo mientras estudiaba en la Universidad.
Fuera de la política, se declara apasionada de la gastronomía manabita -una de las más reconocidas del país-, así como del deporte y de los animales. En su hogar conviven con ella dos perros, a quienes cuida con esmero.
A los 47 años, esta abogada que ha criado a sus dos hijos casi en soledad y que es una firme creyente, espera que la noche del domingo le devuelva con la fuerza de un milagro político su promesa de campaña electoral. El "volver a vivir" en un país sembrado de muerte por la violencia urbana no debe mirarse necesariamente en el pasado. Aunque reivindica la figura del expresidente Rafael Correa, en el exilio desde 2017, estima que su posible llegada al Palacio Carondelet sintonizará con otras necesidades y expectativas. Y sería una mujer, la primera en la historia ecuatoriana, la encargada de liderar el proceso de cambio.
Nació en Quito, pero su familia se radicó cuando era niña en la provincia costera de Manabí, una de las más azotadas por las acciones de las bandas de narcotraficantes. Suele considerarse una genuina "manabita", educada en los rigores del campo y la costumbre de despejar la maleza a golpe de machete. Prefiere el "currincho", un licor de caña tradicional, a cualquier otra bebida alcohólica o espirituosa. El sabor de la juventud en la boca es una marca identidad regional que suele reivindicar frente a una historia de la abundancia económica de su rival, Daniel Noboa.
Son candidatos radicalmente distintos que han logrado convencer a un porcentaje de población muy similar. En la primera vuelta, Noboa obtuvo el 44,3% del escrutinio frente al 43,8% de su rival y entre los dos concentraron el 90% de los votos válidos, pese a que había 14 candidatos en contienda. Ahora están muy igualados en los sondeos, por lo que cualquier paso en falso puede inclinar la balanza hacia una opción u otra.
"Ha sido una campaña muy sucia de los dos lados, llena de insultos y noticias falsas y vacía de contenido. No creo que la mayoría de la población sepa cuáles son sus propuestas, qué país es el que ofrecen", explica a RTVE.es la politóloga ecuatoriana Patricia Hidalgo, que subraya la polarización instalada en el país y apunta que "cualquiera" podría ganar el domingo. Dependerá de quién haya cometido "menos errores" en los días previos a la votación.
Como ventaja, "Noboa juega la carta de la continuidad y la estabilidad que desea la gente. En cambio, González llega con la carta del cambio, con la idea de que el Ecuador necesita una reforma muy fuerte", subraya a este medio la politóloga Selene López.
Tanto él como el oficialismo "solo pueden echar mano de la misma retórica anticorreísta que ha utilizado la oposición desde hace una década, destacando la corrupción, el mal manejo del Estado y de la economía durante el Gobierno de la Revolución Ciudadana (RC)", explica a este medio la politóloga Angélica Abad.
González llega a estos comicios fortalecida. Ha pasado un año en la oposición a Noboa y eso le ha dado un valor adicional que le ha permitido ejercer un distanciamiento de Correa que le podría ayudar, coinciden las expertas, a atraer a los indecisos. Ahora bien, su "capital político" viene dado del exdirigente y parte de su éxito se explica por el legado de un partido estructurado como Revolución Ciudadana.
La candidata correísta se beneficia de "la percepción generalizada de que con Correa estábamos mejor", afirma Hidalgo. "Cuánto de ladrones hayan sido, ese es otro tema, pero la gente tiene el recuerdo de que había carreteras, de que afiliaron a los docentes. Ahora Ecuador está hecho pedazos y esa es una percepción que todavía tienen". "De todos los Gobiernos que vinieron después, no ha habido ninguno que haya tejido una red de bienestar, un ejercicio de política pública que sí funcionaba durante la época de Correa", explica López, que coincide en que "en la mente de la gente permanece la idea de que, si alguna vez hubo orden en Ecuador, fue bajo el Gobierno de la Revolución Ciudadana". Además, esta es la primera vez que el correísmo compite con una opción continuista y se presenta como alternativa de cambio, lo que podría beneficiarles en las urnas.
Asimismo, durante la campaña, González y su partido "han logrado capitalizar los errores del oficialismo", explica Abad. Han calado los mensajes que perjudican a la imagen de Noboa, algunos relacionados con su exmujer, que lo ha denunciado por violencia vicaria, o con "el uso de la imagen de su hija en campaña" (pese a que la ley prohíbe la aparición de menores en publicidad política). También aquellos que apuntan a su "falta de respeto a las instituciones democráticas" y, en concreto, a la tensa relación del mandatario con su vicepresidenta, Verónica Abad, quien lo acusó de haberla forzado a dimitir.
La inseguridad, coinciden las analistas, es el principal reto que enfrenta la política de Ecuador, el país con el índice de homicidios más alto de América Latina, según un estudio de Insight Crime.
Luisa González firmó la semana pasada un pacto con dirigentes de la formación indígena Pachakutik para recibir su respaldo este domingo. Daniel Noboa, sin embargo, ha insistido en afirmar que "no es verdad" que el movimiento indígena esté respaldando a su rival. Ambos candidatos saben que en una elección que se prevé tan ajustada, la diferencia puede marcarla el voto de este sector de la población que, sin embargo, está también dividido.
La diferencia entre ambos aspirantes es mínima y se decidirá con muy pocos votos. Lo que ocurra el domingo, dice López, "dependerá de lo que pese más para el electorado: si el miedo al retorno del correísmo o al desgaste del oficialismo".
