En pleno corazón de la Sierra Alhamilla, un sistema montañoso dominado por los tonos ocres, se encuentra Lucainena de las Torres, un rincón reconocido como uno de ‘Los pueblos más bonitos de España’ desde su inclusión en dicha lista en 2013. Con casi 700 habitantes y situada a 53 km de Almería, Lucainena de las Torres es el lugar perfecto para rodearte del sosiego de la naturaleza sin alejarte de las grandes poblaciones. Reputada por su gastronomía, su aceite y sus afamados vinos.
El tiempo transcurre despacio en este pueblo de las siete torres construidas por los moriscos en el Siglo XV, la Iglesia Parroquial del Siglo XVIII y el árbol centenario de La Plaza del Ayuntamiento. Las estrechas calles de Lucainena de las Torres ocultan hermosas casas antiguas de impolutas fachadas blancas. No hay rincón en todo el pueblo donde no haya una maceta con flores, ya sea colgando de las paredes o apoyadas en suelos y ventanas.
Los vecinos de la localidad cuidan a diario de las miles de flores que adornan cada recoveco del casco, y es que los diversos colores de sus pétalos alegran las despobladas y tranquilas calles de la localidad. Sus cuidadas calles, el color blanco de sus casas, las flores que adornan sus balcones y la amabilidad de sus vecinos hacen de este pequeño pueblo un reducto de paz y armonía que merece la pena visitar y conocer.
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Orígenes e Historia
Todo apunta a que este pueblo, enmarcado por altas montañas, tuvo su origen en la época hispanorromana (cuando la península ibérica formaba parte del Imperio Romano). Se cree que aquí estableció su villa el patricio Lucainus, que dio nombre al pueblo. A este topónimo tradicionalmente le suponen un origen ibérico o hispanorromano, pero los cronistas y documentos de los siglos XV y XVI lo transmiten de distinto modo, como Locayna, La Caynera o Alocainona.
Solamente los documentos oficiales de la creación de parroquias en los años de 1505 y 1514 dan el nombre de Lucainena, y se llama de las Torres por el castillo y las torres que la defendían durante la Edad Media; aunque en el siglo XIX, Madoz especifica Lucainena de las Siete Torres.
Durante la Edad Media y la ocupación árabe de la Península, los musulmanes rodearon la pequeña villa con una muralla y siete torres para protegerla de los asedios. Por aquellos años a la Villa le rodeaba una muralla, probablemente arabe con seis torres que guardaban a una torre principal en la que se refugiaban los habitantes en los asedios. En aquella época ya se conocía como Locaynena, aunque en 1488, cuando fue entregada a los Reyes Católicos, su nombre cambió a Lucainena de las Siete Torres.
Tras la victoria de los Reyes Católicos en 1489, se conceden estas tierras en régimen de señorío a don Enrique Enríquez, tío de Fernando el Católico. Tras la expulsión de los musulmanes del territorio, la población quedó despoblada hasta que, en el siglo XVI, llegaron 19 colonos. El libro de Apeo y Población que se realiza en ese año contiene pocos datos útiles del siglo XVI, se indica que el pueblo fue repoblado por 19 colonos, sin precisar su procedencia.
El pueblo creció durante años hasta alcanzar en 1900 un máximo de 2.455 habitantes. Gracias a la abolición de los señoríos, muchas tierras de nobles y clérigos pasaron a manos del pueblo llano.
En este siglo se lleva a cabo la construcción de la primera iglesia, en 1505, utilizando la antigua mezquita, que será abandonada después de la rebelión de los moriscos. En el siglo XVII se erige un nuevo templo bajo la advocación de Santa María, aunque su patrona es la Virgen de Montesión.
Esta dinámica se verá reflejada también en la población, con un aumento de 1.205 habitantes en 1849, teniendo el máximo poblacional de su historia en 1900 con 2.455 habitantes.
Según el estadista Madoz, hacia 1846, Lucainena pertenece al partido judicial de Sorbas, audiencia territorial de Granada, y caracteriza al pueblo como un lugar de 240 casas, con un terreno de buena calidad y fuentes y manantiales de buena agua potable y ferruginosa, pues abunda el terreno en minerales, siendo el principal el azufre, al Sur, en Sierra Alhamilla, donde se encuentran antiguas minas.
Desde 1902 se celebran en la capilla del Asilo oficios religiosos en veneración de Nuestra Señora de los Desamparados, patrona del recinto.
La vida se encaminó, desde la segunda mitad del siglo XIX, hacia una sociedad plural que vio su mejor reflejo en la amplia variedad de profesiones y oficios que proliferaron en la villa: abogados, procuradores, notarios, médicos, farmacéuticos, se simultaneaban con la principal actividad ancestral, la agrícola, aunque por estas fechas se cuenta con una amplia variedad de oficios por la existencia constatada de telares, molinos de aceite y harina, fábricas de jabón y aguardiente, alfarerías, además de un floreciente comercio: llegan a nombrarse hasta 15 tiendas de géneros diversos: especies, semillas, paños y ropa en general.
El puesto de la Guardia Civil data de 1886 y durante mucho tiempo su emplazamiento se situó en la actual calle de Granada, hasta que en la década de los 70 se modernizó y se ubicó en la barriada de la actual Plaza de Toros, en la denominada Plaza del Duque de Ahumada.
Patrimonio de Lucainena de las Torres
Lucainena es un pueblo que hay que conocer paseando, recorriendo el entramado de sus calles, descansando en sus plazas y descubriendo paso a paso cada rincón.
En el interior de la villa el visitante se topará con su preciosa Iglesia Parroquial de estilo neoclásico, construida en honor a la Virgen de la Montesión, que data del siglo XVII. Justo en la puerta principal se encuentra el mirador llamado El Poyo de la Cruz, desde el que se obtiene una bella panorámica del pueblo y del antiguo molinillo. Desde el mirador de “El Poyo de la Cruz” se divisa toda la población y el antiguo molinillo.
La ruta continúa por la plaza del pueblo donde está situado el Ayuntamiento, La Fuente y un árbol centenario que ha sido testigo de los acontecimientos más relevantes de este pueblo almeriense.
Un día cualquiera el turista podrá encontrar a los vecinos del pueblo usando el lavadero público o llenado los botijos con el agua fresca de La Fuente (ubicada junto al antiguo hospital). Y en el lavadero público podremos saborear el agua de sierra llegada del nacimiento del Peñón. Este agua de sierra llega fresquita, fresquita desde el nacimiento del Peñón. Los sábados la plaza del pueblo se llena de color y jolgorio con el mercadillo semanal.
Entre su patrimonio arquitectónico destaca el Molino de Viento, una de las siete antiguas torres de vigía que existían en la zona, y que se encuentra sobre la cima de la roca más alta del pueblo. En lo alto de la colina más elevada del pueblo se encuentran los restos de la torre vigía principal, de las siete que había antiguamente. Esta torre, también conocida como El Molinillo, protegía la muralla de posibles intrusos, aunque años más tarde se reconvirtió en un molino de viento para moler harina. También es importante resaltar los Hornos de Calcinación, que forman parte del pasado minero del pueblo.
Desde lo alto, el pueblo se extiende por el valle como un lienzo salpicado de pequeñas motas blancas. Las mejores vistas se obtienen desde el mirador del Poyo de la Cruz, un cuidado balcón con bancos donde sentarse a contemplar la vista panorámica de Lucainena.
El imponente peñón de Lucainena es el telón de fondo de la localidad. El Peñón de Lucainena tiene una altura de más de mil metros y fue el primer punto de extracción de mineral y del que nacen dos importantes manantiales como ‘El Marchal’ y ‘La Fuente’. Además, el ‘Peñón’ ofrece grandes panorámicas de todo el valle de Lucainena. Según cuenta la leyenda, un cabrero encontró un tesoro allí bajo una piedra. Se lo comentó a sus vecinos pero no creyeron el relato. Cuando fueron a comprobarlo, vieron brillar las monedas que el pastor había tirado colina abajo.
Al este de la población, en el barranco de Juagarí, se ubica una fuente de aguas sulfurosas con fama de milagrosas. El origen de dicha fama está en la curación de un cerdo enfermo que se revolcó en las aguas. También conocido como Almanzarilla.
Sin duda alguna, uno de los principales atractivos del lugar es su pasado minero. Éste se puede conocer paseando por la Vía verde, un camino que acoge los principales edificios y construcciones mineras que hicieron prosperar a la población.
La explotación se inició en 1896 y se desmanteló tras la Guerra Civil. Se trazó una línea de ferrocarril que unía Lucainena con Agua Amarga, donde se cargaba el mineral de hierro, y de la que actualmente se ha recuperado una parte como trazado de Vía Verde. El sendero lineal, de unos 5 kilómetros, era una antigua línea férrea que se utilizaba para transportar materiales. Hoy día se puede recorrer a pie o en bici.
Tienes que acercarte a los restos de las explotaciones mineras, especialmente a los impresionantes hornos de fundición donde se calcinaba el mineral de hierro, que dominan el paisaje como torres de vigilancia. Es posible entrar en alguno de ellos y subir a la parte superior. Están situados a sólo 1 km del pueblo.
La ruta denominada Senda Minera de Lucainena te permitirá visitar la villa y los puntos de los alrededores más interesantes. Es una ruta sorprendente y muy atractiva.
Esta Vía Verde es un recorrido fácil por las faldas de los montes en los que se asienta Lucainena y aprovecha parte del recorrido del antiguo ferrocarril minero que unía el pueblo con Agua Amarga. Pasa por el municipio de Polopos y llega hasta la Venta del Pobre, donde termina por el momento, aunque la intención es que pueda continuar hasta Agua Amarga. Es un recorrido prácticamente llano que te permite conocer este árido paisaje y aprender sobre la historia de estas explotaciones mineras.
Hornos de Calcinación en Lucainena de las Torres
Gastronomía
El visitante no podrá abandonar el pueblo sin probar antes alguno de sus platos típicos. Esta preciosa localidad está al norte de Sierra Alhamilla, en un enclave un tanto aislado de las principales rutas turísticas, por lo que no es muy visitado, pero te podemos asegurar que es uno de los pueblos más bonitos de Almería, y bien se merece una visita. De hecho es uno de los Pueblos más bonitos de España.
La gastronomía de Lucainena está influida cómo es de esperar por el clima y los recursos que ofrece esta tierra, con platos tradicionales como cocidos con morcilla, potajes, guisos de conejo y perdiz, o gurullos que son migas de pan mojadas y fritas en manteca. Esta localidad almeriense cuenta con exquisitos platos como los gurullos, una pasta de harina de trigo, agua y azafrán que suele servirse con carne de conejo.
En la plaza del Ayuntamiento está el Mesón La Plaza, y muy cerca La Troje y el Hotel Restaurante Montesión Luz del desierto. En cualquiera de ellos puedes degustar estos platos tradicionales y excelentes tapas.
Descubre Lucainena de las Torres, el pueblo minero de Almería que fue sede del spaguetti western
Información Práctica
Al ser un pueblo pequeño la oferta de alojamiento no es muy extensa. No hay área de autocaravanas, pero sí un buen lugar para aparcar en el que se puede pernoctar en la parte de abajo del pueblo, junto al inicio de la Vía Verde. Ubicación: Calle Bilbao, 18.
A unos 30 minutos en coche se encuentra Níjar, una bonita población ubicada en el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar.
El karst en yesos de Sorbas es uno de los cinco que existen en el mundo de estas características, una gran extensión con gran cantidad de galerías excavadas en el yeso en las que puedes admirar las formaciones cristalinas en sus paredes en itinerarios espeleológicos. Recorrerás las galerías excavadas por el agua a lo largo de miles de años en el karst de yesos con la iluminación de la linterna de tu casco, atravesando gateras, estrechos pasadizos y trepando por las rocas, descubriendo paredes cubiertas de cristales. Te aseguramos que es una experiencia fascinante.
Visitar Lucainena de las Torres es mucho más que recorrer uno de los pueblos más bonitos de Almería, es perderse por sus calles blancas llenas de flores, descubrir su historia ligada a la minería y dejarse llevar por el ritmo pausado de la vida rural.
