Poco se parece a una bicicleta ni a una muñeca soñada, aún menos a una consola o a un televisor de 75 pulgadas igualmente esperados. El carbón es la negrura contra la que chocan los anhelos consumistas de los niños revoltosos. Así lo dicta una tradición de la que no hay más certeza que su propia supervivencia: el carbón como amenaza y castigo.
No existe una respuesta inequívoca al origen de esta costumbre, pero en este artículo nos aproximaremos a las hipótesis más plausibles y entenderemos cómo ha evolucionado esta práctica a lo largo del tiempo.
Cabalgata de los Reyes Magos 2023 Ourense Santi M. 19 dic 2023
Una Cabalgata Etílica y Humillante
Antes de enfrentarnos al carbón a pie del árbol, Ángel Peña Martín, doctor en Historia del Arte especializado en las costumbres navideñas, nos devela una curiosa y olvidada tradición. “La noche del 5 de enero, antes de la aparición de las ya tradicionales cabalgatas, en algunas de nuestras ciudades se celebraba una extravagante y mal tolerada farsa, llamada ‘A esperar los Reyes’”.
Este ritual, que fue recopilado por el escritor y periodista Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882), era una burla para escarnio de los inmigrantes, en su mayoría asturianos y gallegos llegados a Madrid.
Los capitalinos les aseguraban que la noche del 5 unos reyes repartirían monedas de oro y les indicaban el lugar donde sucedería. Cuando llegaban a la ubicación, les advertían de que los generosos monarcas se hallaban en la otra punta de la urbe. Y así sucesivamente, hasta que los bromistas, que remojaban su ocurrencia en las tabernas que encontraban a su paso, no se tenían en pie o los incautos no podían con su alma de tanta caminata. Curiosamente, los carboneros eran integrantes activos de la panda de los burlones.
La juerga etílica y el chascarrillo originaron un rechazo social que culminó con medidas legales. “Con la prohibición de todas estas prácticas, la noche de Reyes, pasó a ser, desde entonces, la de las creencias infantiles, en la que todos los niños debían irse a dormir pronto”, indica Peña Martín.
Esto ocurrió en el siglo XIX, momento en el que emergen los rituales navideños tal como los celebramos hoy. Y aunque es posible que esos carboneros chanceros bromearan con obsequiar pedazos de carbón, existen otros posibles orígenes para esta costumbre.
Calefacción Pagada: ¿Un Regalo Valioso?
¿Y si el carbón no hubiera sido siempre un castigo? Esta es una de las teorías más extendidas. Durante el siglo XIX el frío no se andaba con chiquitas y la pobreza energética era causa de muerte. Unos trozos de carbón eran un regalo muy apreciado.
¿Cómo habría pasado a tener tan mala prensa? La culpa, como de tantas otras cosas, recaería en la sociedad de consumo. Las sucesivas revoluciones industriales propiciaron la producción masiva de objetos para todas las clases sociales, incluso para las menos pudientes. Los juguetes ascendieron peldaños en la escalera de las necesidades infantiles, y recibir un pedazo de antracita pasaría a ser considerado “de pobre”. Y, por ende, de malo, porque en aquella época se consideraba que pobreza y delincuencia eran sinónimos. Por lo tanto, los niños que recibían carbón eran pobres y en consecuencia, malos.
Escena propia de la Revolución Industrial en Inglaterra - Dominio público
Regalar carbón pasó a considerarse de mal gusto, como si alguien, en vez de entregar los consabidos calcetines o colonias, nos pagase unos días de la factura del gas. Aunque resultaría de lo más práctico, socialmente sonaría a insulto, a una forma soterrada de llamarte “muerto de hambre”. Lo mismo habría sucedido en aquella época, tras la irrupción de la sociedad de consumo.
Carboneros Buenos y Malos: Figuras Folclóricas
Papá Noel ha fagocitado muchas figuras de regaladores arraigados en el folclore de diferentes regiones con la huella del carbón en su ADN. En Italia, reparte dulces y regalos la Befana, una bruja bonachona ataviada con harapos y manchada de hollín. “Existe en España, sobre todo en el norte, una tradición de carboneros que llevan regalos a los niños que se han portado bien, como Olentzero o Apalpador”, relata la historiadora María Narbona Cárceles, autora de Historia de las tradiciones navideñas (Palabra, 2022).
Olentzero desfila todos los 24 de diciembre por las localidades navarras y vascas - Terceros
Lo que ha llegado hasta nuestros días es que el Olentzero vasco y el Apalpador de Lugo entregan presentes tiznados de carbón, pero no siempre fue así. “Encontramos fuentes antiguas, que sí que se conservan -a diferencia de muchos de los mitos navideños de los que no existe documentación- en las que se habla de que la tradición de Olentzero no fue siempre la de un carbonero bondadoso, sino que se utilizaba para asustar a los niños”, comenta Narbona.
En este sentido, todos los antepasados de Papá Noel han contado con un reverso tenebroso desde el embrión de la tradición: “A mi modo de ver, los orígenes más remotos datan de comienzos de época moderna, en la zona fronteriza de Francia y Alemania, donde san Nicolás traía los regalos a los niños. En ambos países se desarrolló un personaje antagónico al santo que solía acompañarle. En francés es el Père Fouettard (padre látigo), que causaba terror entre los niños. Hay personajes muy parecidos, con nombres diversos, como el Krampus en la zona de los Alpes, pero siempre en el lado oscuro de san Nicolás. En algún momento también sé que estos personajes llevaban a los niños cenizas y carbón, pero nunca he encontrado un documento o referencia literaria que lo corrobore”, nos dice Narbona.
Carbonilla: El Paje Chivato
Esta autora hace alusión también a Carbonilla o Carboncito, un paje encargado de hacerle el trabajo sucio a los Reyes Magos y señalar con el dedo a los niños que merecen un correctivo tizón. Carbonilla no es un demonio ni un duende cruel, es un espía del día a día de los pequeños, una especie de algoritmo que todo lo sabe sobre ellos. Pero para mal. Es el chivato que informa de quién no se está portando bien y no se merece más que un trozo de carbón.
Cumple, además, con la función de externalizar el castigo. No son ni los Reyes ni los padres los que toman la decisión de sustituir regalos por mineral, sino el comportamiento del infante. Carbonilla funciona como Dios o como un dispositivo panóptico: sabe lo que el pequeño hace en todo momento, es alguien a quien no puedes jugársela, por lo que solo queda una: portarse bien.
Tradiciones Paganas y el Fuego Sagrado
El carbón fue el sustituto de la leña, que cuenta con una dilatada tradición en el mundo pagano. “Esta tradición que vincula los regalos navideños con el carbón se puede unir a la propia costumbre de quemar los troncos viejos en la hoguera para dar la bienvenida al solsticio. Son las culturas centroeuropeas y las del norte de España las que están más vinculadas al bosque, a la madera, al fuego, y es normal que el carbón haya formado parte de todo este imaginario. Desde luego, no era un desecho cualquiera: una piedra, un palo o una cáscara de nuez, por ejemplo”, apunta Narbona.
En este sentido, el Tronco de Yule, asimilado por el cristianismo y posteriormente por la repostería como tronco de Navidad, se quemaba en la noche más larga del año para celebrar el retorno de la luz y proteger el hogar. La gestión de las cenizas era de gran importancia: debían permanecer como talismán de la casa.
Tronco de Yule con hiedra - Rosser1954, CC BY-SA 4.0 / Wikimedia Commons
El cristianismo reniega de las tradiciones paganas, y las cenizas, lo oscuro y lo sucio pasan a formar parte del inframundo. Algunas hipótesis apuntan a que la chimenea por la que se cuela Santa Claus funciona como conexión entre dos mundos: el cielo y la tierra. Aunque la realidad podría ser más prosaica y que al descender por el conducto, el señor de la barba aprovechara para echar mano de un pedazo de carbón y así castigar a los malotes de la casa sin tener que darle demasiadas vueltas a la cuestión.
Dulce Condena: La Pedagogía Moderna
La pedagogía ha cambiado profundamente y, desde que el concepto “refuerzo positivo” hizo su aparición, el carbón se dulcificó. Tanto que transmutó de elemento punitivo a golosina azucarada.
CARBÓN DE REYES: Receta de CARBÓN DULCE (¡Regalo de Navidad para los traviesos!)
«Tienes que portarte bien, que van a venir los Reyes». Esta frase que tantas veces se ha repetido a todos los niños de España es un chantaje emocional de Navidad. Ni es una frase inocua, ni tampoco debemos sentirnos mal por haber caído en esta dinámica en el pasado. No se trata de repartir culpas. Al fin y al cabo, hemos sido educados bajo estas fórmulas. Del mismo modo, es innegable que se trata de un chantaje a nuestros hijos: si te portas bien, vas a tener regalos; si te portas mal, no los vas a tener. Toca cambiarlo -esta y otras actitudes tóxicas con los niños en Navidad-, pero entendiendo primero la razón. Empecemos. ¿Por qué está mal esta forma chantajear a los niños con los Reyes Magos?
Lo primero de todo, y aunque suene extraño, será hacer una defensa del chantaje emocional. Porque hubo un momento en el que venía a sustituir actitudes mucho peores. «En defensa del chantaje emocional, diré que fue una herramienta de contrarrespuesta para evitar el uso la violencia física que se venía utilizando de forma habitual hasta, más o menos, la década de los noventa. Llegó un momento en el que los padres entendieron que había que dejar de usarla y se comenzaron a emplear otras estrategias que, en aquella época, parecían más respetuosas. Es ahí cuando toma tanta popularidad el chantaje emocional.
Sí, poco a poco vamos mejorando. Pero el utilizar la Navidad para condicionar el comportamiento de los más pequeños sigue siendo una estrategia demasiado habitual. «Vamos teniendo consciencia de que esta comunicación no es la correcta, pero seguimos usando mucho el chantaje y la amenaza. Es estas fechas, pero también el resto del año», explica Sara Tarrés, miembro del Grupo de Trabajo en Inteligencia Emocional del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña. ¿Por qué lo hacemos? Educar es complicado, puede resultar agotador y requiere tiempo y esfuerzo. Y de vez en cuando, nos ponemos en piloto automático y caemos en estas técnicas que son, indudablemente, efectivas a corto plazo.
Vincular el comportamiento de un menor a la llegada de Papá Noel o los Reyes es un tipo de chantaje emocional. Imaginemos que su hijo o hija quiere tener un teléfono móvil de último modelo, el videojuego más deseado o el juguete estrella de estas Navidades. Y que, como padres, estamos dispuestos a regalárselo. Es ahí cuando caemos en la trampa: «Si haces tal cosa, tal vez te lo traigan los Reyes».
«Cuando te chantajeo con algo, cuando te ofrezco un premio, cuando te digo que si te portas bien o sacas buenas notas te voy a regalar, por ejemplo, un iPhone, lo que estoy haciendo es tomar el teléfono y ponerlo en lo más alto, le doy la calidad del máximo deseable. El teléfono, el juguete o cualquier otra cosa pasa a ser lo más maravilloso a lo que puedes aspirar y todo lo que tú tienes que hacer para lograrlo -ya sea portarse bien, tratar bien a la hermana o sacar buenas notas-, es un mal necesario para alcanzarlo. Se convierte en un mensaje contrario a lo que la mayoría de padres y madres querríamos estar transmitiendo», explica Aguilera que apunta que lo esperable es que, como padres, busquemos enseñar a los niños que los regalos, los bienes materiales, no son lo máximo ni lo mejor.
Como la maternidad y la paternidad no viene con libro de instrucciones, es normal fallar. «Queremos educar en que tratar bien a tu hermano, portarte bien o sacar buenas notas es algo que tiene un fin en sí mismo. Sara Tarrés, enriquece esta reflexión: «Chantajeando, estamos llevando la motivación hacia lo externo; no hacia lo interno. Acabamos condicionados siempre por el premio o el castigo, que es un elemento externo, no voy a hacer algo por los principios o los valores que he incorporado. No me van a importar otras cosas, como el hacer daño a terceros.
Las psicólogas se plantean otro escenario que no es baladí. ¿Y si el niño acepta el chantaje y se propone sacar buenas notas para complacer a sus majestades de oriente pero no lo consigue? Démonos cuenta de lo frustrante que puede ser condicionar el recibir un regalo de Papá Noel a aprobar todas las asignaturas, pongamos, con un 8. «Tú lo intentas, pero no logras el 8.
Pero este riesgo de consolidar actitudes interesadas no es la única razón por la que el chantaje debería parecernos una mala idea. Si enseñamos a los más pequeños que el chantaje es una actitud normal, lo aceptarán como normal. ¿Se lo harías a un adulto? Con los niños rompemos las reglas que con el resto del mundo, no. Esto pasa siempre, pero en Navidad y ante la inminencia de regalos materiales la cosa se dispara. «A los padres nos cuesta mucho entender que cada estrategia tiene como objetivo una enseñanza en particular. Por ejemplo, una paga mensual tiene el objetivo de que aprendas administración financiera. Yo dejo de comprarte cosas para que tú aprendas a priorizar. Todo esos aprendizajes están asociados a la paga.
Pero claro, surge una pregunta. ¿Cuál es la alternativa? Si el niño o la niña suspende varias asignaturas y los Reyes o Papá Noel son generosos con sus regalos, ¿se están 'premiando' las malas notas? Aguilera responde: «Si saca malas notas, vamos a recorrer la escala que corresponde a las malas notas y que está relacionada con las malas notas. Primero conversaremos, a ver qué es lo que está pasando, averiguaremos por qué está desmotivado y, si es necesario, recurriremos a un profesional. Pero siempre debe estar relacionado, porque el cerebro aprende en la medida en la que los elementos que ponemos a su disposición están relacionados entre sí.
Otro buen motivo para entender por qué es una mala idea invitar a un niño que se porte bien pensando en los regalos de Reyes, es pensar en cuál es el motivo por el que se regalan cosas en estas fechas. ¿Tu pareja recibirá o no un regalo en función de cómo se haya portado últimamente? ¿Se imaginan que así fuese? Solo de plantearlo, la escena resulta bastante cómica. Evidentemente, si nuestra pareja se convierte en algo negativo para nosotros, las medidas a tomar serán otras -desde la terapia de pareja a acabar con el vínculo-, pero no recurriremos a Papá Noel para solucionarlo. «El sentido del regalo es demostrar afecto -no entraremos en debates más profundos como el materialismo de esta práctica-.
Alternativas Positivas a la Tradición del Carbón
Ante la controversia que genera el carbón como castigo, muchos padres buscan alternativas que fomenten un ambiente más positivo y educativo durante la Navidad. Aquí algunas ideas:
- Refuerzo Positivo: En lugar de centrarse en lo negativo, destacar y recompensar las buenas acciones de los niños a lo largo del año.
- Regalos Incondicionales: Hacer regalos por el simple hecho de demostrar afecto, sin condicionarlos al comportamiento.
- Enseñar Valores: Utilizar la Navidad como una oportunidad para enseñar sobre la importancia de la generosidad, la empatía y el respeto.
- Actividades en Familia: Crear recuerdos duraderos a través de actividades compartidas, como cocinar, decorar o realizar obras de caridad.
Tabla Comparativa: Figuras Navideñas y el Carbón
| Figura Navideña | Región | Rol | Relación con el Carbón |
|---|---|---|---|
| Reyes Magos | España | Entregan regalos | Carbón para los que se portan mal (tradicionalmente) |
| Papá Noel | Internacional | Entrega regalos | Carbón para los que se portan mal |
| Olentzero | País Vasco | Entrega regalos | Carbonero que tradicionalmente asustaba o daba carbón |
| Befana | Italia | Entrega dulces y regalos | Bruja con hollín, similar a la idea del carbón |
| Carbonilla | España (mito) | Paje de los Reyes Magos | Vigila a los niños y decide quién recibe carbón |
