Lenguas Maternas de Bolivia: Riqueza Cultural y Esfuerzos de Preservación

El lenguaje es una de las características diferenciadoras del ser humano. Para cualquier comunidad, la lengua permite comunicarse con su entorno y explicar concepciones del mundo propias de su cultura. En Bolivia existen 37 lenguas oficiales a escala nacional.

Sí, has leído bien: ¡37 lenguas oficiales! En España, por ejemplo, existen dos a escala nacional: la lengua española y la lengua de signos. 36 de las lenguas oficiales habladas en Bolivia pertenecen a los pueblos indígenas, a las que debemos sumar el castellano, lengua oficial hablada por la mayor parte de la población.

Es que en el país sudamericano existen 36 pueblos originarios o indígenas, entre ellos los aimaras, los quechuas y guaraníes. Estos pueblos cobraron gran visibilidad desde la llegada al poder en 2006 del primer presidente indígena del país, Evo Morales, declarándose a Bolivia como Estado Plurinacional.

En unComo te contamos cuáles son las lenguas oficiales de Bolivia, quiénes las hablan y en qué zonas del país.

De un total de poco más de 10 millones de habitantes, el 28% de los bolivianos habla el quechua, sobre todo en la zona del altiplano, en el centro y sur del país. Le sigue la lengua aimara, que es hablada por un 18%, y es una de las más antiguas de todo el continente americano, hablada sobre todo en la zona de Oruro y La Paz, en el oeste y sur del país.En tercer lugar, en el departamento de Santa Cruz (suroeste del país) encontramos a la mayoría de los hablantes del guaraní, empleado por el 1% de los bolivianos.

Con todo, el castellano es la lengua oficial más hablada: es utilizada por el 84% de la población como consecuencia de la dominación española primero y los sucesivos gobiernos que discriminaron las lenguas que hablan miles y miles de bolivianos.

A continuación te contamos cuáles son las otras lenguas oficiales de Bolivia, además de las más habladas, el castellano, el quechua, el aimara y el guaraní. Aquí van: araona, bésiro, baure, cavineño, canichana, cayubaba, chíman, chácob, ese ejja, guarayu, guarasu’we, itonama, maropa, mojeño-ignaciano, mojeño-trinitario, machajuyai-kallawaya, machineri, leco, movima moré, mosetén, pacawara, puquina, tapiete, tacana, toromona, uru-chipaya, weenhayek, yuki, yaminawa, yuracaré, sirionó y zamuco.

Probablemente te preguntarás si es posible aprender todas estas lenguas en la escuela… ¡Te lo contamos enseguida!

A partir de 2017 se pondrán en marcha planes de alfabetización en las 36 lenguas originarias reconocidas en la Constitución. Es importante saber que Bolivia es el país que más invierte en educación en América del Sur, destina el 14 % del presupuesto del Estado, casi el 7% de su Producto Interno Bruto y que la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura) declaró a Bolivia país libre de analfabetismo. ¡Y ahora van a por más!

¿Pero cómo enseñar en 36 lenguas? Para ello el gobierno boliviano ha implementado un programa de formación complementaria para 138.000 educadores, para enseñarles o ayudarles a mejorar el uso de las lenguas indígenas.

Seguro que has oído hablar o conoces algunas de las frases de El Principito, uno de los libros más famosos de la historia de la literatura. ¡Cuánto hemos aprendido de ese pequeño príncipe! Pues desde hace no mucho tiempo los niños y adultos que conforman el pueblo aimara también pueden leerlo en su lengua.

El Principito fue traducido por primera vez al aimara, una lengua nativa que se habla como hemos visto en Bolivia, pero también en sus países vecinos, como Perú, Chile y Argentina. Lo hablan en total dos millones de personas. Y la traducción no fue iniciativa de una editorial ni de un gobierno en particular, sino de un profesor universitario.

Se trata de Roger Gonzalo, profesor de quechua y aimara, que trabajó durante dos años para traducir el libro completo. Lo curioso es que el profesor dijo que no le fue difícil traducirlo porque El Principito cuenta historias fantásticas muy parecidas a las historias de la cultura tradicional y oral de los pueblos aimaras.

¿Cómo se llama El Principito en aimara? Lograron que el gigante de Internet los ayudara a poner a disposición la red social en lengua aimara y para ello tuvieron que traducir alrededor de 24.000 palabras, llevan algo así como el 90% de lo necesario para que se habilite la página en aimara. Están a punto de conseguirlo y todo gracias a la voluntad de un equipo muy pequeño, integrado por 20 personas, que en ocasiones se reunieron personalmente o hicieron el trabajo aprovechando las ventajas de Internet.

COCHABAMBA // Latinoamérica vive un momento de expansión cultural, educativa y comunicativa sin comparación. Los potentes retos a los que se enfrenta el continente son esperanzadores y así lo abordó la semana de la Comunica-Acción y las Tecno-lógicas en el mARTadero de Cochabamba, Bolivia (un centro cultural que resignifica parte del edificio que antes fue el matadero de la ciudad e involucra para ello al barrio).

A finales de agosto pasado, unas 150 personas de casi todos los países del continente se dieron cita en un encuentro donde abordar la cultura de red, el activismo y la comunicación como ejes claves y herramientas de transformación. Desde la Constitución de 2009, Bolivia garantiza la recuperación, preservación, desarrollo, aprendizaje y divulgación las 36 lenguas del Estado Plurinacional, aparte del castellano.

El reconocimiento a los pueblos originarios y a la diversidad cultural se ha puesto en valor desde entonces. El uso de los idiomas originarios desciende paulatinamente, en particular entre los jóvenes, y muchas lenguas se encuentran en un punto crítico de no retorno. A pesar de que la Constitución boliviana recoge y reconoce 36 lenguas, las más habladas son el quechua, el aymara y el guaraní.

En 2012 se creó el Instituto Plurinacional de Estudio de Lenguas y Culturas (IPELC), cuya función es desarrollar investigación lingüística y cultural para preservar y fortalecer los idiomas vigentes en el país y recuperar los valores y conocimientos de las naciones originarias de Bolivia.

En última instancia, es responsabilidad del IPELC implementar los Proyectos Sociocomunitarios Productivos (PSP), adaptaciones de las necesidades educativas y de aprendizaje de cada comunidad a sus lenguas y usos, así como la creación y acompañamiento de nidos lingüísticos para la transmisión de saberes e idiomas tradicionales a las generaciones venideras.

Ignacio Tomichá, hablante del idioma bésiro, de la etnia Monkox del pueblo indígena Chiquitano, relata cómo desde el IPELC, donde trabaja, se realizó un sondeo entre jóvenes universitarios a quienes se les preguntaba qué lenguas oficiales bolivianas conocían. De media sólo sabían nombrar tres. «Hasta el mismo discurso del presidente [Evo Morales], nombra el quechua, el aymara, el guaraní… y otros», afirma.

De ahí su inquietud por emprender acciones concretas, a través del uso de redes y tecnología, para documentar y difundir el bésiro. En conjunto con National Geographic, han puesto en marcha un diccionario hablado en línea de español e inglés a bésiro. «Escribió una mujer que vive en Brasil y pensaba que su familia era guaraní, pero se identificó con el bésiro: reconocía que era la tradición oral de su familia». Además, producen cápsulas de vídeo y audio en el idioma que comparten en Youtube y Soundcloud.

Aunque el trabajo de documentación, difusión y el uso de internet les permite conectar con hablantes fuera de sus comunidades, el problema persiste al interior de ellas y sobre todo en regiones apartadas, donde el acceso a internet es impensable. No sólo se trata de difundir y promocionar. «Hay comunidades aisladas, como la Tentayape, hablante del guaraní, donde nadie puede acceder y la emigración es constante», relata Tomichá. «Otras comunidades llevan más de 50 años sin hablar su lengua y en algunas sólo la habla una o dos personas, con lo que ahí ¿de qué vale hacer un diccionario? Tal vez las necesidades de preservación son otras. Son cuatro o cinco pueblos vulnerables los que están en serio peligro».

Los datos del último censo (2012) tampoco ayudan: «se le preguntaba a la gente con qué idioma se identificaba, pero no si lo hablaba realmente», afirman. «¿Cómo crees que se está implementando la ley, realmente?», se pregunta Rubén Hilare, lingüista del pueblo Aymara, residente en El Alto. «En teoría todos los funcionarios públicos deben hablar al menos una lengua nativa de acuerdo a su región. Esto no está pasando. Y tampoco hay información suficiente entre los hablantes para que puedan exigir sus derechos lingüísticos», afirma.

Precisamente en El Alto, la comunidad digital Jaqui’ Aru promueve el uso del aymara en internet. Por otro lado trabajan fomentando el uso de software libre y de plataformas no privativas en el desarrollo de su trabajo. Victoria Tinta, miembro de Jaqui’ Aru y editora de Global Voices Aymarata, vive en una comunidad cerca de El Alto donde precisamente no llegó el censo de 2012. «Desde 2009 hemos traducido 577 artículos que blogueros de todo el mundo comparten sobre temas que no publican los medios de comunicación habituales.

«En el IPELC quisiera proponer la implementación de estudios sociolingüísticos para evaluar la vitalidad de las lenguas, ya que ni siquiera en las mismas comunidades los niveles son similares», asegura Tomichá. «Esto permitiría evaluar qué acciones son más pertinentes para la recuperación». «Si ahora no hacemos esos estudios, de aquí a diez años va a ser imposible o por lo menos mucho más difícil.

Diversidad Lingüística: Un Tesoro Cultural en Peligro de Extinción

La aprobación de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2007 puso la necesidad de conocer y respetar la cultura de estas comunidades. Uno de los proyectos con este objetivo fue la publicación de un Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas en América Latina, documento que reveló que Latinoamérica es la región con la mayor riqueza del mundo en familias lingüísticas.

Cuenta con 99 frente a otras regiones como África, Asia del Sur y Nueva Guinea que presentan entre 10 y 27. La familia lingüística latinoamericana más extendida es la Arawak, desde Centroamérica hasta la Amazonía, y de esta proceden más de 40 lenguas distintas. Respecto a los idiomas más extendidos, siendo 103 transfronterizos (el 24,5%), destaca el quechua por hablarse en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Perú.

Otra de las más conocidas es el náhuatl, la lengua de los aztecas y una de las más estudiadas. Estos datos nos hablan de un gran patrimonio lingüístico presente en América pero el peligro llega al analizar su estado: casi una quinta parte de los pueblos latinoamericanos ha dejado de hablar su lengua indígena manifestándose en que 44 pueblos utilizan como único idioma el castellano y 55 el portugués.

Este tipo de situaciones en varias regiones del mundo llevó a que la ONU proclamase 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. El mapuzugun y el wayuunaiki son dos ejemplos de lenguas indígenas americanas en peligro de extinción. Las dos, originarias de Chile y Colombia respectivamente, entraron en contacto con el español a partir del siglo XVI y han ido dejándose de usar progresivamente pero es a partir del siglo XIX cuando su desuso se ha acelerado.

Los estudios explican este suceso por una cuestión de reducción de las sociedades indígenas y la obligación de adaptarse a las instituciones gubernamentales y al desarrollo económico. Uno de los sucesos irreversibles relacionado con la extinción de las lenguas indígenas ocurrió en septiembre de 2018 cuando Brasil sufrió un grave incendio en su Museo Nacional. Entre los valiosos objetos quemados destacaron los registros de lenguas nativas extinguidas como el mura y el tupiniquim.

En los últimos años, varios países latinoamericanos han tomado diversas medidas para evitar la desaparición de sus lenguas indígenas. Algunas lenguas indígenas se consideran nacionales a nivel federal como en México pero el único caso de bilingüismo estatal está en Paraguay. En este país son oficiales el español y el guaraní desde la aprobación de la Constitución de 1992 pero la aplicación de esta ley ha encontrado escollos.

Debido a la etapa de persecución de los hablantes de esta lengua durante la dictadura de Alfredo Stroessner aún presenta algunos estigmas en la sociedad y todavía no son paritarias en las instituciones gubernamentales. Además, su enseñanza es difícil por ser un idioma principalmente oral y coloquial. De hecho, el guaraní presente en el sistema educativo no es hablado de forma habitual sino el jopara, una mezcla entre el español y el guaraní.

Las instituciones gubernamentales no son las únicas que luchan por la protección de las lenguas indígenas. Este año se celebra el primer Festival de lenguas Indígenas en Internet, un encuentro de activistas digitales que fomentan el uso de estas lenguas en el plano digital. El uso de la tecnología para revitalizar la lengua y la cultura indígena ha sido aprovechado por numerosas personas como Kimeltuwe que comparte materiales de aprendizaje del mapuzungun, idioma de los mapuches.

Otro proyecto digital es la iniciativa “68 voces - 68 corazones” de Gabriela Badillo. 68 Voces: Tseltal. El activismo también puede desarrollarse a través de un talento. Luzmila Carpio nació en Qala Qala y su lengua materna es el qechua. En este idioma compone la mayoría de sus canciones adaptando la música tradicional de los Andes a un estilo actual.

Son numerosos los proyectos que luchan contra uno de las sucesos que más ha dañado la identidad de los pueblos indígenas.

Lengua Oficial Porcentaje de Hablantes Región Principal
Castellano 84% Nacional
Quechua 28% Altiplano, Centro y Sur
Aimara 18% Oruro y La Paz
Guaraní 1% Santa Cruz

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