Beneficios y Riesgos de la Lactancia Materna Prolongada: ¿Hasta los 7 Años?

En las últimas décadas, la "cultura popular" ha tendido a considerar que los lactantes no necesitan la leche materna más allá del año de vida, e incluso, con frecuencia, más allá de los 6 meses. Incluso muchos profesionales han expresado esta opinión no solo en sus consultas, sino con frecuencia en libros, manuales, tratados y medios de comunicación.

Sin embargo, la Asociación Española de Pediatría afirma: “La lactancia materna es una fuente de salud presente y futura. A mayor duración mayor es su beneficio potencial."

La Academia Americana de Pediatría (AAP) tampoco establece un límite superior a la duración de la lactancia materna. Hay niños que son amamantados hasta los 4, 5 o 6 años.

Pese a la frecuente creencia de la pérdida de la capacidad nutricional de la leche materna con el tiempo, realmente sigue cubriendo más de la mitad de las necesidades del bebé mayor de 6 meses y al menos 1/3 de las del mayor de 12 meses.

Esta capacidad nutricional es especialmente importante en países de ingresos bajos, con altos índices de desnutrición por dificultad de accesos a otros alimentos.

Beneficios psicológicos de la lactancia materna prolongada

Beneficios de la Lactancia Materna Prolongada

La lactancia materna aporta beneficios al desarrollo, salud y bienestar del bebé hasta el final de su segundo año de vida. Durante estos años la alimentación juega un papel fundamental en el crecimiento de los bebés, motivo del que deriva la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y Niño Pequeño de alimentar a los recién nacidos con leche materna hasta los 2 años o más de edad.

Desde Medela, Leon Mitoulas, director de Investigación en el área de Leche Humana de la compañía, expone los beneficios de la lactancia materna más allá de los 6 meses tanto para los bebés como para las madres. Su combinación con alimentos sólidos completa sus necesidades nutricionales para un correcto desarrollo físico y mental.

Entre los 6 y los 24 meses la lactancia materna continúa aportando múltiples beneficios a los niños. Según diversos estudios, los bebés que con 2 años aún toman al menos 448 ml al día de leche materna están cubriendo el 29% de su ingesta calórica diaria por medio de la lactancia. Esta pequeña cantidad de leche materna aporta a los bebés el 43% de las proteínas que necesitan, así como el 60% de vitamina C, el 75% de Vitamina A, el 76% de ácido fólico y el 94% de vitaminas B12. Además de ser componentes clave en su desarrollo cumplen funciones vitales del organismo, como es el caso del ácido fólico que ayuda a la formación de glóbulos rojos y al crecimiento de los tejidos.

A su vez, los componentes de la leche materna protegen al bebé de enfermedades y refuerzan su sistema inmune. La evidencia científica demuestra que, a largo plazo, la leche materna protege contra infecciones del tracto respiratorio inferior e infecciones del oído medio, además de proteger a los bebés frente a la diarrea, la leucemia linfocítica aguda, el linfoma de Hodgkin’s y contra la obesidad.

En los países subdesarrollados se ha demostrado incluso que los bebés que no son alimentados con leche materna entre los 6 y los 24 meses tienen mayores probabilidades de morir por culpa de una infección que los niños que si han sido amamantados hasta una edad más tardía.

Ejemplo de ello es el aumento del coeficiente intelectual de los pequeños en hasta 3 puntos por encima de los niños que no han recibido leche materna. La investigación avala que este incremento no solo se materializa en un mejor rendimiento escolar, sino que también influye en la salud mental de los futuros adultos.

Al mismo tiempo, las miles de moléculas bioactivas que contiene la leche materna cumplen diferentes funciones para contribuir al correcto funcionamiento del organismo de los bebés. Junto con las células, incluidas las células madre, que los bebés ingieren en cada toma, constituyen un perfecto indicador para la investigación científica actual en la búsqueda de los beneficios concretos de cada componente en los lactantes.

Desde Medela remarcan que los beneficios de una lactancia después de los 6 meses no repercuten solo en los niños, sino también en las madres que dan el pecho. Con efecto acumulativo, las madres que dan el pecho durante más meses reducen el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Como también se ha evidenciado una mayor tasa de supervivencia en pacientes de cáncer de mama entre las mujeres que han dado el pecho. Asimismo, se habla de una protección moderada, de en torno al 30%, frente al cáncer de ovario.

El índice de masa corporal también se relaciona con la lactancia. Concretamente, por cada 6 meses de lactancia se pierde un 1% de masa corporal. “La lactancia también refuerza el vínculo entre la madre y el bebé”, destaca Leon Mitoulas.

Un estudio dirigido por el Dr. Christian Stephan-Otto, coordinador científico del Centro Computacional de Imagen Pediátrica (PeCIC) del Hospital Sant Joan de Déu, comenta: "Observamos que la duración de la lactancia se asociaba, de manera proporcional, a un mayor volumen de un área determinada del cerebro en niños de 9 a 11 años. Esta región abarca el giro frontal inferior y la corteza orbitofrontal lateral."

El Dr. Christian Núñez, primer autor del artículo e investigador en el Institut d'Investigació Biomèdica Sant Pau, añade: "Estos hallazgos sugieren que la lactancia materna puede tener efectos a largo plazo en el desarrollo del cerebro y de la personalidad".

Tabla de Beneficios de la Lactancia Materna Prolongada

Beneficios para el Bebé Beneficios para la Madre
Mejor desarrollo cognitivo (aumento del coeficiente intelectual) Protección contra el cáncer de mama y ovario
Refuerzo del sistema inmunitario y protección contra enfermedades Pérdida de peso acumulado durante el embarazo
Desarrollo mandibular y dental adecuado Refuerzo del vínculo emocional con el bebé
Menor riesgo de sobrealimentación y obesidad Disminución del riesgo de osteoporosis y artritis reumatoide

Consideraciones Adicionales

Sin embargo, hay una especie de barrera invisible alrededor del año de edad a partir de la cual «ese niño ya es muy grande para tomar teta». Es algo que las madres oyen en boca de familiares, amigos, y lo que es peor, por parte de ciertos profesionales sanitarios.

Algunos afirman que dar el pecho por encima de los equis meses (cada uno da una cifra) va a producir traumas en el niño, dependencia, malnutrición, caries, y toda una serie de catástrofes físicas y emocionales. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

Si hacemos una revisión de la literatura científica existente, podemos ver como no se han constatado riesgos físicos ni psicológicos en niños que toman pecho por encima de los 2-3 años de edad. Menos problemas de ajuste social en niños amamantados de forma prolongada y una mejor percepción de relación de apego con los padres en adolescentes (Fergusson et al.) Todos estos resultados se observan después de controlar la influencia de variables sociales y demográficas.

Hasta alcanzar la suficiente madurez de su sistema inmune, entre los 2 y 6 años, el niño pequeño todavía no se defiende bien por sí sólo frente a patógenos externos; de hecho podría considerarse como un organismo en cierto modo “inmunodeficiente”. Además, entre 1 y 3 años suelen comenzar la guardería y la escolarización, exponiéndose de forma masiva a múltiples enfermedades infecciosas.

Sabemos que la leche materna aporta factores defensivos como células vivas, flora saprófita, lactoferrina, lisozima y, en especial, Inmunoglobulina A secretoria. Estos factores defensivos son especialmente abundantes en el calostro, dada la “virginidad inmunitaria” del recién nacido, pero siguen estando presentes durante toda la lactancia.

La inmunodeficiencia congénita más frecuente es el déficit selectivo de IgA. Esta enfermedad puede ser muy variable en su forma de manifestarse, desde ser asintomática, a sufrir frecuentes infecciones respiratorias y digestivas.

Tanto por su composición, como por el obligado contacto físico frecuente entre madre e hijo, la lactancia materna favorece el desarrollo psicomotor y cognitivo del lactante.

Gracias a los cambios hormonales que se producen en la madre durante la lactancia (disminución de los niveles de estrógenos) disminuye el riesgo de padecer cáncer de mama, hasta en un 4.3% por cada año de lactancia.

Cuando comienzan la guardería y la escolarización, además de ayudarles a defenderse mejor contra todo tipo de enfermedades infecciosas, la leche materna suele ser el único alimento que no rechazan en periodos de enfermedad (su “tabla de salvación”).

Mientras para la madre y su hijo sea agradable y satisfactoria la relación que se genera con la lactancia, tienen derecho a mantenerla mientras ambos deseen, y no deberíamos interferir en ello.

Hay que tener en cuenta que vivimos inmersos en la llamada “cultura del biberón”, ya que durante décadas la lactancia artificial ha sido la forma predominante de crianza de millones de niños.

En esta pérdida de la cultura de la lactancia ha influido significativamente lo que llamamos el “espejismo de la maternidad científica”: la creencia de que lo que podemos pesar, medir y controlar los profesionales tiene que ser mejor que lo que ofrece la naturaleza y muchas veces desconocemos.

Cada vez conocemos más sobre la composición de la leche materna, y tenemos más claro que es un producto vivo, un auténtico ecosistema sumamente equilibrado, que genera importantísimos beneficios para la salud materno-infantil.

Además de eso, en el ámbito laboral y jurídico, pueden darse muchas situaciones que obligan a largas separaciones, como trabajos con horarios muy amplios, obligación de viajes, custodias compartidas, etc. En estos casos, con frecuencia, cuando la madre reclama soluciones que puedan facilitar mantener el amamantamiento en un niño mayor de 12-24 meses, se le responde que el niño a esa edad “ya puede comer de todo y no necesita la lactancia”.

Si os gustan estos vídeos os invito a que os suscribáis al canal de Píldoras de Psicología en YouTube para enteraros antes que nadie de cada nuevo vídeo, poder dejar comentarios, recomendaciones y compartirlo con vuestros contactos.

La leche materna después de los 6 meses aporta a los bebés los nutrientes necesarios para su desarrollo y moléculas bioactivas que ayudan al correcto funcionamiento de su organismo y refuerzan el sistema inmune.

Prolongar la lactancia por encima de los 2 años del bebé aumenta la protección de la madre frente al cáncer de mama.

Una de las principales causas de abandono prematuro de la lactancia es la reincorporación al trabajo tras la baja maternal.

Aunque a partir de los 6 meses la OMS recomienda introducir alimentos sólidos apropiados para la edad del niño en cada periodo, no establece un tiempo máximo de lactancia. “Desde una perspectiva antropológica, la lactancia entre los 2 y los 7 años sería óptima, pero por motivos culturales actualmente el destete se produce mucho antes” sostiene Mitoulas.

En España la duración media de la lactancia materna se encuentra en torno a los 4,2 meses, siendo una de las principales causas de su abandono el regreso a la madre a su puesto de trabajo.

Las tomas se reducen desde 5 al día a los 12 meses hasta 3 al día superados los 2 años.

“Aunque el calostro presenta la concentración más alta de agentes inmunitarios y protege a los bebés durante los primeros días tras su nacimiento, en sus primeros años siguen estando expuestos a enfermedades e infecciones de gravedad en cuya prevención está implicada la lactancia” sostiene el director de Investigación en el área de Leche Humana de Medela.

Una lactancia prolongada en el tiempo no solo repercute beneficios a corto plazo, sino que mejora la salud de los niños a futuro.

Al mismo tiempo, las miles de moléculas bioactivas que contiene la leche materna cumplen diferentes funciones para contribuir al correcto funcionamiento del organismo de los bebés.

No pretendemos entrar ahora en esta discusión, así que para entendernos hablaremos en esta entrada del blog de lactancia en niños mayores.

La idea que a medida que crecen los bebés van pidiendo menos pecho es totalmente errónea. Además de poder acceder libremente al pecho, tiene voz (y mucha) y pueden pedir el pecho, por si no captas la indirecta de meterte mano, a gritos si es necesario.

Después de la crisis de los dos años, la mayoría sigue mamando bastantes veces al día. Y no es hasta la llegada a la escuela que empiezan a mamar menos y si piden menos no es más que por la separación que se produce en el horario escolar.

Pues los bebés igual. ¿Quién ha dicho que el pecho es solo para comer? El pecho tiene múltiples funciones y vale la pena que las aprovechemos.

Cuando un bebé de dos o tres años tiene una rabieta ofrecerle el pecho puede conseguir de manera casi mágica que el bebé se calme.

Hay temas que no solemos contar a los desconocidos porque los consideramos íntimos y muy personales. Y la lactancia es uno de esos temas privados en la familia.

A medida que crecen solemos “pactar” con ellos los momentos y los lugares en los que pueden mamar. Y lo solemos hacer por nosotras, por evitarnos miradas, comentarios o simplemente porque no nos apetece hacerlo a cada momento.

Su opinión acerca de la lactancia en niños mayores puede ser diferente a la nuestra, y se trata solo de una opinión.

Discutir por la lactancia no es la mejor idea, y disertar con ellos si es o no es por vicio no vale la pena. Sonreír ampliamente, darles la razón en todo momento y hacer lo que nos dé la gana suele ser la mejor opción.

¡Claro que lo va a dejar! Lo sé, igual ahora te parece imposible pero lo va a dejar. Todos lo dejan. Además la naturaleza lo tiene todo pensado y el mismo crecimiento del bebé impide a la larga que sigan mamando.

A medida que crecen van perdiendo la capacidad de succión porque se producen modificaciones anatómicas que dificultan la succión: la boca se hace más grande, los carrillos pierden el tejido adiposo necesario para sujetar el pezón y la areola dentro de la boca, la epiglotis desciende… Eso marca el destete.

No es cierto, la leche materna, tenga la edad que tenga el bebé, aporta nutrientes de calidad y inmunoglobulinas que les protegen.

No hay límites, puedes (podéis) seguir con la lactancia hasta que os apetezca o uno de los dos lo deje.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la leche materna sea el alimento exclusivo desde el nacimiento hasta los seis meses de vida y después se mantenga, complementada con alimentos adecuados, oportunos y seguros, hasta los dos años de edad o más, si la madre y el niño así lo quieren.

Dar de mamar a un niño que anda, habla y come de todo, supone un nuevo reto para la madre y el profesional, que debe estar capacitado para apoyarla, ya que el entorno social y familiar muchas veces no es favorable.

No hay consenso ni evidencia científica que demuestren que, a partir de un momento dado, la lactancia materna tiene inconvenientes o pierde propiedades. Tampoco de que la lactancia prolongada cause enfermedad física o psíquica ni al hijo ni a la madre, por lo que no hay razones médicas para recomendar ni imponer el destete por motivos de edad.

El niño pequeño continúa, a lo largo de varios años, necesitando el calor y el contacto del cuerpo materno, por lo que muchos de ellos buscan el pecho cuando necesitan el contacto con la madre o tras la ausencia de ésta. El amamantamiento les da seguridad y les conforta. Las madres que amamantan a estas edades expresan a menudo como su hijo calma sus temores y miedos al pecho.

A partir de los 12 meses, el pediatra puede aconsejar que se ofrezcan los alimentos antes que el pecho para que el niño comparta las costumbres familiares, pero se siga beneficiando de las ventajas de la leche materna que, en el segundo año de lactancia, tiene características cada vez más parecidas al calostro, es decir, menor función nutritiva y mayor función protectora y moduladora del sistema inmunitario.

Un nuevo embarazo no contraindica continuar con la lactancia materna. La lactancia en tándem consiste en dar de mamar al hijo recién nacido sin dejar de hacerlo con el hijo mayor; es similar a amamantar a gemelos, pero de distinta edad. Se debe dar prioridad al recién nacido, para asegurar que recibe toda la leche que necesita. Parece que la lactancia en tándem ayuda al hijo mayor a aceptar la llegada del hermano y reduce los celos.

Entre las razones para recomendar la lactancia materna prolongada están: Menor número de diarreas, infecciones respiratorias, episodios de otitis media, etc. y prevención de las enfermedades alérgicas por el efecto protector sobre el sistema inmunitario del niño, que tarda entre 2 y 6 años en desarrollarse.

Menor riesgo de sobrealimentación y desarrollo de obesidad en el futuro. Protección de enfermedades cardiovasculares en la edad adulta.

Facilita un desarrollo mandibular y dental adecuado. Ventajas en el desarrollo psicomotor (habilidades motoras, lenguaje y agudeza visual).

Favorece el apego del niño a su madre, esa relación cálida e íntima, que influye positivamente en el desarrollo de la autoestima y en la futura independencia del niño.

Protección para la madre ante enfermedades, como el cáncer de mama y de ovario, la osteoporosis y las fracturas asociadas, y la artritis reumatoide.

Es una medida ecológica, ya que no precisa preparación ni genera residuos; y económica, al no tener que comprar leche artificial.

Disminuye el absentismo laboral de los padres y el uso de recursos sanitarios al disminuir el número de infecciones.

Destete

El destete es el periodo que se inicia con la introducción de alimentos diferentes a la leche materna y finaliza con el abandono completo de la lactancia. Se sabe el momento adecuado en que es necesario asociar otros alimentos a la leche materna, pero no parece existir ninguna razón médica para recomendar el destete en un momento determinado.

El papel del pediatra es animar a la madre en la decisión que tome sobre la duración de la lactancia, que debe ser hasta que ella y su hijo quieran.

La edad natural del destete en los seres humanos, según diversos estudios antropológicos, está entre los 2,5 y los 7 años. En nuestro medio no es así por razones culturales y la mayor parte de los destetes se da antes de los 24 meses.

Cuando es el niño quien decide el momento del destete, lo suele hacer rápidamente; si la decisión es de la madre, se debe aconsejar que lo haga de una forma gradual, eliminando una toma cada 3 o 4 días. También puede recomendarse acortar la duración de las tomas, distraerlo anticipándose a los momentos o situaciones en los que, habitualmente, reclama el pecho, dar de comer de forma más frecuente para evitar que el hambre le lleve a pedir el pecho o aplazar las tomas de forma progresiva.

El Plan Padre es un sistema respetuoso para retirar el pecho en los despertares nocturnos. Consiste en colocar al bebé junto al padre al dormir, para que no huela a la madre. Si se despierta, el papá intentará calmarle con algo que le relaje (cantar una nana, chupete, masaje, caricias, etc.). Si llora y no se calma, la madre acude y le da el pecho. Poco a poco se van obteniendo resultados y se retira la lactancia materna durante la noche.

Apoyo

Es importante asegurar a la madre y a sus familiares que: No existe evidencia alguna para afirmar que la leche materna no continúa teniendo todas sus propiedades benéficas, aún después de meses o años de amamantamiento.

El amamantamiento requiere paciencia y amor, como el resto de las labores de crianza de los hijos, pero dar de mamar las facilita.

La lactancia materna es cosa de tres: el padre tiene un papel muy importante en el desarrollo físico, intelectual y afectivo de su hijo. La actitud que tome el padre durante el periodo de lactancia, puede influir en su éxito o también en su fracaso.

Los talleres de lactancia materna que se llevan a cabo en el centro de salud juegan un importante papel en la instauración y el mantenimiento de la lactancia materna, conjugando el protagonismo de las madres que amamantan, con el respaldo de los profesionales de los centros de salud.

Todas las madres tienen derecho a que sus sentimientos y decisiones sobre la crianza sean respetados, sobre todo, si su comportamiento solo puede proporcionar beneficios al hijo, a ellas mismas y a la sociedad.

El destete siempre se acaba produciendo.

Para terminar, recordamos unas palabras del profesor Dr. Prandi: “La lactancia es la prerrogativa prodigiosa de una época radiante de la vida de la mujer, que decide ofrecer a su hijo el alimento que inicia con mayor garantía una vida nueva de salud y de felicidad”.

Publicaciones populares: