La paciencia es una de las virtudes más apreciadas y valoradas en la relación de pareja. A menudo, la pensamos como una gran aliada, pero ¿y si tuviéramos que definirla? ¿Cómo lo haríamos? La paciencia es una actitud, que conforma parte de la personalidad de algunas personas.
Sin embargo, aunque algunos no hayan nacido con ella de serie, todo el mundo puede adoptarla e irla desarrollando a lo largo de su vida. Y no cabe duda de que es ¡una cualidad verdaderamente importante, tanto si tienes pareja o no!
Es habitual escuchar esta expresión entre dos personas que llevan conviviendo muchos años: “Cada vez tengo menos paciencia contigo”. El día a día, los problemas cotidianos, las discusiones, los rituales o las manías de la pareja con la que convives pueden sacarte de quicio.
Es aquí donde entra en juego la importancia de la paciencia en la relación de pareja. Esta virtud consiste en saber comportarse en cada momento de manera ajustada a la circunstancia.
Pongamos un ejemplo práctico. Acordes a la situación: “se te ha olvidado cerrar la ventana cuando has salido. El próximo día que no se te olvide, que se queda fría la casa. No ajustadas a la situación: “nunca te acuerdas de lo que te digo. Lo que te digo ya no es importante para ti. Siempre tengo que recordarte las cosas.
En la primera de las respuestas anteriores, la persona sabe moderar en esos momentos de enfado sus palabras y su comportamiento. Sin embargo, la segunda es una muestra de cómo nos dejamos llevar por las emociones que nos surgen en ese instante de arrebato.
Es importante que frenemos ese primer impulso. Y pensar lo que se nos viene a la cabeza y queremos decir. Porque si no, no medimos las consecuencias de nuestras palabras y podemos herir al otro injustificadamente.
Además, si quieres trabajar la paciencia, puedes probar a dejar de utilizar en exceso términos absolutos. Por ejemplo, “nunca, siempre, nada, todo, jamás”. Normalmente, estas palabras son sentenciadoras y no movilizan a la acción. Por tanto, es difícil que la persona que las recibe adopte una postura de enmienda o de autocrítica.
La importancia de la paciencia en la relación de pareja es tal que casi todos deseamos que la tenga la otra persona. Pero igual que nosotros lo deseamos, seguro que él o ella también quiere que nosotros la tengamos.
Cómo tener paciencia con mi pareja
¿Qué es la Paciencia?
Tal y como se indicaba antes, a menudo suele definirse el concepto de paciencia como una virtud. La paciencia es la facultad que tenemos las personas para posponer aquello que nos aporta satisfacción, porque pensamos que esa espera, nos traerá cosas mejores.
También se define la paciencia como una habilidad: la que tenemos para tolerar situaciones desfavorables ante las cuales podemos tener o no tener el control. Ahora bien, cuando hablamos de amor, es necesario que mantengamos siempre el timón de nuestra propia realidad.
Hay quien se justifica usando esta palabra como una dimensión que hay que asumir: Las cosas están mal, pero ¿qué se le va a hacer? Hay que tener paciencia. “¿Qué podemos hacer si esta persona es así? No podemos cambiarlos, así que es mejor mantener la paciencia”.
Paciencia no es esperar con quejas
A veces, en pareja nos vemos abocados a situaciones que requieren de un tiempo de espera. Puede ser que tengamos que ahorrar durante meses para poder disfrutar de las vacaciones que queremos. También que queramos reformar la casa y tengamos que sacrificar ese capricho que tanto deseábamos. Todo esto requiere paciencia, sacrificio y esfuerzo.
Ahora bien, ese tiempo lo podemos emplear de dos maneras. O quejándonos constantemente de los meses que nos quedan hasta conseguir nuestros objetivos y arrepentirnos de nuestra decisión. O sabiendo cultivar y regar nuestra cosecha para recoger los frutos en un medio o largo plazo.
La importancia de la paciencia en la relación de pareja se pone de manifiesto en el momento en que se aprenden a tolerar las adversidades que puedan surgir a lo largo del tiempo con fortaleza. Esto es, sin lamentos, arrepentimientos y siendo consecuentes con nuestras elecciones.
No hay que confundir paciencia con pasividad
En realidad ahí está la auténtica clave. Podemos ser pacientes, podemos hacer de la paciencia nuestra mejor virtud porque nos ayuda a analizar mejor la situación, a saber observar, a ser reflexivos. No obstante, todo este proceso interior nos debe permitir ver la auténtica realidad.
Una persona paciente no tiene por qué ser pasiva. La persona pasiva hace de la tolerancia su forma de vida, permitiendo abusos hasta experimentar en piel propia como se vulnera su integridad. Y ello, es algo que nunca debemos permitir.
Hay quien dice que la paciencia es una virtud, pero está claro que esta dimensión no puede aplicarse a todos los ámbitos y que, además, debe tener unos límites.
El amor requiere de paciencia hasta un límite. Nuestro corazón no puede borrar de la noche a la mañana lo que siente, pero cuando se pierde la paciencia uno empieza ya a quitarse, una tras otra, todas las vendas que lo cegaban.
A veces no es el amor lo que se termina, sino la paciencia, esa que dicen que es santa, porque resiste vientos y mareas y siempre acaba dando más de lo que debería. Ahora bien, ¿cómo no ofrecerlo todo por esa persona con quien hemos construido un vínculo afectivo y vital o incluso un proyecto de vida?
Está claro que queda justificado el que cedamos en ocasiones más de la cuenta, que perdonemos hoy, mañana y pasado, y que esperemos un poco más con la esperanza de que las cosas mejoren. Pero, en ocasiones, la realidad acaba cayendo por su propio peso para abrirnos los ojos.
Beneficios de ser Paciente pero no Pasivo
A la hora de establecer y mantener una relación afectiva, la paciencia es un pilar en el día a día que debemos reconocer. Está claro que no tiene por qué gustarnos cada aspecto, comportamiento o costumbre de nuestras parejas, pero no por ello vamos a actuar de forma impulsiva echándoselo en cara, y rompiendo la relación.
Somos pacientes, respetamos y toleramos porque amamos. La paciencia debe ser mutua y llevarse a cabo casi a modo de ejercicio. Ahora bien, la paciencia requiere a su vez claridad emocional. Debemos saber dónde están los límites y comprender en qué momento se vulnera como personas, como miembros de una relación afectiva.
No hay que ser pasivos ante las exigencias cargadas de egoísmos, ante la posición de priorizarse uno por encima del otro. No hay que cerrar los ojos a las carencias ni ser impasibles al dolor emocional que nos provocan los vacíos, los desprecios o ese maltrato sutil ejercido a través de palabras envenenadas. Es aquí donde la paciencia debe caer, descorrer su velo para ver la verdad.
La paciencia evita la escalada de acusaciones en las discusiones. Esta virtud no es sinónimo de huir de los enfrentamientos o desacuerdos que puedan surgir en la pareja. Es saber modular lo que decimos y lo que hacemos en esos instantes de enfado y rabia.
Es poner palabras fieles a la realidad en un momento en el que estamos gobernados por la amígdala. Como decimos, saber moderarnos evita que seamos impulsivos y que digamos lo primero que se nos cruza por la cabeza. Eso fomenta la responsabilidad, ya que hace que reflexionemos a la hora de tomar ciertas decisiones. Implica reflexión y análisis, por lo que, a la postre, disminuye los riesgos que podamos tomar.
Otro de los beneficios a nivel familiar de esta actitud es que nos permite educar a los niños en un ambiente cordial y amable, alejado de gritos. En vez de perder los nervios, chillar o castigar, la paciencia nos invita a entender, a observar y esperar. Y, por ende, aprender de nuestros hijos.
Cuando se termina la paciencia
Cuando se termina la paciencia llega la decepción, porque ya somos conscientes de nuestra realidad en todos sus matices. Ahora bien, esto no significa que debamos romper al instante esa relación de forma obligatoria si aún seguimos amando a la persona.
Es momento de hablar, de poner en alto cual es la situación y decir lo que sientes y lo que necesitas. No se trata de evadir el problema. Si ese compromiso nos importa, daremos todo lo que nos sea posible por mantenerlo.
Ahora bien, para que una relación prospere o sane esas carencias que nos hacen daño, el esfuerzo debe ser mutuo.
En resumen, la paciencia en el amor requiere respeto y límites claros, y no debe confundirse con la tolerancia de abusos. Mantener un equilibrio entre la paciencia y la defensa de la integridad personal es fundamental para una relación saludable y satisfactoria.
