Uno de los principales temores de muchas personas al viajar reside en el idioma. Cuando visitamos un país extranjero donde se habla una lengua diferente a la nuestra, algunos se sienten nerviosos, preocupados por las dificultades que encontrarán al comunicarse con los habitantes.
Aprender un idioma como el español no es sencillo, dada la multitud de variantes que existen, tanto en España como en Latinoamérica. Cada país tiene sus palabras únicas, especialmente insultos, como tonto, sorete, huevón o boludo. Y también una misma palabra en español puede emplearse con diferentes significados, dependiendo del país donde estemos.
Sin embargo, esto no significa que el castellano empleado allí y el que utilizamos en España sean exactamente iguales. De hecho, existen una serie de expresiones que generalmente en nuestro país no tienen ningún tipo de connotación sexual o negativa y que, sin embargo, allí no podremos usar a la ligera. Es una situación curiosa donde el mismo verbo, según la región, puede significar copular o agarrar.
En las redes, donde no hay fronteras, conocer esta diferencia puede evitar los malentendidos, pero no despeja la duda de por qué esa diferencia entre un lado y otro del Atlántico.
Conoce las lenguas de México
El Caso de "Coger": Un Ejemplo Clásico
Aunque en España el verbo ‘coger’ significa, según la RAE, ‘asir, agarrar o tomar algo o a alguien’, en muchos países de América del Sur, como Argentina, Bolivia, Costa Rica o Nicaragua, es sinónimo de mantener relaciones sexuales. Esta es una de las más típicas.
La confusión viene cuando esa palabra, en un país significa algo normal, y en otro tiene que ver con las relaciones sexuales. Esto es lo que ha experimentado Maddie, una joven neozelandesa que vive con su novio uruguayo en Dinamarca. En este vídeo, Maddie se queda sin habla al escuchar la palabra “coger”, en un contexto nuevo para ella.
Maddie conoce perfectamente la existencia de las variantes de español entre países, pero a veces se sorprende.
Un Video Viral que Ilustra la Confusión
En un vídeo durante su viaje a España, que acumula más de 1,4 millones de visualizaciones y 102.000 “me gusta”, se muestra cómo su pareja, que es quien graba el metraje, la saluda diciendo: “hey, boludo”. Ella se gira y, con expresión severa, le responde con mucha habilidad que “boludo no, estamos en España, tío”. El joven claudica y le pregunta si puede “agarrar un carrito”, a lo que ella responde que “seguro”.
Aquí vemos como cambió el verbo “agarrar” por “coger”, de más uso en la Península. Este cambio deja completamente sorprendida y confundida a Maddie, que le pregunta con dudas qué es lo que va a “hacer con el carrito”. La confusión viene porque el verbo “coger”, en algunos países de Latinoamérica, significa hacer el acto sexual. Por lo que parecía que el joven quería tener relaciones sexuales con un carrito de aeropuerto.
La caja de comentarios es un festival de risas, con usuarios aportando sus palabras “confusadas”, como “correrse de ahí”, que en Latinoamérica significa “apartarse”, pero en España vuelve a tener una connotación sexual.
Otras Palabras con Doble Sentido
Si digo que voy a coger la concha de mi hermana, seguramente, según de dónde seáis, habréis interpretado una situación diferente. Hay otras palabras que pueden provocar malentendidos, como polla. ¿Hay alguna otra palabra que en tu país tenga un significado distinto?
- Concha: En España puede ser un nombre propio o referirse a la cubierta de los moluscos. En países de Sudamérica como Uruguay, Bolivia, Ecuador o Argentina, suele hacer referencia a la vulva.
- Pico: En España puede ser una parte puntiaguda que sobresale de algo o una parte de la cabeza de las aves. En América Latina, más en concreto en Chile, es sinónimo de ‘pene’, por lo que debes tener mucho cuidado a la hora de utilizar la palabra.
- Zampabollos: En España se usa para referirse a personas glotonas. En Sudamérica directamente no existe esta palabra, pero si atendemos al significado de los dos lexemas que la forman entenderemos que utilizarla allí puede ser problemático. ‘Zampar’ significa ‘arrojar algo con violencia’, mientras que ‘bollo’ es utilizado en muchos lugares como sinónimo de ‘vagina’.
- Chaqueta: ¿Cuántas veces te ha preguntado tu madre estando de viaje si te has puesto la chaqueta? Pues bien, esa misma pregunta es la que no debes hacerle a nadie en México, Guatemala o El Salvador. Allí, esta palabra se utiliza para referirse a la masturbación masculina, por lo que utilizarla puede llevarte a una situación un cuanto incómoda. Abrigo, rebeca… Lo que sea menos chaqueta.
Etimología e Historia del Verbo "Coger"
Etimología: Coger proviene del latín Colligere (inf. colligo), "recoger" o "allegar", que deriva de legere (Inf. lego), "coger", "escoger" o "leer". En la evolución de la palabra, la letra G desapareció, como ocurrió en sigillum (sello) o magistro (maestro). La LLY pasa a LY y esta a su vez se palatiza a una jota prepalatal, como con muliere (mujer) o cilia (ceja). Por último, se perdieron las E finales después de T, D, N, L, R, S y C, produciendo coger, cojer y coyer, viéndose la primera forma ya en el 1074 en el Fuero de Palenzuela.
Uso: En español, se usó inicialmente con el significado de "reunir" o "cosechar", pero fue adquiriendo durante la Edad Media los significados de "recibir", "concebir", "elegir", "tomar, agarrar" y "partir, irse". El sentido sexual es recogido por primera vez en el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana (1872-1994) del colombiano Rufino José Cuervo. No obstante, su uso se presume anterior.
Un texto legal del siglo XVIII incluía una nota posterior aclaratoria a la frase "cojio, de la mano, a la declarante", sugiriendo que era posible interpretarlo de otra forma no deseada. De forma contemporánea, Diego de Torres Villarroel presentaba el mismo significado en un texto donde usaba el verbo en referencia a las mujeres.
Se ha observado especialmente en México y en el Río de la Plata, donde el uso vulgar del verbo "coger" y sus derivados (acoger, escoger, encoger) se convirtió en un tabú y favoreció la utilización de "agarrar", "tomar", "levantar", "alzar" y "atrapar". La diferencia más palpable es que en América "agarrar" se usa más, especialmente en relación con las personas, mientras en España domina más "coger". Curiosamente, se estima que este uso no habría nacido en América, sino en España, concretamente en Andalucía, donde por alguna razón desconocida cayó en desuso.
Al expresar una idea tan básica, se convirtió un verbo muy popular desde una época temprana, expresando una gran polisemia que cruzó el Atlántico y mantuvo allí el componente sexual. Sin embargo, debido a su vulgaridad, su registro fue predominantemente oral y apenas dejó testigos que permitieran su estudio.
Por supuesto, no en toda hispanoamérica se usa este verbo con el sentido sexual. Si te animas, ¿por qué no nos dices en los comentarios si en tu país "coger" se usa como agarrar o como copular?
Consideraciones Gramaticales
Cuando significa 'sujetar o asir', es transitivo y la parte concreta por la que se sujeta la cosa o a la persona asidas se expresa mediante un complemento con de o por: «Lo cogió de la mano» (Vergés Cenizas [R. Dom. 1980]); «La cogí por las muñecas» (Salisachs Gangrena [Esp. 1975]). Si la parte asida funciona como complemento directo, el complemento de persona pasa a ser indirecto: «Le cogió la mano» (Mendoza Satanás [Col.
Como pronominal, con el sentido de 'sujetarse o agarrarse', se construye siempre con un complemento introducido por a o de: «Entra el tipo. Olivia se coge a su brazo» (Vallejo Cangrejos [Esp. 1980]); «Mi acompañante se cogía de mi brazo emocionada» (Zarraluki Silencio [Esp.
Debe evitarse en la lengua culta el uso de coger por caber: ⊗«Como sardinas en banasta, […] las rodillas del uno contra las rodillas del otro, no cogíamos, oiga» (Delibes Guerras [Esp.
Bibliografía
- Glover, B. R. (1966). A History of Six Spanish Verbs Meaning'To Take, Seize, Grasp'.
- Joan, C., & Pascual, J. A. (1980). Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Madrid: Gredos, 6, 1980-1991.
- Herrero, E. C., & Rigual, C. C. (Eds.). (2013). Actas del XXVI Congreso Internacional de Lingüística y de Filología Románicas (Vol. 7).
