La Leche Materna: Componentes Humorales e Inmunológicos Clave para la Salud del Lactante

La leche materna es considerada la mejor opción alimenticia para los recién nacidos, gracias a su composición única y a los múltiples beneficios que ofrece tanto para el bebé como para la madre. Más allá de su valor nutricional, la leche materna destaca por su papel crucial en el desarrollo del sistema inmunológico del lactante, proporcionando una protección esencial contra diversas enfermedades.

Beneficios de la lactancia materna para el bebé y la madre.

Introducción

La alimentación durante la infancia es uno de los factores más importantes que afectan el crecimiento, la composición corporal y las funciones corporales a corto y largo plazo. Dada la trascendencia de la alimentación para el óptimo desarrollo físico e intelectual, la leche materna se considera la mejor opción alimenticia.

Aunque la leche materna, en general, se considera la mejor opción alimenticia, más del 70% de los niños en Europa Occidental son alimentados con fórmulas desde la decimosegunda semana de vida (1). Actualmente se ha conseguido que el contenido de macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y lípidos) y micronutrientes (vitaminas y minerales) de las fórmulas infantiles sea similar al de la leche materna, estando regulado por normas establecidas legalmente (3). Pero la leche materna contiene una gran variedad de compuestos muy importantes en la alimentación del recién nacido, no sólo por su papel nutricional sino también por su carácter funcional.

Este tipo de compuestos serían claves en la modulación de rutas metabólicas, de la respuesta inflamatoria y de la respuesta inmune. Los compuestos bioactivos se definen como constituyentes "extranutricionales" que aparecen de forma normal en pequeñas cantidades en los alimentos, principalmente en productos vegetales, en alimentos con alto contenido lipídico y en la leche (4,5). El interés por la presencia de estas sustancias bioactivas en la leche materna viene reforzado por su ausencia casi general en los preparados para lactantes.

Nuevos estudios realizados en las últimas décadas sugieren que la leche materna modula la función y la integridad del tracto gastrointestinal durante el tiempo de lactancia y la infancia. Una gran parte de estas acciones depende de compuestos que forman parte de la fracción nitrogenada no proteica, que en la leche materna supone un 18-30% del nitrógeno total, mientras que en la leche de vaca (con la que se elaboran las fórmulas infantiles) sólo constituye un 5 % del total (13). El resto de compuestos funcionales de la leche suelen ser oligosacáridos, muchos de los cuales contienen también nitrógeno en su estructura.

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Componentes Biológicamente Activos de la Leche Materna

Existen cinco categorías principales para clasificar los agentes biológicamente activos presentes en la leche humana, que podrían modular el crecimiento in vivo, el desarrollo y la función del tracto gastrointestinal (7,13). Estos son:

  1. Proteínas, péptidos y aminoácidos
  2. Nucleótidos
  3. Hormonas
  4. Factores de crecimiento
  5. Agentes antiinflamatorios e inmunomoduladores

Estos agentes bioactivos ejercen su acción sobre determinados tejidos diana (7):

  1. El epitelio intestinal, modulando la absorción de nutrientes, la permeabilidad de la mucosa, la proliferación celular, la composición de la microbiota intestinal, la inducción de moléculas de superficie (entre ellas las disacaridasas) y la regulación de la producción de citoquinas
  2. El sistema nervioso entérico
  3. El sistema inmune de la mucosa

Proteínas, Péptidos y Aminoácidos

Dentro de la fracción proteica de la leche destacan por su efecto bioactivo las proteínas del suero, no sólo por la liberación de péptidos con actividad biológica sino por otros efectos generales como la inmunoestimulación directa. Muchas de las actividades biológicas, conocidas o posibles, de determinadas proteínas séricas están relacionadas con funciones del sistema inmune o digestivo (14). Así, las proteínas del suero parecen potenciar la respuesta inmune, tanto humoral como celular (15).

La posible acción inmunomoduladora parece estar relacionada también por el aumento en la concentración de glutatión mediada por las proteínas del suero, ya que la presencia de glutatión es necesaria para la actividad y proliferación linfocitaria, particularmente células T e inmunocompetencia (16). Por otro lado, leches con altos niveles de inmunoglobulinas, como la leche materna, parecen tener cierto carácter protector y terapéutico frente a la infección por rotavirus en niños (17).

También han aparecido determinados estudios que apuntan a que la leche materna podría tener un efecto tolerogénico, ya que parece disminuir la aloreactividad de los linfocitos T del niño contra los leucocitos de la madre(18). Este efecto es importante ya que las madres pueden aportar linfocitos inmunorreactivos a sus recién nacidos lactantes, lo que va a influir sobre el desarrollo de la inmunocompetencia neonatal. Estas células sobreviven en el estómago y en el intestino del recién nacido, manteniéndose viables en el tracto gastrointestinal superior hasta 1 semana., presentando respuesta a diversos mitógenos, aloantígenos y antígenos convencionales. Estas células aportadas por la madre al lactante permitirían compensar la deficiencia de éste en linfocitos T de memoria (19).

Además, en la fracción soluble de las proteínas de la leche también están presentes enzimas que catalizan la destrucción de mediadores de la inflamación y citoquinas antiinflamatorias (7).

Lactoferrina

Uno de los componentes más importantes de las proteínas de la leche materna es la lactoferrina, constituyendo alrededor de un 10-15% de las mismas. Esta proteína favorece la absorción del hierro, tiene actividad antimicrobiana, antiviral y antiinflamatoria; es un factor de crecimiento y proliferación de la mucosa intestinal, y favorece la incorporación de la timidina en el ADN (siendo este último un efecto independiente del hierro)(13) Además, es inmunomodulante y anticarcinogénica (20).

La actividad antimicrobiana de la lactoferrina se ejerce sobre un amplio espectro de patógenos, incluidos hongos, bacterias y virus (21). La función bacteriostática se debe a la capacidad de la lactoferrina para ligar iones Fe (22), ya que la molécula se encuentra principalmente como apolactoferrina (forma libre de hierro) en las secreciones y tiene la capacidad de secuestrar este metal en los sitios de infección. De esta manera priva de un nutriente esencial a las bacterias inhibiendo su crecimiento (21).

La capacidad bactericida de la lactoferrina se atribuye a la interacción directa de la molécula o parte de ella, con las superficies bacterianas, lo que produce un aumento en la permeabilidad de la membrana y la liberación del contenido citoplasmático. Este efecto es similar al producido en hongos y levaduras, pero en este caso es necesario de la molécula entera de lactoferrina. En el caso de virus, la lactoferrina ejerce su acción por competencia, impidiendo su internalización en la célula eucariota (21).

Péptidos Bioactivos

No sólo las proteínas de la leche en su forma activa presentan efectos beneficiosos para el lactante. Muchos péptidos liberados durante la digestión enzimática de proteínas actúan positivamente a muchos niveles. En el lactante, la permeabilidad de la mucosa intestinal es mayor que en el adulto siendo a la vez mayor la resistencia de estos péptidos a la acción proteolítica por lo que pueden atravesar la barrera intestinal y alcanzar la circulación sistémica.

Dentro de los efectos que pueden tener en el organismo, los péptidos bioactivos podrían alterar el metabolismo celular y actuar como vasorreguladores, factores de crecimiento, inductores hormonales y neurotransmisores (16). La proteína sérica predominante en la leche humana es la a-lactoalbúmina, siendo su concentración en la leche madura (a partir del día 30) de unos 2.44 g/L (23). Es una subunidad reguladora (subunidad B) de la enzima lactosa sintetasa, que en el organismo materno es una enzima crítica para el control de la lactación y la secreción de leche (24).

A parte de ser una buena fuente de aminoácidos esenciales como el triptófano y la cisteina, presenta actividad prebiótica sobre Bifidobacterium (25) y, una vez que se digiere a nivel intestinal libera péptidos con actividad antimicrobiana (26), inmunomoduladora (16) y opiode (24). De entre todos los péptidos presentes en la leche materna destacan aquellos con actividad opiácea, que ejercen su acción sobre el sistema digestivo (Tabla 1).

Estos péptidos tienen en común una carga negativa en el grupo fenólico del residuo de tirosina y la presencia de otro aminoácido aromático en la tercera o cuarta posición, lo que va a favorecer la fijación del péptido al receptor opiáceo (35). Estos péptidos se unen a sus receptores en el lumen intestinal, ejerciendo un efecto local sin necesidad de absorción sistémica, reduciendo el reflejo peristáltico mediante reducción de la respuesta refleja; de manera que actúan como moduladores exógenos de la motilidad gastrointestinal, de la permeabilidad intestinal y de la liberación de hormonas intestinales.

Así, se ha visto que las β-casomorfinas, procedentes de la caseína, son capaces de reducir la secreción gástrica y la motilidad intestinal, lo que va a favorecer la digestión del lactante. Además, este tipo de actividad ha despertado un gran interés por su posible papel beneficioso en el tratamiento de la diarrea (16, 36). Por otro lado, debido a la mayor permeabilidad de la mucosa intestinal del lactante, estos péptidos podrían alcanzar la circulación sistémica y llegar al cerebro donde van a afectar al comportamiento emocional, van a producir un efecto sedante y van a regular la ingesta (37).

Estos efectos se ven reforzados con la presencia, en la leche materna, de neuropéptidos, entre los que destacan: la neurotensina, la sustancia P, la somatostatina y el péptido vasoactivo (13). Otros péptidos biactivos procedentes de las proteínas de la leche presentan actividad antitrombótica (como la casoplatelina procedente de la k-caseína), antihipertensiva (como la a-lactorfina procedente de la lactoalbúmina o las casoquininas procedentes de las caseínas) e inmunomoduladora (como la b-casokinina-10 o los péptidos procedentes de la fermentación de la b-caseína por bacterias del ácido láctico), incrementan la absorción de minerales (los caseinofosfopéptidos) y mo...

Composición Inmunológica de la Leche Materna

Durante el embarazo, la madre asiste inmunológicamente al feto a través de la placenta, transmitiéndole anticuerpos que serán utilizados por el bebé en los primeros meses de vida. Precisamente, este periodo de adaptación entre el ambiente intrauterino y el exterior hace más susceptibles a los infantes a padecer enfermedades infecciosas. Después del nacimiento, el calostro y la lactancia materna seguirán suministrando al bebé los elementos protectores que necesita.

La leche materna no solamente proporciona al recién nacido una nutrición adecuada sino que también es importante en la maduración de su sistema inmunológico. Después del parto, el bebé debe desarrollar sus propios mecanismos de defensa para poder enfrentarse por sí solo a las infecciones. También ha de desarrollar su propia flora intestinal, que le ayudará a regular la acción del sistema inmunológico. La lactancia materna puede proporcionarle las herramientas necesarias para todo ello5.

La leche materna es un producto biológico natural y esencial que contiene numerosos componentes inmunológicos, tanto humorales como celulares, que protegen al lactante de las infecciones. Incluye factores que proveen inmunidad específica, como linfocitos T, linfocitos B y anticuerpos, entre los cuales destacamos la IgA que es la más importante en la inmunidad de las mucosas y la principal en la lactancia materna. También encontramos en la leche materna, aunque en menor medida, anticuerpos de tipo IgG, que son de vital importancia en la respuesta inmune humoral y en la defensa tisular contra los microorganismos; anticuerpos de tipo IgM, primera inmunoglobulina que se produce luego de tener lugar una respuesta inmune; y de tipo IgE, de gran importancia en la defensa contra infecciones parasitarias.

La leche materna además contiene factores que brindan una inmunidad no específica, como la lactoferrina, que contribuye a la absorción del hierro en el intestino del niño y tiene un efecto bacteriostático mediante la privación del hierro que requieren las bacterias para su crecimiento; lisozimas, que actúan como antimicrobianos; y oligosacáridos, que impiden que las bacterias penetren en el interior de las células y lípidos.

Asimismo, está compuesta por factores prebióticos que favorecen el crecimiento de lactobacilos bífidos, es decir, de bacterias favorecedoras e inocuas que impiden el crecimiento de otros gérmenes dañinos y favorecen el desarrollo de la flora intestinal del niño.

Ventajas de la Lactancia Materna

La leche materna proporciona diversos elementos al recién nacido como por ejemplo:

  • Lactosa: estimula la producción de péptidos antimicrobianos (AMP). Estas proteínas ayudan a luchar contra las infecciones gastrointestinales y a desarrollar la flora intestinal, lo que permite el desarrollo del sistema inmune3.
  • Inmunoglobulinas IgA: son anticuerpos que neutralizan los agentes infecciosos. Al pasar de la madre al recién nacido a través de la leche materna, estos anticuerpos confieren una protección adicional frente a infecciones1.
  • Células inmunes: están presentes en grandes cantidades en el calostro (aproximadamente 5×106 células/ml), especialmente macrófagos y neutrófilos. Los linfocitos T, B, así como las células NK representan el 10% de los leucocitos presentes en la leche materna, pero su número disminuye a medida que la leche madura1. Estas células sobreviven al pasar a través del tracto gastrointestinal del bebé e influyen en su respuesta inmune a las infecciones.
  • Oligosacáridos: son alimentos prebióticos, que promueven el desarrollo de bacterias intestinales imprescindibles para el organismo, tales como las bifidobacterias2,4.

La leche materna también puede transmitir a los lactantes muchas otras sustancias, como el factor de crecimiento transformante beta (TGF-β), que favorece una respuesta apropiada y equilibrada del sistema inmune2,4.

Un sistema inmunitario maduro es capaz de reconocer y atacar a los antígenos perjudiciales pero también de diferenciar a los antígenos propios o inocuos y no actuar sobre ellos. Esta tolerancia es imprescindible a largo plazo, ya que estos antígenos inocuos no causaran respuesta alérgica o inflamatoria, contribuyendo a la prevención de alergias y enfermedades autoinmunes4.

Beneficios de la lactancia materna para el bebé.

Beneficios Inmunológicos de la Leche Humana para la Madre y el Niño

La leche es un fluido complejo; está formado por lípidos, proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y factores inmunológicos (1). Es producida por la glándula mamaria, que, a diferencia de otros órganos, se desarrolla de forma más compleja tras el nacimiento, especialmente durante la pubertad.

Las tasas más bajas de lactancia materna se presentan en aquellas mujeres con embarazos complejos, especialmente por obesidad y diabetes (21,22). Las mujeres obesas tienen más probabilidades de experimentar lactogénesis retardada (23), lo cual predice, a su vez, el abandono de la lactancia materna exclusiva (24). Este hecho pone de relieve la necesidad y conveniencia de las campañas de salud pública y apoyo profesional, de modo que se mejore la adhesión a la LM en distintos grupos de mujeres, especialmente a las de riesgo (25,26).

Aunque las recomendaciones indican que la lactancia materna es beneficiosa en los primeros 6 meses de vida (27), se ha estudiado la variación de los componentes de la leche más allá del primer año de vida del niño. De esta forma, se describe que la LM conserva la mayoría de sus propiedades en el segundo año de lactancia, por lo que su continuidad sería beneficiosa incluso en esa etapa. Tan solo se observa una disminución de la cantidad de ciertos minerales, tales como el zinc y el calcio, pero que podrían ser añadidos a la dieta complementaria del bebé (28).

Varios estudios han demostrado los beneficios que obtienen estos bebés al ser alimentados con la leche de su madre (26), ya que se absorbe mejor que la leche de fórmula y el vaciamiento gástrico es más rápido. En algunas ocasiones, como en los bebés menores de 1.500 g de peso, es necesario suplementar la leche humana, aunque se sabe también que la LM de madres con hijos prematuros tiene cantidades significativamente mayores de grasas y proteínas. A pesar de las dificultades éticas y metodológicas que entraña la investigación, en este sentido, varios estudios coinciden en mostrar un efecto protector de la lactancia materna contra el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), de origen multifactorial.

Por otro lado, existen diferencias en la concentración de anticuerpos de la LM, entre los que se encuentran IgM e IgG, con valores más bajos, en los que la Inmunoglobulina A secretora (IgAs) es el anticuerpo principal que proporciona inmunidad al lactante (13,14), lo que indica la existencia de un vínculo inmunológico entre madre e hijo. En este sentido, otro de los compuestos objeto de la investigación actual se centra en la lactoferrina, secretada a través de la leche y cuya función consiste en conferir inmunidad en la vida temprana, mientras el propio sistema inmune del bebé se hace competente (15).

Anticuerpos en la leche materna.

Periodos de la Lactancia

  • Periodo de lactancia: comprende los 6 primeros meses de vida, durante los cuales su alimento debe ser de forma exclusiva la leche materna (según la OMS), y en su defecto, las fórmulas para lactantes.
  • Periodo transicional: va desde los 6 meses hasta un año. En este periodo se inicia la diversificación alimentaria (DA), es decir, hay una introducción progresiva de alimentos distintos a la leche materna o fórmula.
  • Periodo de adulto modificado: abarca desde el año hasta los 7-8 años de edad. En este periodo el niño va adoptando una alimentación progresivamente más parecida a la de los adultos, reduciendo progresivamente la ingesta de grasa.

Diferencias del Modo de Nacimiento

El feto humano se encuentra en un medio estéril mientras permanece en el útero, pero resulta rápidamente colonizado por bacterias durante su paso por el canal de parto o cuando nace por cesárea. Los primeros microorganismos que colonizan el tracto gastrointestinal modulan el sistema inmune por medio de relaciones beneficiosas que se establecen entre las bacterias y el organismo humano.

Los nacidos por el canal del parto tienen microbios derivados de la vía vaginal, como Lactobacilos, que contribuyen la producción de citoquinas especificas que promueven el desarrollo normal del sistema inmunológico, en cambio, los nacidos por cesárea tienen más microorganismos de la piel como Staphylococcus, lo que contribuye a un mayor riesgo de alergia, enfermedad celiaca, etc.

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