En su libro La lactancia materna. Política e identidad, Beatriz Gimeno plantea una reflexión crítica sobre el "mandato de lactancia" y sus implicaciones para las mujeres. No se trata de un texto en contra de la lactancia o la maternidad, sino de una revisión crítica necesaria frente a un mandato que esencializa la feminidad y la maternidad.
Para ello, la autora introduce su experiencia individual respecto a la lactancia, conectándola con el significado sociopolítico y las implicaciones colectivas. Gimeno trasciende el marco individualista propio del neoliberalismo para posibilitar la reflexión colectiva enmarcada dentro del pensamiento crítico feminista, invitando a preguntarnos sobre las implicaciones del mandato de lactancia y cómo se construye el modelo normativo de maternidad ligado a este mandato.
Es un hecho que existe lo que Beatriz Gimeno llama en su libro “un mandato de lactancia”. Basta con navegar por Internet, visitar las salas de espera para embarazadas o la consulta de pediatría de un hospital para comprobar que el discurso único, hoy en día, es el de la lactancia materna.
Maternidad, lactancia y feminismo
El feminismo y la lactancia: Un debate necesario
El feminismo se mueve al ritmo de las vidas de las mujeres. Como sabéis que el asunto de la lactancia materna es importante para mí, publico aquí un comentario de una lectora que ha hecho incluso una tesina sobre el asunto; una tesina que espero leer pronto. Hagamos lo que hagamos no dejamos de ser, sobre todo, madres.
Las mujeres seguimos definiéndonos en cuánto madres, por serlo o no serlo y cuando lo somos tenemos que ser siempre una madre amantísima, amamantadora, y que encuentra en esta maternidad “su mejor papel”. Nada de una madre harta, cansada, una que prefiere no dar de mamar porque elige descansar o que está deseando que venga alguien y se lleve al niño/a un rato o siempre (me niego a considerar que no haya mujeres que se arrepientan secretamente de una decisión irreversible y, además, me niego a juzgarlas).
No importa nada lo que la mujer haga en su vida, lo que sea o diga; si ha parido, será únicamente madre. No será diputada, actriz, minera, será madre. Su trabajo, su vida familiar, sexual, social, estarán condicionadas por esa maternidad.
Su propia experiencia la marcó: cuando hace 30 años Beatriz Gimeno -teórica y activista feminista y ahora también diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid- parió a su hijo no quiso dar de mamar, pero en el hospital no respetaron su decisión. “Fue traumático, recibí muchas presiones”, recuerda. Hace siete años, un artículo suyo en Pikara Magazine sobre el asunto se convirtió en uno de los más polémicos y comentados de la revista. “Me di cuenta de que algo pasaba. Me escribieron cientos de mujeres, mujeres que no habían podido dar de mamar, que se habían sentido obsesionadas o fracasadas. Algunas habían llegado al intento de suicidio o al divorcio”, asegura Gimeno.
A partir de ahí surge La lactancia materna. Política e identidad (Editorial Cátedra), uno de los pocos textos en castellano que se acercan a la lactancia desde la teoría feminista.
La lactancia como construcción cultural y política
La lactancia no se da siempre en todas las épocas, hay una historia de la lactancia. Pero como la solemos identificar con 'lo natural' la gente piensa que hasta el biberón, las mujeres daban el pecho y no es así. Las mujeres siempre han tenido una relación compleja con la lactancia, que ha dependido de su posición en la sociedad, de sus relaciones de género, de lo que querían o podían hacer con sus vidas, de cosas como las modas... en definitiva de cuestiones culturales y no puramente biológicas, así que es algo cultural y, por tanto, político.
Esa ideal de 'lo natural', sin embargo, está ahora muy arraigada: que dar la teta es algo natural, instintivo, que las mujeres sabemos hacer. La base ideológica de la lactancia es eso. Siempre me ha sorprendido que el instinto maternal sea algo en lo que todo el mundo crea, hombres y mujeres, y sin embargo sea fácilmente demostrable que no existe porque las variaciones en la crianza y en la forma de relacionarse con los bebés a lo largo de la historia son enormes.
Hay tantas variaciones sobre la crianza, el parto o la lactancia que hablar de un instinto es ignorar la historia de la maternidad. Los instintos no son algo que unas tienen y otras no, si fuera un instinto todas las hembras lo tendrían, pero hay muchas mujeres que no quieren tener hijos o que no quieren a sus hijos.
No, no se puede desligar el pecho de las condiciones materiales en las que se desenvuelve la lactancia, no solo eso, sino de cada mujer. El pecho es mejor para unas y peor para otras. En cualquier caso, no se trata de discutir si el pecho es lo mejor o no sino que hay alternativas que son igual de buenas y que no afectan en nada a la salud de madres y bebés.
Cuando se dice que el pecho es lo mejor lo que se hace es una comparación con otras opciones. ¿Es mejor que qué? Es mejor que el biberón, que es la otra opción. Se trata de desmitificar que el biberón tenga algo de malo, que no pasa nada por criar a tus hijos con biberón, como varias generaciones pasadas han hecho sin que estén más enfermos ni que sean peores de ninguna manera.
Cuando me puse a investigar a otras feministas que han indagado sobre la lactancia descubrí que los beneficios no son tan indiscutibles desde el punto de vista científico. Incluso partidarios de la lactancia natural reconocen que no es por una cuestión de mejor salud, sino por cuestiones que tienen que ver con el apego.
Sí es verdad, y eso es algo también político, que solo nos llegan los artículos que pretenden demostrar que el pecho es mejor. Pero en las revistas especializadas médicas y pediátricas encuentras artículos a favor y en contra.
El mandato de lactancia y sus implicaciones
Creo que lo lógico y lo feminista sería que se dieran las opciones posibles, se explicaran con la misma facilidad, y se respetara absolutamente la voluntad de las mujeres. Lo que se encuentran muchas mujeres desde hace tiempo es que la presión para dar de mamar es muy fuerte, no se te explica, se estigmatiza de alguna manera el biberón. Se ha creado un estándar moral respecto a la lactancia: a algunas madres se las califica de peores madres, hay una sobresignificación de la lactancia, que es lo que me preocupa.
Esa lactancia está llena de significados, algunos pueden ser progresistas y unos son muy reaccionarios. Nos están colando discursos muy reaccionarios acerca de como criar a los hijos, del papel de las mujeres, discursos muy viejos acerca de las hormonas y lo biológico, y se está olvidando todo lo que el feminismo dijo y escribió sobre maternidad.
Sí. Disponer de escuelas infantiles públicas y gratuitas o de una red de salud pediátrica de mucha calidad determina más la salud de los hijos que la lactancia o la no lactancia. En EEUU los recortes en salud pediátrica han costado miles de vidas y al mismo tiempo se insistía en la lactancia. Esa política culpa a las mujeres, se las hace responsables exlclusivas de la salud de sus hijos.
Es complejo, la lactancia concita muchos significados, también progresistas. Creo que todo lo que suponga reforzar los discursos tradicionales sobre los roles de género, los discursos biologicistas sobre si las mujeres dependemos o no de nuestras hormonas, creo que son discursos reaccionarios.
Lo son porque, además, las que no lo hagan ¿dónde quedan? Establecen jerarquías entre las mujeres, entre diferentes maternidades, parece que solo hay una manera de vivir la maternidad que deja a las otras, a las que por ejemplo quieran vivir una carrera profesional importante.
Sin embargo, muchas mujeres contestarán que lo que quieren es dar la teta pero que no hay condiciones para ello. Es cierto que hay un discurso hipócrita: te dicen que dar de mamar es lo mejor pero al mismo tiempo no se dan las condiciones para que puedas hacerlo. Pero claro, al sistema le da igual eso, lo que quieren es el estándar moral, el paradigma de la buena madre porque a partir de ahí juzgas a todas e impones un modelo y creas tensiones y discursos sociales. Creo que hay un discurso social hegemónico que es que la lactancia es mejor y que hay presión para que des de mamar, también en los hospitales.
En el libro subrayas que esta centralidad de la lactancia en la maternidad es en realidad muy reciente. Hay un interés de la derecha reaccionaria, que surge en los ochenta, y que tiene una idea sobre la familia y las mujeres que va en sentido de que las mujeres deben volver a casa y dedicarse a la crianza. Me parece peligroso para el conjunto de las mujeres que haya una parte del feminismo progresista que tenga puntos que coinciden con esa agenda.
Aquí se marca como un estándar de clase también, porque para las mujeres para las que trabajar es un logro o para las que su trabajo es muy importante, la idea de dar la teta y de dedicarse a una maternidad intensiva es algo alejado de sus preocupaciones. Hay quien no puede permitirse hacer eso o quien lo hace a costa de sus ingresos porque pueden permitírselo. Y luego hay que tener en cuenta las consecuencias.
Todo este proceso coincide con un momento en que hay generaciones de mujeres muy preparadas que se han dado de frente con la precariedad, el paro, los techos de cristal y, en definitiva, con que ciertas promesas de igualdad que se nos hicieron no se han cumplido. Eso está debajo de muchas de las críticas que se hacen al trabajo o a la situación actual. Algunas promesas feministas no se han cumplido, no porque no no tuviéramos razón, sino porque no ha sido posible en la medida que se prometía. La igualdad no es un hecho, todas sabemos lo que es trabajar y cuidar, todas nos hemos cargado dos o tres jornadas a las espaldas. Eso no nos puede llevar a decir que eso era un engaño, no, no era un engaño, era una promesa no cumplida y está en la base de que muchas mujeres prueben otras vidas.
Es una mezcla de mil cosas, tiene que ver con las promesas no cumplidas, con la vida moderna y la precariedad, la falta de futuro... La escritura de Beatriz Gimeno es impetuosa y beligerante a la vez que rigurosa y razonable. Tras sus ensayos hay estudio, documentación y contraste, por eso escribe lento. En ella, no todo vale para defender o condenar una idea, tesis, propuesta o actividad. Tampoco vale exponer sólo aquello que parece apuntalar una tesis mientas que se calla lo que podría ponerla en duda.
La lactancia materna es un libro político. No es un libro a favor o en contra de la «leche materna» o de «la leche de fórmula», del amamantamiento o del biberón, ni un manual de autoayuda. No aconseja tal o cual procedimiento de alimentación infantil, ni exagera virtudes o defectos de cualquiera de ellos. De hecho, más bien viene a decir que el uso de lecha materna o de leche de fórmula, del amamantamiento o el biberón, o de sus combinaciones, tiene muy escasa influencia en el futuro de la criatura, siempre y cuando que lo que se haga se haga de la forma adecuada y en condiciones saludables.
La mayor parte de los ataques a Gimeno por este libro o por artículos anteriores sobre el mismo tema la presentan como enemiga de la «lactancia materna», aunque para cualquiera que lea sin fanatismo es evidente que ni aconseja ni desaconseja el amantamiento o el biberón (con leche de fórmula o con leche materna) ni cualquier combinación de esas opciones, salvo en condiciones especiales muy determinadas. Gimeno dice que la leche materna es habitualmente más segura para los bebés cuando no hay acceso a agua limpia en la preparación de los biberones así como que debería recomendarse el uso de leche de fórmula a las mujeres con VIH por ser la leche materna un transmisor del virus. Esa actitud contrasta con la cerrazón de las organizaciones prolactancia que se negaron a que en caso de VIH se recomendera la leche de fórmula. No es casualidad que grupos como La Liga de la Leche (LLL) trabajen con negacionistas de los virus del SIDA y del Ébola (pp.
Tal y como comenta Gimeno en la introducción, en su propia experiencia vital encontró que «en la actualidad existe un claro mandato de lactancia que sufren las madres cuando paren; que la lactancia materna es ahora el centro de un conglomerado ideológico llamado maternidad intensiva» (p. 12). Su beligerancia no es contra la lactancia materna, sino contra el mandato de lactancia y contra la militancia para imponerlo: «Hoy día, el derecho a amamantar está fuera de duda, pero lo que ha desaparecido es cualquier alusión o defensa del derecho a no amamantar».
Sin embargo, su crítica del lactivismo no puede interpretarse como mera condena de las activistas implicadas ni como reducción de ellas a víctimas de una manipulación, pues gran parte del libro se dedica a entender ese fenómeno y comprender sus causas, incluyendo qué sienten las lactivistas, qué sienten como positivo para ellas en ese compromiso, o por qué muchas lo viven como una especie de empoderamiento individual pese a que colectivamente esté reproduciendo los roles de género. Igualmente nos recuerda que el sufrimiento y el sacrificio «puede llegar a convertirse en un poderoso aglutinante y constructor de identidad» (p. 115), como ocurre en muchas sectas o semisectas.
La Liga de la Leche: Un análisis crítico
Gimeno presta gran atención, y con razón, a la experiencia de la Liga de la Leche (p. 109-130 y otras), que hoy por hoy es una de las mayores y más influyentes organizaciones internacionales. Refiriéndose a las fundadoras de LLL, Gimeno dice que «Para su filosofía es central la idea de que la familia es el pilar que sostiene la sociedad y esa familia está basada en una diferencia de género esencial, biológica e irreductible, por lo que LLL defiende la pertinencia de no desafiar los roles tradicionales masculino y femenino» (pp. 115-116).
Ahora bien, la habilidad e inteligencia de LLL residen en su capacidad para dejar esa filosofía en segundo plano, atrayendo incluso a muchas mujeres que se consideran -y no decimos que no lo sean, nadie reparte ese título- feministas. LLL actúa como una plataforma de tema único, que víncula la idea de «buena madre» con la práctica del amamantamiento y que hace de la ausencia de éste un «riesgo» para el bebé y para la persona adulta que será, predeterminada por la existencia y duración del amamantamiento.
LLL elude pronunciarse sobre cualquier asunto que no se refiera directamente a la lactancia materna. No es posible entender a LLL sin entender las condiciones sociales en que ha prosperado, al menos tan bien como las entendió y entiende la propia LLL, incluyendo en ello la frustración que produce el que la mayor incorporación de las mujeres al mundo laboral no haya ido acompañada por una nueva redistribución de los cuidados ni se produzca en condiciones de equidad laboral entre mujeres y hombres, o la funcionalidad de LLL al proyecto neoliberal a partir sobre todo de los años 80, en aspectos como la irresponsabilización de la sociedad respecto al futuro de cada uno de sus miembros (dado que ese futuro depende de haber sido «bien» amamantado, sólo es responsabilidad de las madres), el desmantelamiento de los sistemas sanitarios públicos, etc.
Por descontado, ese éxito no se debe sólo a las condiciones en que se produce, sino también a una práctica política inteligente: «Si ha triunfado ha sido porque ofrece a las mujeres algo que no encuentra en otros ámbitos» (p. 118), «mujeres que estaban descontentas con el aspecto de sus cuerpos consiguieron asumirlos y sentirse mejor» (p. 118), «LLL hace suyo el lenguaje» del feminismo y otros movimientos sociales (p. 120), «el éxito de LLL se basa en que hace que muchas madres se sientan mejor en un mundo que no es justo ni con las mujeres ni con las madres» (p. 123), «LLL triunfa porque es extremadamente hábil en su transversalidad y supuesta despolitización» (p.
La Liga de la Leche es inflexible en su objetivo, pero no en sus argumentaciones. Éstas cambian porque se adaptan al ambiente de cada época. Gimeno relata y documenta la manera en la que LLL ha sabido ir modificando sus relaciones con los estamentos médicos y con una supuesta «objetividad científica».
En su nacimiento, LLL invita abiertamente a las mujeres a rebelarse contra la «medicalización» de la maternidad, a poner la naturaleza (el plan de Dios) por encima de los expertos y la ciencia, a hacer frente o engañar a los pediatras favorables o no contrarios al biberón y a la leche de fórmula, etc. Por el contrario, una vez que las tesis que identifican a la leche materna como «líquido de oro» se han impuesto en las instituciones sanitarias y que desde ellas se generaliza el «mandato de lactancia materna», sometiendo a presiones a las mujeres que se resisten a él, la LLL ha incorporado en su argumentario una capa «científica» sobre los beneficios de la leche materna y ejerce una presión de lobby para que esas instituciones y los Estados se reafirmen en esa línea y la extremen, para invisibilizar y marginar los muchos estudios científicos rigurosos que cuestionan las tesis lactivistas, etc.
Tanto en el capítulo 2 como en el capítulo 5, Construcción natural / construcción científica, Gimeno hace referencia a muchos estudios científicos que han sido invisibilizados e ignorados en beneficio de las tesis hoy sostenidas por la OMS o por la Academia Americana de Pediatras (AAP).
La AAP, que es una asociación profesional, no una institución científica, ha ido evolucionando hacia posiciones cada vez más favorables hacia la lactancia materna y la alimentación con leche humana. La AAP enumera supuestos beneficios de la lactancia materna o la leche humana, por ejemplo en el documento de su sección de lactancia Lactancia materna y alimentación con leche humana. Sin embargo, muchos de los resultados presentados, nos dice Gimeno citando numerosas fuentes, están muy lejos de estar confirmados.
De hecho, en el antes citado documento de la sección de lactancia de la AAP se reconoce que «Han surgido determinadas cuestiones metodológicas acerca de la calidad de estos estudios, especialmente en lo referente al tamaño de la población analizada, la calidad de los datos, el ajuste inadecuado de los factores de confusión, la ausencia de diferenciación entre ‘cualquier tipo de lactancia’ y ‘lactancia exclusiva’ y la ausencia de una relación causal definida entre lactancia materna y un resultado específico. Asimismo, existen determinadas cuestiones de índole ética y práctica que impiden estudios de intervención aleatorizados prospectivos acerca de diferentes tipos de alimentación.
Esas «cuestiones metodológicas» de las que la AAP habla para luego eludirlas son sin embargo bastante claras para cualquier práctica de investigación social rigurosa. Por ejemplo, muchos de los estudios que se utilizan para presentar la «leche materna» como el «líquido de oro»·ignoran sesgos sociales muy claros, presentando falsas correlaciones entre incidencia de enfermedades y lactancia materna. En los países desarrollados la práctica del amantamiento prolongado es mucho más frecuente entre los grupos sociales acomodados y con mayor nivel sociocultural que entre los grupos sociales empobrecidos.
Y, señala Gimeno, «En realidad, hay ya muchos estudios que demuestran que aquello que verdaderamente es decisivo para la salud y la esperanza de vida de los bebés son otras cosas, como la desigualdad de clase y de rentas (p.
La AAP señala con preocupación, por ejemplo, la baja tasa de amamantamiento de las mujeres negras no latinas en EEUU, pero no capta la dimensión social (entorno social, cultural y sanitario) ni la dimensión de resistencia política y afirmación de identidad (muy interesante al respecto el capítulo VI, en las páginas 267-278, del libro de Gimeno) que eso tiene, sino que más bien parece sacar como única conclusión que hay que modificar las prácticas hospitalarias (¿para hacerlas más «lactivistamente» compulsivas aún?).
Gimeno no forma parte de esa tradición oscurantista que se opone a la ciencia, niega el virus del VIH, combate el uso de vacunas, propaga el valor milagroso de la homeopatía, difunde cualquier doctrina extravagante y conspirativa, considera anticapitalista cualquier disparate sólo porque atribuya algún crimen a los «yanquis» o parezca ir contra la industría farmaceútica o alimentaria, cree en curanderos milagreros, etc. Todo lo contrario, su tradición es ilustrada, racional, a la vez que activista.
Gimeno, activista de tantas causas, no es una activista por la leche de fórmula y el biberón. No está en campaña contra el amamantamiento. Lo que en definitiva dice es que «Asegurar que vivimos más y mejor porque tomamos biberón es igual de poco objetivo que lo contrario. Lo cierto es que dar de mamar o alimentar con leche de fórmula no altera significativamente la salud ni la calidad de vida futura en los países en los que preparar la leche de fórmula es seguro: son otros factores, a veces invisibilizados por razones políticas, los que alteran significativamente esos indicadores» (p. 223) y que «La realidad es que el biberón es un método de alimentación perfectamente seguro y, por eso, porque las ventajas de la lactancia son pequeñas, estas no pueden considerarse aisladas sin tener en cuenta los costes que a veces pueden ir aparejados, costes personales y sociales, para las madres o para la igualdad (p.
No es un mensaje agresivo. Es un mensaje tranquilizador: hay varias opciones razonables, utilízalas como te apetezca y mejor te vaya.
Nos gustaría acabar con una pequeña deriva y analogía. Las políticas contra las y los «sin papeles» no pretenden acabar con la inmigración ilegal, sino mantenerla en una situación lo más precarizada posible, lo que permite altísimos niveles de explotación y crear fuertes tensiones dentro de la población empobrecida.
Pues bien, el mandato de lactancia materna no pretende que todas las mujeres lo cumplan, ya que en ese caso se aplicarían políticas sociales y laborales que lo facilitasen a quienes lo quieran -y facilitasen no amamantar a quien no quiera o no pueda- pero sin provocar en las mujeres mayor desvinculación del mundo laboral que la que tienen los hombres.
