La historia de "La Finca del Niño" nos lleva a través de diversos lugares y contextos, desde un palacio señorial hasta un centro de acogida y un antiguo orfanato, cada uno con su propia narrativa y significado.
El Palacio de Biáñez: Un Legado Arquitectónico
Romualdo Peña Chávarri, un indiano nacido en el barrio Carranzano de Biáñez, dejó un importante legado en su tierra natal tras su regreso de las Américas. Uno de sus herederos, Urbano Peña Chávarri, ingeniero de caminos, diseñó y construyó un palacio que se finalizó en 1911.
El edificio contaba con 4 plantas y 32 habitaciones, además de 14 chimeneas, biblioteca, estudio de pintura y capilla. Sin embargo, después de la guerra, el palacio se convirtió en destino de veraneo y fue abandonado debido a los altos costos de mantenimiento.
Ejemplo de arquitectura palaciega
Ciudad de los Niños: Un Hogar para la Esperanza
En Málaga, existe un lugar especial donde los niños son el centro de todo. El centro de acogida "Ciudad de los Niños" abrió sus puertas en 1995. Como explica el hermano Correa, director del centro, «se trata de construir una gran familia, más allá de los vínculos de sangre y, actualmente, incluso de creencias religiosas».
El nombre de Ciudad de los Niños recoge el expreso deseo del fundador de la congregación de superar el concepto de correccional de su tiempo para ofrecer un tipo de centro abierto, que favorezca en los pequeños una vida fundamentada en los valores cristianos. En ellos se lleva adelante una tarea educativa basada en la máxima de santa Teresa “amor saca amor”.
«Nosotros queremos hacer visible el María, Madre de Dios amor de Dios para extender el amor fraterno», explica el superior. La gran familia del centro está formada por los niños, los religiosos, los trabajadores, los educadores, y los voluntarios.
El centro comenzó a funcionar con la única ayuda de la caridad, y en las estampas de la Málaga del siglo XX está grabada la imagen del hermano Escobar, “un frailecillo bajito y andarín pidiendo limosna por las calles”, cuya vida ha estado unida a la Ciudad de los Niños desde sus inicios. El superior nos cuenta que, desde su retiro en la residencia del Buen Samaritano, este hermano sigue vinculado a ellos y aún hoy se reciben ayudas que provienen de su trabajo.
La Navidad es una fiesta entrañable también en la Ciudad de los Niños, como explica su director: «Los cristianos celebramos el nacimiento de Jesús que viene a salvarnos. Pero los que nos reunimos somos de varias religiones. La comunidad de religiosos y los bautizados residentes que lo desean, participan en la Misa del Gallo. A continuación, pasamos al comedor y el capellán del centro, Alfonso Crespo, explica a todos el significado de esta fiesta cristiana e invita a los miembros de otras religiones a participar en la comida de hermandad.
En sus 37 años de historia, el perfil de los residentes ha variado mucho. Hoy, quizás están más atendidas las necesidades básicas, pero han aumentado las carencias familiares: hay más familias desestructuradas y como efecto, más niños y niñas con una problemática educativa más variada», afirma el hermano Correa.
La Casa del Niño en Las Palmas: Entre el Deterioro y la Esperanza
La Casa del Niño, ubicada en Las Palmas de Gran Canaria, representa una joya del racionalismo canario, pero también una antigua institución con una historia rica y un presente preocupante. Construida entre 1938 y 1944, esta edificación se erigió como un antiguo orfanato, financiado por suscripción popular y gestionado por Auxilio Social.
Durante décadas, miles de niños huérfanos o abandonados encontraron refugio entre sus paredes. Sin embargo, con la llegada de la democracia, la figura del hospicio fue desapareciendo, y en 1982, las competencias en asuntos sociales fueron transferidas al órgano preautonómico. La Casa del Niño se fue vaciando hasta que cerró sus puertas definitivamente.
La última vez que abrió sus puertas fue en 1992, para acoger a un grupo de niños saharauis, según recuerda Saro Alemán, profesora de Historia de la Arquitectura de la ULPGC.
Estado actual de la Casa del Niño
El Deterioro y las Leyendas
Desde hace 30 años, la Casa del Niño presenta un importante deterioro, adquiriendo un aspecto fantasmagórico. El edificio no conserva puertas ni ventanas, y está lleno de basura y grafitis. Además, cuenta con señales, advertencias y restos de rituales.
Algunos vecinos afirman que durante la noche los sonidos se apoderan de sus pasillos, escaleras y habitaciones. Infinidad de medios nacionales han publicado presuntas cacofonías y visiones captadas en su interior. Los vecinos se aquejan del gran deterioro del edificio, donde se han captado presuntas visiones y cacofonías.
El Embrollo Jurídico y la Búsqueda de Soluciones
La situación de la Casa del Niño es más complicada de lo que parece, con un embrollo jurídico en torno a quienes pueden decidir sobre su destino, lo cual debe ser resuelto antes de su rehabilitación. Las instituciones que componían el Patronato han quedado obsoletas, empezando por el gobernador civil, y sus estatutos no cumplen la Ley de Fundaciones Canarias.
Por eso, los patrones provisionales (el Estado español, el Gobierno de Canarias, el Cabildo de Gran Canaria, el Ayuntamiento de la capital, el Obispado y el Conde de la Vega Grande) trabajan para actualizar tanto el reglamento como la finalidad del edificio, que debe ajustarse a la intención inicial del Conde. La última reunión contó con los máximos representantes de cada institución, y según diversas fuentes, se trabajó con entusiasmo. Sin embargo, nadie se atreve a ponerle fecha de inicio a un posible proyecto.
Las administraciones se desentienden de la Casa del Niño, cuyo deterioro y abandono es cada día mayor, pese a estar catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de monumento, y pese a representar una excelente oportunidad para acoger en su interior un gran centro socio cultural que ayude a resolver las graves necesidades que padecen los barrios del Cono Sur.
El Proyecto de Centro Sociocultural
En la actualidad hay un proyecto para convertir el inmueble en centro sociosanitario, pero son necesarios diez millones de euros. Asimismo, la plataforma vecinal ha denunciado su inactividad.
El centro sociocultural que presentó en 2017 la Plataforma Popular por la Recuperación de la Casa del Niño tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de los 72.000 vecinos del Cono Sur, mediante la creación en los 20.000 metros cuadrados del inmueble de zonas deportivas, centros sociales para mayores y jóvenes, espacios para el movimiento asociativo, una sede de la Universidad Popular, servicios sociales, huertos urbanos y salón de actos.
El centro estaría gestionado por una cooperativa y el proyecto realizado por el arquitecto Carmelo Suárez incluye una residencia para familiares de enfermos de Fuerteventura o Lanzarote que tengan que ser tratados en los hospitales de Gran Canaria. Suárez calcula que la rehabilitación del edificio, que lleva más de 30 años cerrado, costaría un mínimo de ocho millones de euros.
El Legado Arquitectónico de Miguel Martín Fernández de la TorreMiguel Martín Fernández de la Torre (1894-1980), autor de la Casa del Niño, es una figura clave de la arquitectura moderna de las islas. Su estilo comenzó a fraguar desde muy joven cuando viajó a Barcelona para estudiar, donde se relacionó con los grandes de la Generación del 27 y se vinculó con la arquitectura condal. Posteriormente terminaría su carrera en Madrid trabajando a la vez con Secundino Suazo, considerado el padre de los arquitectos modernos.
Otros Lugares Mencionados
Además de los lugares centrales en esta narrativa, se mencionan otros espacios que enriquecen el contexto:
- Finca La Cónsula: Originalmente llamada «Hacienda San Rafael», perteneciente desde principios del siglo XIX a don Juan Roz, cónsul de Prusia. Actualmente gestionada por el Ayuntamiento de Málaga.
- Finca Bernabeleva: Situada en San Martín de Valdeiglesias (Madrid), con una historia ligada a Vicente Álvarez-Villamil, quien la adquirió en 1923.
- Finca en Totalán (Málaga): Lugar donde ocurrió el trágico incidente con el niño Julen.
El Tesoro de Aliseda: Un Hallazgo Fortuito
El hallazgo del Tesoro de Aliseda fue tan inesperado como extraordinario. Todo comenzó la tarde del 29 de febrero de 1920, cuando el pequeño Jenaro Vinagre jugaba con un pico en los alrededores de un horno de tejas propiedad de su familia en la finca de Aliseda (Cáceres).
Tesoro de Aliseda
Mientras sus tíos, Victoriano y Jesús-Juan Rodríguez Santano, trabajaban fabricando tejas, el niño golpeó la tierra y tropezó con un obstáculo duro. Al remover con curiosidad, descubrió una vasija rota de la que asomaban cadenas y pulseras de oro. Avisó enseguida a sus tíos, quienes excavaron la zona y llenaron dos cubos con joyas que lavaron rápidamente en el arroyo cercano de Cagancha. Sin saberlo, habían dado con uno de los ajuares funerarios tartésicos más valiosos jamás encontrados en la península.
Un hallazgo fortuito y un intento frustrado de venta clandestina
Pero el descubrimiento no tardó en derivar en una complicada trama de compraventa clandestina. Apenas unos días después, el 6 de marzo, los hermanos Rodríguez Santano decidieron vender el tesoro en Cáceres al relojero Fernando Cezón Morales, quien les pagó 2.515 pesetas por el conjunto, que pesaba unas 37 onzas. La transacción, sin embargo, despertó sospechas. El secretario del Ayuntamiento de Cáceres, Leopoldo Zugasti, denunció públicamente la venta irregular, lo que activó una investigación policial.
Tras varios interrogatorios, los descubridores confesaron la operación e incluso devolvieron parte del tesoro y el dinero recibido. Las autoridades intervinieron rápidamente y evitaron que las piezas fueran sacadas del país o vendidas al arqueólogo alemán Adolf Schulten, quien se encontraba en la zona.
Desde septiembre de 1920, el tesoro pasó a formar parte del inventario del Museo Arqueológico Nacional de España, con el número 586 para el conjunto completo. El Estado indemnizó a los descubridores por su entrega.
Aunque la falta de un protocolo arqueológico riguroso en su hallazgo ha dificultado su interpretación exacta, se cree que el conjunto formaba parte del ajuar funerario de una tumba aristocrática, posiblemente de un hombre y una mujer. El cinturón hallado parece de carácter masculino, mientras que la diadema se atribuye a una figura femenina.
Un conjunto de lujo orientalizante en el corazón de Tartessos
El Tesoro de Aliseda se remonta a una época de intenso contacto comercial entre el mundo tartésico y las culturas del Mediterráneo oriental, especialmente los fenicios.
El tesoro incluye más de 285 piezas de oro, plata, vidrio y bronce, muchas de ellas decoradas con piedras semipreciosas y elaboradas con técnicas como la filigrana, el granulado y el repujado.
